Una nueva creación

Me gusta esta imagen… me gusta mucho… y es que me lo imagino así mismo: el Espíritu Santo abriéndose paso entre las tinieblas para dejar entrar la Luz y el Amor de Dios…

Una nueva creación

Eso es lo que sucedió en la Creación… dice la Escritura que el Espíritu “revoloteaba sobre las aguas”… verás, en el principio todo era caos y oscuridad… pero Dios hizo la luz… y todo cuanto existe… y lo llenó de belleza… de vida… de amor… de paz… lo inundó todo con su Presencia… esa es la misión del Espíritu Santo, hacerlo todo nuevo, inclusive en nosotros… por eso san Pablo habla del “hombre nuevo”, porque ahora, después de recibir el Espíritu Santo, ha sido transformado en una “nueva criatura”…

Hoy quiero invitarte a pensar en esto… todos tenemos rinconcitos de oscuridad dentro de nosotros… un pecado que nos mantiene atados… algo que nos hicieron y que no hemos perdonado… un rencor que seguimos alimentando… una herida que sigue abierta y nos causa dolor… un temor que no hemos podido superar… la soledad de no sentirnos amados por Dios… o la tristeza de pensar que Dios no nos escucha… pueden ser muchas las causas de esa oscuridad… pero si dejamos entrar al Espíritu Santo… y le damos el control de nuestra vida… Él se encargará de llenarlo todo con su Luz… y restaurarlo todo, haciendo de nosotros “una nueva creación”…

Recemos todos juntos… muy, muy despacio… y poniendo todo el corazón en cada palabra que pronunciamos…

Secuencia de Pentecostés

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.

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