<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>tengo sed de Ti &#187; Temas de reflexión</title>
	<atom:link href="http://www.tengoseddeti.org/category/articulos/temas-de-reflexion/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.tengoseddeti.org</link>
	<description>Información y recursos sobre la fe Católica para ambos, católicos y no-católicos interesados en conocer y entender las enseñanzas de nuestra Iglesia...</description>
	<lastBuildDate>Mon, 26 Jul 2010 01:20:50 +0000</lastBuildDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.9.2</generator>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
			<item>
		<title>Yo les daré descanso</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/yo-les-dare-descanso/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/yo-les-dare-descanso/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 14 Feb 2010 15:00:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas de reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[adoración eucarística]]></category>
		<category><![CDATA[apuntes personales]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tengoseddeti.org/?p=806</guid>
		<description><![CDATA[
Un 14 de febrero, hace años atrás, unos amigos nos invitaron a una charla sobre la Eucaristía que se daba en su casa. Aunque teníamos poco tiempo de casados, mi esposa y yo pensamos que esta sería una forma “especial” de celebrar el día de San Valentín. Todo lo que pudiéramos decirles de ese día [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2010/02/descanso_2.jpg"><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2010/02/descanso_2.jpg" alt="" title="Jesús Sacramentado" width="230" height="270" class="alignnone size-full wp-image-810" /></a></p>
<p>Un 14 de febrero, hace años atrás, unos amigos nos invitaron a una charla sobre la Eucaristía que se daba en su casa. Aunque teníamos poco tiempo de casados, mi esposa y yo pensamos que esta sería una forma “especial” de celebrar el día de San Valentín. Todo lo que pudiéramos decirles de ese día y sobre esa charla no podrían expresar la transformación que se inició en nuestras vidas aquella noche.</p>
<p>Dicen que el Espíritu Santo nos guía y nos revela el camino que Dios desea para nosotros. Pero esto no siempre lo vemos en el momento, sino que lo comprendemos después de meses o hasta años de haber iniciado la marcha. Esa charla sobre la Eucaristía fue para nosotros el comienzo de un camino&#8230; el despertar de un amor ardiente y profundo por Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. <span id="more-806"></span></p>
<p>Después de la Santa Misa, no hay nada que podamos hacer en nuestra vida que sea tan importante y que nos produzca mayores gracias que adorar a Jesús en el Santísimo. Cuando vamos a visitar a Jesús, nos encontramos física y verdaderamente con Él&#8230; y es Él quien quiere transformarnos y hacer de nosotros, como diría San Pablo, “nuevas criaturas en Cristo Jesús”. ¡Si solo pudiéramos comprender esta realidad!</p>
<p>El Santo Padre nos dice que la fe nos ayuda a comprender que es Jesús mismo, presente en el Santísimo Sacramento, quien nos llama para que pasemos una hora especial en Su presencia. Es triste ver como muchos ignoran este llamado, que a veces llega a convertirse en un grito suplicante de Quien dio su vida por nosotros y nos espera para regalarnos todo su amor.</p>
<p>Jesús es Dios, y como Dios, todo en Él es perfecto&#8230; todo es puro&#8230; todo es santo. Jesús no precisa de nosotros, pues no hay nada que podamos darle que Él necesite, ni nada que podamos decirle que Él no conozca. ¡Jesús está ahí, oculto en ese pedacito de pan, sólo por amor a ti! Es Dios, que se quedó en la Eucaristía para darse a nosotros. Para ser nuestro alimento y llenarnos de su amor, que sana y transforma. Pero para recibir sus gracias tenemos que ir a reunirnos con Él. No necesitamos de oraciones especiales ni ceremonias formales, solo nos basta con acercarnos a Jesús con humildad y confianza, sin esperar nada, pero esperándolo todo de Él. Si le abrimos nuestro corazón, Él se nos da por entero.</p>
<p>Pero volviendo al día de San Valentín, al año siguiente, como no teníamos ninguna actividad en nuestra parroquia, en lugar de irnos a cenar a un restaurante, nos fuimos a visitar a Jesús a la capilla de adoración perpetua que tiene el Padre Willie Peña en la Iglesia Santa Bernardita de Carolina. ¿Ustedes saben lo qué encontramos? ¡Jesús estaba solo! El día del amor y Jesús, el Amor de Dios hecho hombre, estaba solo.</p>
<p>Entonces nos preguntamos, ¿porqué las cosas andan tan mal en el mundo&#8230; ¿porqué la sociedad se encuentra corrompida y tan falta de moral&#8230; ¿porqué nuestros hijos se pierden en las drogas&#8230; ¿porqué hay tantos hogares destruidos y familias separadas&#8230; ¿porqué los abortos y la homosexualidad se han convertido en algo “natural” ante los ojos de muchos&#8230; ¿porqué los pecados de la soberbia y el egoísmo han envenenado tantos corazones?</p>
<p>Nos hemos alejado de Dios y hemos llenado nuestra existencia de falsos ídolos: el ídolo del dinero&#8230; del poder&#8230; del orgullo&#8230; de la sensualidad&#8230; del placer&#8230; y en el proceso, hemos perdido nuestros valores y nuestras vidas. Pero Él sigue ahí, esperando que volvamos. Y como a Pedro, nos pregunta: “¿ni siquiera habéis podido velar una hora conmigo?”</p>
<p>No importa lo que hemos sido o lo que hayamos hecho. No importa que tan grandes son nuestros problemas o nuestras angustias. No importa si nos aflige la enfermedad o el pecado. Siempre podemos acercarnos a Jesús. ¡Él está vivo en el Santísimo Sacramento! El mismo Jesús que los Evangelios dicen que “sanó a todos los enfermos”, que calmó las tempestades y caminó sobre las aguas; que expulsó a los demonios y resucitó a los muertos&#8230; El mismo que dijo, “Vengan a Mí todos los que están cansados y agobiados, y Yo les daré descanso”. Si te sientes golpeado por los problemas, o abatido por la enfermedad, o hundido en el pecado&#8230; solo tienes que ir a Él, “el Pan Vivo bajado del Cielo”&#8230; y en su Corazón Misericordioso encontrarás la paz que tanto ansías.</p>
<p>Y, ¿qué mejor día para encontrarnos con Jesús que el día del amor? En lugar de perder una hora en la fila de algún restaurante, ve y dedícale una hora a Jesús. No puedes imaginar las bendiciones y gracias que se derramarán sobre ti y tu familia&#8230; y tu vida empezará a cambiar desde ese instante.</p>
<p>¡Ah!&#8230; y recuerda, no importa cuánto ames a Jesús, fue Él quien te amó primero.</p>
<p><small>Una versión más corta de este artículo fue publicada en el semanario católico <a href="http://www.elvisitante.net/" target="_blank">El Visitante</a>, edición del 13 al 19 de febrero de 2005, Año XXXI, Núm. 7 como una exhortación a visitar a Jesús Sacramentado el día de San Valentín.</small></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/yo-les-dare-descanso/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El Abandono confiado a la Divina Providencia</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/el-abandono-confiado-a-la-divina-providencia/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/el-abandono-confiado-a-la-divina-providencia/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 20 Sep 2009 13:34:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas de reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[Divina Providencia]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tengoseddeti.org/?p=560</guid>
		<description><![CDATA[
En este hermoso ensayo, San Claudio de la Colombière nos presenta la extraordinaria forma de vivir de quién lo ha puesto todo en las manos de Dios.
1. VERDADES CONSOLADORAS
Una de las verdades mejor establecidas y de las más consoladoras que se nos han revelado es que nada nos sucede en la tierra, excepto el pecado, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/09/abandono_Colombiere.jpg" alt="San Claudio de la Colombière" title="San Claudio de la Colombière" width="200" height="280" class="alignnone size-full wp-image-563" /></p>
<p>En este hermoso ensayo, San Claudio de la Colombière nos presenta la extraordinaria forma de vivir de quién lo ha puesto todo en las manos de Dios.</p>
<p><strong>1. VERDADES CONSOLADORAS</strong></p>
<p>Una de las verdades mejor establecidas y de las más consoladoras que se nos han revelado es que nada nos sucede en la tierra, excepto el pecado, que no sea porque Dios lo quiere; Él es quien envía las riquezas y la pobreza; si estáis enfermos, Dios es la causa de vuestro mal; si habéis recobrado la salud, es Dios quien os la ha devuelto; si vivís, es solamente a Él a quien debéis un bien tan grande; y cuando venga la muerte a concluir vuestra vida, será de su mano de quien recibiréis el golpe mortal.<br />
Pero, cuando nos persiguen los malvados, ¿debemos atribuirlo a Dios? Sí, también le podéis acusar a Él del mal que sufrís. Pero no es la causa del pecado que comete vuestro enemigo al maltrataros, y sí es la causa del mal que os hace este enemigo mientras peca.<span id="more-560"></span></p>
<p>No es Dios quien ha inspirado a vuestro enemigo la perversa voluntad que tiene de haceros mal, pero es Él quien le ha dado el poder. No dudéis, si recibís alguna llaga, es Dios mismo quien os ha herido. Aunque todas las criaturas se aliaran contra vosotros, si el Creador no lo quiere, si Él no se une a ellas, si Él no les da la fuerza y los medios para ejecutar sus malos designios, nunca llegarán a hacer nada: <em>No tendrías ningún poder sobre mí si no te hubiera sido dado de lo Alto</em>, decía el Salvador del mundo a Pilatos. Lo mismo podemos decir a los demonios y a los hombres, incluso a las criaturas privadas de razón y de sentimiento. No, no me afligiríais, ni me incomodaríais como hacéis si Dios no lo hubiera ordenado así; es Él quien os envía, Él es quien os da el poder de tentarme y afligirme: <em>No tendríais ningún poder sobre mí si no os fuera dado de lo Alto</em>.</p>
<p>Si meditáramos seriamente, de vez en cuando, este artículo de nuestra fe, no se necesitaría más para ahogar todas nuestras murmuraciones en las pérdidas, en todas las desgracias que nos suceden. Es el Señor quien me había dado los bienes, es Él mismo quien me los ha quitado; no es ni esta partida, ni este juez, ni este ladrón quien me ha arruinado; no es tampoco esta mujer que me ha envenenado con sus medicamentos; si este hijo ha muerto&#8230; todo esto pertenecía a Dios y no ha querido dejármelo disfrutar más largo tiempo.</p>
<p><strong>Confiemos en la sabiduría de Dios</strong></p>
<p>Es una verdad de fe que Dios dirige todos los acontecimientos de que se lamenta el mundo; y aún más, no podemos dudar de que todos los males que Dios nos envía nos sean muy útiles: no podemos dudar sin suponer que al mismo Dios le falta la luz para discernir lo que nos conviene.</p>
<p>Si, muchas veces, en las cosas que nos atañen, otro ve mejor que nosotros lo que nos es útil, ¿no será una locura pensar que nosotros vemos las cosas mejor que Dios mismo, que Dios que está exento de las pasiones que nos ciegan, que penetra en el porvenir, que prevé los acontecimientos y el efecto que cada causa debe producir? Vosotros sabéis que a veces los accidentes más importunos tienen consecuencias dichosas, y que por el contrario los éxitos más favorables pueden acabar finalmente de manera funesta. También es una regla que Dios observa a menudo, de ir a sus fines por caminos totalmente opuestos a los que la prudencia humana acostumbra escoger.</p>
<p>En la ignorancia en que estamos de lo que debe acaecernos posteriormente, ¿cómo osaremos murmurar de lo que sufrimos por la permisión de Dios? ¿No tememos que nuestras quejas conduzcan a error, y que nos quejamos cuando tenemos el mayor motivo para felicitarnos de su Providencia? José es vendido, se le lleva como esclavo, y se le encarcela; si se afligiera de sus desgracias, se afligiría de su felicidad, pues son otros tantos escalones que elevan insensiblemente hasta el trono de Egipto. Saúl ha perdido las asnas de su padre; es necesario irlas a buscar muy lejos e inútilmente; mucha preocupación y tiempo perdido, es cierto; pero si esta pena le disgusta, no hubiera habido disgusto tan irracional, visto que todo esto estaba permitido para conducirle al profeta que debe ungirle de parte del Señor, para que sea el rey de su pueblo.</p>
<p>¡Cuánta será nuestra confusión cuando comparezcamos delante de Dios, y veamos las razones que habrá tenido de enviarnos estas cruces que hemos recibido tan a pesar nuestro! He lamentado la muerte del hijo único en la flor de la edad: ¡Ay!, pero si hubiera vivido algunos meses o algunos años más, hubiera perecido a manos de un enemigo, y habría muerto en pecado mortal. No he podido consolarme de la ruptura de este matrimonio: Si Dios hubiera permitido que se hubiera realizado, habría pasado mis días en el duelo y la miseria. Debo treinta o cuarenta años de vida a esta enfermedad que he sufrido con tanta impaciencia. Debo mi salvación eterna a esta confusión que me ha costado tantas lágrimas. Mi alma se hubiera perdido de no perder este dinero. ¿De qué nos molestamos?&#8230; ¡Dios carga con nuestra conducta, y nos preocupamos! Nos abandonamos a la buena fe de un médico, porque lo suponemos entendido en su profesión; él manda que se os hagan las operaciones más violentas, alguna vez que os abran el cráneo con el hierro; que os horade, que os corten un miembro para detener la gangrena, que podría llegar hasta el corazón. Se sufre todo esto, se queda agradecido y se le recompensa libremente, porque se juzga que no lo haría si el remedio no fuera necesario, porque se piensa que hay que fiar en su arte; ¡y no le concederemos el mismo honor a Dios! Se diría que no nos fiamos de su sabiduría y que tenemos miedo de que nos descaminara. ¡Cómo!, ¿entregáis vuestro cuerpo a un hombre que puede equivocarse y cuyos menores errores pueden quitaros la vida, y no podéis someteros a la dirección del Señor?</p>
