La alegría del perdón | Quererse a sí mismo 2

La alegría del perdón | Quererse a sí mismo 2

Imaginemos que Jesús se nos apareciera ahora mismo y nos dijera: ¿Qué es lo que no te gusta de ti mismo? ¿Qué quisieras cambiar? Algunos dirían: mi nariz, mi estatura, mi peso, el color de mis ojos, mi raza… Pero Jesús nos quiere así y quiere que nos amemos tal como somos. ¿Por qué no le ofreces tu nariz, o tus ojos o tu estatura o tu peso o aquello que no te gusta de ti mismo? Algunos prefieren rebelarse contra Dios y contra la vida y renunciar a vivir de verdad, como si quisieran así castigar a Dios o a sí mismos. No se gustan a sí mismos y siempre serán eternos rebeldes y amargados, cuando sería tan fácil vivir alegres con los dones que tienen. Si se compararan con otros, que tienen menos cualidades que ellos, quizás podrían ser agradecidos, porque tienen dos pies o dos manos o buena salud o dinero suficiente para vivir o una buena inteligencia…, mientras que sólo se fijan en que son gordos o flacos o feos.

Por favor, mírate a ti mismo en este momento. Ponte delante de un espejo. ¿Alguna vez le has dado gracias a Dios por ser como eres? ¿Te avergüenzas de tus manos y tratas de ocultarlas? ¿Qué sería de ti sin manos? ¿Cómo podrías trabajar? ¿No te gustan tus ojos, tu nariz, tus dientes, tu color? Eso es como si se convirtieran en tus enemigos al rechazarlos. Acéptalos con cariño y no te desprecies. Acepta con paz ese defecto corporal de la miopía, calvicie, cojera, gordura o pequeña estatura… No te hagas daño a ti mismo. Mira el lado positivo de las cosas y dale gracias a Dios. ¿O prefieres estar muerto? Porque los difuntos en el cementerio no tienen nada de qué quejarse.

Un autor decía: Con las piedras que encuentres en tu camino, sé delicado y llévatelas y, si no las puedes cargar a hombros como hermanas, al menos, déjalas atrás como amigas. No te desesperes por lo que no puedes cambiar, pero esfuérzate en superarte cada día más.

Una chica fea es más atractiva con una linda sonrisa que la mujer más bella con mala cara. Ahora, delante del espejo, sonríe y te sonreirá. Así es la vida, como un espejo; si le sonríes, te sonreirá; si le pones mala cara, te pondrá mala cara. Enciende tu vida de alegría y amor, sonriéndote a ti mismo y siendo agradecido a Dios y a los demás. Sé amable y servicial con todos y todos te sonreirán; porque dando amor, recibirás amor.

Una vez, un niño fue con su papá a unas grutas maravillosas y el niño gritó: Es horrible. Y el eco repitió: Es horrible. Entonces, su papá dijo: Es maravilloso. Y el eco respondió: Es maravilloso. La vida es como un eco. Si hemos recibido muchas críticas negativas, han dejado una huella negativa en nuestro interior y nos hemos creído lo que nos decían. Por eso, ahora debemos ser positivos y gritarle a la vida y a nosotros mismos: Soy maravilloso. Soy hijo de Dios. Dios es mi Padre y me ama, y yo soy feliz con Él en mi corazón.

Ahora, mírate de nuevo al espejo y mira a Jesús que está detrás de ti. Tiene las manos sobre tus hombros y te sonríe. Y te dice: Perdónate a ti mismo de todo lo malo que has hecho en tu vida. Yo ya te he perdonado hace mucho tiempo. Y acéptate como eres, con todas las cosas que no te gustan, porque para mí eres la persona más maravillosa del mundo y te amo con todo mi infinito amor, porque tú eres mi hijo querido.


Del libro “La alegría del perdón”, por el Padre Ángel Peña… puede descargar este y otros de sus libros en autorescatolicos.org/angelpena.
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    1 comentario en La alegría del perdón | Quererse a sí mismo 2

    1. Señor, se que me amas tal cual soy, que el físico no es lo verdaderamente importante y que desde antes de cometer una falta ya lo sabias y me a vías perdonado, soy yo, Somos nosotros quienes no nos perdonamos, quienes no permitimos que cicatrice la herida que nos dejo los actos nuestros, errores de un pasado que nos ata y nos lastima.
      Oh amado mio,cuanta soledad, cuanto vacío, cuanto dolor hay en nuestros corazones que dejo un Ayer, hoy te pido sanación y liberación para cada una de mis hermanos y para mi.
      Te pido por aquel guerreros que no se suelta de tu mano, que ha batallado
      en el silencio y la soledad de su corazón, llena padre esos espacios interiores como solo tu lo sabes hacer.

      beatriz

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