Fundamento bíblico e histórico de la Iglesia Católica

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Fundamento bíblico e histórico de la Iglesia Católica

La Iglesia Católica
va peregrinando
entre las persecuciones de los hombres
y los consuelos de Dios...

Fundamento bíblico e histórico de la Iglesia Católica

Guido Adolfo Rojas Zamorano

"Verdades de la Fe Católica"




Introducción


¡Cuántas veces no nos hemos preguntado ante la gran avalancha de iglesias cristianas! ¿Cuál de todas ellas es la verdadera?. Al respecto, decía San Cipriano en el siglo III, que "nadie puede tener a Dios por Padre, sino tiene a la Iglesia Católica por Madre". Asimismo, el cardenal John Henry Newman agregaba que "para conocer la historia del cristianismo, es necesario dejar de ser protestante". Por esta razón, los católicos afirmamos que nuestra religión no fue fundada por ningún hombre, como ocurre con las demás confesiones cristianas, que muchas veces como "lobos feroces" quieren acabar con la iglesia (Hechos 20, 29-30). Sino por el contrario, tiene sus orígenes en Jesucristo que es la "roca firme" (Mateo 7, 24-25), y por lo tanto, nadie puede construir sobre otro cimiento (1Corintios 3, 9-11).

La existencia de la Iglesia Católica y su impacto han sido muy profundos; hablamos de una institución que ha existido más que ningún imperio en la historia de la civilización. Ha durado tres veces más que el imperio romano y dos veces más que la Dinastía China.



Campo teológico


La Iglesia Católica es vista como el "cuerpo místico" de Cristo (Efesios 1, 23), sin "mancha ni pecado" (Efesios 5, 27), como "la esposa del Cordero" (Apocalipsis 21, 9; 22, 17); a la que el Señor no deja de cuidarla (Efesios 5, 29). Ya que su intención era que hubiera "un solo rebaño y un solo pastor" (Juan 10, 16), donde Él es "el gran pastor de las ovejas" (Hebreos 13, 20), llamado también el "buen pastor" (Juan 10, 11); que vela permanentemente por ellas (1Pedro 2, 25). Para cumplir esta santa labor el Hijo de Dios escogió a doce apóstoles (enviados) (Mateo 10, 2-4; Juan 20, 21); dándoles plena autoridad para gobernar su iglesia a la cabeza del apóstol Pedro (roca) (Mateo 16, 19; 18, 18; 19, 28; Efesios 2, 20); con cinco grandes misiones: predicar el Evangelio (Mateo 28, 20) acompañado de la oración (Hechos 6, 4), Bautizar (Mateo 28, 19; Marcos 16, 15-16), celebrar la eucaristía (Lucas 22, 19), perdonar los pecados (Juan 20, 23; Lucas 24, 47), y realizar señales milagrosas en su nombre (Mateo 10, 1; Marcos 16, 17-18); como Pedro que curaba con su sombra (Hechos 5, 15) y Pablo con su ropa (Hechos 19, 11-12). Del mismo modo, el Santo de Dios antes de regresar al cielo, les promete a sus amigos enviarles la ayuda divina del Espíritu Santo, que les hará recordar todo lo que Él les había dicho (Juan 14, 26; 16, 13); Haciéndose visiblemente presente en la fiesta del Pentecostés (Hechos 2, 1-4.33). Y muchas otras veces, con la colaboración de los ángeles del cielo (Hechos 5, 17-20; 8, 26; 10, 3-8.22; 12, 7-11; 27, 23-24).



La Jerarquía Eclesiástica


Los apóstoles conforme se iba extendiendo la "Buena Nueva" en los templos y las casas (Hechos 5, 42), nombraron a su vez obispos (pastores), presbíteros (ancianos) y diáconos (servidores); por medio de la oración, el ayuno y la imposición de las manos (Hechos 13, 3; 14, 23; 1Timoteo 4, 14; 2Timoteo 1, 6) {rito sagrado que se ha mantenido hasta nuestros días en la jerarquía eclesiástica católica}. Prueba de ello es la escogencia de Matías por los once apóstoles, para que ocupara el lugar de Judas (Hechos 1, 15-26); al igual que el nombramiento por parte de Pablo de nuevos obispos como Tito en Creta, Timoteo en Efeso y Bernabé en Asia menor, para que cuidaran la "iglesia" o el "rebaño" de Dios (Hechos 20, 28; Hebreos 13, 7.17), y se dedicaran a "predicar y enseñar" (1Timoteo 5, 17). Estos nuevos obispos se les dio el legado de ordenar presbíteros (Tito 1, 5), que dieran a conocer la sana doctrina (1Corintios 4, 1; 2Timoteo2, 2; Tito 1, 9), y curaran a los enfermos por medio de la oración y la imposición del óleo (Santiago 5, 14; Marcos 6, 13). También por solicitud de los apóstoles, la comunidad de Jerusalén nombró siete diáconos que se encargaban del cuidado material de los fieles (Hechos 6, 2-6); uno de ellos, Esteban, fue el primer mártir (testigo) del cristianismo (Hechos 7, 59-60). Incluso, entre los apóstoles, profetas, pastores y maestros habían diferentes dones y cualidades (Hechos 13, 1; Romanos 12, 6-8; 1Corintios 12, 27-31; Efesios 4, 11).

