La oración del corazón | La oración de algunos santos (4)

San Rafael Arnáiz (1911-1938): Para él la oración era vivir amando. Para ello, el silencio de la Trapa le ayudaba mucho. Un día estaba pelando nabos y dice: Estoy pelando nabos, ¿para qué? Y el corazón, dando un brinco contesta medio alocado: Pelo nabos por amor, por amor a Jesucristo… Se pueden hacer de las más pequeñas acciones de la vida, actos de amor a Dios…, el cerrar o abrir un ojo hecho en su nombre nos puede hacer ganar el cielo. El pelar nabos, por verdadero amor a Dios, le puede a Él dar tanta gloria y a nosotros tantos méritos como la conquista de las Indias… Si me hubiera dejado llevar de mis impulsos interiores, hubiera comenzado a tirar nabos a diestra y siniestra, tratando de comunicar a las pobres raíces de la tierra la alegría del corazón… Hubiera hecho verdaderas filigranas con los nabos, la navaja y el mandil… La próxima vez que vuelva a pelar raíces, sean las que sean, le pido a María que me envíe a los ángeles del cielo para que yo, pelando, y ellos llevando en sus manos el producto de mi trabajo, vayan poniendo a sus pies rojas zanahorias; a los pies de Jesús, blancos nabos y patatas y cebollas, coles, lechugas…

La oración del corazón | La oración de algunos santos (4)

En fin, si vivo muchos años en la Trapa, voy a hacer del cielo una especie de mercado de hortalizas y, cuando el Señor me llame y me diga basta de pelar, suelta la navaja y el mandil, y ven a gozar de lo que has hecho…, cuando me vea en el cielo entre Dios y los santos y tanta legumbre, Señor Jesús mío, no podré menos de echarme a reír.

Dios me quiere tanto que los mismos ángeles no lo comprenden. ¡Qué grande es la misericordia de Dios! ¡Quererme a mí, ser mi amigo, mi hermano, mi padre, mi maestro, ser Dios y ser yo lo que soy! ¡Cuánto te amo, Señor, en mi soledad! ¡Cuánto quisiera ofrecerte que no tengo, pues ya te lo he dado todo! Pídeme, Señor; pero ¿qué he de darte? ¿Mi cuerpo? Ya lo tienes; es tuyo. ¿Mi alma? ¿En quién suspira, sino en Ti para que de una vez la acabes de tomar? ¿Mi corazón? Está a los pies de María, llorando de amor. ¿Mi voluntad? ¿Acaso, Señor, no deseo lo que Tú deseas? Dime, Señor, cuál es tu voluntad y pondré la mía a tu lado. Amo todo lo que Tú me envíes y me mandes, tanto salud como enfermedad, tanto estar aquí como allí, tanto ser una cosa como otra. ¿Mi vida? Tómala, Señor Dios mío, cuando Tú quieras. ¡Cómo no ser feliz así!

El otro día todo lo veía negro; mi vida oscura y encerrada en la enfermería, sin sol, sin luz sin nada que la ayudara a soportar la carga que Dios ha echado encima de mí… Enfermedad, silencio, abandono, no sé, mi alma sufría mucho… Mis pensamientos eran tristes, lóbregos. Me veía sin amor a Dios, olvidado de los hombres, sin fe y sin luz… Me pesaba el hábito. Tenía frío, sueño… No sé, todo se juntaba. La oscuridad de la iglesia me entristecía. Miraba al sagrario y nada me decía. Me veía muerto en vida, me veía encerrado en el monasterio como el muerto en el sepulcro… El demonio se empeñaba en hacerme padecer con el recuerdo del mundo, de la luz, de la libertad y me insinuaba la alegría de vivir… Vi después que era tentación. Pero con el alma en este estado me acerqué a recibir al Señor. Acababa de ponerme de rodillas con deseos de pedirle a Jesús sosiego para mi espíritu, cuando sentí un fervor muy grande y un amor inmenso a Jesús y un olvido absoluto de todos mis anteriores pensamientos, al recordar las palabras que yo creo que Jesús me inspiró en aquel momento y que decían: Yo soy la Resurrección y la Vida. ¿Para qué expresar lo que mi alma se consoló? Casi lloraba de alegría al verme a los pies de Jesús. Mis manos apretaban el crucifijo y mi corazón hubiera querido morir de rodillas, abrazado a la cruz, amando la voluntad de Dios, amando mi enfermedad, mi encierro, mi silencio, mi oscuridad, mi soledad. Amando mis dolores; que en un momento de luz y con una chispita de amor de Dios, tan pronto se olvidan… En fin, cómo desaparecía todo ante la inmensa bondad de un Dios que se abate hasta mí para decirme: ¿Por qué sufres? Yo soy la salud. Yo soy la vida.

Jesús Eucaristía era el centro de su vida. Su confesor, el padre Teófilo Sandoval dice: Pasábase horas enteras junto al sagrario a solas con su Dios en elevadísima unión con Él y luego, al volver a reanudar su vida en el monasterio, veíanle transformado, reflejada en su límpida mirada, aquella llama de amor ardiente que le consumía.


Del libro “La oración del corazón”, por el Padre Ángel Peña… puede descargar este y otros de sus libros en autorescatolicos.org/angelpena.
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    2 comentarios en La oración del corazón | La oración de algunos santos (4)

    1. Yo he pedido por una necesidad económica urgente que me esta matando y no se si me ha faltado fe o si no es el momento ojalá Dios me de esa oportunidad que necesito Dios te salve

      Roberto Herrera
    2. Yo nose que decirte sigo lo mismo y sin olucion en el juicio todo baba muy lento y sis espsranzas ya me faltan pido pero me falta una contestacíon. Somos muchos y Jesus esta muy acupado nesesito paciencia y me falta comnicación, que yo siente que me contestan y ben proto resultados y seguir avanzando bien el tiempo se acaba.No me encuentro bien haceun momento se me fue la vista y csai me caigo. Necesito las fuerzas de la salud y yo se lo pido muy amenudo a Jesú curame Juesus mio. curame y arregleme lo de la casa. AMEN

      Jose Cesar

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