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	<title>tengo sed de Ti &#187; eclesiología</title>
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	<description>«Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo»...</description>
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		<title>Dios sí, Religión no</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Jan 2012 11:55:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[apuntes personales]]></category>
		<category><![CDATA[eclesiología]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2012/01/jesus_religion.jpg" alt="" title="Dios sí, Religión no" width="300" height="224" class="alignright size-full wp-image-4597" /></p>
<p>Cuando hablamos de “religión” nos referimos a una serie de creencias y prácticas sobre lo que el hombre considera divino o sagrado&#8230; estas creencias pueden ser de tipo existencial, moral o sobrenatural&#8230; hay religiones que están organizadas y otras carecen de toda estructura formal&#8230; hay las que agrupan millones de personas y hay las que tienen unos pocos adeptos o seguidores&#8230;</p>
<p>Hay religiones que creen en uno solo dios&#8230; estas se llaman monoteístas y entre ellas se encuentra el Cristianismo, el Judaísmo y el Islam&#8230; también hay religiones que creen en más de un dios, estas se dividen en politeístas (una jerarquía de dioses) y dualistas (dos divinidades opuestas)&#8230; también existen religiones que equiparan el concepto de “dios” al universo o a la naturaleza (Panteísmo)&#8230; e inclusive, hay aquellas que rechazan totalmente el concepto de dios o dioses, como el Budismo y el Taoísmo&#8230;</p>
<p>De esto se desprende que una persona puede ser “religiosa” –creer en “algo” y/o pertenecer a una “religión”– y no necesariamente creer en “dios” de la manera que nosotros, los cristianos, lo entendemos&#8230; por otra parte, si una persona cree en “dios” –independientemente del concepto de “dios” que elija creer–, por definición ya es una persona “religiosa” bien sea que se adhiera a una religión formalmente establecida o tenga su propia religión particular&#8230;</p>
<p>Después de esta no tan breve introducción, les explico que este artículo responde a varios comentarios que he recibido en nuestra página de Facebook&#8230; y que en cierta medida parecen estar “inspirados” por un video que se ha propagado en forma “viral” por las redes sociales&#8230;</p>
<p>El video en cuestión es un poema en el cual su autor presenta las razones por las cuales “odia la religión, pero ama a Jesucristo”&#8230; como explicaba al comienzo, esto es una contradicción pues el mero hecho de amar y pretender seguir a Jesús es, de por sí, un acto religioso&#8230; además, la contracción aumenta cuando vemos que el joven cambia indistintamente entre los conceptos “religión” e “Iglesia” durante su poema con el fin último de probar que Jesús es más que Iglesia/Religión&#8230; tampoco podemos dejar de notar que los “argumentos” que presenta son una serie de medias verdades sacadas fuera de contexto&#8230; lo que hace que me cuestione la honestidad de su intención&#8230;</p>
<p>Iglesia significa “asamblea” y se refiere al grupo de creyentes que comparten unas mismas creencias religiosas o una misma religión&#8230; la Iglesia son los fieles, la religión es lo que los une bajo una fe común&#8230; son realidades complementarias, pero no intercambiables&#8230; de hecho, para un católico Cristo e Iglesia representan una misma realidad&#8230; Cristo es la Cabeza y los fieles conforman su Cuerpo, pero todos juntos forman la Iglesia&#8230; así que no es posible amar a Uno (Cristo) y odiar la otra (Iglesia)&#8230;</p>
<p>Es interesante todo este concepto de pretender ser cristiano y seguir a Jesucristo sin su Iglesia&#8230; en realidad lo que se busca es quitar las normas y cánones&#8230; para, de esta forma, fabricar una iglesia hecha a la medida y según las conveniencias particulares de cada cual&#8230; pero, ¿es eso lo que querría Jesús&#8230;?</p>
<p>La meta de todo discípulo de Jesús debería ser parecerse al Maestro&#8230; y Jesús fue un hombre religioso&#8230; recordemos sus palabras: <em>«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una letra o una tilde de la Ley sin que todo suceda»</em> <small>(Mateo 5, 17-18)</small>&#8230;</p>
<p>La vida de Jesús no puede limitarse a su Sacrificio en la Cruz&#8230; ese fue el acto supremo de Amor de Dios por el cual Cristo redimió a la humanidad&#8230; con éste “se inicia la nueva Creación, en la cual todo hallará de nuevo su pleno sentido y cumplimiento” (CIC 349)&#8230; pero toda su vida, desde que la Anunciación marcó el momento de la Concepción de Jesús en el seno de María&#8230; hasta su Ascensión a los Cielos&#8230; toda palabra, todo gesto y toda enseñanza&#8230; todo iba encaminado a preparar a sus discípulos para que continuaran su Misión de llevar el anuncio de Salvación a todas las gentes&#8230;</p>
<p>Decir que Jesús no quería una Iglesia es erróneo y contrario a las Escrituras&#8230; recordemos que en las cercanías de Cesarea de Filipo, Jesús le pregunta a los Apóstoles quién dicen ellos que es Él&#8230; y ante la confesión de Simón Pedro, Jesús le responde: <em>«Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos»</em> <small>(Mateo 16, 13-19)</small>&#8230; Después de leer este pasaje, ¿cómo puede negarse la intención de Jesús de formar una Iglesia&#8230;?</p>
<p>El Evangelio también nos muestra el deseo de Jesús de que esa Iglesia fuera “una”, como Él y el Padre son uno&#8230; y que en esa unidad, diera testimonio de Él&#8230; Jesús le entrega el poder de retener y perdonar pecados, un poder que solamente le corresponde a Dios y que Él seguirá ejerciendo a través de ellos&#8230; a Pedro le da la encomienda especial de confirmar a los demás Apóstoles en la fe&#8230; y de apacentar a sus ovejas&#8230; finalmente, promete que estará con ellos, con su Iglesia, todos los días hasta el fin del mundo&#8230; y envía al Espíritu Santo para guiarlos&#8230; ¿Cómo puede alguien considerarse seguidor de Jesús si no respeta sus deseos y sigue sus enseñanzas&#8230;?</p>
<p>El libro de los Hechos y las Cartas de los Apóstoles nos muestran cómo era la Iglesia primitiva&#8230; y observamos una Iglesia jerárquica, donde se acudía a los Apóstoles para la toma de decisiones&#8230; vemos cómo la celebración cristiana se establece en torno a la Fracción del Pan&#8230; y cómo Pablo advierte de no acercarse a esta “Cena” indignamente&#8230; esa es la Iglesia que preservó las Tradiciones que los Apóstoles recibieron de Jesús&#8230; y las transmitió a las siguientes generaciones&#8230; es en esa Iglesia donde nació la Biblia&#8230; y es esa Iglesia la que le confiere la autoridad para considerarla “Palabra de Dios”&#8230; sin ella no conoceríamos a Jesús&#8230; y fuera de ella no somos verdaderos discípulos suyos&#8230;</p>