<p>Si viéramos todo lo que Él ve, querríamos infaliblemente todo lo que Él quiere; se nos vería pedirle con lágrimas las mismas aflicciones que procuramos apartar por nuestros votos y nuestras oraciones. A todos nos dice lo que dijo a los hijos de Zebedeo: <em>Nescitis quid petates</em>; hombres ciegos, tengo piedad de vuestra ignorancia, no sabéis lo que pedís; dejadme dirigir vuestros intereses, conducir vuestra fortuna, conozco mejor que vosotros lo que necesitáis; si hasta ahora hubiera tenido consideración a vuestros sentimientos y a vuestros gustos, estaríais ya perdidos y sin recurso.</p>
<p><strong>Cuando Dios prueba</strong></p>
<p>¿Pero queréis estar persuadidos que en todo lo que Dios permite, en todo lo que os sucede, sólo se persigue vuestro verdadero interés, vuestra verdadera dicha eterna? Reflexionad un poco en todo lo que ha hecho por vosotros. Ahora estáis en la aflicción; pensad que el autor de ella, es el mismo que ha querido pasar toda su vida en dolores para ahorraros los eternos; que es el mismo que tiene su ángel a vuestro lado, velando bajo su mandato en todos vuestros caminos y aplicándose a apartar todo lo que podría herir vuestro cuerpo o mancillar vuestra alma; pensad que el que os ata a esta pena es el mismo que en nuestros altares no cesa de rogar y de sacrificarse mil veces al día para expiar vuestros crímenes y para apaciguar la cólera de su Padre a medida que le irritáis; que es el que viene a vosotros con tanta bondad en el sacramento de la Eucaristía, el que no tiene mayor placer, que el de conversar con vosotros y el de unirse a vosotros. Tras estas pruebas de amor, ¡qué ingratitud más grande desconfiar de Él, dudar sobre si nos visita para hacernos bien o para perjudicarnos! -¡Pero me hiere cruelmente, hace pesar su mano sobre mí!- ¿Qué habéis de temer de una mano que ha sido perforada, que se ha dejado clavar a la cruz por vosotros? -¡Me hace caminar por un camino espinoso!- ¡Si no hay otro para ir al cielo, desgraciados seréis, si preferís perecer para siempre antes que sufrir por un tiempo! ¿No es éste el mismo camino que ha seguido antes que vosotros y por amor vuestro? ¿Habéis encontrado alguna espina que no haya señalado, que no haya teñido con su sangre? ¡Me presenta un cáliz lleno de amargura! Sí, pero pensad que es vuestro divino Redentor quien os lo presenta; amándoos tanto como lo hace, ¿podría trataros con rigor si no tuviera una extraordinaria utilidad o una urgente necesidad? Tal vez habéis oído hablar del príncipe que prefirió exponerse a ser envenenado antes que rechazar el brebaje que su médico le había ordenado beber, porque había reconocido siempre en este médico muchas fidelidad y mucha afección a su persona. Y nosotros, cristianos, ¡rechazaremos el cáliz que nos ha preparado nuestro divino Maestro, osaremos ultrajarle hasta ese punto! Os suplico que no olvidéis esta reflexión; si no me equivoco, basta para hacernos amar las disposiciones de la voluntad divina por molestas que nos parezcan. Además, éste es el medio de asegurar infaliblemente nuestra dicha incluso desde esta vida.</p>
<p><strong>Arrojarse en los brazos de Dios</strong></p>
<p>Supongo, por ejemplo, que un cristiano se ha liberado de todas las ilusiones del mundo por sus reflexiones y por las luces que ha recibido de Dios, que reconoce que todo es vanidad, que nada puede llenar su corazón, que lo que ha deseado con las mayores ansias es a menudo fuente de los pesares más mortales; que apenas si se puede distinguir lo que nos es útil de lo que nos es nocivo, porque el bien y el mal están mezclados casi por todas partes, y lo que ayer era lo más ventajoso es hoy lo peor, que sus deseos no hacen más que atormentarle, que los cuidados que toma para triunfar le consumen y algunas veces le perjudican, incluso en sus planes, en lugar de hacerlos avanzar; que, al fin y al cabo, es una necesidad de Dios, que no se hace nada fuera de su mandato y que no ordena nada a nuestro respecto que no nos sea ventajoso.</p>
<p>Después de percibir todo esto, supongo también que se arroja a los brazos de Dios como un ciego, que se entrega a Él, por decirlo así, sin condiciones ni reservas, resuelto enteramente a fiarse a Él en todo y de no desear nada, no temer nada, en una palabra, de no querer nada más que lo que Él quiera, y de querer igualmente todo lo que Él quiera; afirmo que desde este momento esta dichosa criatura adquiere una libertad perfecta, que no puede ser contrariada ni obligada, que no hay ninguna potencia que sea capaz de hacerle violencia o de darle un momento de inquietud.</p>
<p>Pero, ¿no es una quimera que a un hombre le impresionen tanto los males como los bienes? No, no es ninguna quimera; conozco personas que están tan contentas en la enfermedad como en la salud, en la riqueza como en la indigencia; incluso conozco quienes prefieren la indigencia y la enfermedad a las riquezas y a la salud.</p>
<p>Además no hay nada más cierto que lo que os voy a decir: Cuanto más nos sometamos a la voluntad de Dios, más condescendencia tiene Dios con nuestra voluntad. Parece que desde que uno se compromete únicamente a obedecerle, Él sólo cuida de satisfacernos: y no sólo escucha nuestras oraciones, sino que las previene, y busca hasta el fondo de nuestro corazón estos mismos deseos que intentamos ahogar para agradarle y los supera a todos.</p>
<p>En fin, el gozo del que tiene su voluntad sumisa a la voluntad de Dios es un gozo constante, inalterable, eterno. Ningún temor turba su felicidad, porque ningún accidente puede destruirla. Me lo represento como un hombre sentado sobre una roca en medio del océano; ve venir hacia él las olas más furiosas sin espantarse, le agrada verlas y contarlas a medida que llegan a romperse a sus pies; que el mar esté calmo o agitado; que el viento impulse las olas de un lado o del otro, sigue inalterable porque el lugar donde se encuentra es firme e inquebrantable.</p>
<p>De ahí nace esa paz, esta calma, ese rostro siempre sereno, ese humor siempre igual que advertimos en los verdaderos servidores de Dios.</p>
<p><strong>Práctica del abandono confiado</strong></p>
<p>Nos queda por ver cómo podemos alcanzar esta feliz sumisión. Un camino seguro para conducirnos es el ejercicio frecuente de esta virtud. Pero como las grandes ocasiones de practicarla son bastante raras, es necesario aprovechar las pequeñas que son diarias y cuyo buen uso nos prepara enseguida para soportar los mayores reveses, sin conmovernos. No hay nadie a quien cien cosillas contrarias a sus deseos e inclinaciones, sea por nuestra imprudencia o distracción, sea por la inconsideración o malicia de otro, ya sean el fruto de un puro efecto del azar o del concurso imprevisto de ciertas causas necesarias. Toda nuestra vida está sembrada de esta clase de espinas que sin cesar nacen bajo nuestras pisadas, que producen en nuestro corazón mil frutos amargos, mil movimientos involuntarios de aversión, de envidia, de temor, de impaciencia, mil enfados pasajeros, mil ligeras inquietudes, mil turbaciones que alteran la paz de nuestra alma al menos por un momento. Se nos escapa por ejemplo una palabra que no quisiéramos haber dicho o nos han dicho otra que nos ofende; un criado sirve mal o con demasiada lentitud, un niño os molesta, un importuno os detiene, un atolondrado tropieza con vosotros, un caballo os cubre de lodo, hace un tiempo que os desagrada, vuestro trabajo no va como desearíais, se rompe un mueble, se mancha un traje o se rompe. Sé que en todo esto no hay que ejercitar una virtud heroica, pero os digo que bastaría para adquirirla infaliblemente si quisiéramos; pues si alguien tuviera cuidado para ofrecer a Dios todas estas contrariedades y aceptarlas como dadas por su Providencia, y si además se dispusiera insensiblemente a una unión muy íntima con Dios, será capaz en poco tiempo de soportar los más tristes y funestos accidentes de la vida.</p>
<p>A este ejercicio que es tan fácil, y sin embargo tan útil para nosotros y tan agradable a Dios que ni puedo decíroslo, hemos de añadir también otro. Pensad todos los días, por las mañanas, en todo lo que pueda sucederos de molesto a lo largo del día. Podría suceder que en este día os trajeran la nueva de un naufragio, de una bancarrota, de un incendio; quizá antes de la noche recibiréis alguna gran afrenta, alguna confusión sangrante; tal vez sea la muerte la que os arrebatará la persona más querida de vosotros; tampoco sabéis si vais a morir vosotros mismos de una manera trágica y súbitamente. Aceptad todos estos males en caso de que quiera Dios permitirlos; obligad vuestra voluntad a consentir en este sacrificio y no os deis ningún reposo hasta que no la sintáis dispuesta a querer o a no querer todo lo que Dios quiera o no quiera.</p>
<p>En fin, cuando una de estas desgracias se deje en efecto sentir, en lugar de perder el tiempo quejándose de los hombres o de la fortuna, id a arrojaros a los pies de vuestro divino Maestro, para pedirle la gracia de soportar este infortunio con constancia. Un hombre que ha recibido una llaga mortal, si es prudente no correrá detrás del que le ha herido, sino ante todo irá al médico que puede curarle. Pero si en semejantes encuentros, buscarais la causa de vuestros males, también entonces deberíais ir a Dios pues no puede ser otro el causante de vuestro mal.</p>
<p>Id pues a Dios, pero id pronto, inmediatamente, que sea éste el primero de todos vuestros cuidados; id a contarle, por así decirlo, el trato que os ha dado, el azote de que se ha servido para probaros. Besad mil veces la mano de vuestro Maestro crucificado, esas manos que os han herido, que han hecho todo el mal que os aflige. Repetid a menudo aquellas palabras que también Él decía a su Padre, en lo más agudo de su dolor: <em>Señor, que se haga vuestra voluntad y no la mía; Fiat voluntas tua</em>. Sí, mi Dios, en todo lo que queráis de mí hoy y siempre, en el cielo y en la tierra, que se haga esta voluntad, pero que se haga en la tierra como se cumple en el cielo.</p>
<p><strong>2. LAS ADVERSIDADES SON ÚTILES A LOS JUSTOS, NECESARIAS A LOS PECADORES</strong></p>
<p>Ved a esta madre amante que con mil caricias mira de apaciguar los gritos de su hijo, que le humedece con sus lágrimas mientras le aplican el hierro y el fuego; desde el momento en que esta dolorosa operación se hace ante sus ojos y por su mandato, ¿quién va a dudar de que este remedio violento debe ser muy útil a este hijo que después encontrará una perfecta curación o al menos el alivio de un dolor más vivo y duradero?</p>
<p>Hago el mismo razonamiento cuando os veo en la adversidad. Os quejáis de que se os maltrate, os ultrajen, os denigren con calumnias, que os despojen injustamente de vuestros bienes: Vuestro Redentor –este nombre es aún más tierno que el de padre o madre–, vuestro Redentor es testigo de todo lo que sufrís, Él os lleva en su seno, y ha declarado que cualquiera que os toque, le toca a Él mismo en la niña del ojo; sin embargo Él mismo permite que seáis travesado, aunque pudiera fácilmente impedirlo, ¡y dudáis que esta prueba pasajera no os procure las más sólidas ventajas! Aunque el Espíritu Santo no hubiera llamado bienaventurados a los que sufren aquí abajo, aunque todas las páginas de la Escritura no hablaran en favor de las adversidades, y no viéramos que son el pago más corriente de los amigos de Dios, no dejaría de creer que nos son infinitamente ventajosas. Para persuadirme, basta saber que Dios ha preferido sufrir todo lo que la rabia de los hombres ha podido inventar en las torturas más horribles, antes de verme condenado a los menores suplicios de la otra vida; basta, dije, que sepa que es Dios mismo quien me prepara, quien me presenta el cáliz de amargura que debo beber en este mundo. Un Dios que ha sufrido tanto para impedirme sufrir, no se dará el cruel e inútil placer de hacerme sufrir ahora.</p>
<p><strong>Hay que fiar en la Providencia</strong></p>
<p>Para mí, cuando veo a un cristiano abandonarse al dolor en las penas que Dios le envía, digo en primer lugar: “He aquí un hombre que se aflige de su dicha; ruega a Dios que le libre de la indigencia en que se encuentra y debería darle gracias de haberle reducido a ella”.</p>
<p>Estoy seguro que nada mejor podría acaecerle que lo que hace el motivo de su desolación; para creerlo tengo mil razones sin réplica. Pero si viera todo lo que Dios ve, si pudiera leer en el porvenir las consecuencias felices con las que coronará estas tristes aventuras, ¿cuánto más no me aseguraría en mi pensamiento?</p>
<p>En efecto, si pudiéramos descubrir cuales son los designios de la Providencia, es seguro que desearíamos con ardor los males que sufrimos con tanta repugnancia.</p>
<p>¡Dios mío!, si tuviéramos un poco más de fe, si supiéramos cuánto nos amáis, cómo tenéis en cuenta nuestros intereses, ¿cómo miraríamos las adversidades? Iríamos en busca de ellas ansiosamente, bendeciríamos mil veces la mano que nos hiere.</p>
