El camino de la fe | Día 27

El camino de la fe | Día 27

«Señor, a quién iremos, sólo Tú tienes palabra de vida eterna.
Nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Hijo de Dios»
(Juan 6, 68).

Día 27 | Hoy pídele a Dios que Él sea tu centro

“Qué difícil es descentrarnos de nosotros mismos para centrarnos en Dios y qué necesario es esto. Mientras que al menos no anhelemos con todas las fuerzas de nuestra alma luchar contra el egocentrismo para pasar al Cristocentrismo, no podemos creer que estamos avanzando.”

— Padre Gustavo Jamut

El día 21 hablábamos sobre el egocentrismo, sobre esos que creen ser el centro de atracción y que todo debe girar alrededor de ellos… en mi país decimos que estas personas se creen “la última Coca-Cola del desierto”… piensan que ellos son la fuente de la felicidad para otros… y que sin ellos, el mundo no sería igual… esta es una percepción distorsionada y enfermiza de la realidad… lo triste es que cuando no estamos anclados en una “roca firme”, quedamos a la merced de los vientos… y la más pequeña de las tormentas acaba por hacernos daño…

Lo primero que un cristiano necesita es tener una idea clarísima de quién es Cristo… más allá de la fe… más allá de rezar una oración o esperar un milagro… quién es Cristo en mi vida… qué posición ocupa Él… hasta dónde le dejo entrar… cuánto estoy dispuesto a dar por Él… y a darle a Él… Cristo tiene que ser nuestro centro… de otra forma, nos corremos el riesgo de creernos más de lo que de verdad somos…

Sister Briege McKenna cuenta una historia en su libro “Los milagros sí ocurren” que quisiera compartir contigo… ella tiene un ministerio de sanación muy conocido y mucha gente se acerca a ella o le escriben o la llaman pidiéndole que ore por ellos o por sus situaciones… dice Sister Briege que una noche, durante un retiro, se sintió arrasada por el desaliento y por unas tentaciones terribles… a la mañana siguiente, de camino a Misa, se sentía abatida y deprimida por la noche anterior… tan así que al disponerse a recibir la Comunión, en medio de su desánimo, decidió hacer un acto de fe: “Jesús, yo sé que te estoy recibiendo, pero me siento tan desalentada, tan destrozada y tan indigna de recibirte”…

Si no conoces a Sister Briege, te cuento que ella tiene un don de imágenes precioso… y cuando iba de regresó a su lugar comenzó a tener una imagen de una tienda raída… estaba muy maltratada… llena de agujeros… todo tirado por el suelo… y pensó para sus adentros que esa tienda debía haber pasado por una tormenta terrible… se arrodilló en su banca para hablar con Jesús y ve, en su imagen, que hay un hombre dentro de la tienda… ella le dijo que él no podía estar allí con todo aquel desorden… pero él le respondió con una sonrisa, “¿Qué quieres decir, yo vivo aquí adentro?”… fue en ese momento que se dio cuenta que ella era la tienda raída y que el hombre era Jesús…

Nosotros somos la morada de Dios… somos sus “templos vivos”… ¿alguna vez has pensado en eso…? ¿Alguna vez has pensado en cómo queda ese templo, esa morada, cuando pecamos…? ¿En cómo ensuciamos la casa donde Dios quiere habitar…?

Regresando a la imagen de Sister Briege, ella comenzó a recoger las cosas… y reparaba un agujero aquí y otro allá… pero Jesús la detuvo… “Briege, si te preocupas por esos agujeros y por tu tarea de repararlos, vas a olvidarte de Mí. Pero si te preocupas por Mí, Yo repararé tu tienda”…

A veces me ha sucedido… posiblemente a ti también te ha pasado igual… que me encuentro cargado de problemas y de trabajo… y tomo de mi tiempo de oración para tratar de hacer más cosas… pero al final, todo termina siendo peor… eso es lo que Jesús le explicaba a Sister Briege… es necesario dedicarle un tiempo al Señor… un tiempo a solas con Él… un tiempo de intimidad… sin prisas… si lo hacemos, veremos como Él va cambiándonos desde adentro hacia afuera… va “reparando nuestra tienda”… y de la misma forma, nuestros problemas y situaciones también comienzan a aclararse…

Pero la imagen de Sister Briege fue un poco más allá… y esto es lo que creo que puede ayudarnos con el tema de hoy… ya la tienda estaba un poco más limpia y arreglada cuando ella ve personas que se acercan a la entrada… vienen con sus problemas y sus enfermedades y sus dificultades… eran muchas y Sister Briege se levantó muy deprisa dejando solo a Jesús… “Señor, tengo que irme, porque todas esas personas me necesitan…” Jesús la miraba divertido… la sentó de nuevo a su lado y le dijo, “Ellas no vienen a ti para que les resuelvas sus problemas. Ellas sólo vienen a ti porque Yo vivo en ti. Si te levantas y dices: ‘Tengo que hacerlo’, entonces olvidarás que Yo soy quien sana y quien da la paz. Yo soy quien sana a los enfermos. Lo único que necesito de ti es que seas un instrumento. Así que ahora siéntate y déjame a Mí ir a la puerta”…

Por un momento, Sister Briege pensó que ella era el centro de su vida… pensó que su ministerio de sanación giraba alrededor de su persona… pero el Señor le enseñó a ser humilde y reconocer que ella solamente es un instrumento en las manos de Dios…

El Padre Emiliano Tardif, al comenzar sus predicaciones que siempre terminaban en múltiples sanaciones, decía que él era solamente el burrito que cargaba al Señor, en alusión a la entrada de Jesús en Jerusalén… imagina si aquel borrico pudiera razonar y hubiera pensado que los vítores y la algarabía eran por él… te sorprenderías, pero hay muchas personas así… que piensan que sus éxitos y logros les pertenecen… que solamente su esfuerzo es lo que les ha llevado a donde están… y se olvidan que Dios el Dueño y Señor de todo cuando existe… de eso se trata este día, de asegurarnos que toda nuestra vida gire alrededor de Dios…

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