<p>Seguir a Dios –al Dios de los cristianos– sin su Iglesia es una tarea difícil&#8230; pretender seguirlo sin ninguna iglesia o sin una religión no sólo es imposible, sino que carece de todo sentido y razón&#8230; solamente una cosa tengo clara al ver el éxito aparente de este video en las redes sociales: la superficialidad con la que las gentes reciben el mensaje del Evangelio&#8230; y la ignorancia que impera en los “cristianos” sobre el Dios que dicen seguir&#8230;</p>
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		<title>La Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Jul 2011 04:15:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Videos]]></category>
		<category><![CDATA[eclesiología]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[videos]]></category>

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		<description><![CDATA[Un amigo evangélico me dijo: “creo que estas decidido a convencer a los demás de que la iglesia católica es la única esperanza para la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2011/07/charla-fernando.jpg" alt="" title="Fernando Casanova en &quot;La Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica&quot;" width="200" height="300" class="alignright size-full wp-image-3048" /></p>
<p>Un amigo evangélico me dijo: “creo que estas decidido a convencer a los demás de que la iglesia católica es la única esperanza para la humanidad”&#8230; este comentario evidencia la distinta noción de “iglesia” que ambos tenemos&#8230;</p>
<p>Para él, la Iglesia es una colectividad espiritual formada por aquellos que han confesado a Jesucristo como su salvador&#8230; mientras que para un católico, la Iglesia es una institución fundada directamente por Jesús sobre los Apóstoles para continuar su obra de salvación en el mundo&#8230; aunque tiene elementos espirituales, la Iglesia es visible y tangible&#8230; y además de ser el Pueblo de Dios, la Iglesia también es el Cuerpo del cual Cristo es la Cabeza&#8230;</p>
<p>Si recuerdan, hace unas semanas les presentaba <a href="http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/catolica-desde-el-primer-momento/">un párrafo</a> de la homilía que el Santo Padre dio el día de Pentecostés&#8230; donde decía,</p>
<blockquote class="alternate"><p>
<em>“Desde el principio la Iglesia es una, católica y apostólica: esta es su verdadera naturaleza y como tal debe ser reconocida. Es santa no gracias a la capacidad de sus miembros, sino porque Dios mismo, con su Espíritu, la crea, la purifica y la santifica siempre.”</em></p></blockquote>
<p>Benedicto XVI se refería a las “notas” o características de la Iglesia: una, santa, católica y apostólica&#8230; y en el video que les traigo hoy, el Dr. Fernando Casanova (ex pastor evangélico pentecostal) nos explicará lo que significan&#8230;</p>
<p><iframe width="600" height="480" src="http://www.youtube.com/embed/leC3fse9J1U?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
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		<title>Católica desde el primer momento</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jun 2011 15:58:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[eclesiología]]></category>

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		<description><![CDATA[En su homilía del domingo pasado por la Solemnidad de Pentecostés, el Papa Benedicto XVI dijo, “La Iglesia es católica desde el primer momento; su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2011/06/benedicto_mirando_plaza.jpg" alt="" title="Benedicto mirando la Plaza de San Pedro" width="300" height="200" class="alignright size-full wp-image-2948" /></p>
<p>En su homilía del domingo pasado por la Solemnidad de Pentecostés, el Papa Benedicto XVI dijo,</p>
<blockquote class="alternate"><p>
<em>“La Iglesia es católica desde el primer momento; su universalidad no es fruto de la inclusión sucesiva de comunidades diversas. Desde el primer instante, de hecho, el Espíritu Santo la creó como Iglesia de todos los pueblos; abraza al mundo entero, supera todas las fronteras de raza, clase, nación; abate todas las barreras y une a los hombres en la profesión del Dios uno y trino. Desde el principio la Iglesia es una, católica y apostólica: esta es su verdadera naturaleza y como tal debe ser reconocida. Es santa no gracias a la capacidad de sus miembros, sino porque Dios mismo, con su Espíritu, la crea, la purifica y la santifica siempre.”</em></p></blockquote>
<p>Al rezar el Credo profesamos nuestra fe diciendo que la Iglesia es <strong><em>“una, santa, católica y apostólica”</em></strong>&#8230; estos cuatro atributos son la esencia de la Iglesia&#8230; y definen su misión como Sacramento de Cristo en el mundo&#8230;</p>
<p>Se podría escribir un tratado sobre cada una de estas “notas”&#8230; por el momento, basta decir que están inseparablemente unidas entre sí&#8230; por ejemplo, la Iglesia no puede ser “una” sin ser “santa”, “católica” y “apostólica”&#8230; de la misma forma, su catolicidad se expresa en su unidad, santidad y apostolicidad&#8230; por otra parte, la Iglesia no es “una, santa, católica y apostólica” por sí misma&#8230; sino que es Cristo mismo quien le confiere estos atributos&#8230; y la presencia del Espíritu Santo quien los garantiza&#8230;</p>
<p>Es un privilegio que el Señor nos haya llamado a pertenecer a su Iglesia&#8230; pero también es una gran responsabilidad&#8230; pues Él espera que demos testimonio de esa fe que decimos profesar&#8230; recuerda que «a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más»&#8230; y a nosotros se nos ha dado y confiado la plenitud de la Verdad&#8230;</p>
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		<title>El futuro de la Iglesia</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Sep 2010 14:21:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[eclesiología]]></category>
		<category><![CDATA[teología]]></category>

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		<description><![CDATA[“El futuro de la Iglesia, también en esta ocasión, como siempre, quedará marcado de nuevo con el sello de los santos” (Joseph Ratzinger, 1968)&#8230; Allá [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2010/09/somos_iglesia.jpg" alt="" title="Somos Iglesia" width="300" height="200" class="alignright size-full wp-image-4015" /></p>
<blockquote><p>
<em>“El futuro de la Iglesia, también en esta ocasión, como siempre, quedará marcado de nuevo con el sello de los santos”</em> (Joseph Ratzinger, 1968)&#8230;</p></blockquote>
<p>Allá para el año 1968, el entonces sacerdote y profesor de teología Joseph Ratzinger emitió una serie de programas radiales en Alemania que más tarde fueron publicados en un libro titulado <em>“Fe y futuro”</em>&#8230; en el 5to capítulo, Ratzinger habla sobre cómo será la Iglesia del futuro&#8230; y es interesantísimo ver la relevancia de sus comentarios 40 años más tarde&#8230;</p>
<p>La cita que les dejé al comienzo resume todo su escrito, pero no es una frase superficial que hace una mera referencia a “los santos”, como figuras romantizadas que convendría imitar&#8230; sino que está cargada de un fuerte contenido teológico, pues la Iglesia del futuro estará compuesta por aquellos que, al igual que la Iglesia Primitiva, esté dispuesta a llegar al martirio por su fe&#8230;</p>