<p>“¿Qué bien puede proporcionarme esta enfermedad que me obliga a interrumpir todos mis ejercicios de piedad?”, dirá tal vez alguien. “¿Qué ventaja puedo obtener de la pérdida de todos mis bienes que me sitúa en el desespero, de esta confusión que abate mi valor y que lleva la turbación a mi espíritu?”. Es cierto que estos golpes imprevistos, en el momento en que hieren acaban algunas veces con aquellos sobre quienes caen y les sitúan fuera del estado de aprovecharse inmediatamente de su desgracia: Pero esperad un momento y veréis que es por allí por donde Dios os prepara para recibir sus favores más insignes. Sin este accidente, es posible que no hubierais llegado a ser peor, pero no hubierais sido tan santo. ¿No es cierto que desde que os habéis dado a Dios, no os habíais resuelto a despreciar cierta gloria fundada en alguna gracia del cuerpo o en algún talento del espíritu, que os atraía la estima de los hombres? ¿No es cierto que teníais aún cierto amor al juego, a la vanidad, al lujo? ¿No es cierto que nos os había abandonado el deseo de adquirir riquezas, de educar a vuestros hijos con los honores del mundo? Quizá incluso cierto afecto, alguna amistad poco espiritual disputaba aún vuestro corazón a Dios. Sólo os faltaba este paso para entrar en una libertad perfecta; era poco, pero, en fin, no hubierais podido hacer aún este último sacrificio; sin embargo, ¿de cuántas gracias no os privaba este obstáculo? Era poco, pero no hay nada que cueste tanto al alma cristiana como el romper este último lazo que le liga al mundo o a ella misma; sólo en esta situación siente una parte de su enfermedad; pero le espanta el pensamiento de su remedio, porque el mal está tan cerca del corazón que sin el socorro de una operación violenta y dolorosa, no se le puede curar; por esto ha sido necesario sorprenderos, que cuando menos pensabais en ello, una mano hábil haya llevado el hierro adelante en la carne viva, para horadar esta úlcera oculta en el fondo de vuestras entrañas; sin este golpe, duraría aún vuestra languidez. Esta enfermedad que se detiene, esta bancarrota que os arruina, esta afrenta que os cubre de vergüenza, la muerte de esta persona que lloráis, todas estas desgracias harán en un instante lo que no hubieran hecho todas vuestras meditaciones, lo que todos vuestros directores hubieran intentado inútilmente.</p>
<p><strong>Ventajas inesperadas de las pruebas</strong></p>
<p>Y si la aflicción en que estáis por voluntad de Dios, os hastía de todas las criaturas, si os compromete a daros enteramente a vuestro Creador, estoy seguro que le estaréis más agradecidos por lo que os ha afligido, que por lo que le hubierais ofrecido en vuestros votos si os evitaba la aflicción; los demás favores que habéis recibido de Él, comparados con esta desgracia, no serán a vuestros ojos más que pequeños favores. Siempre habéis mirado las bendiciones temporales que ha derramado hasta ahora sobre vuestra familia como los efectos de su bondad hacia vosotros; pero entonces veréis claramente que nunca os amó tanto como cuando trastornó todo lo que había hecho para vuestra prosperidad, y que si había sido liberal al daros las riquezas, el honor, los hijos y la salud, ha sido pródigo al quitaros todos estos bienes.</p>
<p>No hablo de los méritos que se adquieren por la paciencia; por lo general, es cierto que se gana más para el cielo en un día de adversidad que durante varios años pasados en la alegría, por santo que sea el uso que se haga de ella.</p>
<p>Todo el mundo conoce que la prosperidad nos debilita; y es mucho cuando un hombre dichoso, según el mundo, se toma la pena de pensar en el Señor una o dos veces por día; las ideas de los bienes sensibles que le rodean ocupan tan agradablemente su espíritu que olvida con mucho todo lo demás. Por el contrario la adversidad nos lleva de un modo natural a elevar los ojos al cielo, para, mediante esta visión, suavizar la amarga impresión de nuestros males. Sé que se puede glorificar a Dios en toda clase de estados y que no deja de honrarle la vida de un cristiano que le sirve en una alegre fortuna; pero ¡quién asegura que este cristiano le honra tanto como el hombre que le bendice en los sufrimientos! Se puede decir que el primero es semejante a un cortesano asiduo y regular, que no abandona nunca a su príncipe, que le sigue al consejo, que todo lo hace a gusto, que hace honor a sus fiestas; pero que el segundo es como un valiente capitán, que toma las ciudades para su rey, que le gana batallas, a través de mil peligros y a precio de su sangre, que lleva lejos la gloria de las armas de su señor y los límites de su imperio.</p>
<p>Del mismo modo, un hombre que disfruta de una salud robusta, que posee grandes riquezas, que vive en honor, que tiene la estima del mundo, si este hombre usa como debe de todas estas ventajas, si las refiere a Dios como a su divino Maestro por una conducta tan cristiana; pero si la Providencia le despoja de todos estos bienes, si le consume de dolores y de miserias y si en medio de tantos males, persevera en los mismos sentimientos, en las mismas acciones de gracias, si sigue al Señor con la misma prontitud y la misma docilidad, por un camino tan difícil, tan opuesto a sus inclinaciones, entonces es cuando publica las grandezas de Dios y la eficacia de su gracia, del modo más generoso y brillante.</p>
<p><strong>Ocasiones de méritos y de salvación</strong></p>
<p>Juzgad de ahí la gloria que deben esperar de Jesucristo las personas que le habrán glorificado en un camino tan espinoso. Entonces será cuando nosotros reconoceremos cuánto nos habrá amado Dios, dándonos las ocasiones de merecer una recompensa tan abundante; entonces nos reprocharemos a nosotros mismos el habernos quejado de lo que debería aumentar nuestra felicidad; de haber dudado de la bondad de Dios, cuando nos daba las señales más seguras. Si un día han de ser así nuestros sentimientos, ¿por qué no entrar desde hoy en una disposición tan feliz? ¿Por qué no bendecir a Dios en medio de los males de esta vida, si estoy seguro que en el cielo le daré gracias eternas?</p>
<p>Todo esto nos hace ver que sea cual sea el modo como vivamos deberíamos recibir siempre toda adversidad con alegría. Si somos buenos, la adversidad nos purifica y nos vuelve mejores, nos llena de virtudes y de méritos; si somos viciosos, nos corrige y nos obliga a ser virtuosos.</p>
<p><strong>3. RECURSO A LA ORACIÓN</strong></p>
<p>Es extraño que habiéndose comprometido Jesucristo tan a menudo y tan solemnemente a atender todos nuestros votos, la mayor parte de los cristianos se quejan todos los días de no ser escuchados. Pues, no se puede atribuir la esterilidad de nuestras oraciones a la naturaleza de los bienes que pedimos, ya que no ha exceptuado nada en sus promesas: <em>Omnia quacumque orantes petitis credite quia accipietis</em>. Tampoco se puede atribuir esta esterilidad a la indignidad de los que piden, pues lo ha prometido a toda clase de personas sin excepción: <em>Omnis qui petit accipit</em>. ¿De dónde puede venir que tantas oraciones nuestras sean rechazadas? ¿Quizás no se deba a que como la mayor parte de los hombres son igualmente insaciables e impacientes en sus deseos, hacen demandas tan excesivas o con tanta urgencia que cansan, que desagradan al Señor o por su indiscreción o por su importunidad? No, no; la única razón por la que obtenemos tan poco de Dios es porque le pedimos demasiado poco y con poca insistencia.</p>
<p>Es cierto que Jesucristo nos ha prometido de parte de su Padre, concedernos <em>todo</em>, incluso las cosas más pequeñas; pero nos ha prescrito observar un orden en todo lo que pedimos y, sin la observancia de esta regla, en vano esperaremos obtener nada. En San Mateo se nos ha dicho: Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura: <em>Quaerite primum regnum Dei, et haec omnia adicientur vobis</em>.</p>
<p><strong>Para obtener bienes</strong></p>
<p>No se os prohíbe desear las riquezas, y todo lo que es necesario para vivir, incluso para vivir bien; pero hay que desear estos bienes en su rango, y si queréis que todos vuestros deseos a este respecto se cumplan infaliblemente, pedid primero las cosas más importantes, a fin de que se añadan las pequeñas al daros las mayores.</p>
<p>He aquí exactamente lo que le sucedió a Salomón. Dios le había dado la libertad de pedir todo lo que quisiera, él le suplicó de concederle la sabiduría, que necesitaba para cumplir santamente con sus deberes de la realeza. No hizo ninguna mención de los tesoros ni de la gloria del mundo; creyó que haciéndole Dios una oferta tan ventajosa tendría la ocasión de obtener bienes considerables. Su prudencia le mereció en seguida lo que pedía e incluso lo que no pedía. <em>Quia postulasti verbum hoc, et non petisti tibi dies multos nec divitas&#8230;, eccefeci tibi secundum sermones tuos</em>: Te concedo de gusto esta sabiduría porque me la has pedido, pero no dejaré de colmarte de años, de honores y de riquezas, porque no me has pedido nada de todo esto: <em>Sed et haec quae non postulasti, divitas scilicet et gloriam</em>.</p>
<p>Si este es el orden que Dios observa en la distribución de sus gracias, no nos debemos extrañar que hasta ahora hayamos orado sin éxito. Os confieso que a menudo estoy lleno de compasión cuando veo la diligencia de ciertas personas, que distribuyen limosnas, que hacen promesa de peregrinaciones y ayunos, que interesan hasta a los ministros del altar para el éxito de sus empresas temporales. ¡Hombres ciegos, temo que roguéis y que hagáis rogar en vano! Hay que hacer estas ofrendas, estas promesas de ayunos y peregrinaciones, para obtener de Dios una entera reforma de vuestras costumbres, para obtener la paciencia cristiana, el desprecio del mundo, el desapego de las criaturas; tras estos primeros pasos de un celo regulado, hubierais podido hacer oraciones por el restablecimiento de vuestra salud y por el progreso de vuestros negocios; Dios hubiera escuchado estas oraciones, o mejor, las hubiera prevenido y se hubiera contentado de conocer vuestros deseos para cumplirlos.</p>
<p>Sin estas gracias primeras, todo lo demás podría ser perjudicial y de ordinario así es; he aquí por qué somos rechazados. Murmuramos, acusamos al Cielo de dureza, de poca fidelidad en sus promesas. Pero nuestro Dios es un padre lleno de bondad, que prefiere sufrir nuestras quejas y nuestras murmuraciones, antes que apaciguarlas con presentes que nos serían funestos.</p>
<p><strong>Para apartar los males</strong></p>
<p>Lo que he dicho de los bienes, lo digo también de los males de que deseamos vernos libres. Alguien dirá que él no suspira por una gran fortuna, que se contentaría con salir de esta extrema indigencia en la que sus desgracias lo han reducido; deja la gloria y la alta reputación para los que la ansían, desearía tan sólo evitar el oprobio en que le sumergen las calumnias de sus enemigos; en fin, puede pasarse de los placeres, pero sufre dolores que no puede soportar; desde hace tiempo está rogando, pide al Señor con insistencia a ver si quiere suavizarlos; pero le encuentra inexorable. No me sorprende; tenéis males secretos muchos mayores que los males de que os quejáis, sin embargo son males de los que no pedís ser librados; si para conseguirlo hubierais hecho la mitad de las oraciones que habéis hecho para ser curados de los males exteriores, haría ya mucho tiempo que hubierais sido librados de los unos y de los otros. La pobreza os sirve para mantener en humildad a vuestro espíritu, orgulloso por naturaleza; el apego extremo que tenéis por el mundo os hace necesarias estas medicinas que os afligen; en vosotros las enfermedades son como un dique contra la inclinación que tenéis por el placer, contra esta pendiente que os arrastraría a mil desgracias. El descargaros de estas cruces, no sería amaros, sino odiaros cruelmente, a no ser que os concedan las virtudes que no tenéis. Si el Señor os viera con cierto deseo de estas virtudes, os las concedería sin dilación y no sería necesario pedir el resto.</p>
<p><strong>No se pide bastante</strong></p>
<p>Ved cómo por no pedir bastante, no recibimos nada, porque Dios no podría limitar su liberalidad a pequeños objetos, sin perjudicarnos a nosotros mismos. Os ruego observéis que no digo que no se puedan pedir prosperidades temporales sin ofenderle, y pedir ser liberados de las cruces bajo las que gemimos; sé que para rectificar las oraciones por las que se solicita este tipo de gracias basta con pedirlas con las condición de que no sean contrarias ni a la gloria de Dios, ni a nuestra propia salvación; pero como es difícil que sea glorioso a Dios el escucharos o útil para vosotros, si no aspiráis a mayores dones, os digo que en tanto os contentéis con poco, corréis el riesgo de no obtener nada.</p>
<p>¿Queréis que os dé un buen método para pedir la felicidad incluso temporal, método capaz de forzar a Dios para que os escuche? Decidle de todo corazón: Dios mío, dadme tantas riquezas que mi corazón sea satisfecho o inspiradme un desprecio tan grande que no las desee más; libradme de la pobreza o hacédmela tan amable que la prefiera a todos los tesoros de la tierra; que cesen estos dolores, o lo que será aún más glorioso para Vos, haced que cambien en delicias para mí y que lejos de afligirme y de turbar la paz de mi alma lleguen a ser, a su vez, la fuente más dulce de alegría. Podéis descargarme de la cruz; podéis dejármela, sin que sienta el peso. Podéis extinguir el fuego que me quema; podéis hacer, que en lugar de apagarlo para que no me queme, me sirva de refrigerio, como lo fue para los jóvenes hebreos en el horno de Babilonia. Os pido lo uno o lo otro. ¿Qué importa el modo como yo sea feliz? Si lo soy por la posesión de los bienes terrestres, os daré eternas acciones de gracias; si lo soy por la privación de estos mismos bienes, será un prodigio que dará más gloria a vuestro nombre y yo estaré aún más reconocido.</p>
<p>He aquí una oración digna de ser ofrecida a Dios por un verdadero cristiano. Cuando roguéis de este modo, ¿sabéis cuál es el efecto de vuestros votos? En el primer lugar estaréis contentos suceda lo que suceda; ¿acaso desean otra cosa los que están deseosos de bienes temporales que estar contentos? En segundo lugar, no solamente no obtendréis infaliblemente una de las dos cosas que habéis pedido, sino que ordinariamente obtendréis las dos. Dios os concederá el disfrute de las riquezas, y para que las poseáis sin apego y sin peligro, os inspirará a la vez un desprecio saludable. Pondrá fin a vuestros dolores, y además os dejará una sed ardiente que os dará el mérito de la paciencia, sin que sufráis. En una palabra, os hará felices en esta vida y temiendo que vuestra dicha no os corrompa, os hará conocer y sentir la vanidad. ¿Se puede desear algo más ventajoso? Nada, sin duda. Pero como una ventaja tan preciosa es digna de ser pedida, acordaos también que merece ser pedida con insistencia. Pues la razón por la que se obtiene tan poco, no es solamente porque se pide poco, es también porque, se pida poco o mucho, no se pide bastante.</p>
