En el día del sol

Una de las cosas que le recalco a los hermanos de otras denominaciones que se acercan para dialogar conmigo es que todo diálogo referente a Jesús tiene, por necesidad, que comenzar por la Iglesia primitiva… sin ese marco de referencia, corremos el riesgo de interpretar el Nuevo Testamento de manera incorrecta o subjetiva… lo mismo sucede cuando estudiamos el Antiguo Testamento, es necesario conocer la cultura hebrea, su origen, su historia, sus costumbres, su entorno… si nos falta esa pieza, nunca podremos adentrarnos en la fe de ese pueblo… y no podríamos comprender como esa fe llega a su cumplimiento en Jesucristo…

La Iglesia primitiva nos ofrece una visión de lo que creían los Apóstoles y sus sucesores inmediatos… nos habla de sus celebraciones, del culto, de su manera de predicar y vivir el Evangelio… para ellos, el recuerdo de Jesucristo estaba fresco… su fe era una fe viva, que radiaba esperanza de vida eterna… tanto que muchos se sentían honrados de poder dar la vida por Jesús… y muchos lo hicieron… es dentro de esa comunidad que comienza a nacer el Nuevo Testamento… y es dentro del marco que ella ofrece que se puede entender plenamente lo que Dios nos quiere transmitir a través de su Palabra…

Hoy quiero hablarles de un hombre que fue una parte importantísima de esa primera Iglesia… y que a través de sus escritos nos dejó una radiografía de los primeros cristianos… entendiendo lo que él nos enseña, entendemos lo que hacían los primeros cristianos… y lo que sigue haciendo la Iglesia de Jesucristo dos mil años después…

Su nombre era Justino y nació cerca del año 100 en la antigua Siquem, en Samaría… de padres paganos, fue un buscador incansable de la Verdad, pasando por las diferentes escuelas filosóficas griegas… hasta su conversión al cristianismo… una conversión que fue fruto de la predicación apostólica y la admiración por la forma heroica con que los mártires enfrentaban la muerte… le consideramos el más grande apologista del siglo II, por el celo con que defendía la Iglesia naciente de las graves acusaciones que recibía tanto de judíos como de paganos… nos dejó tres grandes obras: “Apología I y II”, y su “Diálogo con Trifón”… fue martirizado en Roma cerca del año 165, bajo el reinado de Marco Aurelio…

A continuación les comparto un fragmento de la primera Apología de Justino… el mismo recoge una carta dirigida al emperador Antonio Pío, explicándole, en leguaje “pagano” que él pudiera entender, lo que hacían los cristianos en aquellas extrañas reuniones dominicales… el texto es del año 155…

Después de ser lavado de ese modo, y adherirse a nosotros quien ha creído, le llevamos a los que se llaman hermanos, para rezar juntos por nosotros mismos, por el que acaba de ser iluminado, y por los demás esparcidos en todo el mundo. Suplicamos que, puesto que hemos conocido la verdad, seamos en nuestras obras hombres de buena conducta, cumplidores de los mandamientos, y así alcancemos la salvación eterna.

Terminadas las oraciones, nos damos el ósculo de la paz. Luego, se ofrece pan y un vaso de agua y vino a quien hace cabeza, que los toma, y da alabanza y gloria al Padre del universo, en nombre de su Hijo y por el Espíritu Santo. Después pronuncia una larga acción de gracias por habernos concedido los dones que de Él nos vienen. Y cuando ha terminado las oraciones y la acción de gracias, todo el pueblo presente aclama diciendo: Amén, que en hebreo quiere decir así sea. Cuando el primero ha dado gracias y todo el pueblo ha aclamado, los que llamamos diáconos dan a cada asistente parte del pan y del vino con agua sobre los que se pronunció la acción de gracias, y también lo llevan a los ausentes.

A este alimento lo llamamos Eucaristía. A nadie le es lícito participar si no cree que nuestras enseñanzas son verdaderas, ha sido lavado en el baño de la remisión de los pecados y la regeneración, y vive conforme a lo que Cristo nos enseñó. Porque no los tomamos como pan o bebida comunes, sino que, así como Jesucristo, Nuestro Salvador, se encarnó por virtud del Verbo de Dios para nuestra salvación, del mismo modo nos han enseñado que esta comida—de la cual se alimentan nuestra carne y nuestra sangre—es la Carne y la Sangre del mismo Jesús encarnado, pues en esos alimentos se ha realizado el prodigio mediante la oración que contiene las palabras del mismo Cristo. Los Apóstoles—en sus comentarios, que se llaman Evangelios—nos transmitieron que así se lo ordenó Jesús cuando, tomó el pan y, dando gracias, dijo: Haced esto en conmemoración mía; esto es mi Cuerpo. Y de la misma manera, tomando el cáliz dio gracias y dijo: ésta es mi Sangre. Y sólo a ellos lo entregó (…)

Nosotros, en cambio, después de esta iniciación, recordamos estas cosas constantemente entre nosotros. Los que tenemos, socorremos a todos los necesitados y nos asistimos siempre los unos a los otros. Por todo lo que comemos, bendecimos siempre al Hacedor del universo a través de su Hijo Jesucristo y por el Espíritu Santo.

