Reconciliándonos con Dios | los fundamentos

En los próximos días estaremos compartiendo una pequeña serie de artículos sobre el Sacramento de Reconciliación. Desde su fundamento bíblico (con lo que comenzamos hoy) hasta cómo realizar un buen examen de conciencia y una buena confesión. Les invito a seguirnos durante esta semana para que no se pierdan ninguno de ellos…

¿Qué es la Confesión?

El Sacramento de la Reconciliación (o de la Penitencia o de la Confesión) es el sacramento instituido por nuestro Señor Jesucristo para borrar los pecados cometidos después del Bautismo. Es el sacramento de nuestra curación espiritual, llamado también sacramento de la conversión, porque realiza sacramentalmente nuestro retorno a los brazos del Padre después que nos hemos alejado del pecado.

Jesús nos presentó la hermosa imagen del Padre misericordioso en la parábola del hijo pródigo. Ahí vemos el arrepentimiento del hijo, su corazón contrito, el reconocimiento de su pecado y el propósito de enmienda…. y el Padre le recibió con los brazos abiertos, olvidando su falta y perdonándole en un instante.

Los Padres de la Iglesia reconocen la importancia de este Sacramento. Por ejemplo, Tertuliano se refiere a él como “la segunda tabla (de salvación) después del naufragio que es la pérdida de la gracia”; y San Ambrosio dice que “en la Iglesia, existen el agua y las lágrimas: el agua del Bautismo y las lágrimas de la Penitencia”.

El poder de perdonar pecados solamente le pertenece a Dios. Una de las formas cómo Jesús manifiesta su divinidad es a través de ese poder, cuando dice de sí mismo: «El Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra» (Marcos 2, 10). No solo lo anuncia, sino que ejerce su poder divino cuando dice «tus pecados están perdonados» (Marcos 2, 5; Lucas 7, 48). Más aún, en virtud de su autoridad divina, Jesús le confiere este poder sus Apóstoles para que lo ejerzan en su nombre,

El mismo día de la Pascua, los discípulos estaban con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús se presenta en medio de ellos y soplando sobre ellos, les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Juan 20, 19-23).

La Didaché o Enseñanza de los Apóstoles es un libro que pertenece a la segunda mitad del siglo I, a unos pocos años de la muerte de Jesús. En el mismo se recogen la regla religiosa que regulaba la vida de aquella primera comunidad cristiana. En una de sus partes puede leerse: “En la asamblea confesarás tus pecados, y no te acercarás a la oración con mala conciencia. Este es el camino de la vida”.

Reflexionemos: Si fue Jesús quien nos dejó este maravilloso regalo a través del cuál podemos limpiar nuestra alma y alcanzar el perdón de nuestros pecados, y los cristianos, desde un comienzo, se han estado lavando y sanando a través de este sacramento, ¿por qué nos cuesta tanto trabajo a nosotros confesarnos?

Durante la semana iremos re-enamorándonos poco a poco del Sacramento de la Reconciliación. Hoy quiero terminar citando dos breves incisos del Compendio del Catecismo que atienden dos preguntas que por lo que he visto, le interesan a muchos:

El confesor, ¿está obligado al secreto?

Dada la delicadeza y la grandeza de este ministerio y el respeto debido a las personas, todo confesor está obligado, sin ninguna excepción y bajo penas muy severas, a mantener el sigilo sacramental, esto es, el absoluto secreto sobre los pecados conocidos en confesión.

¿Cuáles son los efectos de este sacramento?

Los efectos del sacramento de la Penitencia son: la reconciliación con Dios y, por tanto, el perdón de los pecados; la reconciliación con la Iglesia; la recuperación del estado de gracia, si se había perdido; la remisión de la pena eterna merecida a causa de los pecados mortales y, al menos en parte, de las penas temporales que son consecuencia del pecado; la paz y la serenidad de conciencia y el consuelo del espíritu; el aumento de la fuerza espiritual para el combate cristiano.

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