<p><strong>Perseverancia en la oración</strong></p>
<p>¿Queréis que todas vuestras oraciones sean eficaces infaliblemente? ¿Queréis forzar a Dios a satisfacer todos vuestros deseos? En primer lugar os digo que no hay que cansarse de orar. Los que se cansan después de haber rogado durante un tiempo, carecen de humildad o de confianza; y de este modo no merecen ser escuchados. Parece como si pretendierais que se os obedezca al momento vuestra oración como si fuera un mandato; ¿no sabéis que Dios resiste a los soberbios y que se complace en los humildes? ¿Qué? ¿Acaso vuestro orgullo no os permite sufrir que os hagan volver más de una vez para la misma cosa? Es tener muy poca confianza en la bondad de Dios el desesperar tan pronto, el tomar las menores dilaciones por rechazos absolutos.</p>
<p>Cuando se concibe verdaderamente hasta dónde llega la bondad de Dios, jamás se cree uno rechazado, jamás se podría creer que desee quitarnos toda esperanza. Pienso, lo confieso, que cuando veo que más me hace insistir Dios en pedir una misma gracia, más siento crecer en mí la esperanza de obtenerla; nunca creo que mi oración haya sido rechazada, hasta que me doy cuenta que he dejado de orar; cuando tras un año de solicitaciones, me encuentro en tanto fervor como tenía al principio, no dudo del cumplimiento de mis deseos; y lejos de perder valor después de tan larga espera, creo tener motivo para regocijarme, porque estoy persuadido que seré tanto más satisfecho cuanto más largo tiempo se me haya dejado rogar. Si mis primeras instancias hubieran sido totalmente inútiles, jamás hubiera reiterado los mismos votos, mi esperanza no se hubiera sostenido; ya que mi asiduidad no ha cesado, es una razón para mí el creer que seré pagado liberalmente.</p>
<p>En efecto, la conversión de San Agustín no fue concedida a Santa Mónica hasta después de dieciséis años de lágrimas; pero también fue una conversión incomparablemente más perfecta que la que había pedido. Todos sus deseos se limitaban a ver reducida la incontinencia de este joven en los límites del matrimonio, y tuvo el placer de verle abrazar los más elevados consejos de castidad evangélica. Había deseado solamente que se bautizara, que fuera cristiano, y ella le vio elevado al sacerdocio, a la dignidad episcopal.</p>
<p>En fin, ella sólo pedía a Dios verle salir de la herejía e hizo Dios de él la columna de la Iglesia y el azote de los herejes de su tiempo. Si después de un año o dos de oraciones, esta piadosa madre se hubiera desanimado, si después de diez o doce años, viendo que el mal crecía cada día, que este hijo desgraciado se comprometía cada día en nuevos errores, en nuevos excesos, que a la impureza había añadido la avaricia y la ambición; si lo hubiera abandonado todo entonces por desesperación, ¡cuál hubiera sido su ilusión! ¿Qué agravio no hubiera hecho a su hijo? ¡De qué consolación no se hubiera privado ella misma! ¡De qué tesoro no hubiera frustrado a su siglo y a todos los siglos venideros!</p>
<p><strong>Una confianza obstinada</strong></p>
<p>Para terminar, me dirijo a aquellas personas que veo inclinadas a los pies del altar, para obtener estas preciosas gracias que Dios tiene tanta complacencia en vernos pedir. Almas dichosas, a quienes Dios da a conocer la vanidad de las cosas mundanas, almas que gemís bajo el yugo de vuestras pasiones y que rogáis para ser librados de ellas, almas fervientes que estáis inflamadas del deseo de amar a Dios y de servirle como los santos le han servido y usted que solicita la conversión de este marido, de esta persona querida, no os canséis de rogar, sed constantes, sed infatigables en vuestras peticiones; si se os rechazan hoy, mañana lo obtendréis todo; si no obtenéis nada este año, el año próximo os será más favorable; sin embargo, no penséis que vuestros afanes sean inútiles: Se lleva la cuenta de todos vuestros suspiros, recibiréis en proporción al tiempo que hayáis empleado en rogar; se os está amasando un tesoro que os colmará de una sola vez, que excederá a todos vuestros deseos.</p>
<p>Es necesario descubriros hasta el fin los resortes secretos de la Providencia: La negativa que recibís ahora no es más que un fingimiento del que Dios se sirve para inflamar más vuestro fervor. Ved cómo obra respecto a la Cananea, cómo rehúsa verla y oírla, cómo la trata de extranjera y más duramente aún. ¿No diréis que la importunidad de esta mujer le irrita más y más? Sin embargo, dentro de Él, la admira y está encantado de su confianza y de su humildad; y por esto la rechaza. ¡Oh clemencia disfrazada, que toma la máscara de la crueldad, con qué ternura rechazas a los que más quieres escuchar! Guardaros de dejaros sorprender; al contrario, urgid tanto más cuanto más os parezca que sois rechazados.</p>
<p>Haced como la Cananea, servíos contra Dios mismo de las razones que pueda tener para rechazaros. Es cierto debéis decir, que favorecerme sería dar a los perros el pan de los hijos, no merezco la gracia que pido, pero tampoco pretendo que se me conceda por mis méritos, es por los méritos de mi amable Redentor. Sí, Señor, debéis temer que haya más consideración a mi indignidad que a vuestra promesa, y que queriendo hacerme justicia os engañéis a vos mismo. Si fuera más digno de vuestros beneficios, os sería menos glorioso el hacerme partícipe de ellos. No es justo hacer favores a un ingrato; ¡oh, Señor!, no es vuestra justicia lo que yo imploro, sino vuestra misericordia. ¡Mantén tu ánimo! Dichoso de ti que has comenzado a luchar tan bien contra Dios; no le dejes tranquilo; le agrada la violencia que le hacéis, quiere ser vencido. Haceos notar por vuestra importunidad, haced ver en vosotros un milagro de constancia; forzad a Dios a dejar el disfraz y a deciros con admiración; <em>Magna est fides tua, fiat tibi sicut vis</em>: Grande es tu fe; confieso que no puedo resistirte más; vete, tendrás lo que deseas, tanto en esta vida como en la otra.</p>
<p><strong>EJERCICIO PARTICULAR DE CONFORMIDAD CON LA DIVINA PROVIDENCIA</strong></p>
<p>La práctica de este piadoso ejercicio es de suma importancia, a causa de las preciosas ventajas que extraen siempre las personas que lo realizan bien.</p>
<p><strong>1. ACTOS DE FE, DE ESPERANZA Y DE CARIDAD</strong></p>
<p>I. En primer lugar se hace un acto de fe en la Providencia divina. Se intenta penetrarse bien de esta verdad de que Dios toma un cuidado continuo y muy atento, no solamente de todas las cosas en general, sino también de cada una en particular, de nosotros sobre todo, de nuestra alma, de nuestro cuerpo, de todo lo que nos interesa; que su solicitud, a la que nada escapa, se extiende a nuestra reputación, a nuestros trabajos, a nuestras necesidades de toda clase, a nuestra salud como a nuestras enfermedades, a nuestra vida como a nuestra muerte y hasta al menor de nuestros cabellos que no puede caer sin su permiso.</p>
<p>II. Luego del acto de fe, se hace un acto de esperanza. Entonces, se excita uno a una firme confianza en que esta Providencia divina proveerá a todo lo que nos concierne, que nos dirigirá, nos defenderá con una vigilancia y una afección más que paternal y nos gobernará de tal modo que suceda lo que suceda, si nos sometemos a su dirección, todo nos será favorable y volverá en bien nuestro, incluso las cosas que parezcan más contrarias.</p>
<p>III. A estos dos actos hay que añadir el de la caridad. Se testimonia a la divina Providencia el más vivo afecto, el amor más tierno, como un niño lo testimonia a su buena madre, refugiándose en sus brazos; se hacen protestas de un amor absoluto por todos sus designios, por impenetrables que sean, sabiendo que son el fruto de una sabiduría infinita que no puede equivocarse y de bondad soberana que no puede querer más que la perfección de sus criaturas; se hace de tal modo que este aprecio sea bastante práctico para disponernos a hablar de buena gana de la Providencia e incluso a tomar su defensa altamente contra los que se permitan negarla o criticarla.</p>
<p><strong>2. ACTO DE FILIAL ABANDONO A LA PROVIDENCIA</strong></p>
<p>Después de haber renovado muchas veces estos actos y de haberse penetrado bien de ellos, el alma se abandona a la Divina Providencia, reposa y duerme dulcemente en sus brazos, como un niño en los brazos de su madre. Hace suyas entonces aquellas palabras de David: <em>En paz me duermo luego que me acuesto porque tú, Señor, me das seguridad</em> (Ps. 4, 9-10). O bien dirá con el mismo profeta: <em>El Señor es mi pastor; nada me falta. Me pone en verdes pastos y me lleva a frescas aguas. Recrea mi alma y me guía por las rectas sendas, por amor de su nombre</em> y por mi perfección. ¡Oh mi Señor! guiado por vuestra mano y cubierto por vuestra protección, <em>aunque haya de pasar por un valle tenebroso</em>, en medio de mis enemigos, <em>no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado son mi consuelo. Tú pones ante mí una mesa, enfrente de mis enemigos. Sólo bondad y benevolencia me acompañan todos los días de mi vida, y estaré en la casa del Señor por muy largos años</em> (Ps 22).</p>
<p>Llena de la alegría que le inspira también suaves palabras el alma recibe con respeto a esta dichosa disposición, todos los acontecimientos presentes de manos de la divina Providencia y espera todos los venideros con una dulce tranquilidad de espíritu, con una paz deliciosa. Vive como un niño, al abrigo de toda inquietud. Pero esto no quiere decir que ella permanezca en una espera ociosa de las cosas teniendo necesidad de ellas o que descuide el aplicarse a los asuntos que se presenten. Al contrario, hace por su parte, todo lo que depende de su mano, para llevarlos bien, emplea en ellos todas sus facultades; pero sólo se da a tales cuidados bajo la dirección de Dios, no mira su propia previsión más que como sometida enteramente a la de Dios y le abandona la libre disposición de todo, no esperando otro éxito que el que está en los designios de la voluntad divina.</p>
<p><strong>3. UTILIDAD DE ESTE EJERCICIO</strong></p>
<p>¡Oh! ¡Cuánta gloria y honor da a Dios el alma dispuesta de este modo!</p>
<p>Verdaderamente es una gran gloria para Él el tener una criatura tan apegada a su Providencia, tan dependiente de su conducta, llena de una esperanza tan firme y disfrutando de un reposo de espíritu tan profundo en espera de lo que tenga a bien enviarle. Y también, ¡cuánto cuidado no tomará Dios de tal alma! Él vela sobre las menores cosas que le interesan: Inspiran a los hombres establecidos para gobernarla todo lo que es necesario para dirigirla bien; y si por el motivo que sea, esos hombres quisieran obrar en relación con ella de un modo que le fuera perjudicial, Él haría surgir obstáculo a sus designios por caminos secretos e inesperados y les forzaría a adoptar lo que sería más ventajoso para esta alma querida.</p>
<p><em>El Señor guarda a cuantos le aman</em> (Ps 144, 20). Si la Escritura da ojos a este Dios de bondad, es para velar por ellos; si se le atribuye orejas es para escucharlos; si manos, es para defenderlos. Y quien les toque, toca al Señor en la niña de los ojos. <em>Los niños serán llevados a la cadera</em>, dice el Señor por boca del profeta Isaías, <em>y serán acariciados sobre las rodillas. Como consuela una madre a su hijo, así os consolaré yo a vosotros</em> (Is. 66, 12-13). En Oseas: <em>Yo enseñé a andar a Efraín, le llevé en brazos</em> (Os. 11, 3). Mucho tiempo antes Moisés había dicho: <em>En el desierto has visto como te ha llevado el Señor, tu Dios, como lleva un hombre a su hijo, por todo el camino que habéis recorrido hasta llegar a este lugar</em> (Deut 1, 31). También dice Dios en Isaías: <em>Mamarás a los pechos de los reyes, recibirás un alimento delicioso y divino, y sabrás, mediante una dulce experiencia, con qué solicitud Yo, el Señor, soy tu Salvador</em> (Is 60, 16) ¡Oh! ¡Dichosa situación para un alma!</p>
<p>En la persona de Noé se encuentra una imagen sensible de la felicidad que gusta el que se abandona completamente a Dios. Noé estaba en reposo y en paz en el arca con los leones; los tigres, los osos porque Dios le conducía mientras que las espantosas lluvias caían del cielo y en medio del trastorno general de los elementos y de toda la naturaleza. Por el contrario, los demás estaban en la más extraña confusión de cuerpo y de espíritu, perdían sus bienes, sus mujeres, sus hijos y hasta ellos mismos se perdían, tragados despiadadamente por las olas. Del mismo modo el alma que se abandona a la Providencia, que le deja el timón de su barca, boga con tranquilidad en el océano de esta vida, en medio de las tempestades del cielo y de la tierra, mientras que los que quieren gobernarse ellos mismos el Sabio los llama <em>almas en tinieblas, excluidas de tu eterna Providencia</em> (Sap 17, 1-2), están en continua agitación y, no teniendo por piloto más que su voluntad inconstante y ciega, acaban en un funesto naufragio después de haber sido el juguete de los vientos y de la tempestad.</p>
<p>Abandonémonos completamente a la divina Providencia, dejémosle todo el poder de disponer de nosotros; comportémonos como sus verdaderos hijos, sigámosla con verdadero amor como a nuestra madre; confiémonos a ella en todas nuestras necesidades, esperemos sin inquietud que aporte los remedios de su caridad. En fin, dejémosla obrar y ella nos proveerá de todo en el tiempo, en el lugar y del modo más conveniente; ella nos conducirá por caminos admirables al reposo del espíritu y a la dicha a que estamos llamados a gozar incluso desde esta vida, como un anticipo de la eterna felicidad que nos ha sido prometida.</p>
<p><small><br />
