Te puse a ti a su lado

Te puse a ti a su lado

Un hombre, viendo sufrir a otro a quien la fortuna había vuelto la espalda, indignado, se encara con Dios diciendo:

—No hay derecho, no es justo que permitas que este pobre hombre sufra tanto. Deberías hacer algo por él.

—Ya hice algo, le ­contestó Dios.

—¿Si? ¿Y qué has hecho?, replicó el hombre con tono insolente.

—Te puse a ti a su lado.

Protestar es fácil, pero estéril, no resuelve nada. Arrimar el hombro y ayudar a paliar el dolor de quienes tenemos al lado, eso es misericordia… y la misericordia NUNCA es estéril. Aunque, claro, cuesta mucho más que protestar.

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