Fue tal el éxito que en poco tiempo "las iglesias se afirmaban en la fe, y el número de creyentes aumentaba cada día" (Hechos 16, 5; 9, 31); teniendo como dirigentes en cada lugar a los apóstoles, obispos y diáconos (Hechos 15, 4; Filipenses 1, 1); todos ellos con los fieles en general conformaban las "iglesias de Dios" (2Tesalonisenses 1, 4), llamada también como "iglesias de Cristo" (Romanos 16, 16), el "pueblo santo" (Hechos 9, 13) o "pueblo de Dios" (Apocalipsis 5, 8; 8, 3; 19, 8); la "casa de Dios" (Hebreos 3, 6) o "familia de Dios" (Efesios 2, 19).

Del mismo modo, los príncipes de los apóstoles Pedro y Pablo, en sus cartas pastorales pusieron de manifiesto como debía de ser la vida ejemplar y recta de los obispos (1Pedro 5, 1-4; 1Timoteo 3, 1-7; 4, 17), presbíteros (Tito 1, 6-9), diáconos (1Timoteo 3, 8-13); y de todos los cristianos (Romanos 12, 9-21; 13, 1-14; 14, 1-23; 15, 1-6). Sobre el particular, se conoce una carta de San Ignacio de Antioquía, de los primeros años del siglo II, en la que dice que cada comunidad de creyentes, contaba con un único obispo, asistido por los presbíteros y diáconos. Se conservan además las listas de los obispos católicos de las principales iglesias como Roma, Jerusalén, Antioquía, Alejandría; todas las cuales se remontan hasta los propios apóstoles.



La Misión Evangelizadora


A medida que se iba cumpliendo las palabras del apóstol de los gentiles que señalaba a Cristo como el "salvador de la iglesia" (Efesios 5, 23); el Diablo, como "león rugiente", provocaba a la vez persecuciones a los creyentes en todo el mundo (1Pedro 5, 8-9); el mismo Divino Maestro así lo había profetizado (Juan 15, 20). Los primeros cristianos soportaban con mucha paciencia varias penalidades (2Corintios 6, 4-5), convirtiéndose en verdaderos "testigos de Jesús" (Apocalipsis 17, 6), para estar con Él en su gloria (Romanos 8, 17). En este punto, nuestra iglesia es la que ha dado más mártires en el cristianismo; se estima que en veintiún siglos han sido 40 millones, entre los que se encuentran papas, obispos, sacerdotes, religiosos, monjas, misioneros, catequistas, neo-catecúmenos, seglares, niños y niñas. Solamente en el siglo XX hubo 27 millones que murieron por la fe; como en las persecuciones religiosas en España, México, la Alemania nazi, en la época de la ex unión soviética, en la China comunista, en las guerras internas de algunos países de África y demás. Ellos son "los que han lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero" (Apocalipsis 7, 14), están "vestidos de blanco y llevando hojas de palma en las manos" (Apocalipsis 7, 9); y por eso, San Agustín decía que "La Iglesia Católica va peregrinando entre las persecuciones de los hombres y los consuelos de Dios".

Esta labor evangelizadora que se cumple desde la misma orden dada por el Señor Jesús de dar a conocer su mensaje hasta los confines de la tierra (Hechos 1, 8), se ha visto testificada en la historia con la conversión del gran imperio de los Cesares con Constantino en el siglo IV. Posteriormente, misioneros y monjes benedictinos hicieron lo mismo en Europa con las tribus bárbaras de los godos, vikingos, francos, germanos y demás. A partir del siglo XVI el catolicismo se extendió por América, la India, China, Japón y el África gracias a la predicación de valientes sacerdotes y religiosos franciscanos, dominicos, jesuitas, mercedarios y agustinos. Igualmente, otro sello distintivo era la atención que se prestaba a los huérfanos y a las viudas (Santiago 1, 27); en las iglesias el día domingo se recogía una colecta voluntaria para tal propósito (1Corintios 16, 1-2). Esta característica bíblica también se ha visto presente hasta nuestros días en la Iglesia Católica, con la gran cantidad de hospitales, dispensarios, leprosarios, centros de salud, ancianatos, orfelinatos, guarderías, escuelas públicas, talleres de capacitación, restaurantes infantiles, bancos de alimentos para los pobres, comedores populares, centros de rehabilitación para drogadictos y alcohólicos, para enfermos del sida y otros. Obedeciendo con esto el mandato del apóstol Santiago: "la fe sin obras, está muerta" (2, 14-18).



Conclusión


Hay que reconocer que la Iglesia de Cristo en su parte humana, se ha cumplido la parábola de "la cizaña en el trigo" (Mateo 13, 24-30), a través de los tiempos. De hecho el Papa Juan Pablo II declaró honradamente que en el catolicismo han habido "luces y sobras". No obstante, el poder del infierno no podrá vencerla (Mateo 16, 18), pues el Mesías siempre estará con los suyos (Mateo 28, 20; 1Corintios 5, 4); según la sentencia del maestro de la ley, Gamaliel (Hechos 5, 38-39); ya que existe una íntima unión entre Dios, la iglesia y Cristo Jesús, "por todos los siglos y para siempre" (Efesios 3, 21).





Este pequeño curso sobre las verdades fundamentales que comprende la Fe Católica está basado en los libros "Verdades de la fe Católica I y II", escritos por Guido Rojas, licenciado en Ciencias Religiosas por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia. Agradecemos a Buzón Católico por permitirnos la reproducción de este Curso.