Celebremos la Misa: la fracción del Pan y el Cordero de Dios

Celebremos la Misa: la fracción del Pan y el Cordero de Dios

Una vez termina el rito de la Paz pasamos a la fracción del Pan, luego, junto al sacerdote, invocamos a Jesús como “Cordero de Dios”. Ambas partes tienen un significado profundo, por eso es importante no descarrilarnos durante la Paz para que podamos mantener la solemnidad de este momento.

La fracción del Pan

“Fracción del Pan” es el nombre que los primeros cristianos* daban a la Eucaristía. Esto tiene varias razones y simbolismos. Cuando Jesús celebró la Última Cena, Él tomó un trozo de pan, lo partió y le dio los pedazos a los apóstoles. Por muchos años, los cristianos, al igual que Jesús, no tuvieron las “formas” (hostias) para celebrar la Eucaristía, así que utilizaban un mismo pan que partían o fraccionaban, compartiéndolo entre todos. En cierta forma, veían en este gesto reflejado el milagro de la multiplicación de los panes. También era un símbolo de unidad, donde toda la comunidad participaba del mismo y único pan que es Jesucristo.

Hoy en día, al usar las hostias pequeñas, no se hace tan evidente el sentido de que todos participamos del mismo Pan. Por eso el sacerdote parte la hostia grande y la comparte con algunos miembros de la asamblea. De esta manera recordamos el gesto de los primeros cristianos, sin olvidarnos que Jesús está todo presente en cada hostia consagrada.

Hay un gesto que tiene un simbolismo precioso y que, si no estamos muy atentos, pasa desapercibido a nuestros ojos. Después que el sacerdote a partido la hostia, podemos notar que deposita un pequeño pedacito dentro del cáliz. Esto se conoce como “inmixtión”*. ¿Que qué es eso? Te explico…

¿Recuerdas que dijimos que en la Misa está presente toda la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús? Pues piénsalo de esta manera… cuando se consagran en forma separada el pan y el vino, esto representa la muerte de Jesús en la Cruz; la fracción del Pan significa la herida que la lanza hizo al atravesar el costado de Jesús; y el momento de la inmixtión, cuando se juntan nuevamente el Cuerpo y la Sangre de Jesús, es el momento de la Resurrección

El Cordero de Dios

San Juan comienza su Evangelio con el testimonio de Juan el Bautista. Dice él que cuando Juan ve venir a Jesús exclama: “He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Yo encuentro fascinante y revelador que el testimonio del Bautista se da desde la humildad, pues él mismo reconoce que no es digno “de desatarle la correa de su sandalia”.

Nosotros hacemos lo mismo, desde nuestra pequeñez damos testimonio de Jesús y le reconocemos como el Cordero de Dios* por el cual se libera al mundo—y a nosotros—de la esclavitud del pecado. Esta aclamación tiene un sentido penitencial: “ten piedad de nosotros”; pero a la vez, cierra el rito de la Paz: “danos la paz”.

En este momento y en preparación a la Comunión, el sacerdote hace una pequeña oración en secreto donde se dirige a Jesús presente en la Eucaristía. Luego de una genuflexión, levanta la Eucaristía y hace la gran invitación al banquete de los hijos de Dios: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, dichosos los invitados a la cena del Señor”. A lo que respondemos con las palabras, con la fe y con la humildad del centurión: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.

Dicen los santos que la Eucaristía es un anticipo del Banquete Celestial… que te parece si esta semana acudimos a la Misa con más fe, dispuestos a dejarnos alcanzar por el amor y la misericordia de Dios, que quiere transformarnos para que podamos llegar a estar un día en el cielo con Él.

¡Feliz domingo y feliz Eucaristía!


* Hay varias referencias a la “fracción del pan” en la Biblia. Por ejemplo, los discípulos de Emaús reconocieron al Señor al partir el pan (Lc 24, 30-35). En el libro de los Hechos dice que la comunidad perseveraba en la fracción del pan (Hch 2, 42; 20, 7). San Pablo también habla a los corintios sobre “el pan que partimos” como “comunión con el Cuerpo de Cristo” (1Cor 10, 16).

* También se usa “conmixtión”. La Ordenación General del Misal Romano dice: “El sacerdote realiza la fracción del pan y deposita una partícula de la hostia en el cáliz, para significar la unidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor en la obra salvadora, es decir, del Cuerpo de Cristo Jesús viviente y glorioso” (OGMR, 72).

* El título de “Cordero de Dios” tiene un sentido sacrificial y salvífico, donde Jesús es la víctima perfecta que se ofrece por la salvación de todos.

Estas pequeñas cápsulas están inspiradas en el app iMisa y el libro “La misa: antes, durante y después”, ambos del Padre José Pedro Manglano; así como otras fuentes.

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