Día de dar gracias a Dios

Dar gracias a Dios debería ser parte de nuestra oración diaria… es más, al comenzar cada día lo primero que deberíamos hacer es lanzarnos en una alabanza a Dios por todo lo que tenemos y somos… por el don de la vida y un día más para vivirla… por nuestras familias y amigos… por el pan que llevamos a nuestra boca… y por el que podemos compartir con aquellos más necesitados…

Lo mismo en la noche, antes de irnos a descansar… deberíamos detenernos un momento y agradecer a Dios por el día que ha terminado… por las penas y las alegrías… por los logros alcanzados y las nuevas pruebas que empiezan a asomar sus penurias… por las sonrisas que dimos y las que recibimos… por las lágrimas derramadas y aquellas que ayudamos a secar… en fin, debemos dar gracias a Dios por todo, pues todo lo recibimos de sus manos…

Pero de todos los días, hay uno que hemos separado para reflexionar y crear conciencia de todas las gracias que debimos dar y todas aquellas que – seamos realistas – muchas veces dejamos pasar sin agradecer…

En este día de Acción de Gracias, te ofrezco, Señor, esta humilde alabanza… pidiéndote que me ayudes a ser como San Francisco, que no teniendo nada, en Ti lo tuvo TODO…

EL CÁNTICO DE LAS CRIATURAS
San Francisco de Asís

Altísimo y omnipotente buen Señor,
tuyas son las alabanzas,
la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, te convienen
y ningún hombre es digno de nombrarte.

Alabado seas, mi Señor,
en todas tus criaturas,
especialmente en el Señor hermano sol,
por quien nos das el día y nos iluminas;
y es bello y radiante con gran esplendor,
de Ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor,
por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

Alabado seas, mi Señor,
por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

Alabado seas, mi Señor,
por aquellos que perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y tribulación;
bienaventurados los que las sufran en paz,
porque de Ti, Altísimo, coronados serán.

Alabado seas, mi Señor,
por nuestra hermana muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!
Bienaventurados a los que encontrará
en tu santísima voluntad,
porque la muerte segunda no les hará mal.

Alaben y bendigan a mi Señor
y denle gracias y sírvanle con gran humildad.


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