Novena de la Misericordia | día tercero

Mi buen Jesús… «Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo», así cantaba la antífona del salmo de hoy… toda la preparación de la Cuaresma: las oraciones, los ayunos, las penitencias, las limosnas… todo… todo iba dirigido a ayudarnos a morir a nosotros mismos, para que Tú pudieras resucitar en nosotros… ¡hoy es un día glorioso, Señor!… un día de alabarte y bendecirte… de darte gracias por la vida, la vida presente y la vida futura que nos ofreces… sí, mi Señor: «¡sea nuestra alegría y nuestro gozo!»

Pero, como le decía Pablo a los colosenses, si hemos resucitado contigo tenemos que aspirar a los bienes de arriba… por eso, hoy te pido que me concedas un deseo ardiente de santidad… que al fin y al cabo, no es otra cosa que hacer tu Voluntad… deseo estar siempre contigo… ¡menuda aspiración para un pecador indigno como yo!!!… pero si Tú has puesto este deseo en mi corazón, debe ser porque quieres darme la gracia para cumplirlo…

Amadísimo Jesús… en este día quiero presentarte la tercera intención de la Novena: las almas devotas y fieles… Tú le dijiste a Santa Faustina que fueron ellas las que te consolaron a lo largo del Vía Crucis… que fueron para Ti, como una gota de consuelo en medio de un mar de amargura… y hoy las sumerjo en la inmensidad de tu insondable Misericordia…

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Te ruego, mi compasivísimo Salvador… que derrames abundantes gracias sobre ellas… protégelas y cuídalas en todo momento, para que nunca pierdan el amor que las une a Ti… y aumente en ellas la fe y la confianza que las impulsa a seguirte…

Bendícelas con tu Misericordia… para que un día puedan llegar a estar contigo en el cielo… y junto a María, tu santísima Madre… los coros angélicos… y todos los santos… alaben y glorifiquen tu infinita Misericordia por toda la eternidad… y como Santa Faustina, nunca dejen de repetir:

¡Jesús… yo confío en Ti!

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