EL ABANDONO CONFIADO A LA DIVINA PROVIDENCIA, de San Claudio de la Colombière, también puede descargarse comprimido (.zip) en formato Word en nuestra <a href="http://www.tengoseddeti.org/descargas/">Área de Descargas</a>&#8230;</small></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/el-abandono-confiado-a-la-divina-providencia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Tengo sed de ti</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/tengo-sed-de-ti/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/tengo-sed-de-ti/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 12 Aug 2009 16:36:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas de reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Madre Teresa de Calcuta]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tengoseddeti.org/?p=540</guid>
		<description><![CDATA[
Tengo sed de ti &#124; una hermosa reflexión por la Madre Teresa de Calcuta
“Mira que estoy a la puerta y llamo&#8230;”
Apocalipsis 3, 20
Es verdad. Estoy a la puerta de tu corazón, de día y de noche. Aún cuando no estás escuchando, aún cuando dudes que pudiera ser yo, ahí estoy: esperando la más pequeña señal [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/08/Sed_Madre_Teresa.jpg" alt="Madre Teresa - tengo sed de ti" title="Madre Teresa - tengo sed de ti" width="200" height="300" class="alignnone size-full wp-image-541" /></p>
<p>Tengo sed de ti | una hermosa reflexión por la Madre Teresa de Calcuta</p>
<p style="text-align: center;"><strong><em>“Mira que estoy a la puerta y llamo&#8230;”</em></strong><br />
<small>Apocalipsis 3, 20</small></p>
<p>Es verdad. Estoy a la puerta de tu corazón, de día y de noche. Aún cuando no estás escuchando, aún cuando dudes que pudiera ser yo, ahí estoy: esperando la más pequeña señal de respuesta, hasta la más pequeña sugerencia de invitación que Me permita entrar.</p>
<p>Y quiero que sepas que cada vez que me invitas. Yo vengo siempre, sin falta. Vengo en silencio e invisible, pero con un poder y un amor infinitos, trayendo los muchos dones de Mí Espíritu. Vengo con Mi misericordia, con Mi deseo de perdonarte y de sanarte, con un amor hacia ti que va más allá de tu comprensión. Un amor en cada detalle, tan grande como el amor que he recibido de Mi Padre: “Yo los he amado a ustedes como el Padre me ama a mí&#8230;” (Jn. 15,10). Vengo deseando consolarte y darte fuerza, levantarte y vendar todas tus heridas. Te traigo Mi luz, para disipar tu oscuridad y todas tus dudas. Vengo con Mi poder, que me permite cargarte a ti: con Mi gracia, para tocar tu corazón y transformar tu vida. Vengo con Mi paz, para tranquilizar tu alma.<span id="more-540"></span></p>
<p>Te conozco como la palma de mi mano, sé todo acerca de ti, hasta los cabellos de tu cabeza he contado. No hay nada en tu vida que no tenga importancia para mí. Te he seguido a través de los años y siempre te he amado, hasta en tus extravíos. Conozco cada uno de tus problemas. Conozco tus necesidades y tus preocupaciones y, si, conozco todos tus pecados. Pero te digo de nuevo que Te amo, no por lo que has hecho o dejado de hacer, Te amo por ti, por la belleza y la dignidad que mi Padre te dio al crearte a Su propia imagen. Es una dignidad que muchas veces has olvidado, una belleza que has empañado por el pecado. Pero te amo como eres y he derramado Mi Sangre para rescatarte. Si sólo me lo pides con fe, Mi gracia tocará todo lo que necesita ser cambiado en tu vida: Yo te daré la fuerza para librarte del pecado y de todo su poder destructor.</p>
<p>Sé lo que hay en tu corazón, conozco tu soledad y todas tus heridas, los rechazos, los juicios, las humillaciones, Yo lo sobrellevé todo antes que tú. Y todo lo sobrellevé por tí, para que pudieras compartir Mi fuerza y Mi victoria. Conozco, sobre todo, tu necesidad de amor, sé que tan sediento estás de amor y de ternura. Pero cuántas veces has deseado satisfacer tu sed en vano, buscando ese amor con egoísmo, tratando de llenar el vacío dentro de ti con placeres pasajeros, con el vacío aún mayor del pecado. ¿Tienes sed de amor?</p>
<p>Yo te saciaré y te llenaré. <em>“Vengan a Mí todos los que tengan sed&#8230;”</em> (Jn 7, 37). ¿Tienes sed de ser amado?, te amo más de lo que te puedes imaginar&#8230; hasta el punto de morir en la cruz por ti.</p>
<p>TENGO SED DE TI. Sí, esa es la única manera en que apenas puedo empezar a describir mi amor. TENGO SED DE TI. Tengo sed de amarte y de que tú me ames. Tan precioso eres para mí que TENGO SED DE TI. Ven a Mí y llenaré tu corazón y sanaré tus heridas. Te haré una nueva creación y te daré la paz aún en tus pruebas. TENGO SED DE TI. Nunca debes dudar de Mi Misericordia, de mi deseo de perdonarte, de Mi anhelo por bendecirte y vivir Mi vida en ti, y de que te acepto sin importar lo que hayas hecho. TENGO SED DE TI. Si te sientes de poco valor a los ojos del mundo, no importa. No hay nadie que me interese más en todo el mundo que tú. TENGO SED DE TI. Ábrete a Mí, ven a Mí, ten sed de Mí, dame tu vida. Yo te probaré qué tan valioso eres para Mi Corazón.</p>
<p>¿No te das cuenta de que Mi Padre ya tiene un plan perfecto para transformar tu vida a partir de este momento? Confía en Mí. Pídeme todos los días que entre y que me encargue de tu vida y lo haré. Te prometo ante Mi Padre en el Cielo que haré milagros en tu vida. ¿Por qué haría Yo esto? PORQUE TENGO SED DE TI. Lo único que te pido es que te confíes completamente a Mí. Yo haré todo lo demás.</p>
<p>Desde ahora, ya veo el lugar que Mi Padre te ha preparado en Mi Reino. Recuerda que eres peregrino en esta vida viajando a casa. El pecado nunca te puede satisfacer ni traerte la paz que anhelas. Todo lo que has buscado fuera de Mí sólo te ha dejado más vacío, así que no te ates a las cosas de este mundo; pero, sobre todo, no te alejes de Mí cuando caigas. Ven a mí sin tardanza porque cuando me das tus pecados, me das la alegría de ser tu Salvador. No hay nada que yo no pueda perdonar y sanar, así que ven ahora y descarga tu alma.</p>
<p>No importa cuánto hayas andado sin rumbo, no importa cuántas veces me hayas olvidado, no importa cuántas cruces lleves en esta vida, hay algo que quiero que siempre recuerdes y que nunca cambiará. TENGO SED DE TI, tal y como eres. No tienes que cambiar para creer en Mi Amor, ya que será tu confianza en ese Amor la que te hará cambiar. Tu te olvidas de Mí y, sin embargo. Yo te busco a cada momento del día y estoy ante las puertas de tu corazón, llamando. ¿Encuentras esto difícil de creer? Entonces, mira la Cruz, mira Mi Corazón que fue traspasado por ti. ¿No has comprendido Mi Cruz?, entonces escucha de nuevo las palabras que dijo en ella, te dicen claramente por qué Yo soporté todo esto por ti: <em>“&#8230; TENGO SED”</em> (Jn 19, 28). Sí, TENGO SED DE TI. Como el resto del salmo que Yo estaba rezando dice de Mí: <em>“&#8230; esperé compasión inútilmente, esperé alguien que me consolara y no le hallé”</em> (Sal 69, 20). Toda tu vida he estado deseando tu amor. Nunca he cesado de buscarlo y de anhelar que me correspondas. Tú has probado muchas cosas en tu afán por ser feliz. ¿Por qué no intentas abrirme tu corazón, ahora mismo, abrirlo más de lo que lo has hecho antes?</p>
<p>Cuando finalmente abras las puertas de tu corazón y finalmente te acerques lo suficiente entonces Me oirás decir una y otra vez, no en meras palabras humanas sino en espíritu: “no importa qué es lo que hayas hecho, te amo por ti mismo. Ven a Mí con tu miseria y tus pecados, con tus problemas y necesidades, y con todo tu deseo de ser amado. Estoy a la puerta de tu corazón y llamo&#8230; ábreme, porque TENGO SED DE TI&#8230;”</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/tengo-sed-de-ti/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Estoy allá afuera</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/estoy-alla-afuera/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/estoy-alla-afuera/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 21 Jul 2009 00:41:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas de reflexión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tengoseddeti.org/?p=486</guid>
		<description><![CDATA[
Había una señora que todos los días, a las seis en punto de la tarde, se dirigía a la Iglesia del pueblo para orar. Era muy puntual y nunca faltaba a su cita. Cuando se atrasaba, porque las cosas de la casa o la cena le ocupaban más de lo acostumbrado, iba corriendo por la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/07/estoy-alla-afuera.jpg" alt="Estoy allá afuera" title="Estoy allá afuera" width="255" height="275" class="alignnone size-full wp-image-487" /></p>
<p>Había una señora que todos los días, a las seis en punto de la tarde, se dirigía a la Iglesia del pueblo para orar. Era muy puntual y nunca faltaba a su cita. Cuando se atrasaba, porque las cosas de la casa o la cena le ocupaban más de lo acostumbrado, iba corriendo por la calle para llegar a tiempo.</p>
<p>Tan rápido hacía las cosas para cumplir con el horario de su oración que muchas veces trataba mal a la gente en la fila del mercado o caminaba atropellando a los demás. Si algún mendigo le pedía una moneda en la puerta de la Capilla, ni lo miraba; estaba tan apurada que entraba veloz como un rayo.<span id="more-486"></span></p>
<p>Un día, “le pasaron todas”: se peleó con el almacenero porque tardó mucho en hacer la cuenta de las cosas que había comprado; atropelló a una señora que tenía la bolsa llena de papas y caminaba lentamente; por último, le dio vuelta la cara a unos chicos que se le acercaban para pedirle unas monedas para comprar leche.</p>
<p>En su propia casa, las cosas no anduvieron mejor: uno de sus hijos le pidió ayuda para hacer una tarea y le dijo que se las arreglara solo; el marido, que había llegado muy cansado de trabajar, tuvo la ocurrencia de conversar un rato con ella mientras tomaban un café, y lo dejó plantado con la palabra en la boca.</p>
<p>A pesar de todos estos “obstáculos”, salió de su casa y llegó a la Iglesia casi a tiempo&#8230; y se encontró con que estaba cerrada.</p>
<p>“¡¡Cómo puede ser!!”, se dijo con rabia mientras buscaba la forma de meterse por el pasillo lateral que bordeaba el templo. Pero nada, todo estaba cerrado. Volvió a ir por la entrada principal y, precisamente allí, vio que en la puerta del templo había un cartelito clavado que decía:</p>
<p style="text-align: center;"><em>“No me busques aquí&#8230;<br />
¡estoy allá afuera!”<br />
Jesús</em></p>
<p>Hay momentos en que convendría recordar las palabras de Jesús: <em>«cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis»</em>&#8230; El prójimo es el primer punto de encuentro con el Señor: si no le buscamos primero allí, difícilmente podremos encontrarle en otra parte.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/estoy-alla-afuera/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Carta de una religiosa que fue violada durante la guerra</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/carta-de-una-religiosa-que-fue-violada-durante-la-guerra/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/carta-de-una-religiosa-que-fue-violada-durante-la-guerra/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 25 Jun 2009 02:08:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas de reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[perdón]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tengoseddeti.org/?p=428</guid>
		<description><![CDATA[
Recibí por email una copia de este artículo de Alfredo Contran donde Lucía Vetruse, una religiosa violada por milicianos serbios durante la guerra en la antigua Yugoslavia, nos da testimonio de que “la única grandeza que honra a la persona es la del perdón”&#8230;
Querida Madre:
“Soy Lucía Vetruse, una de las novicias que ha sido violada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/lucia_vetruse.jpg" alt="Lucía Vetruse" title="Lucía Vetruse" width="200" height="260" class="alignnone size-full wp-image-429" /></p>
<p>Recibí por email una copia de este artículo de Alfredo Contran donde Lucía Vetruse, una religiosa violada por milicianos serbios durante la guerra en la antigua Yugoslavia, nos da testimonio de que “la única grandeza que honra a la persona es la del perdón”&#8230;</p>
<p>Querida Madre:</p>
<p>“Soy Lucía Vetruse, una de las novicias que ha sido violada por las milicias serbias. Le escribo (se dirige a su superiora general) sobre lo que me ha acaecido a mí y a mis hermanas Tartiana y Sendria. Permítame que no le dé detalles.</p>
<p>Ha sido una experiencia atroz que no se puede comunicar más que a Dios, a cuya voluntad me entregué cuando me consagré a Él con los tres votos&#8230; Había leído pocos días antes Diálogos de Carmelitas, de Bernanos y me había surgido pedir al Señor morir mártir.<span id="more-428"></span> Él me ha tomado la palabra, pero ¡de qué manera! Me encuentro ahora en una angustiosa oscuridad interior. Ellos han destruido mi proyecto de vida que yo consideraba definitivo y me han trazado de improviso otro nuevo, que aún no acierto a describir. Escribí in mi diario, en mi adolescencia: “Nada es mío, no soy de nadie, ninguno me pertenece”. Sin embargo, uno me cogió una noche, que no quiero recordar, me arrancó de mí misma y me hizo suya.</p>
<p>Me desperté ya de día y mi primer pensamiento fue aquel de la agonía de Jesús en el huerto. Se desarrolló en mí una lucha terrible: me preguntaba, por un lado, por qué Dios había permitido que yo fuera despedazada y destruida, precisamente en lo que yo ponía mi razón de vivir y, por otra parte, cuál era la nueva vocación por la que Él me encaminaba. Me levanté agotada mientras ayudaba a la hermana Joselina y me arreglaba. Oí la campana que tocaba la Sexta en el monasterio de las Angustias, al lado del nuestro. Hice la señal de la cruz y mentalmente recité el himno de la liturgia: “En esta hora, en el Gólgota, el verdadero Cordero Pascual, Cristo, paga el rescate por nuestra salvación”.</p>
