El camino de la fe | Día 24

El camino de la fe | Día 24

Jesús dijo además a sus discípulos: «Llegará un tiempo en que ustedes desearán ver alguna de las manifestaciones del Hijo del Hombre, pero no la verán. Entonces les dirán: “Está aquí, está allá.” No vayan, no corran… » (Lucas 17, 22-24).

Día 24 | Hoy pídele a Dios ser libre del infantilismo espiritual

“Hay quienes corren detrás de las apariciones de Jesús o de su Madre. Apariciones auténticas o no, si dedicaran ese tiempo para correr hacia el Sagrario, hacia el interior del propio corazón y hacia el hermano sufriente, entonces alcanzarían en poco tiempo la santidad y Dios mismo les concedería más gracias que si Él mismo o su Madre Santa se les apareciese.”

— Padre Gustavo Jamut

A veces me sorprendo de la ingenuidad de las personas… gente “de iglesia”… de fe… de sacramentos… pero que de alguna manera se han dejado arrastrar por la epidemia de apariciones que hay en nuestra época… es cierto que estamos viviendo tiempos difíciles… “los últimos tiempos”, me dicen algunos… y que el Señor suscita profetas que hablen en su nombre… pero sus voces tienen que estar en armonía con la voz de la Iglesia… si no, puedes tener la seguridad que no es la voz del Pastor la que están escuchando…

Te doy un ejemplo… hace un tiempo me escribía un hermano que vive en Sur América… cerca de su pueblo comenzaba una supuesta aparición… él fue a visitar el lugar y llegó fascinado… no hablaba de otra cosa… inclusive su vida de oración se matizó por lo que le dijeron en aquel lugar… pero cuando comenzó a enviarme los mensajes, había cosas que contradecían las enseñanzas de la Iglesia… eso, sencillamente, no es posible… no puede ser de Dios…

No me malinterpretes… hay apariciones que son verdaderas… la Iglesia las reconoce así… pero aún esas, se catalogan como “revelaciones privadas” y NUNCA van por encima ni son más importantes que la Biblia… o que los sacramentos… o que las enseñanzas de la Iglesia…

Hace poco, conversando con una amiga sobre una de estas supuestas apariciones, me decía “es que Jesús dice que…….” No le dejé terminar… y le aclaré que no se trata de que “Jesús dice”… sino de que un vidente dice que Jesús le dijo… son dos cosas muy distintas… la primera lleva el peso de ser una revelación de Dios… la segunda debe ser discernida a la luz de las Escrituras y de las enseñanzas de la Iglesia para determinar si es cierta… no reconocer la diferencia entre ambas es inmadurez espiritual… y de eso tenemos mucho a nuestro alrededor…

Esta no es la única forma de infantilismo en la vida de fe… digamos que son un reflejo de nuestra sociedad… nos gusta el sensacionalismo… lo exagerado… lo impactante… y en cierto modo, hasta morboso… nos gusta lo que hace ruido, aunque no tenga substancia… ese es el “pan nuestro de cada día” en todos los medios de comunicación… en nuestra vida espiritual pasa lo mismo… nos quedamos en la superficie… en lo accesorio… en las emociones… quien muestra señas de infantilismo espiritual no es dócil a las moniciones del Espíritu… se queda en lo milagrero en lugar de buscar el verdadero encuentro con el Dios vivo… esa es la conducta que Jesús le reprocha a las gentes luego de la multiplicación de los panes: «Ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse»…

Me parece necesario aclarar algo… cuando hablo de “inmadurez espiritual” o “infantilismo espiritual” no me refiero al “ser como niños” al que nos invita Jesús en el Evangelio… la primera es una conducta irresponsable que nos lleva al estancamiento en nuestra vida de fe… el “ser como niños”, en cambio… es la pobreza espiritual… es reconocerse pequeño ante Dios… es la sencillez del alma… la sinceridad y la confianza de quien se pone en las manos del Señor… es tener la capacidad de asombrarse ante el Misterio… es reconocerse criatura, pero sobre todo, saberse hijo de Dios…

¿Recuerdas las palabras que Jesús le dijo a Tomás…? «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído»… de eso se trata el día de hoy… de creer sin ver… y de encontrarnos con Jesús en los lugares donde más escondido se encuentra… en la Eucaristía… y en el corazón de los que sufren… si cierras los ojos de la carne y miras con tu corazón… de seguro que, como Tomás, también reconocerás: «Señor mío y Dios mío»…

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