La alegría del perdón | Quererse a sí mismo 5

La alegría del perdón | Quererse a sí mismo 5

Otro caso: Por medio de la oración de sanación interior pude perdonar a mi padre por no haberme amado ni aceptado por nacer mujer. Realmente, nunca supe por qué me sentía incómoda con mi condición de mujer; pero, después de orar por mí, ahora disfruto siendo mujer y ahora sé que soy agradable como tal. He perdonado a mi padre y nuestra relación ha mejorado notoriamente. Ahora me siento libre para continuar con mi vida. Por primera vez, he sido capaz de perder peso y mantenerme estable. Todavía debo bajar más, pero sé que, con la ayuda de Jesús, voy a ser la mujer que usted me mostró que yo era: la mujer que Jesús ve, cuando me mira. Mis relaciones con el sexo opuesto me sorprenden diariamente y, aun cuando no sé si el Señor me tiene destinada una pareja, me está bendiciendo de manera especial con muchos amigos.

Un hombre me contaba: Cuando estaba en el vientre de mi madre, fui rechazado por mi padre. Yo era el primero de cuatro hijos. Y, aunque estuve enfermo desde el momento de mi nacimiento, no fue sino hasta meses después que me llevaron al hospital y se buscó un diagnóstico. Pasé muchos meses en el hospital y los doctores dijeron que, fuera lo que fuera, yo crecería y lo superaría.

A medida que crecía, mi padre aún me rechazaba. Mis padres discutían siempre. Se separaban y luego decidían volver a estar juntos. Esto continuó mientras yo crecía. Empecé a tener miedo a mi padre, porque tomaba licor y llegaba a casa para pelear con mi madre e insultarme, llamándome bastardo. Esto me causó profundas heridas y me llenó de una gran sensación de rechazo y de no ser amado… En mis años de adolescente, empecé a presentar problemas. Me enojaba fácilmente por cualquier cosa y expresaba rabia y resentimiento hacia las personas que me rechazaban. Me metía en peleas, tenía problemas de aprendizaje. Era inconstante y fallé mucho en la escuela. Tuve problemas con los profesores que no mostraban interés por mí… En el ejército, mis problemas continuaron. Me transformé en un ser solitario. Al regresar del servicio militar, al año, me casé. Empecé a seguir el mismo modelo de mi padre con mi madre: rabia, peleas, borracheras, separación y reconciliación.

Después de haber tenido varios hijos, comencé a asistir a la iglesia. Hice mi primera comunión siendo adulto, y fui confirmado. Iba a la confesión cada semana y recibía la comunión, pero guardaba un profundo resentimiento y rabia hacia mi padre. Un día, recibí el bautismo del Espíritu Santo y las cosas empezaron a cambiar a un ritmo más acelerado. Fui a visitar a mi papá (quien vivía solo, pues mi madre había fallecido) y le pregunté si quería volver a confesarse y comulgar. Le traje un sacerdote a la casa y yo me fui a orar ante el sagrario. Mientras oraba, sentía que el Señor me decía que fuera donde mi padre y le pidiera perdón por todas las veces que le había dicho que lo odiaba… Lo hice y sentí que amaba a mi padre y nacía en mí el deseo de mostrarle afecto y respeto… Sólo me queda agradecer al Señor por la gracia de haber perdonado. Mi padre murió de cáncer y Dios me dio la gracia, no sólo de llevar su féretro, sino también de dirigir el servicio fúnebre.


Del libro “La alegría del perdón”, por el Padre Ángel Peña… puede descargar este y otros de sus libros en autorescatolicos.org/angelpena.
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    1 comentario en La alegría del perdón | Quererse a sí mismo 5

    1. hay que perdonar de corazon..no de dientes para afuera..si no perdonas a nadie,es porque no tienes a Dios en tu corazon.jesus siempre perdona nuestros pecados y el lo hace con mucho amor ..porque no podemos hacer lo mismo nosotros..

      alba mery mora velez

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