el Trono de Dios

Hace algún tiempo leí el maravilloso testimonio del cardenal vietnamita Nguyen Van Thuan… él contaba que mientras era obispo de Saigón, fue apresado por los comunistas y estuvo en la cárcel durante 13 años, 9 de ellos en confinamiento solitario… lo que más me llamó la atención es que durante ese tiempo, Nguyen Van Thuan no dejó nunca de celebrar la Misa…

“Nunca podré expresar mi gran alegría al celebrar diariamente la misa con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma de mi mano… ¡Este era mi altar y ésta era mi catedral! Cada día, al recitar las palabras de la consagración, confirmaba con todo el corazón y con toda el alma, un nuevo pacto de amor, un pacto eterno entre Jesús y yo, mediante su sangre mezclada con la mía. ¡Han sido las misas más hermosas de mi vida!”

Imagínense la fe inmensa de este hombre que consideraba la palma de su mano “su altar y su catedral”… y la devoción con la que debe haber acogido a Jesucristo cada vez que se hacía presente en el Misterio de la Eucaristía…

Cuando nosotros, los fieles católicos, nos acercamos a la Comunión debemos hacerlo con la misma fe y devoción de Nguyen Van Thuan… no se trata de un pedazo de pan y un poco de vino… ¡No!… se trata del Cuerpo y la Sangre del Señor… o dicho de otra manera… es Jesucristo mismo, vivo y presente ante nosotros… por eso, aquellos que optan por recibir la Comunión en la palma de la mano deben tener conciencia de que en ese instante, su mano no es otra cosa que el Trono de Dios…

No saben la tristeza que me dio ayer durante la celebración de la Santa Misa… a Noemí y a mí nos tocaba servir como Ministros Extraordinarios de la Santa Comunión… por lo general yo reparto la Comunión en la capilla pequeña y después ayudo al sacerdote en la fila central… anoche, casi al final de la fila, se acercó un hombre y me extendió una mano “escrita” para recibir la Santa Hostia… Jesucristo salía gozoso a su encuentro para brindarle la mayor de todas las gracias… y él lo recibía en una mano sucia llena de garabatos… con mucho cuidado deposité al Señor en aquel “trono”… y en el silencio de mi corazón le pedí perdón por la falta de conciencia de este hermano…

Recuerdo una pregunta a modo de reflexión que hacía un sacerdote amigo nuestro… él preguntaba que si el Sagrario se quedaba abierto y un ratoncito entraba… si este comía o comulgaba… pues anoche me repetía lo mismo: ¿este hermano habrá comido o comulgado?

Nada… el Señor conoce todos los caminos y todos los senderos… y tal vez… tal vez Él tenía un plan detrás de todo esto……………

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    1 comentario en el Trono de Dios

    1. Sigo muy de sercas este web porque me interesa me nutre,y de esta reflexion yo pienso personas como este hombre que fue a comulgar con sus manos marcadas y sucias son precisamente los que quiere Dios serca de el.Pienso que se intrestece al ver tanto muerto viviente caminando por el mundo sedientos de conoserle simplemente no encuentran la fuente de llegar a el.

      Anna Mendoza

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