Dios nos invita a experimentar el perdón

Al comienzo de cada Eucaristía somos invitados a revisar nuestros actos de amor o de desamor que hemos tenido con otros o con nosotros. Hacemos una pausa para descubrir si por amar a los y las demás hemos sido capaces de morir a nosotros mismos y a nosotras mismas. Es la oportunidad de descubrir que, a pesar de nuestros actos, el hecho de arrepentirnos y querer enmendarnos nos permite experimentar el Amor infinito de Dios.

Aunque estemos bautizados y confirmados y aún impregnados de la Eucaristía, todavía tenemos la tendencia interior de ser egoístas y a dejar de amar. Pero Dios nunca nos deja de amar y la Iglesia celebra esto en el sacramento de la Reconciliación.

Lo llamamos el sacramento de “conversión” porque cuando lo celebramos el Espíritu de Amor nos impulsa a volver nuestro corazón al amor divino a través de Cristo, quien nos revela ese amor.

El término de “penitencia” viene de la palabra en latín repere, la cual sugiere una postura de arrepentimiento y un proceso de cambio. También se llama “confesión” debido a que es a través de esa experiencia por la cual somos invitados a confesar en voz alta cómo perdimos el camino del amor y así reconocer que la misericordia de Dios es interminable.

Y se llama el sacramento de la “reconciliación” porque le da armonía de nuevo a nuestra vida. Nos pone de nuevo en nuestro camino de fe y celebra el maravilloso amor de Dios.

La tarea que nos corresponde es poder llevar a la vida, desde nuestro ambiente familiar, la experiencia del perdón. Existen diversas maneras para cultivar esta actitud, como por ejemplo, anime a sus familiares a disculparse cuando ofendan a alguien y muestre arrepentimiento; dígale: “si te sientes mal por lo que hiciste debes decírselo”; si es usted el que hiere a alguien permita a sus familiares escucharlo dando disculpas; imitando a Jesús: hágale ver a quienes le rodean que siempre serán amados por ustedes aunque cometan algún error, un buen ejemplo sería decirle: “Te amo, pero no me gustó lo hiciste”. Anime a que todos y todas en la familia participen con regularidad del sacramento de la reconciliación para crecer en la vida cristiana.


Catequesis #10 (La Familia: iglesia doméstica), tomada de las catequesis dominicales de la Arqidiócesis de San Juan en preparación para el Trienio para el V Centenario.


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