<p>A continuación les dejo el escrito de Ratzinger, nos convendría leerlo y, a su luz, mirarnos en nuestro interior&#8230; porque la Iglesia del futuro ya está aquí&#8230;</p>
<p><strong>¿Bajo qué aspecto se presentará la Iglesia en el año 2000?</strong><br />
<small>Por Joseph Ratzinger<br />
Fuente: <a href="http://www.humanitas.cl/web/index.php?option=com_content&amp;view=article&amp;id=684:ibajo-que-aspecto-se-presentara-la-iglesia-en-el-ano-2000-cardenal-joseph-ratzinger&amp;catid=145" target="_blank">Revista Humanitas</a></small></p>
<p>El teólogo no es un adivino. Tampoco es un futurólogo que, a partir de factores calculables del presente, hace cálculos sobre el futuro. Su oficio escapa en gran parte al cálculo; sólo mínimamente podría llegar a ser objeto de la futurología, que no es tampoco un arte adivinatoria, sino que establece lo que es calculable, y tiene que dejar pendiente lo que no es calculable. Dado que la fe y la Iglesia se adentran hasta esa profundidad del ser humano de la que surge siempre lo nuevo creativo, lo inesperado y no planificado, de ello se deduce que su futuro permanece escondido para nosotros, también en la época de la futurología. ¿Quién hubiera podido predecir, al morir Pío XII, el concilio Vaticano II o la evolución posconciliar? ¿O quién se hubiera atrevido a predecir el Vaticano I cuando Pío VI, secuestrado por las tropas de la joven república francesa, murió prisionero en Valence en 1799? Ya tres años antes uno de los dirigentes de la república había escrito: «Este viejo ídolo será destruido. Así lo quieren la libertad y la filosofía… Es de desear que Pío VI viva todavía dos años, para que la filosofía tenga tiempo de completar su obra y de dejar a este lama de Europa sin sucesor»(1). Y pareció que realmente era así, hasta tal punto que se hicieron oraciones fúnebres por el papado, que se daba ya por definitivamente extinguido.</p>
<p>Seamos, por consiguiente, prudentes con los pronósticos. Aún es válida la palabra de Agustín según la cual el ser humano es un abismo; nadie puede observar de antemano lo que se alza de ese abismo. Y quien cree que la Iglesia no está determinada sólo por ese abismo que es el ser humano, sino que se fundamenta en el abismo mayor e infinito de Dios, tiene motivos más que suficientes para abstenerse de unas predicciones cuya ingenuidad en el querer-tener-respuestas podría revelar sólo ignorancia histórica. Pero entonces ¿tiene algún sentido nuestro tema? Puede tenerlo si uno es consciente de sus límites. Precisamente en tiempos de violentas convulsiones históricas en las que parece desvanecerse lo que ha sucedido hasta ese momento, y abrirse algo que es completamente nuevo, el ser humano necesita reflexionar sobre la historia, que le hace ver en su justa medida el instante irrealmente agrandado, y enmarca de nuevo ese instante en un acontecer que nunca se repite, pero que tampoco pierde nunca su unidad y su contexto. Ahora podrían ustedes decir: «¿Hemos oído bien? ¿Reflexionar sobre la historia? Pero esto significa dirigir una mirada al pasado, cuando en realidad esperábamos poner la vista en el futuro». Sí, han oído bien, pero pienso que la reflexión sobre la historia, si es bien entendida, comprende ambas cosas: una mirada retrospectiva a lo anterior y, desde ahí, la reflexión sobre las posibilidades y las tareas de lo venidero, que sólo se pueden esclarecer si se abarca con la mirada un tramo mayor de camino y uno no se cierra ingenuamente en el hoy. La mirada retrospectiva no permite hacer predicciones del futuro, pero limita la ilusión de lo que se presenta como completamente único, y muestra cómo también en el pasado ha existido algo comparable, aunque no lo mismo. En lo que hay de desigual entre entonces y hoy se fundamenta la incertidumbre de nuestros enunciados y la novedad de nuestras tareas; en lo que es igual se fundamenta la posibilidad de una orientación y una corrección.</p>
<p>Nuestra situación eclesial actual es comparable ante todo al período del llamado modernismo, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX y, en segundo lugar, al final del rococó, apertura definitiva de la época moderna con la Ilustración y la revolución francesa. La crisis del modernismo no se realizó por completo, sino que fue interrumpida por las medidas de Pío X y por el cambio de situación espiritual tras la primera guerra mundial; la crisis actual es sólo la reanudación, diferida durante mucho tiempo, de lo que empezó entonces. Así, queda la analogía con la historia de la Iglesia y de la teología en la Ilustración. Quien la analice más detenidamente se sorprenderá por el grado de semejanza entre lo que sucedió entonces y lo que sucede hoy. La «Ilustración» como época histórica no tiene hoy buena fama; incluso quien sigue tras sus huellas no quiere ser tenido por ilustrado, sino que se distancia del racionalismo de aquella época, demasiado simplista, a su juicio, si se toma la molestia de recordar una historia ya acontecida. Tendríamos ya aquí una primera analogía: el decidido rechazo de la historia, que sólo se considera válida como trastero de lo anterior, que no podría ser útil para un hoy completamente nuevo; la certeza, segura de su victoria, de que ahora no se debe actuar ya según la tradición, sino únicamente de modo racional; el papel en general de palabras como racional, transparente y otras semejantes… todo esto es sorprendentemente parecido entonces y hoy. Pero tal vez antes que estos datos, a mi juicio negativos, se debería contemplar esa extraña mezcla de unilateralidades e iniciativas positivas, que une a los ilustrados de entonces y de hoy y que ya no permite que el hoy aparezca como lo que es completamente nuevo y está fuera de toda comparación histórica.</p>
<p>La Ilustración tuvo su movimiento litúrgico, en el cual se intentó simplificar la liturgia, reduciéndola a sus estructuras fundamentales y originarias; había que eliminar los excesos del culto a las reliquias y a los santos y, sobre todo, había que introducir en la liturgia la lengua vernácula, especialmente el canto popular y la participación comunitaria. La Ilustración tuvo su movimiento episcopal, que quería subrayar, frente a una centralización unilateral de Roma, la importancia de los obispos; tuvo sus componentes democráticos como, por ejemplo, el caso del vicario general de Constanza, Wessenberg, que exigía sínodos diocesanos y provinciales democráticos. Quien lee sus obras cree encontrarse con un progresista de nuestros días: se pide la abolición del celibato, se admiten sólo formularios sacramentales en lengua vernácula, se bendicen matrimonios mixtos sin el compromiso de la educación de los hijos, etcétera. Que Wessenberg se preocupara de predicar con regularidad y de elevar el nivel de instrucción religiosa, que quisiera crear un movimiento bíblico y otras muchas iniciativas