Las reliquias de Cristo
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Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte... |
Las reliquias de Cristo
Guido Adolfo Rojas Zamorano
"Verdades de la Fe Católica II"
Para la Iglesia Católica nuestra fe debe estar centrada en la persona de Jesucristo, hay que advertir que ninguno de los objetos relacionados con Él, han sido considerados como 100% auténticos por las autoridades eclesiásticas; aunque algunos gocen de gran popularidad o respaldo histórico, arqueológico y científico. Estas "reliquias de Cristo" tienen como finalidad ser un instrumento para que el creyente medite en los aspectos importantes de su vida en la tierra. Aquí describimos las más sobresalientes...
El papa Teodoro I (642-649), trasladó los restos de la santa cuna desde la Basílica de la Natividad en Belén a la de Santa María Mayor en Roma.
Según el testimonio de Santa Paula y Santa Silvia en el siglo IV, no lejos de la ciudad de Tiberíades, los primeros cristianos visitaban una iglesia en cuyo interior estaba la piedra sobre la que Jesús colocó los cinco panes y los dos peces para obrar el milagro.
En el Cenáculo o habitación alta de la Ultima Cena en el monte Sión, se encuentra una piedra que indica el lugar donde Cristo se sentó.
En Roma en la basílica mayor de San Juan de Letrán, se observa un trozo de la mesa en la que el Señor celebró con los apóstoles la fiesta de la pascua el Jueves Santo.
El "Santo Grial" o también llamado "Santo Cáliz", fue la copa utilizada por el Divino Maestro en la Ultima Cena. Dice la tradición que San Pedro había llevado el preciosos vaso de Jerusalén a Roma, entregándole la custodia a la familia de su discípulo San Marcos. Los pontífices la habían utilizado para celebrar la Eucaristía hasta el siglo III, cuando San Lorenzo, diácono encargado de los bienes de la iglesia, se vio obligado a distribuirlos entre los pobres para evitar que cayeran en las manos del codicioso emperador Valeriano. El santo diácono sólo guardó el cáliz, enviándolo a su ciudad natal de Huesca, en España, con una carta suya escrita poco antes de su martirio.
En Huesca estuvo hasta el año 713, cuando el obispo y los cristianos de los Pirineos huyeron de la invasión de los moros, entonces el "Santo Grial" peregrinó por varios lugares hasta llegar al monasterio de San Juan de la Peña, en Zaragoza; de donde fue trasladado a Valencia en el año 1424, por el rey don Alfonso "el magnánimo", quien lo colocó en una capilla donde se venera hasta la fecha.
El "Santo Cáliz" original es un vaso de ágata de unos 17 centímetros de alto, le fueron añadidos una base de oro y piedras preciosas, y dos asas al estilo de los cálices de la Edad Media. Esta es una de las "reliquias de Cristo" que posee mayor y más constante tradición histórica.
En la basílica del Getsemaní en Jerusalén, en el centro del presbiterio se halla la roca en la que el Salvador del mundo, se apoyó para orar con gotas de sangre al Padre Eterno.
Dice una antigua tradición que en el camino del huerto de los Olivos a la casa de Caifás, se ve hoy en día cerca del puente del río Cedrón, una piedra de inmensas dimensiones en la que Nuestro Señor fue empujado por sus captures; dejando impresa en ella sus rodillas, pies y manos.
En la torre Antonia en Jerusalén se encontraba el tribunal romano donde Poncio Pilatos condenó a muerte al Hijo del hombre. Aquí en el atrio fue levantada en los primeros tiempos una basílica, donde se veneraba una piedra que se dice Jesús había dejado las huellas de sus pies. La basílica fue destruida en el año 614.
Otras pisadas del Mesías se encuentran en una pequeña iglesia sobre la Vía Apia en Roma. Dice el relato que estas huellas se remontan al encuentro de Pedro con Jesús, que iba caminando a la Ciudad Eterna para ser crucificado nuevamente; dándole a entender con esto al apóstol, que él también sería martirizado.
