Buscando la iglesia perfecta

Me enviaron esta reflexión por Whatsapp y me gustó muchísimo… se las comparto. Es un poco larga, pero vale la pena leerla.

Un hermano de la comunidad, inconforme con lo que veía en su iglesia, decide lanzarse en la búsqueda de la iglesia perfecta. Para esto, decide llamar a San Pablo para pedirle consejo.

– Hola, ¿hablo con San Pablo?

– Sí, soy yo.

– ¿Cómo estás San Pablo? Te llamo porque tengo un problema muy serio y necesito tu ayuda.

– Dime, hijo, ¿cuál es tu problema?

– Es que estoy decepcionado por muchas cosas en la iglesia a la que pertenezco y ando buscando una mejor. Me gustaría que me orientaras sobre algunas de las iglesias que tú conoces.

– ¡Claro! Dime, ¿qué quieres saber?

– Estoy pensando asistir a la iglesia de Corinto, ¿será esa la iglesia perfecta para mí?

– Mira, en la iglesia de Corinto hay pequeños grupos (1Cor 1, 12); también hay celos, contiendas y disensiones (1Cor 3, 3); son inmorales e incluso hay algunos fornicadores (1Cor 5, 1); y cuando tienen peleas llegan hasta los tribunales (1Cor 6, 1).

– ¡Ah no, mejor ahí no voy! ¿Y que tal la iglesia de Éfeso?

– Éfeso fue una iglesia fundada en la Palabra (Hch 19, 20), pero últimamente hay muchas personas sin amor en la iglesia (Ap 2, 4).

– ¿¡Sin amor?! ¡Ahí menos voy entonces! Creo que mejor sería irme para la iglesia de Tesalónica.

– Bueno, la realidad es que en Tesalónica hay algunos que caminan desordenadamente, no les gusta trabajar y se entrometen en lo ajeno (2Tes 3, 11).

– ¡Wow! ¡Increíble! ¡Que difícil está resultando esta búsqueda! ¿Y qué tal si voy a la iglesia de Filipos?

– Filipos sería una buena opción sino fuera por esas dos hermanas que siempre están causando problemas y que nunca se ponen de acuerdo en nada, siempre están discutiendo (Flp 4, 2).

– ¿Por qué no se ponen de acuerdo nunca?

– No sé muy bien… creo que fue por el uniforme de los proclamadores de la Palabra y algunos decorados en la iglesia, una quiere de un color y la otra quiere otro, así es con todo, no terminan nunca.

– Pues esa no es una opción, creo que mejor me mudaré a Colosa y allí buscaré a Dios.

– Hijo mío, los colosenses tienen problemas doctrinales y hay herejes que menosprecian a la persona del Mesías. ¡Allí la cosa es un despelote! Y por si fuera poco, también están haciéndole culto a los ángeles (Col 2, 18).

– ¡Santo Dios! ¿Y si me voy a Galacia?

– Entre los gálatas hay creyentes que se muerden y devoran unos a otros, tan así que casi casi están por convertirse en perros (Gal 5, 15). También hay quienes satisfacen los deseos de la carne (Gal 5, 16).

– ¡Madre mía! ¡De verdad que la situación está difícil! Te cuento que antes de llamarte estuve hablando con San Juan porque pensaba irme para Tiatira, pero me dijo que esa es una iglesia tolerante donde toleran a una mujer que dice ser profetiza y enseña a la prostitución y comer sacrificios a ídolos (Ap 2, 20). ¡Ahí ni loco voy! Luego pensé ir a Laodicea, pero San Juan me dijo que allí son tibios y yo no quiero que Dios me vomite (Ap 3, 16). Después pensé ir a Pérgamo, pero otra vez San Juan me dijo que hay algunas doctrinas extrañas como la de Balaam (Ap 2, 14) y de los nicolaítas (Ap 2, 15). Hasta pensé irme a la iglesia en Jerusalén, ya que de ahí es nuestro Salvador, pero me dijeron que allá están llenos de murmuraciones y chismes (Hch 6, 1); y que hay muchos creyentes de doble cara; hasta matrimonios que se ponen de acuerdo para engañar a los Apóstoles (Hch 5). ¿Es cierto todo esto, San Pablo?

– Tristemente, es verdad.

– Y entonces, ¿qué es lo que puedo hacer?

– Realmente es muy sencillo… la Iglesia, desde el punto de vista humano, es imperfecta, pero Dios está siempre trabajando en ella. Recuerda lo que le escribí a los efesios: “A fin de presentársela resplandeciente a sí mismo, una iglesia gloriosa; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada” (Ef 5, 27). Es como si desde que Jesús ascendió al cielo, siempre hayamos estado de tormenta en tormenta. Pero el Espíritu Santo se encarga de guiar la barca, por eso la iglesia, a pesar de sus luces y sombras, nunca ha dejado de ser columna y fundamento de la verdad (1Tm 3, 15). Ya verás como un día seremos la iglesia perfecta, la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos (Heb 12, 23). Y como me pides consejo, te voy a dar uno muuuuyyyy importante: No busques una iglesia perfecta, busca a Jesús en la Iglesia que Él nos dejó sobre los Apóstoles, esa que te ha nutrido desde niño en la fe y te ha alimentado con la Eucaristía. La Iglesia que es Madre y Católica.

– ¡Muchas gracias, San Pablo, tienes muchísima razón! Ahora entiendo que no habrá una iglesia perfecta mientras estemos en la tierra. Ya no haré más caso a las malas actitudes de algunos y me esforzaré por ser yo un mejor cristiano. Leeré más la Biblia, oraré más y celebraré con más devoción la Eucaristía. Desecharé lo malo y haré mi mejor esfuerzo por perseverar, viviendo una auténtica vida cristiana en la Iglesia Católica. ¡Muchas gracias por todo, me sirvieron de mucho tus consejos y sugerencias!

– ¡De nada, hijo mío! Por cierto, la Virgen María te envía un saludo y dice que ella estará intercediendo por ti, para que Jesús te conceda esas gracias que necesitas para perseverar y crecer en santidad. Recibe mi bendición… ¡y te espero en el cielo!

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    1 comentario en Buscando la iglesia perfecta

    1. Buenísimo!! Me encantó!! Y mil gracias por ser instrumentos del Señor porque me cae perfecta para una charla que daré justo hoy!! Dios los bendiga!

      Aída Midence

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