semejantes, esto sólo demuestra una vez más que en aquellas personas no actuaba sólo un racionalismo estrecho de miras. No obstante, la impresión sigue siendo que su figura es contradictoria, porque a fin de cuentas usa sólo la tijera de poda de la razón que construye, que puede hacer algunas cosas buenas pero no es la única herramienta de un jardinero(2). Una impresión semejante de incoherencia es la que produce la lectura del sínodo de Pistoya, un concilio de la Ilustración en el que participaron 234 obispos, que fue celebrado en el norte de Italia en 1786 y que trató de traducir las ideas de reforma de aquel tiempo a la realidad eclesial, pero fracasó –y no es ésta la razón menos importante– por una mezcla de auténtica reforma y racionalismo ingenuo. De nuevo cree uno que está leyendo un libro posconciliar cuando encuentra la tesis de que el ministerio sacerdotal no fue instituido directamente por Cristo, sino que procede únicamente del seno de la Iglesia, la cual es sacerdotal en su totalidad sin distinción alguna; o cuando oye que una misa sin comunión no tiene sentido, o cuando se describe el primado papal como algo puramente funcional o, a la inversa, cuando se hace hincapié en el derecho divino del episcopado(3). Ya en 1794 fueron condenadas por Pío VI una gran parte de las proposiciones de Pistoya; la unilateralidad de este sínodo había desacreditado también sus buenos planteamientos.</p>
<p>Para saber dónde se encuentran, y dónde no, los elementos portadores de futuro, me parece que lo más instructivo es reflexionar sobre las personas y sobre los grupos afines de aquella época. Sólo podemos elegir, claro está, algunos tipos característicos en los que se muestre la amplitud de posibilidades de entonces y, al mismo tiempo y una vez más, la asombrosa analogía con nuestro tiempo. En efecto, están los progresistas extremos, representados, por ejemplo, por la triste figura del arzobispo parisino Gobel, que siguió valientemente todos los pasos del progreso de su tiempo: primero, a favor de una Iglesia nacional constitucional; después, como si tampoco esto fuera ya suficiente, renunció solemnemente al sacerdocio, declarando que, desde el feliz inicio de la revolución, no había ya necesidad de más culto nacional que el de la libertad y la igualdad. Participó en la adoración de la diosa razón en Notre Dame, pero al final el progreso pasó también sobre él: bajo Robespierre, el ateísmo volvió a ser de pronto un delito y el ex arzobispo fue conducido a la guillotina como ateo, y ajusticiado(4).</p>
<p>En Alemania la situación se presentó más tranquila. Habría que mencionar como progresista clásico, por ejemplo, al director del Georgianum de München, Matthias Fingerlos. En su obra Wozu sind Geistliche da? [Sacerdotes ¿para qué?] explica que el sacerdote debe ser ante todo un maestro del pueblo, que debe instruir al pueblo sobre la agricultura, la ganadería, el cultivo de la fruta, sobre los pararrayos, pero también sobre la música y el arte –hoy se diría: el sacerdote tiene que ser ante todo un trabajador social y debe ponerse al servicio de la construcción de una sociedad racional, purificada de los irracionalismos(5)–. En el centro, como progresista moderado, se podría situar la figura del ya mencionado vicario general de Constanza, Wessenberg, que de ningún modo habría participado en una simple reducción de la fe al trabajo social, pero que, por otro lado, mostraba muy poca comprensión por lo que es orgánico, lo vivo, lo que se sustrae a las puras construcciones de la razón. Un orden de valores completamente distinto lo encontramos en la figura del entonces obispo de Ratisbona, Johann Michael Sailer. Resulta difícil clasificarlo. Las categorías habituales de progresismo y conservadurismo fracasan ante él, como muestra ya el desarrollo de su vida: en 1794, acusado de racionalismo, le retiraron la cátedra de Dillingen; todavía en 1819 fracasó su nombramiento para obispo de Augsburgo, entre otras razones por la oposición de Clemens María Hofbauer, más tarde canonizado, que siempre lo tuvo por racionalista. Por otro lado, ya en 1806 su discípulo Zimmer fue alejado de la Universidad de Landshut, con el reproche de reaccionario; en esta universidad se hostigaba a Sailer y su círculo como auténticos enemigos de la Ilustración: el mismo hombre considerado siempre por Hofbauer como racionalista fue tenido por los verdaderos partidarios del racionalismo como su adversario más peligroso(6).</p>
<p>Tenían razón. De este hombre y del amplio círculo de sus amigos y discípulos surgió un movimiento que tenía en sí mucho más futuro que la arrogante presunción de los racionalistas puros. Sailer era un hombre abierto a todas las cuestiones de su tiempo. La anticuada escolástica jesuítica de Dillingen, en cuyo sistema bien estructurado hacía bastante tiempo que ya no podía penetrar la realidad, debió parecerle insuficiente. Kant, Jacobi, Schelling y Pestalozzi son sus interlocutores: para él, la fe no está ligada a un sistema de enunciados, y no se debe mantener mediante la huida a lo irracional, sino que debe subsistir en abierto contraste con el hoy. Pero el mismo Sailer conocía la gran tradición teológica y mística de la Edad Media con una profundidad insólita en su tiempo, porque no reducía al ser humano al instante presente, sino que sabía que éste sólo consigue adentrarse en sí mismo si se abre con profundo respeto y atención a toda la riqueza de su historia. Y, sobre todo, Sailer no sólo pensaba, sino que vivía. Si buscaba una teología del corazón, no lo hacía por un sentimentalismo barato, sino porque le importaba el ser humano total, que llega a la unidad de su ser por la compenetración de espíritu y cuerpo, de las profundidades ocultas del sentimiento y de la visible claridad del entendimiento. «Sólo se ve bien con el corazón», dijo Antoine de Saint-Exupéry. Si se compara el progresismo sin vida de Matthias Fingerlos con la riqueza y la profundidad de Sailer, se puede comprobar palpablemente hasta qué punto es esto verdad. Sólo se ve bien con el corazón: Sailer veía en profundidad porque tenía corazón. De él podía surgir algo nuevo, portador de futuro, porque vivía de lo permanente y porque ponía a disposición de este fin su vida y su propio ser. Y con esto hemos llegado al punto decisivo: sólo quien se da a sí mismo crea futuro. Quien sólo quiere enseñar, quien sólo desea cambiar a los otros, permanece estéril.</p>