<p>¿Qué es, madre, mi sufrimiento y la ofensa sufrida en comparación con la de aquel al que había prometido mil veces darle mi vida? Dije despacito: “Hágase tu voluntad, ahora, sobre todo ahora, ya que no tengo más apoyo que la certeza de que tú, Señor, estás a mi lado”.</p>
<p>Le escribo, Madre, no para recibir su consuelo, sino para que me ayude a dar gracias a Dios por haberme asociado a millares de compatriotas mías, ofendidas en el honor, y a aceptar la maternidad no deseada.</p>
<p>No se asombre de que le pida compartir conmigo una gracia que pudiera parecer absurda. He llorado en estos meses todas las lágrimas por mis dos hermanos asesinados por los mismos agresores que van aterrorizando nuestras ciudades. Pensé que ya no podría sufrir muchas cosas más, ni que el dolor pudiera tener tales dimensiones.</p>
<p>A la puerta de nuestros conventos cada día centenares de criaturas famélicas, tiritando de frío, con la desesperación en sus ojos. La otra semana una joven de 18 años me había dicho: “Afortunada usted que ha escogido un sitio donde la malicia no puede entrar”. Y añadió: “No sabe qué es el deshonor”.</p>
<p>Lo pensé despacio y vi que se trataba del dolor de mi gente y casi sentí vergüenza de estar excluida de su huida. Ahora soy una de ellas, una de tantas mujeres anónimas de mi pueblo con el cuerpo destrozado y el alma saqueada. El Señor me ha admitido al misterio de su vergüenza, es más, a esta hermana le ha concedido el privilegio de comprender la fuerza diabólica del mal. Sé que de hoy en adelante las palabras de valor y consuelo que trataré de sacar de mi pobre corazón serán creídas, porque mi historia y la suya, y mi resignación, sostenida por la fe, podrá servir, si no de ejemplo, al menos de confrontación con sus reacciones morales y afectivas.</p>
<p>Basta una señal, una pequeña palabra, una ayuda fraternal para movilizar la esperanza de un ejército de criaturas desconocidas. Dios me ha escogido –me perdone esta presunción- para guiar a las personas humilladas de mi gente hacia un alba de redención y de libertad. No podrán tener dudas sobre la sinceridad de mis deseos, porque yo también vengo, como ellas, de la frontera de la abyección.</p>
<p>Recuerdo que cuando estudiaba en Roma una profesora de literatura eslava me decía estos versos de Alesej Mislovi: “Tú no debes morir, porque has escogido estar de parte del día”. La noche en que fui violada por los serbios repetía estos versos, que me proporcionaban bálsamo al alma cuando la desesperación quería ahogarme. Ahora todo ha pasado y me parece haber tenido un mal sueño.</p>
<p>Todo ha pasado, Madre, pero ahora comienza todo. En su llamada telefónica, después de decirme palabras de consuelo que le agradeceré toda la vida, me hizo una pregunta: “¿Qué harás de la vida que te ha sido impuesta en tu vientre?” Sentí que su voz temblaba al hacerme esa pregunta que no podía ser respondida de inmediato, no porque no haya reflexionado sobre la elección que tenía que hacer, sino porque usted no quería turbar con proyectos mis decisiones. Lo he decidido ya: si soy madre, el niño será mío. Le podría confiar a otras personas, pero él tiene derecho a mi amor de madre, aunque no haya sido deseado ni querido.</p>
<p>No se puede arrancar una planta de sus raíces. El grano que ha caído en una tierra tiene necesidad de crecer allí donde el misterioso, aunque inicuo sembrador, lo ha echado. Realizaré mi vida religiosa de otro modo. No pido nada a mi congregación, que me lo ha dado ya todo. Estoy agradecida a la fraternidad de mis hermanas y a sus atenciones, sobre todo por no haberme molestado con peticiones indiscretas.</p>
<p>Me iré con mi hijo. No sé a dónde, pero Dios, que ha roto de improviso mi mayor alegría, me indicará el camino para cumplir su voluntad. Seré pobre, retomaré el viejo delantal y me pondré los zuecos que usan las mujeres en días de trabajo e iré con mi madre a recoger resina de los pinos de nuestros grandes bosques&#8230; Haré lo posible por romper la cadena de odio que destruye a nuestros países&#8230; Al hijo que espero le enseñaré solamente a amar. Mi hijo, nacido de la violencia, será testigo de que la única grandeza que honra a la persona es la del perdón.</p>
<p><small><br />
Nota: este artículo es un trabajo de 1993 que recibió un premio literario en Italia.<br />
</small></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/carta-de-una-religiosa-que-fue-violada-durante-la-guerra/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La tienda raída</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/la-tienda-raida/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/la-tienda-raida/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 23 Jun 2009 23:48:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas de reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Sister Briege McKenna]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tengoseddeti.org/?p=423</guid>
		<description><![CDATA[
Como joven religiosa, a menudo oía pláticas acerca de vivir en la presencia de Dios. En la sociedad actual, a causa de tanto ruido y de la dificultad de encontrar lugares de silencio, la gente dice que encuentra difícil estar conscientes de Jesús.
Hace algunos años, en mi retiro anual, me vi sometida a tentaciones terribles [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/Sister_Briege.jpg" alt="Sister Briege McKenna" title="Sister Briege McKenna" width="190" height="288" class="alignnone size-full wp-image-424" /></p>
<p>Como joven religiosa, a menudo oía pláticas acerca de vivir en la presencia de Dios. En la sociedad actual, a causa de tanto ruido y de la dificultad de encontrar lugares de silencio, la gente dice que encuentra difícil estar conscientes de Jesús.</p>
<p>Hace algunos años, en mi retiro anual, me vi sometida a tentaciones terribles y al desaliento. Cada tentación que ustedes puedan pensar, yo las tuve esa noche. Camino a Misa a la mañana siguiente, me sentía abatida y deprimida por los ataques y tentaciones de la noche anterior.</p>
<p>Al enfilarme a recibir la Comunión, hice un acto de fe, dije: “Jesús, yo sé que Te estoy recibiendo, pero me siento tan desalentada, tan destrozada y tan indigna de recibirte.”<span id="more-423"></span></p>
<p>Fue así como yo me sentí al comulgar. Al recibir la Hostia Sagrada y volver a mi lugar, recibí una clara imagen de una tienda. Recuerdo haber mirado la tienda y pensar: “Vaya, esa pobre tienda está muy maltratada”. Recuerdo haberla examinado y decir: “Debe haber pasado por una tormenta terrible.”</p>
<p>Al llegar a mi banca y arrodillarme, vi que un hombre entraba en la tienda. Me vi a mí misma en la imagen y cómo le decía yo al hombre: “Oh, no, no puede usted entrar ahí, es un desorden. Está toda estropeada. Tiene agujeros muy grandes.”</p>
<p>El hombre me miró, me sonrió y me dijo: “¿Qué quieres decir con eso? Yo vivo aquí adentro.”</p>
<p>En ese momento, entendí que yo era la tienda raída, que había sido estropeada por las tentaciones a pecar, el desaliento y todas esas cosas que me amenazaron durante la noche. Ahora, Jesús me mostraba que, estropeada y todo, Él seguía haciendo Su morada en mí &#8211; y que acababa de venir nuevamente a mí bajo la apariencia de la Sagrada Hostia.</p>
<p>Fue algo muy humillante: ¡nunca había pensado en mí misma como una tienda raída! Luego sentí como si Jesús me llevara de nuevo al interior de la tienda. Lo vi sentarse a Su mesa y también yo me senté frente a Él. Él me tomó ambas manos y me habló desde el otro lado de la mesa.</p>
<p>Mientras me hablaba, yo miraba la tienda y decía: “¡Dios mío, mira nada más esta tienda! ¿Qué pensará la gente? ¡Mira esta tienda en tan mal estado!”</p>
<p>Me disculpé y aparté mis manos de las manos de Jesús. Empujé la silla, me levanté y comencé a reparar los agujeros de la tienda. Yo pensaba: “¿Qué dirá la gente si ve estos agujeros?” Me puse inmediatamente a hacer que la tienda se viera bien ante los ojos de otras personas.</p>
<p>Fue entonces cuando sentí que Jesús, muy gentilmente, me obligaba a sentarme de nuevo, y me decía: “Briege, si te preocupas por esos agujeros y por tu tarea de repararlos, vas a olvidarte de Mí. Pero si te preocupas por Mí, Yo repararé tu tienda.”</p>
<p>Entendí que estaba pasando mucho tiempo preocupándome por las tentaciones y por mis pecados, por cómo les iba a hacer frente y por lo que las demás personas pensaban. El Señor me mostró que la conversión y el arrepentimiento tienen lugar cuando sólo nos preocupamos de Jesús y nos volvemos a Él. Y es que si nos preocupamos de Jesús, automáticamente nos apartamos del pecado. No podemos prestar toda nuestra atención a Jesús y al mismo tiempo volver a pecar.</p>
<p>Esto es lo que le sucedió a todos los grandes Santos de la Iglesia: ellos se volvieron a Jesús, apartándose del pecado. Tomemos, por ejemplo, a San Francisco de Asís. Él hizo de Jesús su única preocupación y se olvidó completamente de todo lo que estaba mal en su vida. Dios se hizo cargo de eso. Lo mismo le ocurrió a San Pablo, a San Pedro, a San Ignacio, a Santa María Magdalena y a Santo Tomás de Aquino, para nombrar tan solo a unos cuantos.</p>
<p>Todos tenemos que recordar que cuando pecamos, no debemos obsesionarnos con el pecado y seguir pensando en él, sino volvernos a Jesús. Cuando comenzamos a tratar de complacer a Jesús y vivir por Él, entonces Él cambia nuestra vida.</p>
<p>El Señor me enseñó esta segunda lección usando la imagen de la tienda de campaña. De nuevo, me encontraba sentada a la mesa con Él. Me asomé fuera de la tienda y vi que personas con muchos problemas, enfermedades y dificultades se acercaban a la tienda. Yo dije: “Señor, tengo que irme, porque todas esas personas me necesitan.” Me levanté de un salto y dije: “Dios mío, ¿pero cómo voy a manejar todos esos problemas, a tantas personas y con tantos problemas?”</p>
<p>Mientras estaba parada a la entrada de la tienda tratando de pensar cómo iba a ayudarlas, de nuevo sentí la mano de Jesús haciéndome regresar a Él. Moviendo su dedo índice me dijo con una pequeña sonrisa: “Ellas no vienen a ti para que les resuelvas sus problemas. Ellas sólo vienen a ti porque Yo vivo en ti. Si te levantas y dices: ‘Tengo que hacerlo’, entonces olvidarás que Yo soy quien sana y quien da la paz. Yo soy quien sana a los enfermos. Lo único que necesito de ti es que seas un instrumento. Así que ahora siéntate y déjame a Mí ir a la puerta.”</p>
<p>Me vi a misma sonreír al decirle a Jesús: “Sí, ahora sé por qué me dijiste que cuando alguien confía en Ti no fracasa. Pero si trato de hacer las cosas por mí misma, fracasaré.”</p>
<p>A partir de esa experiencia, fui más consciente de que es Jesús quien tiene el poder y quien realiza toda la obra. Como dice San Pablo: <em>“&#8230; ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí”</em> (Gal 2,20). Frecuentemente, cuando recibo invitaciones para ir por todo el mundo a hablarles a toda clase de personas -obispos, sacerdotes, médicos- suelo pensar: “Yo no puedo hacerlo”. Y escucho a Jesús decirme: “No, tú no puedes, pero Yo sí. Déjame hacerlo a través de ti”.</p>
<p>Es cierto. Yo no puedo hacerlo. El día que yo crea que puedo, será porque me he escapado y lo he dejado a Él sentado solo en la mesa, en la tienda raída.</p>
<p>El día que yo trate de hacerlo por mí misma, será un día en que quedaré frustrada y cometeré muchos errores. Será el día en que Briege comience a edificar su propio reino en lugar del Reino del Señor.</p>
<p><small><br />
Tomado del libro <em>“Los milagros sí ocurren”</em>, de Sister Briege McKenna.<br />
</small></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/la-tienda-raida/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La Lola&#8230;</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/la-lola/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/la-lola/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 12 Jun 2009 04:59:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas de reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://74.55.11.82/~tengo113/?p=360</guid>
		<description><![CDATA[
Lola ha vivido con nosotros durante los últimos meses y durantes ese tiempo ya se ha ganado una esquinita muy especial en nuestros corazones&#8230; Verán, Lola es una pequeña “puppy” Shih Tzu que Noemí, mi esposa, me regaló para el “Día de los Padres” y que junto con Mitzi (nuestra perra Akita de 12 años) [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/lola.jpg" alt="La Lola" title="La Lola" width="230" height="185" class="alignnone size-full wp-image-361" /></p>
<p>Lola ha vivido con nosotros durante los últimos meses y durantes ese tiempo ya se ha ganado una esquinita muy especial en nuestros corazones&#8230; Verán, Lola es una pequeña “puppy” Shih Tzu que Noemí, mi esposa, me regaló para el “Día de los Padres” y que junto con Mitzi (nuestra perra Akita de 12 años) comparte nuestra rutina diaria.</p>
<p>Lola vive dentro de la casa, duerme en nuestra habitación y su vida transcurre entre los pies de Noemí y los míos. Siempre está siguiéndonos por toda la casa, como si no hubiera nada más importante para ella que acompañarnos todo el tiempo y robarnos alguna caricia de cuando en cuando.<span id="more-360"></span> Lola siempre está atenta a cada palabra que decimos, aunque no sea con ella, y basta que escuche nuestras voces para que se sienta feliz. Inclusive, hay veces que, por la manera como mueve su cabecita de lado a lado, parece como si entendiera lo que decimos&#8230;</p>
<p>Cuando llega alguna visita a la casa, Lola los recibe moviendo su colita con mucho entusiasmo, corriendo de un lado para otro y buscando la manera de agradar a nuestros amigos. Pero cuando hace alguna travesura y recibe un regaño, se acuesta con la cabecita en el piso y carita de tristeza, como si tratara de mitigar su culpa y ganar nuestro perdón&#8230;</p>
