En medio de la tormenta

en medio de la tormenta

Es curioso, pero cuando más seguros estamos de nuestra relación con Dios, cuando más cerca lo sentimos, cuando más cómodos nos encontramos en sus brazos… de pronto y sin aviso, recibimos un golpe que nos sacude hasta lo más íntimo del alma. Es como si un gran terremoto sacudiera un edificio hasta sus cimientos: no se cae, pero se agrietan sus paredes… Entonces, en medio de la “crisis” descubres que no te asías con suficiente fuerza a la mano de Dios, y te das cuenta de tu pequeñez y de lo lejos que te encuentras del ideal de santidad al que Dios nos llama.

Esta es la forma como me he sentido estas últimas semanas. No son dudas ni falta de fe, siempre he sabido que Dios está a mi lado. Pero un silencio doloroso era la única respuesta que salía de sus labios cuando hablaba con Él… y mientras Él callaba, los vientos de tormenta aparecían a lo lejos.

No me malinterpretes, estas “sacudidas” son necesarias. Sin ellas estaríamos tan cómodos en nuestra mediocridad que no buscaríamos progresar espiritualmente. Pero saberlo no hace más fácil la prueba ni más corta la espera.

La cosa es que hace dos días Dios volvió a hablarme. Fue solamente una palabra, dicha muy bajito, casi un susurro, como si tratara que no le escuchara… si me preguntas, creo que se le escapó sin siquiera darse cuenta que yo estaba oyendo. “Confía…”, dijo. Y la verdad es que casi se me pasa desapercibida en medio del remolino en que estaba. Pero escuché… y confiaré… y esperaré en Él, porque ahora, más que nunca, sé que su mirada está puesta en mí.

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Esto no es una reflexión ni una historia ni busco hacerte pensar, sino que he querido compartir contigo parte de lo que he estado viviendo en este tiempo. Y lo comparto porque en los comentarios que recibo a diario, tanto aquí en el blog como en la página de Facebook, siento la necesidad que muchos tienen de Dios. Hay MUCHA “sed de Él”… una sed que solamente se puede saciar en la oración. Por eso, vamos a tratar de dedicar algún tiempo a hablar sobre la oración: qué es, cómo se hace, qué debemos esperar de ella, quiénes son nuestros mejores modelos… en fin, una pequeña escuela de oración (tomándole la frase prestada a unos amigos).

Te espero mañana, para juntos comenzar a adentrarnos en el Corazón Misericordioso de Dios y aprender un poco más sobre el don de la oración…

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    8 comentarios en En medio de la tormenta

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      Romualdo
    2. Como me agrego a su blog?

    3. Hola amigo Romualdo y a todos los amigos de la página. A veces cuando uno lee algun comentario triste, uno siente en el alma lo que deben estar pasando. Y uno reza por el hermano que sufre. Porque todos somos hermanos en Cristo Jesús. Y uno los alienta y les dice que no pierdan las esperanzas que sigan adelante porque la ayuda del Señor siempre está con aquel, que de corazón lo busca, lo llama. Pero cuando le toca a uno. En ese momento uno también quiesiera tener manos amigas que nos ayuden, que nos alienten con sus rezos, para poder calmar esta tristeza tan grande que sentimos mis hermanos y yo por la pérdida de nuestro Padre. Es un vacio tan grande que duele tanto, y le pedimos a Dios fortaleza para que nos ayude a resignarnos y seguir adelante. Resamos el rosario pidiendo a Dios que perdone sus pecados para que despues le haga conocer su gloria. El sábado 31 de agosto cunplió su primer mes de fallecimiento. Agradecemos mucho a la familia que nos ha estado acompañando en nuestro dolor. Bendiciones para todos mis amigos.