En la iglesia de Santa Prassede del siglo V, se conserva una columna de mármol verde blanco de unos sesenta centímetros de altura procedente de la Ciudad Santa; en la que fue atado y flagelado Cristo Jesús. Esta reliquia fue llevada a Roma en 1222 por el cardenal Giovanni Colonna cuando regresaba de la IV cruzada.
La "Scala Sancta" que el Unigénito de Dios subió al pretorio para entrevistarse con el procurador romano, es de mármol blanco de veintiocho gradas, algunas con la sangre después de la flagelación. Fue traslada a Roma en el año 326 por orden del emperador Constantino, y se encuentra cerca de la basílica de San Juan de Letrán. Los fieles que van a visitarla suelen subirla de rodillas en señal de penitencia.
El "Velo de la Verónica" con el que se limpió el rostro del Redentor camino al Calvario, permaneció hasta el año 1600 en la basílica de San Pedro del Vaticano. Hoy se conserva en un convento en el pueblito de Pescar en la región italiana de Abrozzo, y es conocido como el "rostro santo de Manopepello". Hay que anotar que según los análisis científicos los rasgos del rostro de la Verónica coinciden con el de la Sábana Santa de Turín.
Las más importantes reliquias relacionadas con la pasión del Señor fueron encontradas por la emperatriz Santa Helena en su viaje de peregrinación a Tierra Santa hacia el año 320-25; así lo constata el historiador romano Eusebio, y testimonios de San Cirilo de Jerusalén (+386), y de otros escritores del siglo IV.
La "Túnica Sagrada" es una prenda confeccionada sin costura de una sola pieza, que mide 1.57 metros de largo por 1.09 de ancho, y tiene mangas hasta la mitad del brazo; es de algodón y según se creé fue elaborada por la propia Virgen María. Esta túnica fue la que llevó el Mesías el Viernes Santo, y que fue echada a la suerte de los dados por los soldados romanos en el Gólgota (Juan 19, 23-24). El Hecho de no haber sido dividido el "Manto Santo", fue visto por los Padres de la Iglesia como un símbolo de la unidad a la que estamos llamados todos los cristianos (Juan 10,16; 17, 21). Santa Helena la encontró en Jerusalén y la donó a la ciudad de Tréveris (Alemania), donde es custodiada en la catedral que mandó a edificar su hijo Constantino. Desde el siglo XVI ha sido expuesta a la veneración pública en varias ocasiones.
En otra iglesia francesa la de Argentevil, se dice que también tiene el verdadero "Manto de Cristo"; las huellas de sangre encontradas en ella son similares a las de la sábana de Turín.
A parte del hallazgo de la "Santa Túnica", la emperatriz romana realizó excavaciones cerca del monde Calvario, en donde encontró las siguientes reliquias:
La "Vera Cruz" fue identificada de las otras dos de los ladrones, gracias a la prueba que propuso San Macario; la del Hijo de Dios fue separada después de haber curado a un enfermo, y volver a la vida a un muerto.
Los restos de la "Santa Cruz" fueron distribuidas en diferentes lugares:
- Una parte del "Santo Madero" fue mandado a Roma en el año 325, el mismo emperador Constantino construyó en su honor la basílica mayor de la "Santa Cruz de Jerusalén".
- En una capilla dentro del Vaticano se encuentran tres astillas.
- Otros trozos fueron regalados a través de los tiempos por los papas a diversas iglesias del mundo, como a la catedral de París y otras iglesias francesas.
- El Papa San Gregorio Magno (590-604), obsequió un pedazo al rey visigodo español Recaredo.
- En España se afirma que se encuentra un fragmento en la iglesia de Santo Toribio de Liébana, en la provincia norteña de Santander. La tradición asegura que fue traído de Jerusalén en el siglo V por el mismo santo, quien era obispo de Astorga, y contemporáneo del papa San León I el grande (440-446).
- De la misma Ciudad Santa el emperador Heraclio (610-641), tras su triunfo sobre los persas, trasladó otro tanto a Constantinopla (Turquía).
El "Letrero de INRI" que mandó a colocar Poncio Pilatos se halla en la basílica de la Santa Cruz, y es un fragmento de color tabaco y comido por la carcoma; en donde todavía se puede leer las palabras latinas "NAZARENUS Y JUDEORUM".