<p>Algo que me resulta muy simpático es cuando alguno de nosotros se levanta de madrugada para ir al baño&#8230; Lola se levanta de su camita y nos acompaña. Entre dormida y despierta, camina detrás de nosotros y cuando llega al baño, se deja caer en la alfombra a esperar que terminemos para volver a acompañarnos de vuelta a la cama&#8230; Pareciera como si su único propósito en la vida fuera complacernos en todo.</p>
<p>Me imagino que se deben estar preguntando, ¿a dónde nos lleva Romualdo con todo este cuento de Lola? Pues resulta que hoy, al igual que todos los martes, yo estaba en oración ante el Santísimo mientras que afuera caía un gran aguacero. Mientras hablaba con Jesús me vino a la mente San Francisco de Asís y cómo él veía a Dios en toda la creación: la hermana lluvia, el hermano viento, la hermana luna, el hermano sol&#8230;</p>
<p>Fue entonces que recordé a Lola&#8230; y era como si Jesús me dijera:</p>
<p><strong><em>“Aprende de ella&#8230; para que vivas siempre echado a Mis pies&#8230; a la escucha de Mi Palabra&#8230; atento a Mi Voluntad&#8230; Para que siempre estés dispuesto, con humildad y alegría, a buscar la forma de agradar a Mis amigos, o sea, tu prójimo&#8230; Y si caes en el camino&#8230; ven arrepentido, sabes que te espero en el confesionario para darte Mi perdón&#8230; Pero, sobre todo, recuerda que te amo&#8230; por eso me quedé en la Eucaristía, para que siempre puedas estar cerca de mi Corazón”&#8230;</em></strong></p>
<p>Esta tarde, cuando regresé a la casa, Noemí me miró extrañada cuando me escuchó que dije: <em>“¡Gracias, hermana Lola&#8230; por haberme acercado un poquito más a Dios!”</em></p>
<p><small><br />
Una versión más corta de este artículo fue publicada en el semanario católico <a href="http://www.elvisitante.net/" target="_blank">El Visitante</a>, edición del 12 al 18 de febrero de 2006, Año XXXII, Núm. 17<br />
</small></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/la-lola/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Lectura espiritual del poema “Nada te turbe”</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/lectura-espiritual-del-poema-%e2%80%9cnada-te-turbe%e2%80%9d/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/lectura-espiritual-del-poema-%e2%80%9cnada-te-turbe%e2%80%9d/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 09 Jun 2009 03:26:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas de reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://74.55.11.82/~tengo113/?p=213</guid>
		<description><![CDATA[Parece casi superfluo hacer la presentación del poema de la Santa. ¿Quién no lo conoce? Lo hemos leído de letra suya, más o menos imitada. Lo hemos cantado musitando su música sedante. Tantas veces hemos repetido sus versos en grupos de oración, haciendo espacio al silencio de todos. En momentos difíciles se lo hemos insinuado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Parece casi superfluo hacer la presentación del poema de la Santa. ¿Quién no lo conoce? Lo hemos leído de letra suya, más o menos imitada. Lo hemos cantado musitando su música sedante. Tantas veces hemos repetido sus versos en grupos de oración, haciendo espacio al silencio de todos. En momentos difíciles se lo hemos insinuado al amigo: ¡mira que todo se pasa! Nada te turbe, decía Santa Teresa. Que Dios está por encima de todo&#8230;</p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-214" title="Nada te turbe" src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/teresa_jesus.jpg" alt="Nada te turbe" width="200" height="280" /></p>
<p>Es tan breve el poema, que apenas ocupa espacio. Lo reproducimos una vez más, para leerlo pausadamente y desgranar uno a uno la espiga de sus versos:</p>
<p style="text-align: center;">
<strong><em>Nada te turbe,<br />
nada te espante,<br />
todo se pasa,<br />
Dios no se muda,<br />
la paciencia<br />
todo lo alcanza.<br />
Quien a Dios tiene,<br />
nada le falta.<br />
¡Sólo Dios basta!</em></strong><br />
<span id="more-213"></span></p>
<p>¿Cómo leer el poema? ¿Es -como se ha dicho- un salmo teresiano?</p>
<p>En tal caso ¿cómo entenderlo y apropiárnoslo? ¿Es un salmo sapiencial, de corte “gnómico”, como pretenden los entendidos? ¿O es un salmo íntimo, como ciertos poemas del salterio bíblico, que invitan a la propia alma a prorrumpir en determinados sentimientos? Por ejemplo, <em>“Alaba, alma mía al Señor, y todo mi ser a su santo nombre”</em>.</p>
<p>Si es un breve salmo sapiencial, hay que leerlo dejándole flecharnos el alma con el dardo de cada verso, cargado de resonancias, que desde cada sentencia nos devuelven a las sendas de la propia vida, sendas a veces tortuosas, a veces encrespadas o espinadas.</p>
<p>Si, en cambio, es un salmo íntimo, nos introduce en el alma de la autora, que se va diciendo a sí misma: “Teresa, que nada te turbe”&#8230;</p>
<p>Sí, son dos lecturas posibles, o dos ensayos de escucha ante la melodía de cada verso. Personalmente, prefiero la segunda. El <strong>“nada te turbe”</strong> es un requiebro en soledad. Teresa escribe su poema a solas. Como hacen siempre o casi siempre los poetas líricos y los místicos. Cierto que ella no compone esos versos como un billete de envío para convertirlos en misiva espiritual para alguno de sus amigos. Los compone como una vivencia más, o como simple latido del alma.</p>
<p>En primer lugar, Teresa no suele tutear a sus amigos. Ni siquiera a su hermana Juana o a su sobrina Teresita. Basta leer las cartas que les dirige. A Teresita, por ejemplo: “&#8230;hija mía, mucho me holgué con su carta y de que le den contento las mías&#8230;” A Teresa la tutea la voz interior: “Teresa, no hayas miedo”; “no te metas en eso!”; “diles que si podrán por ventura atarme las manos”; “¿en fríos te detienes?” “¡Ahora, Teresa ten fuerte!” Pero en ese diálogo, ella es la destinataria del tuteo. La tutea su Señor, como en la Biblia.</p>
<p>Ella, en cambio, sólo se tutea hablando consigo misma. Mejor dicho, ella tutea a la Teresa profunda, la de su interior: “¡tú, alma mía, por qué estás triste!” “O vida, vida, ¿cómo puedes sustentarte estando ausente de tu Vida? En tanta soledad, en qué te empleas, qué haces&#8230;” “Oh ánima mía, deja hacerse la voluntad de tu Dios. Eso te conviene”, etc. Así en las Exclamaciones y en Vida: <em>“Paréceme fuera bien, oh ánima mía, que miraras el peligro de que el Señor te había librado&#8230;”</em> (5,11).</p>
<p>Notémoslo bien. Teresa es capaz de ese extraño desdoblamiento de personalidad que le permite hablar con el tú de sí misma. Exactamente con su tú interior. Ella tiene densa interioridad. Hablando del “castillo de su alma”, ¿no dijo ella que se parecía a un castillo entablado de moradas? Está convencida de que, en esa densidad del alma, le es posible enviar mensajes (o clamores) desde las moradas superficiales hasta la morada central del castillo. Porque el tú más identificado con ella reside ahí en lo hondo. Pues&#8230; ahí en lo hondo, se despliega su poema: “Teresa, que nada te turbe&#8230;”</p>
<p>Aparte esa clave literaria o estilística, hay todavía otra razón puramente espiritual, para proponer la lectura del poema como un murmullo de intimidad. A Teresa le han pasado ya tantas cosas en la vida. En su drama interior le ha ocurrido una tremenda, que la ha llenado de sobresalto. Fue el encuentro repentino con una Presencia interior que la traspasa y la desborda. Esa Presencia novedosa la desconcierta de tal suerte, que de pronto en su interior surge una voz capaz de sedar todo el oleaje. La voz interior le dice: “no hayas miedo, Teresa”. Refrendado por el tremendo “Yo soy” de la Biblia. Exactamente estas tres palabras: “No hayas miedo, hija / que Yo soy / y no te desampararé” (Vida 25,18).</p>
<p>Ese “no hayas miedo, hija”, ¿no sería el punto de arranque de su inspiración poética y mística? En el libro de la Vida, Teresa lo comenta así: “Paréceme que, según estaba (yo), eran menester muchas horas para persuadirme a que me sosegase, y que no bastare nadie. Heme aquí con solas estas palabras sosegada, con fortaleza, con ánimo, con seguridad, con una quietud y luz, que en un punto vi mi alma hecha otra&#8230; ¡Oh, qué buen Dios!” (ib).</p>
<p>Pues bien. Sabemos que los auténticos poemas líricos, una vez creados, se hacen autónomos, tienen vida propia, alejados de la voluntad del autor que los compuso. Y que por eso, son polivalentes o polisémicos. Cada lector puede escucharlos libremente: o como una voz en que Teresa excepcionalmente lo tutea: “a ti, lector, ¡qué nada te turbe!”&#8230; O mientras lee, puede sentirse convocado a ese misterioso ámbito en que a la autora le suceden cosas y cosas&#8230;, y él la escucha diciéndose a sí misma: “Teresa, ¡qué nada te turbe!, ¡qué ‘Yo soy’ está contigo!” Como ese “Yo soy” estaba con Moisés.</p>
<p>No lo olvidemos. Teresa es una contemplativa. Se nutre de palabra bíblica. A través de sus meditaciones, tantas palabras bíblicas se le han quedado prendidas de las cuerdas del arpa interior.</p>
<p>En nuestro poema, lo cierto es que cada verso resulta ser un anillo de empalme con palabras bíblicas que ella ha pasado tantas veces desde el libro a los ojos, y desde los ojos al alma.</p>
<p>Nosotros, lectores de su poema, podemos rastrear el eco de esas vibraciones. Sin pretensiones de erudita búsqueda literaria. Sino como prolongaciones de onda en la vivencia espiritual de Teresa orante o de Teresa poeta.</p>
<p>El verso primero, nada te turbe, es claro eco de la palabra de Jesús a los amedrentados discípulos, momentos antes de la Pasión: <em>“que no se turbe vuestro corazón”</em> (Juan 14,1).</p>
<p>El verso segundo, <strong>“nada te espante”</strong>: no habla de susto sino de asombro. (Basta recordar cualquier otro pasaje teresiano: se le conmovía de gozo el alma, “espantada (=asombrada) de la gran bondad y magnificencia y misericordia de Dios”, (Vida 4,10). También es resonancia del asombro de los discípulos ante los gestos taumatúrgicos de Jesús: <em>“¿Eso os asombra? ¡Cómo os admiraréis cuando veáis al Hijo del Hombre subir adonde residía antes!”</em> (Juan 6,63)</p>
<p>El verso <strong>“todo se pasa”</strong>, que materialmente remite a la consigna del filósofo griego “panta rei = todo pasa”, también es eco de la palabra de Pablo: <em>“pasa este mundo”</em> (1Corintios 7,31), o las palabras de Jesús: <em>“cielo y tierra pasarán”</em> (Mateo 34,25), seguidas de la eterna vigencia de la palabra de Jesús (<em>“mis palabras no pasarán”</em>), que da paso a la sentencia del verso siguiente.</p>
<p><strong>“Dios no se muda”</strong>&#8230; Sí, el Señor y su verdad permanecen para siempre (Salmo 116,2). Para Teresa, la fidelidad de Dios en la amistad (<em>“él es amigo verdadero”</em>) contrasta con la versatilidad de las amistades humanas: “Vos sois el amigo verdadero&#8230; Todas las cosas faltan. Vos, Señor de todas ellas, nunca faltáis&#8230;, que ya tengo experiencia de la ganancia con que sacáis a quien sólo en Vos confía” (Vida 25,17). Es un anticipo del verso último del poema.</p>
<p><strong>“La paciencia / todo lo alcanza”</strong>&#8230; Se lo decía Jesús a los discípulos anunciándoles las persecuciones: <em>“con vuestra paciencia poseeréis vuestra aloma, vuestra vida”</em> (Lucas 21,19). El verso final: <strong>¡sólo Dios Basta!</strong> Es la palabra lema de los contemplativos. Es el <em>“sólo Dios”</em> de San Bernardo o del hermano Rafael, “Solas con Él solo”, será el lema teresiano para las jóvenes pioneras del Carmelo de San José.</p>
<p>Los tres absolutos del poema son éstos:</p>
<ul>
<li>nada, nada, nada</li>
<li>todo, todo</li>
<li>¡sólo Dios!</li>
</ul>
<p>Tres nadas, dos todos, un único sólo Dios&#8230;</p>
<p>Es posible que la dosis balsámica y sedante que desde el poema impregna al lector se deba a la cadencia de los dos versos finales, con su asonancia en a-a: <strong>“nada le falta / sólo Dios basta”</strong>. Asonancia suavemente introducida en versos anteriores: <strong>“todo se pasa / todo lo alcanza”</strong>.</p>
<p>Pero, sin duda, más fuerte que esa cadencia musical es lo medular y absoluto del mensaje que nos llega a través del poema, con su alternancia de todos / nadas / sólo Dios. Tres veces nada, nada, nada. Dos veces el todo, todo: <strong>“todo se pasa / todo lo alcanza”</strong>. Y una vez sola, pero cerrando el poema en el verso final: <strong>“¡sólo Dios!”</strong> y punto. O <strong>“¡sólo Dios!”</strong> y basta. Si el poema era un sedante psicológico, por encima de la psicología prevalece la teología de la contemplativa y mística que es Teresa.</p>
<p><small><br />
Autor: Padre Tomás Álvarez, OCD<br />
Fuente: Revista “Teresa de Jesús”, No. 109<br />
Lectura espiritual del poema “Nada te turbe”,<br />
de Santa Teresa de Jesús<br />
</small></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/lectura-espiritual-del-poema-%e2%80%9cnada-te-turbe%e2%80%9d/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Dios es el protagonista en la oración</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/dios-es-el-protagonista-en-la-oracion/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/dios-es-el-protagonista-en-la-oracion/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 09 Jun 2009 02:42:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas de reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Pablo II]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://74.55.11.82/~tengo113/?p=210</guid>
		<description><![CDATA[
La oración puede cambiar vuestra vida. Ya que aparta vuestra atención de vosotros mismos y dirige vuestra mente y vuestro corazón hacia el Señor. Si nos miramos solamente a nosotros mismos, con nuestras limitaciones y nuestros pecados, tomará cuerpo en nosotros con suma rapidez la tristeza y el desconsuelo. Pero si tenemos nuestros ojos fijos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/jpii_oracion.jpg" alt="Dios es el protagonista en la oración" title="Dios es el protagonista en la oración" width="225" height="275" class="alignnone size-full wp-image-211" /></p>
