Amado Jesús
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Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos... |
Amado Jesús
Bernarda Coll Vélez
Los pensamientos de los hombres no son como los de Dios. Dios es sencillo en sus palabras, Él se regocija en aquellos que hacen buen uso de los dones que se le han dado. El hombre sin temor de Dios se distancia y se le endurece el corazón. Poco a poco se enferma el alma, comienza la ceguedad y sordera espiritual. Su propia sabiduría lo transforma en hombre soberbio e indiferente. Gota a gota y paso a paso desvanece su sensibilidad y su sencillez. El niño interior comienza disminuir y se da el fenómeno del hombre que se quedó en el desierto dando vueltas por cuarenta años.
Me preguntas hasta cuándo pues, bien, te diré. Hasta cuándo tú quieras que sea. Solo cuando aceptes que yo soy tu todo, entonces podrás ver, escuchar y vivir como hombre de Dios. Es entonces que podrás ser como niño porque habrás comenzado a salir del desierto y has podido comprender el amor. El amor lo abarca todo, es libertad, es paz, es luz y es saber vivir en Dios y con Dios en el mundo. Habrá de reconocerme en el prójimo decaído, pobre, humilde, sencillo y amado por mi. Habrá de reconocer los dones del hermano sin sentir celos espirituales, habrá de apreciar y dar gracias por aquellos que trabajan por Dios, habrá de manifestarte en gozo espiritual y en la luz del Espíritu.
Dices que quieres ser como niño otra vez pero, eso se queda en un círculo infinito de petición cuando no ejerces el primer paso, el de
Ser como niño es depender con plena confianza en la sabiduría de Dios, vivirla y hacerla tuya en tus obras. Es saber de todo corazón que todo cuanto posee te lo ha dado Dios. Es ver cuanto te ama y responderle a Él en el prójimo necesitado y en dar tu sí a Dios. Dices que quieres volver escuchar las palabras de tu padre, sentarte en su falda, pues ven, no esperes más y acepta el amor de Dios, vívelo y entrégate a Él.