Los regalos de los Reyes Magos

«Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron;
abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra»
(Mateo 2, 11).

Ayer un amigo me preguntaba por el significado detrás del oro, incienso y mirra, los tres dones que los «magos de Oriente» le ofrecieron al Niñito Jesús. Así que aprovechemos que hoy celebramos el día de la Epifanía para hablar un poco sobre eso… y sobre cómo nosotros también podemos –y debemos– ofrecerle los mismos regalos a Jesús.

El oro es el metal precioso por excelencia y significa riqueza y poder. Con este don, los Magos reconocen la realeza de Jesús, primero como el «Rey de los judíos», para luego reconocerle como el «Rey de reyes y Señor de señores».

El incienso es una resina aromática que se quema en las ceremonias religiosas. Con el incienso se reconoce la divinidad de Jesús. Ese Niño es «la Palabra» que se hace carne para habitar en medio de su pueblo.

La mirra era un bálsamo perfumado que se utilizaba para preparar el cuerpo para la sepultura. Con este don se reconoce la humanidad de Jesús, que con su pasión y muerte va de redimir a toda la creación. En el incienso y la mirra podemos ver las dos naturalezas unidas en Jesús: “verdadero Dios y verdadero hombre”.

Les invito a acompañarme en una oración, ofreciéndole al Señor, igual que hicieron los Magos hace dos mil años, nuestro oro, nuestro incienso y nuestra mirra,

Mi buen Jesús… hoy, día que celebramos tu Epifanía (manifestación) a todos los hombres… y día en que te visitaron los «magos de Oriente» para llevarte sus dones… yo también me acerco a Ti para entregarte lo poco que tengo…

En este día, te entrego el «oro» de lo poco que poseo, con la conciencia de que lo tengo porque Tú me lo has dado… te entrego mis pensamientos y mis acciones… mi trabajo, mi esfuerzo y mi cansancio… en fin, te entrego mi vida entera para que Tú la dirijas como y hacia donde Tú quieras hacerlo… que tu Voluntad sea la estrella que me guíe, así como aquella brillante estrella guió los Magos hasta tu encuentro…

Te entrego el «incienso» de mis oraciones… las dichas con fervor… y aquellas que por la prisa, en ocasiones he repetido sin poner todo mi corazón en ellas… las dichas ante el Sagrario y las dichas en el automóvil, mientras conduzco… te entrego mis horas ante Ti en el Santísimo… y las Eucaristías a las que he asistido a encontrarme Contigo… te entrego cada Rosario… cada Novena… y cada oración que te he ofrecido… para que Tú, mi Señor, las multipliques y las hagas dar fruto…

Te entrego, también, la «mirra» de mis dificultades y problemas… de mis angustias y pesares… te entrego mis momentos de tristeza, cuando buscaba con urgencia tu Paz… te ofrezco mis miserias… mis momentos de dudas… mis miedos y temores… te entrego las tormentas que he encontrado y de las que Tú me has permitido salir… te entrego cada cruz… cada sufrimiento… cada tribulación… para que Tú, Dios mío, las guardes en tu Corazón…

Por último, cómo no entregarte también el gozo de encontrarte… la alegría de saber que Tú me amas y deseas lo mejor para mí… y el asombro de reconocer que todo lo que hiciste, lo hiciste por mí, para mi salvación… en este día, te pido que me concedas la gracia de siempre reconocer tu acción en mi vida… que cada gesto, cada palabra, cada sentimiento me hablen de Ti… y que no deje nunca de perseguir tu estrella… con la seguridad de que al final del camino, podré postrarme a tus pies y adorarte con toda mi alma y todo mi corazón… Amén…!

¡Feliz Epifanía…
y feliz día de los Reyes Magos…!!!

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