El camino de la fe | Día 25

El camino de la fe | Día 25

Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego respondió: «Maestro, que vea.» Entonces Jesús le dijo: «Puedes irte, tu fe te ha salvado.» Y al instante pudo ver y siguió a Jesús por el camino (Marcos 10, 51-52).

Día 25 | Hoy pídele a Dios ser sanado de la ceguera de la indiferencia

“El Señor que curó a los ciegos, debe concedernos a todos los cristianos, particularmente en estos tiempos actuales, la curación de la ceguera que nos impide ver lo hermoso de la vida y descubrir al hermano que sufre y que quizás vive a nuestro lado.”

— Padre Gustavo Jamut

Desde que fue electo, el Papa Francisco ha hecho varias declaraciones fuertes sobre la actitud de ceguera que tiene el mundo ante el dolor y el sufrimiento de nuestro prójimo… recuerdo cuando la tragedia de Lampedusa, que cobró la vida de cientos de inmigrantes en la costa de Italia… el Papa habló de “la globalización de la indiferencia”… donde todos nos lavamos las manos y pasamos de largo, sin siquiera mirar la miseria del otro,

La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos vuelve insensibles a los gritos de los demás, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bellas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisorio, que lleva a la indiferencia hacia los demás, es más lleva a la globalización de la indiferencia. En este mundo de la globalización hemos caído en la globalización de la indiferencia. ¡Nos hemos habituado al sufrimiento del otro, no nos concierne, no nos interesa, no es un asunto nuestro!

Estas palabras vuelven a hacer eco hace unas semanas, cuando en su viaje a Manila el Papa recordaba el testimonio de los ex niños de la calle… “Al mundo de hoy le falta llorar, lloran los marginados, lloran los que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar”…

Verás, nos resulta relativamente fácil desconectarnos de lo que sucede en Lampedusa o en Manila… pensamos que eso no nos atañe… no nos corresponde a nosotros… pero de esa misma forma cerramos los ojos al que sufre justo a nuestro lado…

Hace unos días te contaba sobre el hermano David… ¿te acuerdas…? El fraile franciscano que sufre de parálisis cerebral y tiene serios problemas para caminar y hablar… pues escribiendo esta reflexión recordé una historia que él me contó una vez… y quisiera compartirla contigo,

Contaba David que siempre solía frecuentar la misma iglesia… y que cada domingo veía a un hombre que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo… me describió la humildad de aquel mendigo, sucio y maloliente, que sólo estiraba su mano… sin mirar… sin decir palabra… tan conciente de su miseria… y tan necesitado de compasión… muchos pasaban de largo, volteando la cara hacia el otro lado y haciéndose los que no le veían… otros calmaban su conciencia dándole de lejos unas monedas… sí, de lejos, con asco, procurando no tocarle no fuera que se contaminaran con su miseria…

David veía este mismo desfilar cada semana… un domingo se quedó orando junto al Sagrario… y cuando terminó su oración ya todos se habían ido… fue hasta la puerta y se acercó al mendigo… iba arrastrando los pies y sosteniéndose para no caerse, con el esfuerzo que representaba su propia discapacidad… él no tenía dinero para darle pero tendió su mano y la puso sobre la cabeza de aquel hombre… regalándole la más tierna de las caricia…

El mendigo, sorprendido, levantó su cabeza para mirarle… y mientras una lágrima corría por su mejilla le dijo: “¡Me tocaste! ¡Hace tanto tiempo que nadie me tocaba!”… y se fue con tal alegría que el sacerdote tuvo que preguntarle al hermano David que le había dicho, porque nunca lo había visto así de contento…

La misericordia es sentir el dolor ajeno… compartir el sufrimiento del otro… hacernos partícipes de su desventura… y vencer la indiferencia que nos impide lanzarnos a hacer la diferencia… esa es nuestra tarea de hoy… pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a ser los instrumentos de la Misericordia que brota del Corazón de Jesús…

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