La alegría del perdón | Perdonar es sanar 1

La alegría del perdón | Perdonar es sanar 1

No podemos guardar rencor en nuestro corazón. El rencor es como un veneno que va destruyendo nuestra vida. Por eso, suele decirse con razón que no hay ningún rencoroso sano. Es necesario perdonar para desbloquear el alma, que se ha desconectado del amor de Dios. Todo pecado es desamor, no querer amar, como debiéramos, a Dios o a los demás. Y esta falta de amor va matando en nosotros la alegría y la capacidad de ser felices, creando en nosotros insatisfacción, vacío y sentimientos negativos de odio, cólera, envidia, soberbia…, que pueden llegar hasta el suicidio o la venganza, fomentando tensión nerviosa y hasta enfermedades físicas.

Debemos perdonar a todos sin excepción, pero especialmente,

  • A nuestros padres, que nos decepcionaron con sus burlas o por echarnos, frecuentemente, en cara nuestros defectos.
  • Al padre que estaba celoso con nuestros éxitos o era abusivo, alcohólico, drogadicto o violento.
  • A la madre, que nos sobreprotegía y no nos dejaba crecer y madurar.
  • A los hermanos, que abusaron de nosotros con golpes o sexualmente, cuando éramos niños.
  • Al esposo, que nos ridiculizaba en público o nos abandonó.
  • A la esposa, que nos engañó o nos abandonó o abortó sin consultar; o nos sigue ofendiendo con sus gritos y no acepta tener relaciones.
  • Al hijo, que lleva una conducta delictiva o es violento o drogadicto; o no obedece ni respeta.
  • Al suegro, que nos acosa o que no nos acepta.
  • A la suegra, que no nos comprende y no nos quiere.
  • Al amigo, que ha descubierto secretos personales o no ha cumplido sus promesas y no ha devuelto lo prestado.
  • Al profesor, que nos avergonzó en público.
  • Al compañero de trabajo, que nos desacreditó ante el jefe.
  • Al jefe, que nos ha hecho observaciones desagradables en público.
  • Al médico, cuyo diagnóstico equivocado nos ha hecho perder salud y dinero.
  • Al ladrón, que nos robó con violencia.
  • Al sacerdote, que nos ofendió y no nos atendió en un momento difícil.
  • A los miembros de la nación que humilló a nuestros antepasados, a quienes vencieron en la guerra.
  • Al policía, que fue violento y nos agredió verbalmente sin razón o nos exigió dinero.
  • Al de la tienda, que nos dio productos de mala calidad.
  • A los gobernantes, que no cumplen sus promesas u ofenden nuestros sentimientos religiosos.

Hay que perdonar a todos sin excepción. A veces, podemos guardar mucho rencor por cosas inexistentes, o por haber malinterpretado una acción de los demás.


Del libro “La alegría del perdón”, por el Padre Ángel Peña… puede descargar este y otros de sus libros en autorescatolicos.org/angelpena.
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