<p>Mas así hemos llegado también a aquel otro hombre que fue adversario tanto de Sailer como de Wessenberg: Clemens Maria Hofbauer, el panadero bohemio que fue canonizado(7). Ciertamente este hombre era, en algunos aspectos, estrecho de miras e incluso un poco reaccionario. Pero era un hombre que amaba, que se ponía al servicio de los demás con toda su pasión intacta. Por un lado, pertenecieron a su círculo hombres como Schlegel, Brentano, Eichendorff; por otro, estaba incondicionalmente a disposición de los más pobres y abandonados, sin reservarse nada para sí, sino dispuesto a asumir cualquier ofensa si con ello podía ayudar a los demás. Y de este modo los otros podían descubrir a través de él de nuevo a Dios, como él mismo, desde Dios, había descubierto a los demás y sabía que necesitaban algo más que instrucción en el cultivo de la fruta y en la ganadería. En definitiva, la fe de este pobre panadero resultó ser más humanista y razonable que la racionalidad académica de los racionalistas puros. De hecho, lo que sobrevivió y lo que surgió como futuro de las ruinas de finales del siglo xviii fue algo completamente distinto de lo que habían supuesto Gobel o Fingerlos: fue una Iglesia que se había hecho más pequeña, que había perdido esplendor social, pero que al mismo tiempo se había hecho más fecunda por la nueva fuerza de su interioridad y que, a través de los grandes movimientos de laicos y en las numerosas y nuevas fundaciones de órdenes, que tuvieron lugar desde mediados del siglo XIX, produjo nuevas fuerzas para la formación y la realidad social, hasta tal punto que no es posible imaginar nuestra historia más reciente sin ellas.</p>
<p>Con esto hemos llegado a nuestro hoy y a la reflexión sobre el mañana. El futuro de la Iglesia puede venir y vendrá también hoy sólo de la fuerza de quienes tienen raíces profundas y viven de la plenitud pura de su fe. El futuro no vendrá de quienes sólo dan recetas. No vendrá de quienes sólo se adaptan al instante actual. No vendrá de quienes sólo critican a los demás y se toman a sí mismos como medida infalible. Tampoco vendrá de quienes eligen sólo el camino más cómodo, de quienes evitan la pasión de la fe y declaran falso y superado, tiranía y legalismo, todo lo que es exigente para el ser humano, lo que le causa dolor y le obliga a renunciar a sí mismo. Digámoslo de forma positiva: el futuro de la Iglesia, también en esta ocasión, como siempre, quedará marcado de nuevo con el sello de los santos. Y, por tanto, por seres humanos que perciben más que las frases que son precisamente modernas.</p>
<p>Por quienes pueden ver más que los otros, porque su vida abarca espacios más amplios. La gratuidad que libera a las personas se alcanza sólo en la paciencia de las pequeñas renuncias cotidianas a uno mismo. En esta pasión cotidiana, la única que permite al ser humano experimentar de cuántas formas diferentes lo ata su propio yo, en esta pasión cotidiana y sólo en ella, se abre el ser humano poco a poco. Él solamente ve en la medida en que ha vivido y sufrido. Si hoy apenas podemos percibir aún a Dios, se debe a que nos resulta muy fácil evitarnos a nosotros mismos y huir de la profundidad de nuestra existencia, anestesiados por cualquier comodidad. Así, lo más profundo en nosotros sigue sin ser explorado. Si es verdad que sólo se ve bien con el corazón, ¡qué ciegos estamos todos!(8).</p>
<p>¿Qué significa esto para nuestra pregunta? Significa que las grandes palabras de quienes nos profetizan una Iglesia sin Dios y sin fe son palabras vanas. No necesitamos una Iglesia que celebre el culto de la acción en «oraciones» políticas. Es completamente superflua y por eso desaparecerá por sí misma. Permanecerá la Iglesia de Jesucristo, la Iglesia que cree en el Dios que se ha hecho ser humano y que nos promete la vida más allá de la muerte. De la misma manera, el sacerdote que sólo sea un funcionario social puede ser reemplazado por psicoterapeutas y otros especialistas. Pero seguirá siendo aún necesario el sacerdote que no es especialista, que no se queda al margen cuando aconseja en el ejercicio de su ministerio, sino que en nombre de Dios se pone a disposición de los demás y se entrega a ellos en sus tristezas, sus alegrías, su esperanza y su angustia.</p>
<p>Demos un paso más. También en esta ocasión, de la crisis de hoy surgirá mañana una Iglesia que habrá perdido mucho. Se hará pequeña, tendrá que empezar todo desde el principio. Ya no podrá llenar muchos de los edificios construidos en una coyuntura más favorable. Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad. Se presentará, de un modo mucho más intenso que hasta ahora, como la comunidad de la libre voluntad, a la que sólo se puede acceder a través de una decisión. Como pequeña comunidad, reclamará con mucha más fuerza la iniciativa de cada uno de sus miembros. Ciertamente conocerá también nuevas formas ministeriales y ordenará sacerdotes a cristianos probados que sigan ejerciendo su profesión: en muchas comunidades más pequeñas y en grupos sociales homogéneos la pastoral se ejercerá normalmente de este modo. Junto a estas formas seguirá siendo indispensable el sacerdote dedicado por entero al ejercicio del ministerio como hasta ahora. Pero en estos cambios que se pueden suponer, la Iglesia encontrará de nuevo y con toda la determinación lo que es esencial para ella, lo que siempre ha sido su centro: la fe en el Dios trinitario, en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la ayuda del Espíritu que durará hasta el fin. La Iglesia reconocerá de nuevo en la fe y en la oración su verdadero centro y experimentará nuevamente los sacramentos como celebración y no como un problema de estructura litúrgica.</p>
<p>Será una Iglesia interiorizada, que no suspira por su mandato político y no flirtea con la izquierda ni con la derecha. Le resultará muy difícil. En efecto, el proceso de la cristalización y la clarificación le costará también muchas fuerzas preciosas. La hará pobre, la convertirá en una Iglesia de los pequeños. El proceso resultará aún más difícil porque habrá que eliminar tanto la estrechez de miras sectaria como la voluntariedad envalentonada. Se puede prever que todo esto requerirá tiempo. El proceso será largo y laborioso, al igual que también fue muy largo el camino que llevó de los falsos progresismos, en vísperas de la revolución francesa –cuando también entre los obispos estaba de moda ridiculizar los dogmas y tal vez incluso dar a entender que ni siquiera la existencia de Dios era en modo alguno segura(9)– hasta la renovación del siglo xix. Pero tras la prueba de estas divisiones surgirá, de una Iglesia interiorizada y simplificada, una gran fuerza, porque los seres humanos serán indeciblemente solitarios en un mundo plenamente planificado. Experimentarán, cuando Dios haya desaparecido totalmente para ellos, su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo. Como una esperanza importante para ellos, como una respuesta que siempre han buscado a tientas. A mí me parece seguro que a la Iglesia le aguardan tiempos muy difíciles. Su verdadera crisis apenas ha comenzado todavía. Hay que contar con fuertes sacudidas. Pero yo estoy también totalmente seguro de lo que permanecerá al final: no la Iglesia del culto político, que fracasó ya en Gobel, sino la Iglesia de la fe. Ciertamente ya no será nunca más la fuerza dominante en la sociedad en la medida en que lo era hasta hace poco tiempo. Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte.</p>
<p><small><br />
Notas:</p>
<ol>
