Posts Tagged ‘dogmas marianos’

05.27.2010, 8:26

La Asunción de María

El dogma de la Asunción se refiere a que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen, cumplido el curso de su vida terrena, fue subida en cuerpo y alma a la gloria celestial. Este privilegio de María constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos.

Hay un antiguo escrito que habla del tránsito de María en cuerpo y alma al cielo. Este escrito llamado Transitus fue escrito por Melitón a finales del siglo IV. De esta misma época es el testimonio de san Epifanio, quien sugiere la posibilidad de que el cuerpo glorificado de María esté en el cielo. Sabemos que la fiesta de la Dormición se celebraba en Jerusalén desde el siglo VI, y en Constantinopla desde el año 600. También, en el siglo VIII encontramos hermosas homilías sobre la Asunción, nombre que parece más antiguo que el de Dormición. Entre los autores de estas homilías están san Modesto, san Germán de Constantinopla, san Andrés de Creta y, especialmente, san Juan Damasceno.

San Gregorio de Tours, en el año 590, escribe en su libro Miraculorum: in gloria martyrum: “Los apóstoles se repartieron por diferentes países para predicar la palabra de Dios. Más tarde, la bienaventurada María llegó al fin de su vida y fue llamada a salir de este mundo. Entonces, todos los apóstoles vinieron a reunirse en la casa de María y, al saber que debía salir de este mundo, permanecieron todos juntos velando. De repente, el Señor apareció con sus ángeles, cogió su alma, se la entregó a Miguel, el arcángel, y desapareció. Al amanecer, los apóstoles tomaron el cuerpo, lo pusieron sobre una camilla y lo colocaron en una tumba, velándolo mientras esperaban la venida del Señor. Y, de nuevo, se presentó el Señor, de repente, y mandó que el santo cuerpo fuera levantado y llevado al paraíso sobre una nube. Allí, reunido con su alma, se llena de gozo con los elegidos de Dios y disfruta de las bendiciones de la eternidad, que nunca terminarán”.

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05.16.2010, 8:58

La Inmaculada Concepción

Desde el siglo II, aparecen fórmulas claras de la íntima unión de Jesús y María en la lucha contra el demonio. Veamos el primer anuncio de la salvación que aparece en el Protoevangelio cuando Dios dice a la serpiente: «Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar» (Gn 3,15). San Ireneo, san Epifanio, san Cipriano, san Isidoro Pelusio y san Justino son algunos de los ven aquí la promesa de que el demonio nunca tendría dominio sobre María, intuyendo así que no tuvo pecado original, siendo así inmaculada.

Por otra parte, la comparación que san Pablo hace entre Adán y Cristo, les hace ver el paralelismo entre Eva y María. María es la nueva Eva, la segunda Eva, por quien nos viene la vida. Dice san Ireneo: “Como Eva se hizo desobediente y se hizo causa de muerte para ella y para todo el género humano, así María se ha hecho para ella y para todo el género humano causa de salvación… Lo que había atado la desobediencia de Eva, fue desatado por la obediencia de María y lo que ató Eva por su incredulidad, lo desató la Virgen María por su fe”.

Desde el siglo IV, es común llamar a María la toda santa (panagia en griego), purísima y santísima. Después del concilio de Éfeso, en el siglo V, ya se aclama a María con el título de resplandeciente santidad universal, lo cual significa de alguna manera que es inmaculada. San Efrén, en sus Poemas de Nísibe, canta: “Tú y tu Madre sois los únicos que en todo aspecto sois perfectamente hermosos; pues en Ti, Señor, no hay mancilla, ni mácula en tu Madre”.

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05.10.2010, 6:13

La Virginidad Perpetua de María

El dogma de la virginidad perpetua de María nos enseña que La Virgen fue virgen antes del parto, en el parto y después del parto, es decir, siempre. Así lo ha entendido la Iglesia desde sus comienzos y así lo creemos nosotros.

San Justino, en el siglo II, fue el primero en referirse a María como “La Virgen”, como si este fuera su nombre propio, confesando, implícitamente, su virginidad perpetua. Lo mismo podemos decir de Orígenes y san Hipólito, quienes también llamaban a María “La Virgen”.

San Atanasio escribió: “Jesús, hecho carne, es engendrado en los últimos tiempos de santa María siempre Virgen” (símbolo de Alejandría). San Hilario de Poitiers, en un escrito del año 356, dice que algunos de su tiempo negaban la virginidad de María y los llama individuos sin religiosidad, completamente alejados de una enseñanza espiritual. Y san Jerónimo, san Ambrosio y san Agustín se pronunciaron a favor de la virginidad perpetua ante las herejías de Helvidio, Joviniano y Bonoso.

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05.01.2010, 13:46

María, Madre de Dios

Hoy damos inicio al mes de mayo, mes dedicado a la Bienaventurada Virgen María… así que durante las próximas semanas les estaré presentando algunas reflexiones sobre los dogmas marianos de modo que vayamos conociendo un poco más sobre la historia de nuestra Iglesia y la verdadera devoción a María, Madre de Dios… y precisamente este es el dogma que estaremos viendo hoy: María, Madre de Dios…

Se piensa que la expresión “Madre de Dios”, Theotokos en griego, ya había sido usada por Orígenes en el siglo II. Pero la primera constancia escrita nos llega de Alejandro de Alejandría quien la utiliza en su Epist ad Alexandrum Constantinopolitanum en siglo III.

Ya en ese tiempo era frecuente denominar a María como Madre de Dios. En Manchester, Inglaterra, se conserva un papiro que data del año 250 con una hermosa oración mariana: “Bajo tu protección nos acogemos santa Madre de Dios, no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro. Oh Virgen gloriosa y bendita”. La Iglesia copta de Egipto sigue rezando esta oración desde el siglo III y, al final, añade: “Tú, la sola pura y bendita”, asegurando que María es la única totalmente pura, santa y bendita del género humano. Pero, aunque pone un énfasis en la pureza de María, ya daba por conocido que María era la Madre de Dios.

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