San José, esposo de la Virgen

El hermano David López es un fraile franciscano que sufre de parálisis cerebral… esto le causa mucha dificultad para hablar y caminar… aún así, no descansa un minuto sin estar proclamando las grandezas del Señor… ver al hermano David es ver la misericordia de Dios… su humildad, su entrega, su paz, su amor a Dios y todos los que le rodean…

Hace unos años, durante el tiempo de Navidad, el hermano David nos acompañó en una de las reuniones del grupo de oración para llevarnos una hermosa reflexión sobre el nacimiento del niñito Jesús y la Epifanía… hoy quiero compartir con ustedes un pedacito de lo que él nos decía aquella noche…

Durante su charla, él nos fue haciendo reflexionar sobre la Sagrada Familia y las circunstancias que los rodeaban, desde el momento de la Anunciación hasta que llegaron los Reyes de Oriente a adorarle… en un momento dado, la reflexión se detuvo en san José, el esposo de la Virgen María y padre adoptivo de Jesús… esa es la parte que quiero compartirles hoy, día que celebramos su fiesta…

José era un hombre «justo», así le llama san Mateo en su Evangelio… humilde.. sencillo… piadoso… un hombre de una fe viva que le hacía poner a Dios por encima de todo lo demás… un hombre con sueños propios, como tú y como yo…

No hay duda que José había soñado una vida junto a María, ¡se había desposado con ella! Imaginemos el golpe que debe haber sido para él conocer que María estaba embarazada… todos esos sueños de una vida juntos… sueños de formar un hogar y una familia… sueños de alcanzar la felicidad junto a esa mujer que Dios había escogido para él… todos esos sueños desaparecían de golpe ante la noticia que acababa de recibir…

Esa noche José se retiró a dormir confundido, desalentado y hasta enojado… pero mientras dormía, José tuvo un sueño nuevo… era el ángel del Señor que le decía que el hijo que María esperaba era del Espíritu Santo… ¡José soñó y creyó!

Pero ese “creer” de José requería que él renunciara a todos sus sueños para soñar los sueños de Dios… José debía renunciar a todos sus planes… y a sus ilusiones… debía renunciar a sí mismo, para dejar que la Voluntad de Dios se hiciera en su vida…

José soñaba con una esposa, con una familia, con una vida tranquila sirviéndole a su Dios y haciendo su Voluntad… sin embargo, Dios le concedió mucho más que eso… algo que él nunca hubiera sido capaz de soñar… y así, soñando los sueños de Dios, José vio como se cumplían sus propios sueños, con una perfección que él nuca hubiera sido capaz de imaginar…

Pidámosle hoy a San José que nos ayude a renunciar a nuestros propios sueños, para soñar esos sueños que Dios a soñado para nosotros…

Himno a San José

Escuchen qué cosa y cosa
tan maravillosa, aquésta:
un marido sin mujer,
y una casada doncella.

Un padre, que no ha engendrado
a un hijo, a quien Otro engendra;
un Hijo mayor que el padre,
y un casado con pureza.

Un hombre, que da alimentos
al mismo que lo alimenta;
cría al que lo crió, y al mismo
que lo sustenta, sustenta.

Manda a su propio Señor,
y a su hijo Dios respeta;
tiene por ama una esclava,
y por esposa una reina.

Celos tuvo y confianza,
seguridad y sospechas,
riesgos y seguridades,
necesidad y riquezas.

Tuvo, en fin, todas las cosas
que pueden pensarse buenas;
y es, en fin, de María esposo,
y de Dios, padre en la tierra.

Dios todopoderoso, que, en los albores del Nuevo Testamento, encomendaste a san José los misterios de nuestra salvación, haz que ahora tu Iglesia, sostenida por la intercesión del esposo de María, lleve a su pleno cumplimiento la obra de la salvación de los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén.

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