La oración del corazón | Testimonios (4)

Nguyen Van Thuan fue obispo de Saigón, en Vietnam, y llegó a ser cardenal. Dice en su libro Testigos de esperanza que, estando en la cárcel, había muchos días en los que llevado del cansancio o de la enfermedad no podía hacer oración.

La oración del corazón | Testimonios (4)

Cuando me resulta imposible orar, suelo recurrir a la Virgen, diciendo: “Madre, tú ves que estoy en el límite extremo y no logro recitar ninguna oración. Entonces, te diré solamente Ave María con todo mi afecto. Te ruego que distribuyas esta oración a todos los necesitados de la Iglesia, de mi diócesis”… Otra manera que me ha ayudado a orar es el padrenuestro. Cuando estando débil y sin fuerzas no podía ni rezar, pensaba en la oración del Señor con una fórmula abreviada… Me gusta la oración de san Francisco de Asís, que pasaba toda la noche en la nieve, repitiendo: Mi Dios y mi todo; o la oración de Don Marmion, abad de Maredsous: Dios mío, misericordia mía.

Ciertamente, entre los medios que mantienen vivo el espíritu de oración están los brevísimos flechazos al cielo, las jaculatorias, que nada en el mundo puede impedir o detener, porque son inspiraciones del alma, latidos del corazón… A menudo, Jesús, la Virgen o los apóstoles utilizan oraciones breves, pero muy hermosas, que asocian a la vida cotidiana. Yo, que soy débil y tibio, amo estas oraciones breves ante el sagrario, por la calle, estando solo. Cuanto más las repito, más penetran en mí:

  • A tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23, 46).
  • Señor, ¿qué quieres que haga? (Hch 22, 10).
  • Señor, ten misericordia de mí, que soy un pobre pecador (Lc 18, 13).
  • Acuérdate de mí, cuando llegues a tu reino (Lc 23, 42).
  • Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lc 23, 34).
  • Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo (Jn 21, 17).

Todas estas breves oraciones, unidas una a otra, forman una vida de oración. Como una cadena de gestos discretos, de miradas, de palabras íntimas, forman una vida de amor. Nos mantienen en un ambiente de oración sin apartarnos de la tarea presente, sino ayudándonos a santificar cada cosa…

La última etapa de la oración continua, según los autores espirituales, es cuando no sólo se ora siempre sino que se es oración. Isaac de Nínive describe con estas palabras a quien vive así: Tanto si come, bebe o duerme o hace cualquier otra cosa, incluso en el sueño más profundo, el perfume de su oración se eleva sin esfuerzo en su corazón… Los movimientos del corazón y del intelecto purificado son las voces llenas de dulzura con las cuales tales hombres no cesan de cantar en secreto al Dios escondido.

Cada minuto quiero decir: “Jesús, te amo”. Cada minuto quiero cantar con toda la Iglesia: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo… En 1989, cuando salí de la cárcel, recibí una carta de la Madre Teresa de Calcuta, en la que me decía: Lo que importa no es el número de nuestras actividades, sino la intensidad del amor que ponemos en cada acción.

Cada palabra, cada gesto, cada llamada telefónica, cada decisión, deben ser la cosa más hermosa de nuestra vida. Reservemos a todos nuestro amor, nuestra sonrisa sin perder un segundo. Cada momento de nuestra vida es el primer momento, el último momento, el único momento.

Ciertamente, que no importa tanto lo que hacemos cuanto el amor con que lo hacemos. Y debemos llenar nuestra vida de actos continuos de amor para hacer así con nuestra vida, un himno de amor a nuestro Dios. Y esto debe realizarse de modo especialmente pleno en el momento de la Eucaristía. Nos dice él mismo:

Nunca podré expresar mi gran alegría al celebrar la misa diariamente con tres gotas de vino y una gota de agua… Cada día, al recitar las palabras de la consagración, confirmaba con todo el corazón y con toda el alma un nuevo pacto, un pacto eterno entre Jesús y yo, mediante su sangre mezclada con la mía. ¡Han sido las misas más hermosas de mi vida!… La Eucaristía se convirtió para mí y para los demás cristianos prisioneros en una presencia escondida y alentadora en medio de todas las dificultades… Todos sabían que Jesús estaba en medio de ellos. Por la noche, los prisioneros católicos se alternaban en turnos de adoración. Jesús eucarístico ayudaba de un modo inimaginable con su presencia silenciosa: muchos volvían al fervor de su fe. Su testimonio de servicio y de amor producía un impacto cada vez mayor en los demás prisioneros. Budistas y otros no cristianos alcanzaban la fe… La prisión se transformó en escuela de catecismo. Los católicos bautizaban a sus compañeros y eran sus padrinos… Así Jesús se convirtió, como decía santa Teresa de Jesús, en el verdadero compañero nuestro en el Santísimo Sacramento.

Su amor a María iba de la mano de su amor a Jesús Eucaristía. Dice sobre María: Mi madre me infundió en el corazón el amor a María desde niño… María ha tenido un papel especial en mi vida. Fui arrestado el 15 de agosto de 1975, fiesta de la Asunción de María. Salí en el coche de la policía con las manos vacías, sin un céntimo en el bolsillo, sólo con el rosario, pero estaba en paz. Esa noche, por la larga carretera de 450 kilómetros, recité muchas veces el “Acuérdate, oh piadosísima, Virgen María”… Cuando las miserias físicas y morales, en la cárcel, se hacían demasiado pesadas y me impedían orar, entonces decía el avemaría, repetía cientos de veces el avemaría, ofrecía todo en las manos de María Inmaculada, pidiéndole que repartiese gracias a todos cuantos las necesitasen en la Iglesia. Todo con María, por María y en María.

Oh, Madre, me consagro a Ti, todo a Ti, ahora y para siempre. Te amo, Madre nuestra, compartiré tu fatiga, tu preocupación y tu combate por el Reino del Señor Jesús. Amén.

Para él también, la repetición de oraciones cortas o jaculatorias, fue una fuente inmensa de bendiciones.


Del libro “La oración del corazón”, por el Padre Ángel Peña… puede descargar este y otros de sus libros en autorescatolicos.org/angelpena
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    1 comentario en La oración del corazón | Testimonios (4)

    1. Señor hoy te pido misericordia por mi sobrino Manuel dios perdona lo y ayúdalo dale otra oportunidad y ayúdalo protejalo de la maldad ayúdalo a reflexionar y a entender y a pedirte perdón ayúdalo a conocerte señor te pido también por su mamá que está sufriendo por su error mirala con ojos de misericordia y con pasión ella es una buena madre lo a dado todo por su único hijo amen

      Nancy carrero

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