La oración del corazón | Convertidos (Carrell & Frossard)

La oración del corazón | Convertidos (Carrell & Frossard)

Alexis Carrell (1873-1944), el gran convertido y premio Nóbel de Medicina, en su libro Meditaciones escribió sobre su deseo de amar a Dios: Mi vida ha sido un desierto, porque no te he conocido, Señor. Haz que, a pesar del otoño, este desierto florezca. Que cada minuto de los días que me queden, esté consagrado a Ti. Dame luz pare que pueda ayudar a aquellos a quienes amo.

Ando a tientas en la oscuridad, buscándote sin cesar. Muéstrame tu camino. Toma la dirección de mi vida. Todo lo que tu voluntad me inspire hacer, lo cumpliré… Oh, Dios mío, cómo lamento no haber comprendido nade de la vida, haber intentado entender cosas que es inútil tratar de comprender. Y es que la vida no consiste en comprender sino en amar, en ayudar a los demás, en orar y trabajar. Haz, Dios mío, que no sea demasiado tarde… Que cada minuto del tiempo que aún me quede de vida transcurra, cumpliendo tu voluntad. En tus manos, Señor, pongo lo poco que soy, por entero, sin reserva alguna. Haz conmigo lo que el viento con el humo. ¡Bendito sea tu Nombre! Haz, Señor, que pueda emplear el resto de mi vida en tu servicio y en el de los que sufren… Oh Dios mío, me abandono totalmente a Ti con el sentimiento de haber pasado la vida como un ciego. Oh Señor, guíame en la oscuridad.

Otro gran enamorado de Dios, después de su conversión del ateísmo, fue André Frossard (1915-1995). Para él, la Eucaristía era centro de su vida y decía: Oh Dios mío, entro en tus iglesias desiertas y veo a lo lejos vacilar en la penumbra la lamparilla roja de tus sagrarios y recuerdo mi alegría. ¡Cómo podría olvidarlo! ¿Cómo echar en olvido el día en que se descubre el amor desconocido por el que se ama y se respira; donde se ha aprendido que el hombre no está solo, que una invisible presencia lo atraviesa, lo rodea y lo espera: que más allá de los sentidos y de la imaginación, existe otro mundo, al lado del cual el universo material por hermoso que sea no es más que vapor incierto y reflejo lejano de la belleza de quien lo ha creado?

Lo que de Él os he dicho tan sólo lo he escrito para que le améis más, si ya le améis; y, si no lo conocéis, que al menos tengáis un pensamiento pare Él… Porque todo ser humano, que procede del amor, al amor vuelve por la fe y la esperanza, a través del sufrimiento y de la muerte. ¡Oh Amor, ni toda la eternidad será suficiente para amarte y decirte cuánto te amo!


Del libro “La oración del corazón”, por el Padre Ángel Peña… puede descargar este y otros de sus libros en autorescatolicos.org/angelpena.
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