La "Corona de Espinas" que pusieron sobre la cabeza de Nuestro Señor, se conservan algunas astillas; tres se encuentran en la basílica de la Santa Cruz. Otras espinas se guardan en la catedral de Notre Dame en París; y son exhibidas el Viernes Santo.
Los "Clavos de la Crucifixión" están distribuidos de la siguiente manera:
- Uno en la basílica de la Santa Cruz, y tiene unos diez centímetros de largo con una punta cuadrada de un centímetro.
- El segundo clavo se halla en la corona que era utilizada por los reyes de Italia, y fue regalada a la catedral de Milán (Italia).
- El último está en el asta de una de las "Lanzas de San Longinos".
Otras reliquias relacionadas con la muerte y resurrección del Verbo de Dios, y que no son atribuidas a Santa Helena; son las siguientes:
La "Lanza de San Longinos", quien fue el centurión romano que le atravesó el costado de Cristo, después de haber muerto en la cruz. Se encuentran cuatro lanzas que pueden ser la verdadera:
- Una se halla en San Pedro del Vaticano, y fue regalada por el sultán Beyazil II al papa Inocencio VIII (1484-1492); cuando Jerusalén era ocupada por los musulmanes.
- Otra fue llevada en tiempos de las cruzadas y se conserva en la iglesia de Saint Chapelle de París; a la que el papa Benedicto XIV (1740-1758), calificó como auténtica.
- La tercera se venera en una iglesia de Cracovia (Polonia).
- La última que tenía en su asta un clavo de la crucifixión, permanecía en el museo de Hofborg, en Austria. Se dice que esta lanza fue un talismán poderoso para Constantino el Grande, para el rey franco Carlos Martel, que expulsó de Francia a los árabes en el siglo VIII, para Carlomagno y para el emperador romano Federico Barbaroja. Según la leyenda todos los que la había poseído resultaban victoriosos. Posteriormente, Adolfo Hitler la trasladó a Nuremberg, donde fue colocada en una iglesia que ordenó convertir en un santuario nazi. Después de terminar la II Guerra Mundial, la preciada lanza fue devuelta nuevamente al museo de Hofborg.
Dentro de la basílica del Santo Sepulcro en la Ciudad de Dios, se encuentra la llamada "Piedra de la Unción". Este es el lugar donde Nicodemo y José de Arimatea embalsamaron con mirra y aloe el cuerpo de Cristo, antes de darle sepultura.
La "Sábana Santa" es la tela con que fue envuelto el cuerpo del Señor al ser bajado de la cruz. En el lienzo se observa todas las huellas de la crucifixión, que quedaron impresas según algunos científicos, por el calor del cuerpo en el momento de la resurrección. El "Santo Sudario" como también se le conoce, es una pieza de lino de 1.10 metros de ancho con 4.30 de largo; fue conservada al parecer por el apóstol Pedro (Lucas 24, 12). En la actualidad está guardado en un relicario de plata en la catedral de Turín (Italia). Es la "reliquia de Cristo" que ha sido mayormente analizada por la ciencia moderna.
El "Sudario de Oviedo" es un paño pequeño que cubrió el rostro del Mesías, según la costumbre judía de enterrar a sus muertos. Fue hallado por San Pedro y San Juan en la tumba vacía (Juan 20, 7). El "Sudario de Oviedo" se conserva en la catedral de esta ciudad española desde el siglo XII, fue sacado de Jerusalén en el año 614, después del ataque de los persas. Curiosamente, muestras de laboratorio han comparado manchas de sangre iguales al rostro de las Sábana Santa.
En Nazaret hay una capilla donde se venera un enorme bloque calcáreo que la tradición ha llamado la "Mesa de Cristo", se tiene por seguro que en esa piedra comió el Señor con sus discípulos después de la resurrección.
Este pequeño curso sobre las verdades fundamentales que comprende la Fe Católica está basado en los libros "Verdades de la fe Católica I y II", escritos por Guido Rojas, licenciado en Ciencias Religiosas por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia. Agradecemos a Buzón Católico por permitirnos la reproducción de este Curso.