<li>Citado en F.X. Seppelt – G. Schwaiger, Geschichte der Päpste, Kösel, München 1964, pp. 367-368. Cf. también la exposición que se halla en L.J. Rogier – G. de Bertier de Sauvigny, Geschichte der Kirche IV, Benziger, Einsiedeln 1966, pp. 177ss. G. de Bertier de Sauvigny afirma como resumen sobre la situación al final del periodo de la Ilustración: «En pocas palabras: si a principios del siglo xix el cristianismo tenía aún algunas posibilidades de seguir existiendo, estas posibilidades eran manifiestamente más para las Iglesias surgidas de la Reforma que para la Iglesia católica, golpeada en la cabeza y en los miembros» (p. 181).</li>
<li>Cf. el instructivo artículo sobre Wessenberg del arzobispo C. Gröber en la primera edición del LThK X, cols. 835-839; LThK2 X, cols. 1064ss (W. Müller). K. Aland ha iniciado la edición de las obras de Wessenberg.</li>
<li>Cf. los textos en Denzinger-Schönmetzer 2600-2700, especialmente 2602, 2603, 2606, 2628 (texto latino y versión castellana en Heinrich Denzinger – Peter Hünermann, El magisterio de la Iglesia. Enchiridion symbolorum definitionum et declarationum de rebus fidei et morum, Herder, Barcelona 1999, pp. 675-710). Cf. L. Willaert, «Synode von Pistoia», en LThK2 VIII, cols. 524-525.</li>
<li>Cf. L.J. Rogier, Geschichte der Kirche IV, op. cit., pp. 133ss.</li>
<li>A. Schmid, Geschichte des Georgianums in München, Pustet, Regensburg 1894, pp. 228ss.</li>
<li>Sobre Sailer, cf. especialmente I. Weilner, Gottselige Innigkeit. Die Grundhaltung der religiösen Seele nach J.M. Sailer, Pustet, Regensburg 1949; Id., «J.M. Sailer, Christliche Innerlichkeit», en (J. Sudbrack – J. Walsh [eds.]) Grosse Gestalten christlicher Spiritualität, Echter, Würzburg 1969, pp. 322-342. Sobre P.B. Zimmer, cf. la tesis doctoral defendida en Tübingen por P. Schäfer, Philosophie und Theologie im Übergang von der Aufklärung zur Romantik, Vandenhoeck &amp; Ruprecht, Göttingen 1971.</li>
<li>Cf. H. Gollowitzer, «Drei Bäckerjungen»: Catholica 23 (1969), pp. 147-153.</li>
<li>Sobre esta cuestión, cf. las extraordinarias consideraciones de H. de Lubac, «Der Heilige von morgen», en Geheimnis aus dem wir leben, Benziger, Einsiedeln 1967, pp. 155-162; Id., «L’Église dans la crise actuelle»: Nouvelle Revue théol. 91 (1969), pp. 580-596, especialmente pp. 592ss.</li>
<li>Cf. L.J. Rogier, op. cit., p. 121.</li>
</ol>
<p></small></p>
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		<title>¿Desde cuándo es “católica” la Iglesia?</title>
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		<pubDate>Mon, 31 May 2010 02:52:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[apologética]]></category>
		<category><![CDATA[apuntes personales]]></category>
		<category><![CDATA[eclesiología]]></category>
		<category><![CDATA[teología]]></category>

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		<description><![CDATA[“Allí donde aparezca el obispo, allí debe estar el pueblo; así como donde está Jesucristo está la Iglesia Católica” (Ignacio de Antioquía, Ad Smyrn, 8.2). [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2010/05/ignacio_de_antioquia.jpg" alt="" title="Ignacio de Antioquía" width="224" height="300" class="alignright size-full wp-image-3337" /></p>
<blockquote><p>
“Allí donde aparezca el obispo, allí debe estar el pueblo; así como donde está Jesucristo está la Iglesia Católica” <small>(Ignacio de Antioquía, Ad Smyrn, 8.2)</small>.</p></blockquote>
<p>Esta frase nos la dejó Ignacio de Antioquía en una carta escrita a la Iglesia de Esmirna mientras iba camino al martirio en Roma&#8230; el año: finales del 106 o comienzos del 107dC&#8230; esto hace que esta frase, y la carta a la que pertenece, sean contemporáneas con el cuarto Evangelio&#8230; conozcamos un poco más sobre Ignacio antes de entrar de lleno en la frase&#8230;</p>
<p>Se piensa que nació cerca del año 40dC, aunque una antigua tradición sugiere que Ignacio podría ser el niño que Jesús sentó sobre sus rodillas cuando dijo <em>«dejad que los niños vengan a mí»</em>&#8230; lo que sí sabemos es que fue discípulo de los apóstoles Juan y Pablo&#8230; y que sucedió a Evodio como tercer obispo de Antioquía (Simón Pedro fue el primero sucedido por Evodio)&#8230; también era conocido con el nombre de <em>Teóforo</em> (el portador de Dios), según se desprende de sus cartas&#8230;</p>
<p>La ciudad de Antioquía era famosa en Asia Menor (Siria) y era la tercera en importancia en el Imperio Romano, después de Roma y Alejandría&#8230; había en Antioquía una comunidad cristiana importante e influyente, formada por cristianos de procedencia judía que huyeron de la destrucción de Jerusalén ocurrida en el 70dC&#8230; y fue en Antioquía donde Pablo predicó su primer sermón cristiano en una sinagoga y donde los seguidores de Jesús fueron llamados “cristianos” por primera vez <small>(Hechos 11, 26)</small>&#8230;</p>
<p>Ignacio, quien es considerado uno de los Padres Apostólicos por su cercanía a los apóstoles, fue arrestado y sentenciado a morir en el circo romano&#8230; como él mismo describe en otra de sus cartas: <em>“para ser trigo de Dios, molido por los dientes de las fieras y convertido en pan puro de Cristo”</em> <small>(Ad Rom, 4.1)</small>&#8230;</p>
<p>En el transcurso de unas pocas semanas, Ignacio redactó siete cartas mientras era conducido desde Siria hasta Roma para ser devorado por las fieras&#8230; estas cartas, de un altísimo contenido eclesiológico y doctrinal, se dividen en dos grupos, cuatro redactadas en Esmirna y tres en Alejandría de Tróade: la carta a los efesios (Ad Eph), la carta a los magnesios (Ad Magn), la carta a los tralianos (Ad Tral), la carta a los romanos (Ad Rom), la carta a los filadelfianos (Ad Phil), la carta a los esmirniotas (Ad Smyrn) y, por último, una carta personal a Policarpo, obispo de Esmirna (Ad Pol)&#8230;</p>
<p>En sus cartas, Ignacio habla sobre el privilegio del martirio por causa de su fe en Jesucristo&#8230; es el primer escritor fuera del Nuevo Testamento en hacer referencia a la virginidad de María&#8230; defiende las dos naturalezas de Jesucristo, humana y divina (contra las herejías de los judaizantes y los docetistas)&#8230; habla del domingo como el día del Señor&#8230; y es el primero en usar la palabra <em>“Eucaristía”</em>, a la que llama <em>“la carne de Cristo”</em>, <em>“Don de Dios”</em> y <em>“la medicina de inmortalidad”</em>, además de llamar a Jesús <em>“pan de Dios”</em> que ha de ser comido en el altar, dentro de una única Iglesia&#8230;</p>
<p>Pero, sobre todo, habla sobre la Iglesia como una institución divina cuyo fin es la salvación de las almas&#8230; que debe permanecer en la unidad&#8230; que es santa&#8230; que es infalible&#8230; que tiene jerarquía&#8230; que tiene sacramentos&#8230; y que es católica!!!</p>
<p style="text-align: center;"><strong><em>“Allí donde aparezca el obispo, allí debe estar el pueblo;<br />
así como donde está Jesucristo está la Iglesia Católica”</em>&#8230;</strong></p>
