Apuntes del camino - 29.05.2010, 13:46
Amando a María
Hoy quiero compartirles esta pequeña reflexión mariana que recogí del libro María, Madre nuestra, uno de los libros del Padre Ángel Peña… deseándoles que estos días que quedan para terminar el mes de mayo, mes de María, sean de muchas bendiciones y gracias espirituales para todos ustedes y sus familias…
Reflexiones
del libro María, Madre nuestra
por Padre Ángel Peña, O.A.R.
¿Te consideras hijo de María? ¿La amas? ¿Cuánto amas a María? A María nunca la amarás bastante. No tengas miedo de amarla demasiado, porque cuanto más la ames, más amarás a Jesús. Ten detalles de ternura con María. La ternura es el amor hecho poesía.
¿Alguna vez le has ofrecido una flor en alguna de sus imágenes? ¿Le has cantado alguna bella canción? ¿Has visitado algún santuario de María? ¿Has recibido algún favor especial de Ella? ¿Le rezas el rosario cada día? ¿Al menos, llevas el escapulario del Carmen o rezas como mínimo un avemaría diaria? ¿Has cumplido alguna vez la devoción de los cinco primeros sábados de mes? ¿Has confesado y comulgado en su honor en sus fiestas? ¿Procuras que tu alma esté limpia y pura? ¿Evitas espectáculos indecentes y obras deshonestas por su amor? ¡Cuánta pureza inspira María en los corazones jóvenes, que están envueltos en tantas tentaciones de la vida moderna! Acude a María, conságrate a Ella, ponte bajo su manto y pídele con fervor la virtud de la pureza y de la fidelidad, para cumplir bien los deberes de tu estado. ¡Que tu alma siempre esté hermosa para Ella!
Un día, un conocido pintor quiso hacer un hermoso cuadro de la Virgen María y, buscando un rostro bello, descubrió a una joven de bellas facciones, a quien le pidió posar en su taller. Pero ella le dijo: “Hoy no puede ser. Si usted quiere, iré mañana”. Al día siguiente, acudió a la casa del pintor y le dijo: “Ayer no podía hacerlo, porque, tratándose de la Virgen Inmaculada, no podía posar en pecado. Hoy me confesé y me siento menos indigna”.
María nos inspira pureza y, además, fortalece nuestra fe católica contra aquellos que la rechazan. Recuerdo que en mi parroquia de Arequipa había una señora que se había convertido en evangélica, pero siempre conservaba su amor a María, y todas las semanas iba a rezar ante una imagen de María a la iglesia de La Merced. Un día, sus compañeros evangélicos fueron a su casa y vieron una imagen de María. Le dijeron que debía tirarla al basurero, pues era un ídolo y se iba a condenar por ello; pero ella no aceptó y se retiró de su Iglesia evangélica por conservar la imagen y el amor a María. La conocí después de haber regresado a la Iglesia católica y ser responsable de uno de los grupos de la parroquia. María había salvado su fe católica y se la había fortalecido más de lo que jamás pudo haber imaginado.
Jörgensen, el famoso escritor danés, cuenta cómo en una iglesia de Dinamarca se conservó durante muchos años el amor a María. En tiempos de la Reforma protestante, en aquella iglesia, los reformadores habían blanqueado la pared, donde había un mural precioso de la Virgen María. Pero, durante generaciones, los fieles seguían haciendo una reverencia en aquel lugar donde había estado la imagen de María. Después de muchísimos años, nadie sabía por qué hacían aquella reverencia ante la pared; pero, cuando restauraron aquella iglesia, pudieron descubrir de nuevo que allí estaba oculta una hermosa pintura de María, y ellos, sin saberlo, seguían la costumbre de honrar a María como lo habían hecho sus antepasados católicos. Por esto, quisieron que aquella pintura de María se conservara como un tesoro de su tradición y su fe en María se revalorizó, porque ahora sí sabían por qué hacían aquella reverencia. María les había conservado ese amor a Ella, que los acercaba a la fe católica.
¡Ojalá la amemos tanto que no pase un solo día sin ofrecerle ese ramo de flores de amor de las avemarías del rosario! Es la mejor oración para comunicarnos con ella. Así se lo dijo una niña de seis años a su madre. Estaba la mamá, hablando demasiado con una de sus amigas. Y, al terminar de hablar, la niña le dice:
- “Mamá, ¿por qué hablas tanto con tus amigas? ¿Por qué no hablas con la Virgen María?”
- “Porque no tengo su teléfono.”
Entonces, la niña se fue a su habitación y le trajo un rosario, diciendo:
- “Mamá, aquí está el teléfono de la Virgen. Cuando tú rezas el rosario, Ella te escucha.”
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