Celebremos la Misa: el Padrenuestro

Celebremos la Misa: el Padrenuestro

Toda la celebración de la Misa va dirigida hacia una cosa: llevarnos a la comunión. Y aquí hablamos de “comunión” en su sentido más amplio, nuestra común-unión como hijos de Dios.

Fíjate, una vez terminamos la liturgia eucarística nos disponemos a recibir el Cuerpo y la Sangre de Jesús. Pero no lo hacemos como un acto solitario, donde nos separamos de los demás y nos olvidamos del resto del mundo. Al contrario, recibir a Jesús nos debe llevar a vivir mejor nuestra realidad de hijos de Dios. Por eso, antes de recibir la Comunión nos preparamos rezando—o cantando, según sea el caso—la oración del Padrenuestro.

¡Es tanto lo que podríamos decir del Padrenuestro! Un día los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara cómo orar y Jesús les hizo un resumen* de la oración perfecta. Todas las intenciones que podamos haber depositado sobre el altar durante la Misa, todos nuestros afanes y súplicas, todas las inquietudes de nuestro corazón, todo está comprendido en el Padrenuestro.

Mira si es importante rezarlo antes de comulgar, que le llamamos “la puerta del Festín del Reino”. El Padrenuestro es como la puerta de entrada a la Comunión… y lo primero que nos dice es que entramos como hijos de un mismo Padre. ¿¡No te parece algo maravilloso?! Dios es mi Padre y es tu Padre. Eso significa que tú y yo somos hermanos y formamos parte de una gran familia: ¡la familia de Dios!

Quiero que pienses en algo… cuando rezamos el Padrenuestro, Dios Padre está especialmente pendiente y atento a todo lo que nosotros decimos. Y en ese momento—se supone—que todos juntos, en común-unión, como hijos de un mismo Padre, ponemos nuestras mentes, nuestras palabras y nuestros corazones para pedirle que nos conceda 7 peticiones* muy importantes. Este domingo, cuando reces el Padrenuestro, fíjate en cada petición y no te contentes con repetirla, sino que hazla tuya y preséntasela al Padre como Jesús mismo se la presentaría.

Una última cosa, ¿te has fijado que al terminar el Padrenuestro no decimos “Amén”? Eso es porque el sacerdote continúa con el “embolismo” (del griego: “añadidura”), que hace más específica nuestra última petición,

“Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.”

Nosotros respondemos con una “doxología”, un pequeño himno de alabanza a Dios: “Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor”.

¡Feliz domingo y feliz Eucaristía!


* “La oración del Señor o dominical es, en verdad el resumen de todo el Evangelio” (Tertuliano); “Recorred todas las oraciones que hay en las Escrituras, y no creo que podáis encontrar algo que no esté incluido en la oración dominical” (San Agustín); “La oración dominical es la más perfecta de las oraciones […] En ella, no sólo pedimos todo lo que podemos desear con rectitud, sino además según el orden en que conviene desearlo” (Santo Tomás de Aquino).

*Siete peticiones del Padrenuestro:
(1) santificado sea tu Nombre;
(2) venga a nosotros tu Reino;
(3) hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
(4) Danos hoy nuestro pan de cada día;
(5) perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
(6) no nos dejes caer en la tentación,
(7) y líbranos del mal.

Estas pequeñas cápsulas están inspiradas en el app iMisa y el libro “La misa: antes, durante y después”, ambos del Padre José Pedro Manglano; así como otras fuentes.

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