El escapulario carmelita

Los carmelitas tienen el gran honor de ser los depositarios de esta antiquísima librea mariana, entregado por la misma Virgen Santísima a San Simón Stock, “distintivo y prenda de una abundante gracia auxiliadora” (Padre Teófilo Reynaud SJ), ya que quienes lo llevan con piedad y recta intención tienen la promesa de María Santísima de que Ella misma los sacará del Purgatorio el sábado siguiente a su muerte.

Verdaderamente es una devoción que aparenta ser pequeña, pero considerada en su plenitud tiene tal vitalidad como para ordenar la vida, dado que supone la oración y la pureza, por ello con el Escapulario vestimos el hábito de María Inmaculada. En estos tiempos en que debemos por voluntad de Dios, establecer en el mundo la devoción el Inmaculado Corazón de María, debemos saber que el Escapulario es el signo que nos recuerda la Consagración a Ella; así lo quiere la Iglesia: “Reconozcan en esta librea del Santo Escapulario, su Consagración al Corazón Inmaculado de la Virgen Inmaculada, por Nos recientemente recomendada”, decía Pío XII el 11 de febrero de 1950. Y así es en la práctica universal, porque el Escapulario (o la medalla que lo reemplaza), estará día y noche sobre nuestro corazón.

El Escapulario del Carmen, que recorre el mundo desde hace siglos, es un testimonio más de que María Santísima es la Medianera de todas las Gracias, mediación hecha vida en los cristianos, y de ello traemos aquí algunos testimonios:

“… el Santo Escapulario debe ser el faro luminoso que nos enseñe el camino recto del Cielo y las bondades maternales de María, especialmente la Mediación Universal y la Consagración a su Inmaculado Corazón” (Congreso Mariano Español de Zaragoza, 1954, sección carmelitana).

“El Santo Escapulario, considerado en toda su amplitud, no es otra cosa que la aplicación completa de la Mediación Universal” (Fray Rafael López Melus OC).

“En la aparición de la Santísima Virgen entregando el Santo Escapulario a San Simón, se manifiesta la Madre de Dios como la Señora de la Gracia… y también como Madre amantísima que protege a sus hijos en vida y en muerte” (Cardenal Goma).

“Nuestra Señora del Monte Carmelo es, tal vez, la aplicación más enérgica de la acción regia de la gran Mediadora del género humano. El Congreso Mariano de Bélgica, celebrado en 1922, hizo observar el gran influjo práctico que la devoción al Santo Escapulario ha tenido en la adhesión cada vez más firme y universal de la Iglesia a la doctrina de María Mediadora de todas las Gracias” (Padre Arcángel de la Reina del Carmelo).

En otras palabras, podemos decir que todo aquél que lleva sobre su pecho el Santo Escapulario sabiendo su significado, es decir la gracia extraordinaria que la Virgen le concederá si es consecuente, está proclamando que la reconoce como la Medianera de todas las Gracias.

Y de alguna manera aunque menos explícita, y en menor medida, podemos decirlo de todos los que se colocan alguna medalla de la Virgen de cualquier advocación, porque le están pidiendo gracias, de protección sobre todo, sabiendo que Ella las dará.


Del libro “Los dogmas de María: Las piedras más preciosas de su corona”, por Giorgio Sernani.
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