    4. Hola amigo Romualdo y a todos los amigos de la página, un saludo cordial esperando que él año, sea de crecimiento espiritual y de hermandad para todos nosotros.
      En medio de la tormenta viene la calma.
      En medio de la tormenta, viene la calma. Dice: Él Señor. ¿Quién en la vida, no se ha sentido o se siente mal, muy mal? ¿Tú mi amigo, tu mi amiga? Cada uno de nosotros nos hemos sentido mal, muy mal. Y pasamos por distintos tormentos. Tormentos que entristecen nuestra vida, nuestra alma y nos sacude. Si nos sacude hasta el punto de perder la calma. Nuestra necesidad de vida. Pero saben, en medio de la tormenta, viene la calma, como dice: Él Señor. Para todo. Para todo aquel que se aferra a su presencia bendita. A su presencia Divina, a su presencia sanadora. Para depositar en él, nuestro Padre, nuestros dolores. Él que nos quiere, que nos ama, que nos observa, y sabe en lo más íntimo de su ser. Nuestras vidas. Nos conoce como la palma de su mano. Al derecho y al revés. Conoce lo bueno y lo malo de nosotros. Lo que nos hace y lo que no nos hace falta. En lo bueno: Nuestras virtudes, cualidades. Y en lo malo: Todos, todos nuestros defectos. Y aun así, nos ama. Nos quiere y quiere que no nos perdamos. ¿Cuánta grandeza de espíritu? ¡Oh Padre querido! ¿Cuánta grandeza de espíritu? El saber que eres nuestro Padre bueno, Santo, bendito. Anhelante está nuestra alma. ¡Oh Padre querido! Anhelante está nuestra alma, de tu presencia bendita, ayúdanos. Yes allí que nuestro Padre nos pone ese granito de amor que es la esperanza y que nos dice: Que la esperanza, es lo único que no se debe perder. Y sé que es difícil, muy difícil. Pero es allí mis amigos, en los tiempos difíciles en que el dolor se vuelve cruz y se hace pesada, muy pesada. Pero saben, uno tiene que seguir adelante. Sé que a veces cuando la cruz es muy pesada como que uno pierde la fe, las esperanzas. Las ganas de seguir adelante, de abandonarse y hasta de decir: ¿Señor, porque me has abandonado? ¿Por qué no me escuchas? ¿Acaso no ves que sufro? ¿Qué lloro? No te siento, señor. Pero saben, a veces uno dice todas estas cosas por decir. Pero en él fondo, uno sabe que él está allí. Junto a ti. Y te ve, te escucha, te acaricia. Si, te acaricia sin que tú te des cuenta. Él te acaricia dándote fuerzas para seguir adelante. Solo que es tanta la tristeza, que uno no lo siente y se siente desfallecer. Pero no, él no nos abandona. Él está presente y nos quiere. Y es allí, justo mis amigos, en los tormentos que el señor, está más cerca de nosotros. Allí mismo, dándonos las manos, acariciándonos, llorando a nuestro lado, Limpiándonos de nuestros pecados. ¿Y porque limpiándonos del pecado? Por qué es justo con él sufrimiento. Que él, nos salva y nos fortalece. Porque con el sufrimiento. Uno aprende a vivir. Pero a vivir con él. A ferrarse a él. Y a dejarse encontrar, por él. Y eso es lo que él quiere. Que te aferres, que te acerques a él, para que te enseñe a vivir, a caminar. Pero a vivir y a caminar en la vida del amor. Del verdadero amor. Tú y él, él y tú. Con un fin. El de tú, salvación. El de tu, perdón. ¿Por qué si no hay perdón? ¿No hay salvación? Por eso ánimo, mis amigos a seguir adelante aunque los tormentos de nuestra vida nos haga tambalear, no estamos solos. El, con nosotros. Animándonos, abriéndonos el corazón para poder alabarlo y bendecir su santo nombre. Abba, Abba. Que quiere decir: Padre querido. ¿Qué hermoso decirlo? ¡Padre querido. Nuestros labios se llenan de gozo con el solo hecho de pronunciar su santo nombre. Bendito y alabado seas. Anidando en nuestros corazones el deseo fuerte de cambiar, de convertirnos, de amarlo, para ser merecedores de su amor. “Oh padre querido” En ti me apoyo. En ti, suspiro. Enséñame a caminar. A caminar por las sendas del amor, del verdadero amor. Acogiendo mi alma, a tu alma. Y como un Padre a su hija, te pregunto: ¿Me quieres, me amas? Y cuando el arrullo del viento golpea suavemente mis oídos, te escucho decir: Te quiero…. te amo… sigue, adelante, levántate, estoy contigo. No te abandono. Porque eres parte de mi vida. Mi soplo de vida. Y está en ti. Aprovéchalo, no lo dejes desperdiciar. Quiero que te corrijas, que perseveres, que aprendas. ¿Qué camines según mis designios? Que no te de miedo el camino de la cruz. Al contrario, eso te hace fuerte. Te fortalece, te salva. Te limpia de los pecados. Que te impiden sentirme y conocer mi gloria. Porque aprendes a amarme, como yo dispongo. Y la ley de Dios, es la ley del amor. Bendiciones para todos mis amigos.

    5. Gracias por esas palabras tan llenas de amor. Es muy cierto que tenemos que pasar por muchas cosas para hacernos fuertes en la fe. Son como sacudidas que nos manda Dios para que despertemos y nos acerquemos mas a El.

      jb
    6. Hola,
      Me ha conmovido mucho esta entrada, ya que he pasado por una situación que me ha hecho sentirme exactamente igual…
      quiero aferrarme mucho a Dios en estas circunstancias, en las que varias veces mis fuerzas faltan, pero sè que El siempre está ahí,
      como en una oración que dice:
      “cuando la tormenta entenebrece mi alma y acongoja mi corazón,
      tanto más siento la urgencia de decirte: Creo Padre en tu amor para conmigo,
      creo que de noche y de día velas por mí y que ni un solo cabello de mi cabeza
      se perdera si tu no lo permites,
      Creo pero aumenta mi fe, mi esperanza, y mi amor.” (P. Meschler)

      Ailyn
    7. Querida “Una”, debes haberlo recibido por email porque debes estar subscrita al blog… cuando digo “me esperas mañana” me refiero a que mañana, y por unos cuantos días, voy a estar “colgando” artículos referentes a la oración… los vas a poder ver directamente en el blog o, si te llegan emails con las actualizaciones, a través del email… DTB…!!!

      Romualdo
    8. CUando dices que “me esperas mañana para aprender un poco mas sobre el don de la oracion” te refieres aq vas a enviar otro mail o de otro modo? :S :D

      una

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