La oración del corazón | Orar es amar (2)

En mi parroquia de Arequipa había un catequista, de unos 58 años, que había sido seminarista de jovencito. Él rezaba mucho por las almas del purgatorio. Y creía que las oraciones en latín valían más que las oraciones en castellano. Por eso, rezaba todos los días algunos responsos por los difuntos, en latín, en un librito antiguo. No sabía muy bien lo que decía, pero decía las palabras, aunque mal pronunciadas, con amor por los difuntos. Y estoy seguro que Dios escuchaba su oración mucho mejor que la de muchos otros que rezan de prisa y corriendo, sin amor en su corazón.

La oración del corazón | Orar es amar 2

También recuerdo con mucho cariño a aquellos campesinos de la Sierra del Perú, de la parroquia de Pimpincos, en el norte del país. El primer viernes era para ellos el día de su fiesta. Eran los llamados Hermanos del Apostolado. Venían desde distintos lugares, de hasta cuatro o cinco horas de camino, con lluvia o sol, con frío o calor; algunos, descalzos; pero todos con fervor. Y algunos me traían sus regalitos: una piña, unos huevos, unas frutas, una limosna… Esos regalos, dados con amor, era como una oración ofrecida a Dios. Y, después de confesarlos durante tres horas, yo celebraba la misa, participada por ellos con devoción. Y, al día siguiente temprano, otra vez a la misa antes de partir para sus casas. Para ellos, el sacrificio de la caminata de ida y vuelta era como una peregrinación de amor por Jesús. Valía la pena, pues regresaban a sus casas contentos y muchos de ellos cantando. Dios los había bendecido y había recibido su misa, comunión y peregrinación como una hermosa ofrenda de amor. ¡Qué fácil es orar, cuando hay amor!

Durante los días de la fiesta de la Virgen, en mi parroquia de Arequipa, había personas que dejaban cartitas escritas con sus peticiones y necesidades. Era una manera de orar, sabiendo que la Virgen oiría su oración. Recuerdo a una religiosa que un día me entregó una cartita, diciéndome que era su consagración como víctima y que la pusiera dentro del sagrario. Así lo hice, porque para ella ese pequeño gesto era como si Jesús leyera su entrega y la aceptara.

¡Cuántas maneras de orar con pequeños gestos de amor! Como aquel niño, que era mi amiguito, y yo lo llevé a la iglesia a rezar y le regalé una flor de las que estaban delante del sagrario. Para él fue un regalo del propio Jesús. La llevó a su casa y la puso ante una imagen de Jesús para que la flor le dijera a Jesús cuánto lo amaba.

Con frecuencia, las personas sencillas, que dicen que no saben orar, porque no saben bonitas oraciones, pueden darnos ejemplo al orar con pequeños gestos, llenos de amor, como una flor, una vela, una carta, una limosna… Para ellos, llevar una imagen en la cartera o llevar una medalla o el escapulario al cuello, puede ser una permanente oración, porque llevan esos objetos con amor. En cambio, muchos grandes teólogos o personas muy cultas, que son muy sabidos, desprecian estas manifestaciones sencillas como si fueran supersticiones. Me acuerdo muy bien de un hombre sencillo de Lima, que iba todos los años a las procesiones del Señor de los Milagros, donde se reúnen miles y miles de personas en el mes de octubre. Para él, ir a la procesión era simplemente acompañar al Señor y se sentía feliz. Era su mejor manera de orar. El olor del incienso, el ambiente de religiosidad, los cantos religiosos…, le hacían sentirse feliz. El acompañar a la imagen sagrada era para él una bella manera de orar y de amar a Jesús sin palabras.

Por supuesto que a esta gente sencilla hay que enseñarles que no se queden sólo en imágenes y gestos externos. Hay que hablarles mucho de la Eucaristía para que no se olviden que el verdadero Jesús, vivo y resucitado, está en la Eucaristía, esperándolos. ¡Es tan fácil hablar con Él! ¡Es tan fácil orar! ¡Es tan fácil amarlo! ¡Es tan fácil tratarlo como a un amigo cercano! Una monjita me escribía y me decía: Yo siento en cada momento que me mira. ¿No siente usted su mirada? Sentir su mirada y sonreírle, decirle que lo queremos, darle gracias por todo, contarle con sencillez nuestras cosas, puede ser una manera muy fácil de orar y manifestarle nuestro amor. Lo importante es amarlo mucho. Decía san Josemaría Escribá de Balaguer: ¿No sabes orar? Ponte en la presencia de Dios y, en cuanto comiences a decir: Señor, ¡no sé hacer oración!…, está seguro de que has empezado a hacerla. Lo importante no es tanto lo que dices o lo que haces sino el amor con que lo dices o haces.


Del libro “La oración del corazón”, por el Padre Ángel Peña… puede descargar este y otros de sus libros en autorescatolicos.org/angelpena.
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    1 comentario en La oración del corazón | Orar es amar (2)

    1. No esplicas muy biencomo orar y hablar con Dios yo te puedo decir como lo hago yo y despues me digas si lo ago bien o regular. Yo en mias en una habitain done escribo en el odenador me concentro en pleno silencio cierro los ojos y tengo una figura en la pared de ajaesús y comienzo hablarle con la esperanza de que el me ve y me olle y les liquie mi tema y ademas siento que ne mi interior esta el Espiritu Santi y en esos momentos me da la impresion de estar delante de ÉL Y LE HABLO Y ABECES CONSIGO ARRIMARME A éL Y MI DESEO ES BESARLE LOS PIES Y ADORARLE Y SECIRLE MIRA COMO ESTOU AYUDME Y ASÍ ME ESCUENTRO DICHOSO Y LE PIDO Y LE CUENTO Y ME OFREZCO A él con todommi amor y le pido me ayude a conseguir las cosas donde estoy metidoY si tume emseñas mejor yo lo hare tanbien rezo los podre nuestros y las avemarias. ala Virge Maria axiliadora de los cristiano,. Bueno te dejo que tengo mucho que hacer. Un saludo de José Cesar.-

      Jose Cesar

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