<p>Lo que dice este texto es obvio&#8230; pero veamos algunas de las cosas que no dice: Ignacio le escribe a las iglesias locales enseñando una misma y única doctrina porque la Iglesia es Católica – Universal, del griego καθολικός (<em>katholikós</em>)&#8230; les escribe con la autoridad que le da su posición de Obispo (jerarquía) y su misión de exhortar y educar (magisterio)&#8230; les habla de la importancia del Bautismo y la Eucaristía (sacramentos), que no son válidos sin la presencia del Obispo (imposición de manos y sucesión apostólica) o quien él haya encomendado (sacramento del orden)&#8230; les habla de unidad, de obediencia, de permanecer juntos y conservar la doctrina heredad de los Apóstoles, y que estos recibieron directamente de Jesucristo&#8230;</p>
<p>Ignacio de Antioquía nos está describiendo la Iglesia Primitiva&#8230; antes de que existiera formalmente la Biblia, ya había una Iglesia física, estructurada y unida&#8230; una Iglesia que creía y celebraba la Eucaristía y los sacramentos&#8230; una Iglesia que se cimentaba sobre los Apóstoles y la Tradición que estos habían heredado de Jesucristo&#8230; una Iglesia Universal: la Iglesia Católica&#8230;</p>
<div class="bibliography"><br />
NOTA: En estos enlaces puedes accesar y leer las siete cartas de Ignacio de Antioquía: <a href="http://escrituras.tripod.com/Textos/EpIgnacio.htm" target="_blank">en español</a> o <a href="http://www.ccel.org/l/lake/fathers/toc.htm" target="_blank">en griego</a>.<br />
</div>
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		<title>La Iglesia de Jesucristo &#124; versión blog</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Nov 2009 15:13:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
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		<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>

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		<description><![CDATA[Acabo de subir un artículo a la sección de apologética – Conoce tu fe – donde pretendo explicar un poquito de porqué le Iglesia Católica [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Acabo de subir un artículo a la sección de apologética – <a href="http://www.tengoseddeti.org/category/articulos/conoce-tu-fe/" target="_self">Conoce tu fe</a> – donde pretendo explicar un poquito de porqué le Iglesia Católica es la Iglesia de Jesucristo&#8230;</p>
<p>Este artículo había sido publicado en la versión anterior de tengoseddeti como respuesta a unos comentarios de una hermana evangélica bautista&#8230; pero también sirve de respuesta a las muchas personas que nos han comentado y que nos han escrito con relación al video: <a href="http://www.tengoseddeti.org/video/la-verdad-de-la-iglesia-catolica/" target="_self">La Verdad de la Iglesia Católica</a>&#8230;</p>
<p>He decidido copiarlo también aquí, en el blog, para permitir los comentarios de ustedes, ya que los artículos permanentes no admiten comentarios&#8230; bueno, no les entretengo más que el artículo es bastante largo&#8230;</p>
<p>Dios me los bendiga mucho&#8230; y María Santísima, Madre de Jesús, Madre nuestra y Madre de la Iglesia, les acompañe siempre&#8230;</p>
<p><strong>La Iglesia de Jesucristo</strong><br />
<small>Por Romualdo Olazábal | tengo<strong>sed</strong>de<strong>ti</strong>.org</small></p>
<p>Hace algún tiempo, una hermana evangélica bautista estuvo por tengo<strong>sed</strong>de<strong>ti</strong> y se ofendió porque en la sección de <a href="http://www.tengoseddeti.org/quien-soy/" target="_self">¿Quiénes somos?</a> decimos que la Iglesia Católica es <em>“la única Iglesia fundada por Jesús”</em>&#8230;</p>
<p>Creo pertinente aclarar que tengo<strong>sed</strong>de<strong>ti</strong> es una página católica y no pretende ser otra cosa que eso&#8230; y, siendo católicos, no veo porque alguien deba extrañarse o molestarse porque profesemos y defendamos nuestra fe&#8230; además, lo que decimos, lo decimos en nuestra casa para quien quiera leernos&#8230; no andamos imponiendo nuestros criterios u opiniones de blog en blog&#8230;<span id="more-662"></span></p>
<p>Creo que todos estamos de acuerdo en que el católico promedio está falto de formación y no conoce ni su fe ni su Iglesia&#8230; Esta página nació de esa realidad&#8230; como nuestra pequeña aportación para ayudar a todos aquellos – católicos y no católicos – que quieran conocer un poco más sobre Jesucristo y la Iglesia que Él fundó hace dos mil años sobre Pedro y los Apóstoles&#8230;</p>
<p>También quiero puntualizar que nosotros sí creemos en el diálogo interreligioso, más específicamente entre las distintas denominaciones cristianas&#8230; pero este diálogo, para serlo, debe partir del respeto mutuo&#8230; Me llena de sorpresa como algunos “cristianos” inician su “diálogo” condenando a los católicos y a nuestra Iglesia, para renglón seguido exigir que se les tome en serio y se les respete&#8230; Para ellos, es más importante ser tolerantes y condescendientes con otras religiones no cristianas que con el catolicismo&#8230;</p>
<p>Este odio contra los católicos – difundido durante décadas desde los púlpitos evangélicos cuando, en lugar de predicar un evangelio de unión, de amor y de paz, se predica que la Iglesia Católica es la “ramera del Apocalipsis”, el Papa es el anticristo, y todos los católicos somos unos idólatras – no abona al diálogo, ni es una actitud que refleje el verdadero espíritu del Evangelio&#8230;</p>
<p>Una de las cosas que más se me ha achacado durante estos años es que yo sigo a la Iglesia en lugar de seguir a Jesucristo&#8230; La realidad es que yo amo, defiendo y sigo a la Iglesia, precisamente porque amo, defiendo y sigo a Cristo&#8230; Sé que esto es difícil de entender para un evangélico, pues nuestros conceptos de “iglesia” son distintos&#8230; pero para un católico, la realidad de Cristo y Su Iglesia es una sola e indivisible, la Iglesia es el cuerpo y Cristo la cabeza&#8230; y no puede seguirse uno y rechazar al otro&#8230;</p>
<p>Esta actitud de celo por la Iglesia nos lo enseña Jesús cuando Él mismo se sintió ofendido por aquellos mercaderes que habían convertido la Casa de Dios en una cueva de ladrones&#8230; Jesús no se sintió ofendido por su persona, ni por las paredes de piedra que formaban el templo, sino porque la ofensa iba dirigida a Dios mismo&#8230; <em>«El celo por tu casa me devorará»</em> <small>(Juan 2,17)</small>, recordaron los Apóstoles&#8230; Es ese mismo celo por las cosas de Dios lo que me lleva a defender la Iglesia Católica&#8230;</p>
<p>Me resulta interesante cómo algunas personas pretenden ver la verdad de algunas cosas, mientras cierran su corazón a otras verdades más grandes e importantes&#8230; Es cierto que a Jesús le seguían muchos discípulos y que todos ellos abarcaban “la Iglesia”&#8230; pero también es cierto que Jesús escogió doce de esos discípulos para enseñarles de una manera especial&#8230; y les encomendó la tarea de seguir con el ministerio que Él había iniciado&#8230; Esos doce hacían de “la Iglesia” una Iglesia real, física y tangible&#8230; No una mera colectividad espiritual, sino una comunidad eclesial organizada sobre pilares sólidos: los Apóstoles&#8230;</p>
