Celebremos la Misa: el Memorial

Celebremos la Misa: el Memorial

Seguimos haciendo nuestro recorrido por las partes de la Misa. Y hoy, al igual que en las últimas semana, vamos a explicar una parte de la Plegaria Eucarística. Pero antes de entrar de lleno al tema, conviene que hablemos un poco sobre la Pascua judía,

La Pascua judía—la Pésaj—es la celebración del mayor acontecimiento en la historia de la salvación del Pueblo de Israel: el momento en que Dios los libera de la esclavitud de Egipto. Otra particularidad de la Pascua judía es que ayudaba a preparar al pueblo para la llegada del Mesías. En el tiempo de Jesús, la Pascua se celebraba junto con la fiesta de los Ácimos y era la principal de todas las fiestas judías.

Según la tradición judía, en la Pascua el pasado se hace presente, especialmente durante la narración de la liberación (Éxodo 12ss). Para mí es revelador lo que explica la Misná* sobre la actitud con la que los judíos deben participar de la cena pascual: “En cada generación la persona está obligada a considerarse a sí misma como si ella hubiera salido de Egipto…”*

Quiero que me sigas con atención… la Pascua judía rememora y revive (esta es la parte importante) la salvación que Dios le trae a su pueblo. El teólogo y profesor Antonio Bonora dice que la liturgia de la Pascua judía “actualiza el relato del Éxodo”. No se trata solamente de un recuerdo, sino que cada uno está siendo liberado, aquí y ahora, como si hubiera estado en Egipto hace tres mil años. Por eso, para ellos no basta con ser meros espectadores, sino que deben tomar una parte activa dentro de esa celebración/liberación.

Dicho esto, entremos en el tema que nos interesa… ¿Recuerdas que la semana pasada hablábamos del Relato de la Institución? Esas son las palabras que Jesús dijo durante la Última Cena y que terminan con el mandato de “Haced esto en memoria Mía”. Ese “en memoria de Jesús” es lo que llamamos el Memorial, por eso el sacerdote continúa diciendo,

Así, Padre,
al celebrar ahora el memorial
de la muerte y resurrección de tu Hijo,

te ofrecemos…

(Plegaria Eucarística II)

Comenzamos nuestra cápsula de hoy explicando el concepto de “memorial” que tenían los judíos. Esto resulta relevante para nosotros porque la celebración de la Última Cena se dio dentro del marco de la cena pascual judía. Para nosotros, al igual que para los judíos, el concepto de “memorial” no se refiere a un simple recuerdo de algo que pasó hace muchísimo tiempo, sino que se trata de un acontecimiento actual que sucede delante de nosotros, aquí y ahora.

Cuando Jesús nos pide que sigamos realizando “el memorial de su muerte y resurrección”, no nos está pidiendo que nos acordemos de algo que pasó, sino que nos está diciendo que “el pasado se hace presente” durante la celebración de la Misa. Piénsalo como si se descorriera una gran velo y nos encontráramos presente en esa primera Misa celebrada por Jesús.

Déjame explicártelo de otra manera… Dios es eterno, eso quiere decir que para Él no existe el ayer, el hoy o el mañana, sino que todo es un infinito presente. Jesús se hizo hombre, pero Él ya existía en la eternidad desde antes de su encarnación, y regresó a ella con su resurrección.

También debemos comprender que Jesús es todo hombre y a la misma vez, es todo Dios. Por lo tanto, todas sus acciones, aunque humanas, también fueron realizadas por Dios. Eso significa que sus acciones tienen un valor infinito que no está sujeto a las barreras del tiempo o el espacio. Es por esto que el sacrificio salvífico de Jesús alcanza a toda la creación. Y aunque se llevó a cabo en un momento determinado de la historia, siempre, siempre, siempre está presente en la eternidad*, y sus méritos y gracias alcanzan a todos los hombres, de todas las épocas.

Esto significa que hay una sola y única Misa que comenzó el Jueves Santo, en la Última Cena que celebró Jesús con los Apóstoles, y duró tres días hasta el Domingo de Resurrección, cuando Jesús regresó resucitado y glorioso. Y nosotros—o sea, toda la Iglesia—al participar de nuestra celebración, estamos realmente participando de esa única celebración eterna.

Ahora te pregunto, ¿con qué actitud vas a celebrar la Misa si sabes que delante de ti se encuentra el cielo entero—el Padre, Jesús y el Espíritu Santo, junto con la Virgen María, los santos y todos los ángeles—celebrando junto contigo esa única celebración celestial?

¡Feliz domingo y feliz Eucaristía!


* Redacción de las enseñanzas de la ley oral judía.

* “En cada generación la persona está obligada a considerarse a sí misma como si ella hubiera salido de Egipto, como fuera dicho: Y dirás a tu hijo en ese día: ‘es por causa de esto que Adonai hizo conmigo cuando salí de Egipto’ (Pesajím 10:5) . El Santo, bendito sea, no solamente redimió a nuestros padres de Egipto, sino también a nosotros redimió junto con ellos, como fuera dicho: Es a nosotros a quien sacó de allí, para que pueda traernos y darnos la tierra que juró a nuestros padres (Deut 6:23).”

* El teólogo Scott Hanh (ex-pastor presbiteriano converso al catolicismo), en su libro “La cena del Cordero”, nos explica a través del Apocalipsis que la Misa que celebramos en la tierra es una participación de la liturgia celestial.

Estas pequeñas cápsulas están inspiradas en el app iMisa y el libro “La misa: antes, durante y después”, ambos del Padre José Pedro Manglano; así como otras fuentes.

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