La oración del corazón | Orando con el corazón (1)

Ya hemos anotado anteriormente que una de las maneras más sencillas y eficaces de orar es repetir incansablemente una jaculatoria, que nos guste de una manera especial. Pero debemos hacerlo de modo que esta oración nos llegue al alma y se haga oración del corazón, hasta el punto que todo nuestro ser la repita inconscientemente, amando a Dios en todo momento y lugar. Esta oración debe hacerse carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre.

La oración del corazón | Orando con el corazón (1)

No necesariamente debe ser la oración: Señor Jesús, ten piedad de mí, que soy un pecador. Puede ser repetir solamente el nombre de Jesús o decir: Jesús, José y María; u otra jaculatoria conocida como Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío; Dulce Corazón de María, sed la salvación mía; Jesús yo te amo, yo confío en Ti. Lo importante es que nos guste y sintamos algo especial al repetirla, porque cumple uno de nuestros principales anhelos como puede ser el anhelo de perdón: Señor, ten piedad de mí; o de ayuda: Dios mío, ven en mi auxilio; date prisa en socorrerme; o de bendición: Señor, bendíceme y santifícame; o de curación: Señor, sáname y dame tu paz. Lo que sí se recomienda es que no se cambie continuamente de oración; pues, para que llegue al alma y se haga vida de nuestra vida, es importante repetirla miles de veces a lo largo incluso de muchos años.

Decía el padre Laplace que la repetición es la ciencia de la oración. Y cuenta: Un día encontré una anciana que rezaba el rosario desde hacía muchos años y que me hizo esta pregunta: ¿Tengo que recitar el avemaría con los labios? Desde que me levanto por la mañana, me da la impresión de que sorprendo a mi corazón rezando el avemaría.

Henri Brémond escribe en su libro “Historia del sentimiento religioso”: La Madre de Ponconnas, fundadora de las Bernardinas reformadas, siendo niña, estuvo al cargo de una vaquera tan rústica que pensó que no tenía ningún conocimiento de Dios. Ella comenzó con todo interés a darle alguna instrucción. La vaquera le rogó con abundantes lágrimas que le enseñase lo que tenía que hacer para terminar el padrenuestro, pues decía: Yo no sé llegar hasta el final. Desde hace casi cinco años, cuando pronuncio la palabra Padre y considero que Él está arriba, lloro de alegría y me quedo todo el día en este estado, cuidando mis vacas.


Del libro “La oración del corazón”, por el Padre Ángel Peña… puede descargar este y otros de sus libros en autorescatolicos.org/angelpena.
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