Celebremos la Misa: la Epíclesis

Uno de los momentos más bellos y más importante en toda la Biblia es el momento de la Encarnación. ¡Imagínate, Dios que baja del Cielo y se hace Hombre en el vientre de una humilde jovencita! “¿Cómo será esto?”, preguntó María. Y el ángel le respondió, “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. El Espíritu Santo lo transforma todo, haciéndolo mejor, haciéndolo perfecto. En el momento de la Encarnación, fue el Espíritu Santo quien encarnó—le dio carne, le dio un cuerpo humano—a Jesús en el vientre de María.

Celebremos la Misa: la Epíclesis

Pues la parte de la Plegaria Eucarística de la que vamos a hablar hoy es precisamente como el momento de la Encarnación. Se llama la Epíclesis y es el momento de la Misa, después de que todos hemos proclamado el Santo, cuando el sacerdote impone sus manos sobre los dones (pan y vino).

“Epíclesis” viene del griego y significa “llamar sobre” o “invocar sobre”. ¿A Quién llamamos? Al Espíritu Santo. ¿Para qué? Para que venga sobre el pan y el vino y los transforme* en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Por eso nos arrodillamos, porque desde este momento hasta que termine la consagración, acontece el Milagro de milagros, Dios se vuelve a hacer presente en medio de nosotros. ¡No es un símbolo! Es Jesucristo que realmente se presenta sobre el altar y, al igual que en Belén parecía ocultar su grandeza y majestad en un pequeño y humilde Niñito, aquí se esconde bajo la apariencia de pan y vino.

Voy a contarte otra cosa… ¡no se trata de una, sino dos* epíclesis! La primera vez, la que acabamos de describir, se conoce como epíclesis de consagración. La segunda invocación al Espíritu Santo ocurre unos instantes después, al terminar las palabras de la Institución*. En esta segunda ocasión le pedimos al Espíritu Santo que venga sobre nosotros y nos llene de “gracia y bendición”.

De la Plegaria Eucarística II

Epíclesis de consagración

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad;

por eso te pedimos que santifiques estos dones
con la efusión de tu Espíritu,
de manera que se conviertan para nosotros
en el Cuerpo y + la Sangre
de Jesucristo, nuestro Señor.

Epíclesis de comunión

Así, pues, Padre,
al celebrar ahora
el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo,
te ofrecemos el Pan de Vida y el Cáliz de Salvación,
y te damos gracias
porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

Te pedimos humildemente
que el Espíritu Santo congregue en la unidad
a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.

¿Comprendes ahora la importancia de estar atentos cuando celebramos la Santa Misa? Cada parte tiene un significado profundo y cada oración que hacemos, si ponemos nuestro corazón en ella, es una oportunidad preciosa de recibir las gracias y bendiciones que Dios quiere darnos.

¡Feliz domingo y feliz Eucaristía


* Esa transformación se conoce como “transubstanciación”, la substancia del pan y el vino se transforman en substancia del Cuerpo y la Sangre de Cristo, aunque los accidentes de la materia (color, gusto, textura, etc) permanecen iguales.

* Otra forma de pensarlo es como si fueran dos parte de una misma y gran invocación, que están separadas entre sí por las palabras de la Institución.

* Las palabras de la Institución son las que usó Jesús en la Última Cena: “Tomen y coman todos de él, porque este es mi Cuerpo… Tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre…”

Estas pequeñas cápsulas están inspiradas en el app iMisa y el libro “La misa: antes, durante y después”, ambos del Padre José Pedro Manglano; así como otras fuentes.

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