Los “herodes” de nuestros días

Hoy, 28 de diciembre, la Iglesia recuerda a los Santos Inocentes: los niños menores de 2 años que Herodes cruelmente mandó a matar en Belén. Estos son los primeros mártires del cristianismo, y como dijo San Gregorio de Nisa: “hoy comienza el misterio de la Pasión”.

Pero no creas que esto es una cosa primitiva. ¡En nuestro tiempo también tenemos nuestros “santos inocentes”… y nuestros “herodes”…!

En este día hagamos un alto en nuestras labores y elevemos una plegaria a Dios por todos aquellos que son víctimas de la violencia, del abuso y del abandono. Pidámosle a María, Madre de Jesús, Madre de la Iglesia y Madre de todos los creyentes, que acompañe nuestra oración con su fe e interceda por estas intenciones.

Señor y Padre nuestro, también nosotros, en esta sociedad que nos ha tocado vivir, estamos rodeados de muchos “herodes”, tal vez más crueles y despiadados que aquel que persiguiendo a Jesús, envió a matar aquellos niños de Belén: el “herodes” del aborto, que roba la vida de miles de bebés cada año… el “herodes” de las drogas, de la pornografía, de la violencia… el “herodes” de los hogares destruidos y las familias separadas… el “herodes” de la falta de fe, de la desconfianza, de la deshonestidad, de la desesperanza, y del desamor…

Señor, cada día estos “herodes” humillan y denigran a millones de niños y jóvenes. Cada día les privan de la verdad, les despojan de la inocencia, les quitan su dignidad, les hieren y destruyen sus vidas y, Señor, son muy pocos los que levantan su voz o hacen algo por ayudarlos. Te pido perdón por nuestra indiferencia y te ruego, por la sangre de aquellos Santos Inocentes de Belén, que les protejas del mal que se alza sobre ellos.

Señor, nuestros niños y jóvenes no son los únicos “inocentes” que hay a nuestro alrededor. En nuestro mundo también hay miles de “inocentes” que son maltratados, humillados y asesinados por ser de otra raza, por tener otro color de piel, por creer o sentir distinto, o por el mero hecho de haber nacido en la pobreza.

Te rogamos, Señor y Dios nuestro, que abras nuestros ojos para que podamos reconocerles: al cruzar la calle, cada vez que encontramos un sin-techo en un semáforo… cada vez que vemos un drogadicto tirado en una esquina… cada vez que escuchamos en las noticias sobre un hecho violento en un hogar… sobre otra mujer maltratada o asesinada a manos de su esposo… Que no seamos meros espectadores de su desgracia, sino instrumentos de tu amor y tu misericordia.

Perdónanos, Señor amado, pero cada vez que vemos una injusticia y volvemos la mirada hacia otro lado. Cada vez que escuchamos de un atropello o un abuso contra un hermano y guardamos silencio. Cada vez que nos hemos cruzado de brazos en lugar de defender un “inocente”, nos convertimos nosotros también en “herodes”.

Por eso, en este día quiero pedirte que toques cada corazón, comenzando por el mío, Señor, y pongas en nosotros un poquito de ese amor compasivo y misericordioso que hay en Tu Corazón, para que junto a Ti, pongamos nuestro esfuerzo en hacer un mundo más justo y mejor.

Te lo pedimos, Padre, por tu Hijo Jesucristo y con la intercesión de María Santísima. Amén.

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