<p><strong>La oración puede cambiar vuestra vida. Ya que aparta vuestra atención de vosotros mismos y dirige vuestra mente y vuestro corazón hacia el Señor.</strong> Si nos miramos solamente a nosotros mismos, con nuestras limitaciones y nuestros pecados, tomará cuerpo en nosotros con suma rapidez la tristeza y el desconsuelo. Pero si tenemos nuestros ojos fijos en el Señor, entonces nuestro corazón se llenará de esperanza, nuestra mente se iluminará por la luz de la verdad, y llegaremos a conocer la plenitud del Evangelio con todas sus promesas y su vida.<span id="more-210"></span></p>
<p><strong>¿Qué es la oración? Comúnmente se considera una conversación.</strong> En una conversación hay siempre un «yo» y un «tú». En este caso un Tú con mayúscula. La experiencia de la oración enseña que si inicialmente el «yo» parece el elemento más importante, uno se da cuenta luego de que en realidad las cosas son de otro modo. <strong>Más importante es el Tú, porque nuestra oración parte de la iniciativa de Dios.</strong></p>
<p><strong>¿Cómo reza el Papa? Os respondo: como todo cristiano: habla y escucha.</strong> A veces, reza sin palabras, y es entonces cuando más escucha. Lo más importante es precisamente lo que «oye». Trata también de unir la oración a sus obligaciones, a sus actividades, a su trabajo, y unir su trabajo a la oración.</p>
<p>Orar no significa sólo que podemos decir a Dios todo lo que nos agobia. <strong>Orar significa también callar y escuchar lo que Dios nos quiere decir.</strong></p>
<p><strong>La oración debe abrazar todo lo que forma parte de nuestra vida.</strong> No puede ser algo suplementario o marginal. Todo debe encontrar en ella su propia voz. También todo lo que nos oprime; de lo que nos avergonzamos; lo que por su naturaleza nos separa de Dios. Precisamente esto, sobre todo. La oración es la que siempre, primera y esencialmente, derriba la barrera que el pecado y el mal pueden haber levantado entre nosotros y Dios.</p>
<p><strong>Debemos orar también porque somos frágiles.</strong> Es preciso reconocer humildemente y en forma realista que somos pobres criaturas, con ideas confusas, tentadas por el mal, frágiles y débiles, con necesidad continua de fuerza interior y de consuelo.</p>
<p><strong>La oración es el reconocimiento de nuestros límites y de nuestra dependencia:</strong> venimos de Dios, somos de Dios y retornamos a Dios. Por lo tanto, no podemos menos que abandonarnos en Él, nuestro Creador y Señor, con plena y total confianza.</p>
<p><strong>Si tratáis a Cristo</strong>, oiréis también vosotros en lo más íntimo del alma los requerimientos del Señor, sus insinuaciones continuas.</p>
<p><strong>En la oración, pues, el verdadero protagonista es Dios.</strong> El protagonista es Cristo, que constantemente libera la criatura de la esclavitud de la corrupción y la conduce hacia la libertad, para gloria de los hijos de Dios. Protagonista es el Espíritu Santo, que «viene en ayuda de nuestra debilidad».</p>
<p><strong>Procurad hacer un poco de silencio también vosotros en vuestra vida para poder pensar, reflexionar y orar con mayor fervor y hacer propósitos con más decisión.</strong> Hoy resulta difícil crearse «zonas de desierto y silencio» porque estamos continuamente envueltos en el engranaje de las ocupaciones, en el fragor de los acontecimientos y en el reclamo de los medios de comunicación, de modo que la paz interior corre peligro y encuentran obstáculos los pensamientos elevados que deben cualificar la existencia del hombre.</p>
<p><strong>Dios nos oye y nos responde siempre, pero desde la perspectiva de un amor más grande y de un conocimiento más profundo que el nuestro.</strong> Cuando parece que Él no satisface nuestros deseos concediéndonos lo que pedimos, por noble y generosa que nuestra petición nos parezca, en realidad Dios está purificando nuestros deseos en razón de un bien mayor que con frecuencia sobrepasa nuestra comprensión en esta vida. El desafío es «abrir nuestro corazón» alabando su Nombre, buscando su Reino, aceptando su Voluntad.</p>
<p>Cuando recéis debéis ser conscientes de que la oración no significa sólo pedir algo a Dios o buscar una ayuda particular, aunque ciertamente la oración de petición sea un modo auténtico de oración. <strong>La oración, sin embargo, debe caracterizarse también por la adoración y la escucha atenta</strong>, pidiendo perdón a Dios e implorando la remisión de los pecados.</p>
<p><strong>La oración debe ir antes que todo:</strong> quien no lo entienda así, quien no lo practique, no puede excusarse de la falta de tiempo: lo que le falta es amor.</p>
<p><strong>No pocas veces acaso podemos sentir la tentación de pensar que Dios no nos oye o que no nos responde.</strong> Pero, como sabiamente nos recuerda san Agustín, Dios conoce nuestros deseos incluso antes de que se los manifestemos. Él afirma que la oración es para nuestro provecho, pues al orar «ponemos por obra» nuestros deseos, de tal manera que podemos obtener lo que ya Dios está dispuesto a concedernos. Es para nosotros una oportunidad para «abrir nuestro corazón».</p>
<p><strong>Para orar hay que procurar en nosotros un profundo silencio interior.</strong> La oración es verdadera si no nos buscamos a nosotros mismos en la oración, sino sólo al Señor. Hay que identificarse con la Voluntad de Dios, teniendo el espíritu despojado, dispuesto a una total entrega a Dios. Entonces nos daremos cuenta de que toda nuestra oración converge, por su propia naturaleza, hacia la oración que Jesús nos enseñó y que se convierte en su única plegaria en Getsemaní: «No se haga mi voluntad, sino la tuya».</p>
<p><strong>La oración puede definirse de muchas maneras.</strong> Pero lo más frecuente es llamarla un coloquio, una conversación, un entretenerse con Dios. Al conversar con alguien, no solamente hablamos sino que además escuchamos. La oración, por tanto, es también una escucha. Consiste en ponerse a escuchar la voz interior de la gracia. A escuchar la llamada.</p>
<p><strong>El hombre no puede vivir sin orar</strong>, lo mismo que no puede vivir sin respirar.</p>
<p><strong>A través de la oración, Dios se revela en primer lugar como Misericordia</strong>, es decir, como Amor que va al encuentro del hombre que sufre. Amor que sostiene, que levanta, que invita a la confianza.</p>
<p><strong>La intervención humanitaria más poderosa sigue siendo siempre la oración</strong>, pues constituye un enorme poder espiritual, sobre todo cuando va acompañada por el sacrificio y el sufrimiento.</p>
<p><strong>La oración es también una arma para los débiles y para cuantos sufren alguna injusticia.</strong> Es el arma de la lucha espiritual que la Iglesia libra en el mundo, pues no dispone de otras armas.</p>
<p>San Pablo, orando en medio de las dificultades de la vida, oyó estas palabras del Señor: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». <strong>La oración es la primera y fundamental condición de la colaboración con la gracia de Dios.</strong> Es menester orar para obtener la gracia de Dios y se necesita orar para poder cooperar con la gracia de Dios.</p>
<p><small><br />
SS Juan Pablo II<br />
Fuente: Catholic.net<br />
</small></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/dios-es-el-protagonista-en-la-oracion/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Amado Jesús</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/amado-jesus/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/amado-jesus/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 09 Jun 2009 02:15:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas de reflexión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://74.55.11.82/~tengo113/?p=207</guid>
		<description><![CDATA[
Amado Jesús,
Quiero volver ser como un niño, aquel que confía plenamente en su padre. Deseo saber como escuchar cuando quieres educarme y hacer cuanto tú me pidas. Cuán distinto soy hoy día, me envuelve el tiempo, los quehaceres y las muchas distracciones que suelen surgir durante el mismo. Quisiera aprender sacar el tiempo para ti [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/amado_jesus.jpg" alt="Amado Jesús" title="Amado Jesús" width="250" height="186" class="alignnone size-full wp-image-208" /></p>
<p>Amado Jesús,</p>
<p>Quiero volver ser como un niño, aquel que confía plenamente en su padre. Deseo saber como escuchar cuando quieres educarme y hacer cuanto tú me pidas. Cuán distinto soy hoy día, me envuelve el tiempo, los quehaceres y las muchas distracciones que suelen surgir durante el mismo. Quisiera aprender sacar el tiempo para ti y poder comprender muchas cosas. Hoy sufro de orgullo, de soberbia y de desconfianza. Mi corazón herido se ha convertido en un corazón duro y distante de mi Dios y de mi prójimo. No comprendo la gente porque no deseo comprender, no escucho la gente porque no quiero escuchar, no motivo a la gente porque me falta motivación, cuán necio soy. ¿Qué busco? ¿Qué quiero? A caso lo sabes tú.<span id="more-207"></span></p>
<p>Recuerdo que en la niñez sabía como aprovechar bien mí tiempo y hasta podía descansar bajo un árbol sin que nadie interrumpiera ese momento sagrado. A veces solo miraba el cielo, contemplaba la forma en que se movían las ramas de los árboles y disfrutaba de la suave brisa del viento que acariciaba mi rostro. Sí, recuerdo también como añoraba encontrarme con mis amigos y escuchar lo que habían hecho durante el día. ¡Cuántas risas y momentos agradables! Hay breves instantes en que surge en mi mente escenas de veces en que te hablaba y en ocasiones que me maravillaba el por qué yo podía ver, moverme y hablar. Me maravillaba el ver cuantas cosas increíbles no comprendía pero al pasar el tiempo y al crecer como adulto, dejé de sentir esas maravillas. Ya comprendía con mi propia inteligencia y podía entender el por qué de muchas cosas y perdí la capacidad de maravillarme, de escucharte y de verte en todo lo que me rodeaba. Lo que hoy más me causa tristeza es ver cuanto ya no te veo en la gente. ¡Cuántos hombres han perdido la sensibilidad del corazón! ¡Cuántos han podido disfrutar de la sabiduría de Dios y la han remplazado con la sabiduría humana! Sí, yo mismo me incluyo y me causa gran tristeza en ver el estado en que me encuentro hoy. Hasta cuando voy a seguir perdiendo mi tiempo en cosas inútiles y pasajeras. ¿A donde voy Señor? ¿Dime, a donde voy?</p>
<p>Cuánto deseo ser niño otra vez y abrazarme junto a mi padre, sentarme en su falda y escuchar la melodiosa voz que me habla. Cuánto quisiera saber abandonarme ahora sin miedos y rodeos, sin poner obstáculos y pausas. ¿Qué me pasa Señor? ¿Hasta cuándo, hasta cuándo? Quiero, deseo y busco ser como niño otra vez. Capacítame Señor, muéstrame cómo saber escuchar, hablar y morir al hombre orgulloso, a la soberbia y a la dureza de corazón.</p>
<p>Dame luz, dame verdad, dame fe Señor. No ignores mi petición, enséñame y llévame nuevamente ante ti como antes. Ya no quiero ser igual, quiero producir frutos en mi vida. Quiero saber ser hermano, prójimo, amigo de Dios, amigo del hombre. Quiero saber amarme y dejarme amar, valorarme y saber valorar, escucharte y saber escuchar, amarte y yo amar. ¿Dime Señor, que tengo que hacer para ser libre de este hombre que me tiene prisionero?</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Los pensamientos de los hombres no son como los de Dios. Dios es sencillo en sus palabras, Él se regocija en aquellos que hacen buen uso de los dones que se le han dado. El hombre sin temor de Dios se distancia y se le endurece el corazón. Poco a poco se enferma el alma, comienza la ceguedad y sordera espiritual. Su propia sabiduría lo transforma en hombre soberbio e indiferente. Gota a gota y paso a paso desvanece su sensibilidad y su sencillez. El niño interior comienza disminuir y se da el fenómeno del hombre que se quedó en el desierto dando vueltas por cuarenta años.</p>
<p>Me preguntas hasta cuándo pues, bien, te diré. <strong>Hasta cuándo tú quieras que sea.</strong> Solo cuando aceptes que <strong>yo soy tu todo</strong>, entonces podrás ver, escuchar y vivir como hombre de Dios. Es entonces que podrás ser como niño porque habrás comenzado a salir del desierto y has podido comprender el amor. El amor lo abarca todo, es libertad, es paz, es luz y es saber vivir en Dios y con Dios en el mundo. Habrá de reconocerme en el prójimo decaído, pobre, humilde, sencillo y amado por mi. Habrá de reconocer los dones del hermano sin sentir celos espirituales, habrá de apreciar y dar gracias por aquellos que trabajan por Dios, habrá de manifestarte en gozo espiritual y en la luz del Espíritu.</p>
<p>Dices que quieres ser como niño otra vez pero, eso se queda en un círculo infinito de petición cuando no ejerces el primer paso, el de lanzarte sin miedo, el de <strong>reconocer las propias debilidades del corazón</strong>. Es <strong>hacer abandono</strong>, ser como un niño que confía plenamente en el padre como lo hizo Abraham con Isaac ante la petición de mi Padre a que se lo ofreciera como sacrificio a Él. Es saber escuchar en todo momento, saber realizar en obras tus palabras ante Dios. Sí, es ser presencia ante Dios que está presente ante ti.</p>
<p>Ser como niño es depender con plena confianza en la sabiduría de Dios, vivirla y hacerla tuya en tus obras. Es saber de todo corazón que todo cuanto posee te lo ha dado Dios. Es ver cuanto te ama y responderle a Él en el prójimo necesitado y en dar tu sí a Dios. Dices que quieres volver escuchar las palabras de tu padre, sentarte en su falda, pues <strong>ven, no esperes más y acepta el amor de Dios, vívelo y entrégate a Él.</strong></p>
<p><small><br />
Autor: Bernarda Coll Vélez<br />
</small></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/amado-jesus/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
