Shir HaShirim, el más excelso de los cánticos

Ya sabemos que los libros de la Biblia tienen varias formas y géneros literarios… entre ellos hay uno que sobresale en su estilo poético y, porque no decirlo, hasta erótico… tan así que frente a una lectura superficial, podría parecer que el libro carece de inspiración divina… me refiero al “Cantar de los cantares”… que ante la ausencia de superlativos en el lenguaje hebraico, podría entenderse como “el Cantar por excelencia” o “el más hermoso de los cantos”…

El Cantar nos presenta una colección de siete poemas –o cinco, depende de a quién se lea– que tratan sobre el amor apasionado de dos corazones que se buscan incansablemente para consumar su amor… los encantos y el atractivo mutuo de los dos amantes, lo mismo que el gozo y el sufrimiento que acompañan su amor, se expresan a través de imágenes ricas en colorido y fuerza… pero, ¿qué significa el Cantar dentro de las Escrituras… qué mensaje nos transmite a los cristianos…?

Aunque el libro ha sido interpretado de muchas maneras, me inclino por la interpretación judía, que ve en él un poema alegórico que celebra el amor conyugal, personificando las bodas místicas de Dios con su pueblo… es el amor esponsal entre Yahvé e Israel, siguiendo las imágenes de Oseas, Jeremías y Ezequiel… cuando lo vemos a la luz del Nuevo Testamento, encontramos en el Cantar el amor de Cristo por su Iglesia/Esposa… y la unión íntima de las almas con Dios, a la usanza de grandes místicos como San Juan de la Cruz…

Se acerca el Día de los Enamorados… así que les dejo tres de mis pasajes favoritos del Cantar de los cantares… y les invito a sumergirse en el Amor de Dios, que busca incansablemente a las almas… y la sed de aquellas que habiéndose dejado alcanzar por Él, anhelan el momento cuando finalmente puedan descansar junto al Amado por toda la eternidad…

Habla mi amado, y me dice:
“¡Levántate, amada mía,
y ven, hermosa mía!
Porque ya pasó el invierno,
cesaron y se fueron las lluvias.
Aparecieron las flores sobre la tierra,
llegó el tiempo de las canciones,
y se oye en nuestra tierra
el arrullo de la tórtola.
La higuera dio sus primeros frutos
y las viñas en flor exhalan su perfume.
¡Levántate, amada mía,
y ven, hermosa mía!
Paloma mía, que anidas
en las grietas de las rocas,
en lugares escarpados,
muéstrame tu rostro,
déjame oír tu voz;
porque tu voz es suave
y es hermoso tu semblante” (2,10-14).

Yo duermo, pero mi corazón vela:
oigo a mi amado que golpea.
“¡Ábreme, hermana mía, mi amada,
paloma mía, mi preciosa!
Porque mi cabeza está empapada por el rocío
y mi cabellera por la humedad de la noche”.
“Ya me quité la túnica,
¿cómo voy a ponérmela de nuevo?
Ya me lavé los pies,
¿cómo voy a ensuciármelos?”
Mi amado pasó la mano
por la abertura de la puerta,
y se estremecieron mis entrañas.
Me levanté para abrirle a mi amado,
y mis manos destilaron mirra,
fluyó mirra de mis dedos,
por el pasador de la cerradura.
Yo misma le abrí a mi amado,
pero él ya había desaparecido.
¡El alma se me fue detrás de él!
¡Lo busqué, y no lo encontré,
lo llamé y no me respondió! (5,2-6).

Grábame como un sello sobre tu corazón,
como un sello sobre tu brazo,
porque el Amor es fuerte como la Muerte,
inflexibles como el Abismo son los celos.
Sus flechas son flechas de fuego,
sus llamas, llamas del Señor.
Las aguas torrenciales no pueden apagar el amor,
ni los ríos anegarlo.
Si alguien ofreciera toda su fortuna
a cambio del amor,
tan sólo conseguiría desprecio (8,6-7).

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    1 comentario en Shir HaShirim, el más excelso de los cánticos

    1. Yo quedé cautivado la primera vez que me topé con el Cantar de los cantares, por eso me alegré muchísimo al ver que estaban entre las lecturas propuestas para el rito del matrimonio.
      Ojalá sepamos ver la belleza como ha sido concebida por Dios.
      Un saludo cordial

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