La alegría del perdón | Perdonar es sanar 2

La alegría del perdón | Perdonar es sanar 2

Una mujer había ayudado y cuidado a su vecina durante su enfermedad. Y, sin embargo, ahora parecía que ni siquiera le quería hablar. Un día iba caminando por la ciudad y la otra mujer, al verla venir por la misma acera, cruzó la calle y se fue por otra dirección. Ella estaba furiosa y colérica por todo lo que había hecho por la vecina, a quien había ayudado hasta económicamente y ahora no le hacía ni caso…

Pero ¿qué había pasado? En aquella ocasión, la vecina acababa de salir del dentista con la boca completamente anestesiada y le daba vergüenza que la viera algún conocido. Por eso, había pasado a la otra acera. Había sido por vergüenza, no por desprecio; pero esa mujer había pasado varias semanas angustiada y colérica por no poder perdonar una ofensa que, en realidad, era imaginaria.

Otro caso. Al vecino del piso de abajo no le dejaban dormir unos ruidos provenientes del piso de arriba. Y pensó: Mañana voy a romperle la cara al vecino de arriba para que me deje dormir de noche. Al día siguiente, sube y se entera de que el hijo del vecino ha muerto aquella madrugada y que, durante toda la noche, el padre había estado paseando al niño, abrasado en fiebre. El vecino de abajo se sintió avergonzado de haber pensado mal del vecino de arriba. ¡Cuántas veces interpretamos mal los hechos de los demás y creemos que lo hacen por malicia contra nosotros!

Hay un cuento que dice que un hombre había perdido su hacha y sospechaba del hijo del vecino. Observaba su manera de caminar: era el caminar de un ladrón de hachas; su traza era la de un ladrón de hachas; sus palabras eran las palabras de un ladrón de hachas, sus movimientos eran los de un ladrón de hachas; todo su ser era la manera de ser de un ladrón de hachas. Luego, por casualidad, excavó una zanja y encontró el hacha que había perdido. Al día siguiente, vio pasar al hijo del vecino y, entonces, sus movimientos y su modo de ser le parecieron normales y no de un ladrón de hachas. ¿Quién había cambiado? El hijo del vecino seguía siendo el mismo, pero él lo había interpretado todo mal. Por eso, es importante para perdonar, cambiar nuestra actitud mental negativa en positiva.


Del libro “La alegría del perdón”, por el Padre Ángel Peña… puede descargar este y otros de sus libros en autorescatolicos.org/angelpena.
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