Montón de fierro viejo

Mi amado Jesús,

Hoy, que comienza el tiempo de Cuaresma, reflexionaba sobre esas cosas en las que tengo que esforzarme más para mejorar como cristiano y como ser humano. Sin embargo, reconozco que es muy poco lo que pongo de mi parte para lograrlo. Pensaba en la paciencia que has tenido conmigo, que a pesar de mis inconsistencias, mis faltas y mi flojera, Tú sigues llamándome a servirte y contando conmigo para llevar tu mensaje.

¿Sabes? Entre pensamiento y pensamiento, me acordé de aquella historia sobre el herrero y el montón de fierro viejo que leímos alguna vez… ¿Te acuerdas?

Se cuenta la historia de un herrero que después de una juventud llena de excesos decidió entregar su alma a Dios. Durante muchos años trabajó con ahínco y practicó la caridad, pero a pesar de toda su dedicación, nada perecía andar bien en su vida, mas bien al contrario, sus problemas y sus deudas se acumulaban día a día. Una hermosa tarde, un amigo que lo visitaba y que sentía compasión por su situación difícil, le comentó:

– “Realmente es muy extraño… Justamente después de haber decidido volverte un hombre temeroso de Dios, tu vida ha comenzado a empeorar. No deseo debilitar tu fe, pero a pesar de tu confianza en Dios, nada ha mejorado.”

El herrero no respondió enseguida. Él ya había pensando en eso muchas veces sin entender lo que acontecía con su vida. Sin embargo, como no deseaba dejar al amigo sin respuesta, comenzó a hablar, y terminó por encontrar la explicación que buscaba. He aquí lo que dijo el herrero:

– “En este taller yo recibo el acero aun sin trabajar y debo transformarlo en espadas. ¿Sabes tú como se hace esto? Primero, caliento la chapa de acero a un calor infernal, hasta que se pone al rojo vivo. Enseguida, sin ninguna piedad, tomo el martillo mas pesado y le aplico varios golpes, hasta que la pieza adquiere la forma deseada. Luego la sumerjo en un balde de agua fría, y el taller entero se llena con el ruido y el vapor, porque la pieza estalla y grita a causa del violento cambio de temperatura. Tengo que repetir este proceso varias veces hasta obtener la espada perfecta, una sola vez no es suficiente.”

El herrero hizo una larga pausa, y siguió:

– “A veces, el acero que llega a mis manos no logra soportar este tratamiento. El calor, los martillazos y el agua fría terminan por llenarlo de rajaduras. En ese momento, me doy cuenta de que jamás se transformará en una buena hoja de espada y entonces, simplemente lo dejo en la montaña de fierro viejo que ves a la entrada de mi herrería.”

Hizo una última pausa, y el herrero terminó:

– “Sé que Dios me está colocando en el fuego de las aflicciones. Acepto los martillazos que la vida me da, y a veces me siento tan frío e insensible como el agua que hace sufrir al acero. Pero la única cosa que pienso es: Dios mío, no desistas, hasta que yo consiga tomar la forma que Tú esperas de mí. Inténtalo de la manera que te parezca mejor, por el tiempo que Tú quieras, pero nunca me pongas en la montaña de fierro viejo de las almas.”

Señor… durante este tiempo de Cuaresma, te pido que me ayudes a abandonarme en tus brazos con esa confianza capaz de soportarlo todo… de entregarlo todo… de quererlo todo… ayúdame a seguirte con fidelidad y entrega… con paciencia y perseverancia… a olvidarme de mí y entregarme por completo a Ti, como hizo el herrero de la historia… amén…!

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    3 comentarios en Montón de fierro viejo

    1. Gracias por ta hermosa reflexion

      Padre Santo yo tambien al igual que el herrero te pido Senor que no me abandones y nunca me dejes en la montana del fierro viejo y te pido me sigas puliendo asta que este echo a tu gusto Senor y no al mio, asi sea Padre Santo te lo pido en el Nombre de Nuestro Senor Jesucristo que vive y Reina por los siglos de los siglos amen

      Jesus M Gonzalez
    2. Que hermoso. Yo quiero tener la fuerza igual q el para aceptar todo de Dios y seguir con mucha fe adelante. Amen

      Jackie
    3. Gracias por compartir tan hermosa reflexión. Voy a hacer lo propio :-)

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