El día que se llama del sol, se celebra una reunión de todos los que viven en las ciudades o en los campos, y se leen los recuerdos de los Apóstoles o los escritos de los profetas, mientras hay tiempo. Cuando el lector termina, el que hace cabeza nos exhorta con su palabra y nos invita a imitar aquellos ejemplos. Después nos levantamos todos a una, y elevamos nuestras oraciones. Al terminarlas, se ofrece el pan y el vino con agua como ya dijimos, y el que preside, según sus fuerzas, también eleva sus preces y acciones de gracias, y todo el pueblo exclama: Amén. Entonces viene la distribución y participación de los alimentos consagrados por la acción de gracias y su envío a los ausentes por medio de los diáconos.

Los que tienen y quieren, dan libremente lo que les parece bien; lo que se recoge se entrega al que hace cabeza para que socorra con ello a huérfanos y viudas, a los que están necesitados por enfermedad u otra causa, a los encarcelados, a los forasteros que están de paso: en resumen, se le constituye en proveedor para quien se halle en la necesidad. Celebramos esta reunión general el día del sol, por ser el primero, en que Dios, transformando las tinieblas y la materia, hizo el mundo; y también porque es el día en que Jesucristo, Nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos; pues hay que saber que le entregaron en el día anterior al de Saturno, y en el siguiente—que es el día del sol—, apareciéndose a sus Apóstoles y discípulos, nos enseñó esta misma doctrina que exponemos a vuestro examen.”

Justino Mártir, Apología 1, 65-67

¿No te parece maravilloso cómo la celebración de la Santa Misa del año 155 se parece tanto a la que celebramos en nuestros altares en el siglo XXI…? ¡Bendito sea Dios por cumplir su Palabra: «Estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo»…!!!

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    4 comentarios en En el día del sol

    1. Querida Georgina… gracias por tan hermoso testimonio…!!!

      Noemí, mi esposa, estuvo buscando encontrarse verdaderamente con Jesús toda su vida… visitó muchas denominaciones evangélicas y, como tú, aunque encontraba gente buena, sentía que faltaba algo… hasta que un día, antes de casarnos, aceptó una invitación a acompañarme a Misa… y se encontró con Jesús vivo y presente en la Eucaristía… fue a la tercera o cuarta vez que me acompañó… sentada frente al Sagrario, sin saber lo que era, le pidió al Señor que le mostrara si verdaderamente Él estaba en esta Iglesia… y el gozo que invadió su corazón fue inmenso, comenzó a llorar y llorar, en medio de la Misa!!! Yo, preocupado, le preguntaba qué le pasaba… pero me dijo que la dejara disfrutar el momento, que era bueno lo que sucedía y que Jesús estaba allí…!!! Si nos acercáramos a la Eucaristía con la pureza de corazón de un niño, Él transformaría nuestras vidas…

      De nuevo, gracias por la visita y el comentario… DTB!

      Romualdo
    2. Disfruté mucho este artículo y recordé lo siguiente: Hubo una época en la que me hayaba en una profunda noche oscura. Por una amiga visité un grupo de mujeres evangelistas y la verdad, como eran realmente cristianas, ayudaron a madurar mi fe en Jesús enormemente. En ese tiempo había crisis en mi capilla, a la cual le tengo un gran afecto. Consideré en mi corazón cambiar de religión. Cavilé mucho sobre esta decisión. Un Domingo fui a misa a mi capilla, tiempo ordinario, cada palabra que decía el ministro, la acción de gracias, las oraciones, la paz, toda la misa, realmente la disfruté y la comprendí tanto. Creo que fue la primera vez en toda mi vida que lo sentí. Continué leyendo La Palabra y cada vez más me indentifiqué con la misa y la eucaristía. Estas dos, únicamente, pero poderosas, bastaron para seguir siendo católica. Incluso estuve decidí entrar a la escuela de Pastoral católica. De aquel grupo evangelista, me queda, además de una verdadera amistad, la lección de que debemos ser respetuosos y tolerantes con nuestros hermanos protestantes. Sin crititcar sus posiciones. Les tengo mucho cariño a todos, Mormones, Testigos, Evangelistas. Con todo, son un ejemplo de servicio a N. Señor. que está en todas las religiones. Yo soy orgullosamente católica. ¡¡Saludos!!

      Georgina
    3. Hola hermanos en Cristo!los invito a que visiten mi blog, y que dejen sus comentarios, o que lo recomienden, o simplemente a que pasen a mirar las cosas que voy subiendo, sobre temática religiosa, filosofía, teología, etc, calculo que les va a interesar, y también es otra forma de evangelizar, desde ya, muchas gracias!! que Dios los bendiga y que el Señor sea nuestra Luz en el camino!!
      http://apostol-totustuus.blogspot.com/

    4. Hola, la verdad me gusto mucho tu blog!, yo tengo un blog que utilizo para la evangelización, formación, difusión y predicación de la Palabra de Dios y temas afines, como la Doctrina de nuestra Santa Iglesia Católica, y subo artículos relacionados con nuestra fe, con la filosofía y teología cristiana. Me gustaría que pasaras y su tenes la posibibilidad de recomendarlo, te lo agradezco de corazón!!! Que el Señor bendiga tu vida, y tus proyectos!!
      http://apostol-totustuus.blogspot.com/

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