<p>Esos Apóstoles eran personas comunes y corrientes&#8230; pecadores, llenos de defectos y faltas&#8230; pero el Señor los eligió a pesar de eso y entregó la Iglesia en sus manos&#8230; la Iglesia no es “santa” en función de sí misma ni de sus miembros, sino por ser el “Cuerpo de Cristo”&#8230; es por Él y en función a Su presencia viva en ella que la Iglesia es “santa”&#8230;</p>
<p>Jesús, además de escoger a doce Apóstoles para ser sus testigos, les dio “autoridad”&#8230; Veamos&#8230; A Pedro le entregó <em>«las llaves del Reino»</em> y le dio la autoridad de <em>«atar y desatar»</em> <small>(Mateo 16,19)</small>&#8230; Esa misma autoridad se la dio a los demás Apóstoles cuando, más tarde, les dijo <em>«Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos»</em> <small>(Juan 20,22-23)</small>&#8230;</p>
<p>El poder de <em>«perdonar y retener pecados»</em> sólo le pertenece a Dios, pero Jesús le dio Su Autoridad a un grupo escogido, los Apóstoles&#8230; Esta facultad dada a los Apóstoles es el Sacramento de la Reconciliación que hoy nos ofrece la Iglesia Católica&#8230; Es interesante que ninguna de las iglesias protestantes o evangélicas reconozcan tener esta autoridad&#8230; sin embargo, la Escritura expresa claramente que Jesús sí entregó la misma a sus Apóstoles&#8230;</p>
<p>Tomemos ahora la Eucaristía&#8230; este es un concepto que no conocen las demás iglesias cristianas, sin embargo, la Iglesia Católica encuentra en la Eucaristía el cumplimiento de la promesa de Jesús: <em>«yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo»</em> <small>(Mateo 28,20)</small>&#8230;</p>
<p>Los tres evangelios sinópticos – Marcos, Mateo y Lucas – nos relatan el momento de la Última Cena cuando Jesús dice: <em>«este es mi cuerpo&#8230; esta es mi sangre&#8230; haced esto en memoria mía»</em> <small>(Mateo 26,26-29; Marcos 14,22-25; Lucas 22,19-20)</small>&#8230; También Pablo, en su primera carta a los Corintios, nos vuelve a repetir estas palabras y añade que <em>«quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor»</em> <small>(1 Corintios 11,23-27)</small>&#8230; Esto ha de ser algo “importante” para que los tres sinópticos y Pablo lo recojan&#8230;</p>
<p>No obstante, es Juan, en el capítulo seis de su evangelio, quien nos presenta la verdadera trascendencia de este sacramento en la vida del cristiano: <em>«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él»</em> <small>(Juan 6,53-56)</small>&#8230;</p>
<p>Ese día, en Cafarnaúm, también hubo discípulos de Jesús que no creyeron sus palabras: <em>«Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?»</em> <small>(Juan 6,60)</small>, y escandalizados, se alejaron de Jesús&#8230; Sin embargo, Jesús, en lugar de “aclarar” que hablaba en forma “simbólica”, se vuelve a <em>«los Doce»</em> y les cuestiona, y ustedes ¿creen o no creen?, <em>«¿También vosotros queréis marcharos?»</em> <small>(Juan 6,67)</small>&#8230; a lo que Pedro responde – ¡Pedro siempre el primero y hablando en nombre de todos! – <em>«a quien vamos a ir, sólo Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios»</em> <small>(Juan 6,68-69)</small>&#8230;</p>
<p>Para Lucas, compañero de Pablo en sus viajes, la Eucaristía es algo importante y necesario en la vida del cristiano&#8230; Por ejemplo, en su evangelio también nos relata el encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús <small>(Lucas 24,13-32)</small>&#8230; Esos discípulos que se encuentran decepcionados porque no han entendido los sucesos de los últimos días, y ni siquiera han creído las palabras de <em>«algunas mujeres»</em> que dicen que el Maestro ha resucitado&#8230; tan es así, que se encuentran con Jesús y no lo reconocen&#8230; no es hasta que Jesús <em>«parte para ellos el pan»</em> que <em>«se les abrieron los ojos»</em> <small>(Lucas 24,30-31)</small>&#8230; También Lucas, en su evangelio y en su libro de los Hechos de las Apóstoles, nos señala que esa primera comunidad cristiana era <em>«asidua en la fracción del pan»</em>, o sea, la Eucaristía <small>(Lucas 24,35; Hechos 2,42; 20,7)</small>&#8230; Ese encuentro con un Cristo vivo, real y presente, que se da como alimento a sus discípulos sólo puede encontrarse en la Iglesia Católica&#8230;</p>
<p>Para los católicos es claro que Jesús dejó establecida una Iglesia sobre Pedro cuando dijo: <em>«Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella»</em> <small>(Mateo 16,18)</small>&#8230; En las Escrituras un cambio de nombre significa una nueva función o un nuevo ministerio: lo vemos en Abram/Abraham, en Saray/Sara y en Jacob/Israel&#8230; Aquí vemos a Simón, que confiesa la divinidad de Jesús&#8230; y a Jesús, que reconoce que eso sólo se lo puede haber revelado el Padre&#8230; y a renglón seguido, le da un nuevo nombre: Pedro (Petros en griego) o Cefas (en arameo), que significa “piedra”&#8230; es claro que con el nombre de Pedro, viene la misión de ser esa piedra sobre la cual el Señor edificará Su Iglesia&#8230;</p>
<p>En el Concilio de Éfeso (año 431), el tercer concilio ecuménico contra los nestorianos, aparece una cita sobre Pedro que dice: <em>“A nadie es dudoso, antes bien, por todos los siglos fue conocido que el santo y muy bienaventurado Pedro, príncipe y cabeza de los Apóstoles, columna de la fe y fundamento de la Iglesia Católica, recibió las llaves del reino de manos de nuestro Señor Jesucristo, salvador y redentor del género humano, y a él le ha sido dada potestad de atar y desatar los pecados; y él, en sus sucesores, vive y juzga hasta el presente y siempre”</em> <small>(Esta cita proviene del discurso de Felipe, Legado del Romano Pontífice, en la sesión III)</small>&#8230; Testimonios de que Pedro es la “piedra” sobre la que Jesús edificó su Iglesia también se encuentran en San Cirilo, San Hilario, San Juan Crisóstomo, San Agustín, San Jerónimo, Tertuliano, Orígenes&#8230; la Iglesia siempre lo entendió así&#8230;</p>
<p>Además, de todas las iglesias cristianas, la Iglesia Católica es la única que tiene “sucesión apostólica”&#8230; esto es una línea directa e ininterrumpida de sucesores desde Pedro, el primer obispo de Roma, hasta Benedicto XVI, obispo de Roma actualmente&#8230; y es precisamente el obispo de Roma, por ocupar la cátedra de Pedro, quien recibe su obligación magisterial&#8230; dicho de otra manera, el obispo de Roma es a quien le corresponde realizar la función de Papa&#8230;</p>
<p>El hecho de que la Iglesia Católica tenga una historia que se remonta a los Apóstoles y al mismo Jesús no quiere decir que no haya errado durante estos dos mil años&#8230; al contrario, son muchos y grandes sus errores&#8230; Pero esto, en lugar de restarle credibilidad, es la mayor prueba de que Dios está presente en ella: asistiéndola, sosteniéndola y guiándola a pesar de las tormentas&#8230; el Señor se ha mantenido fiel a Su Palabra y <em>«las puertas del Hades no han prevalecido contra ella»</em> <small>(Mateo 16,18)</small>&#8230;</p>
<p>Para los católicos también es claro que Jesús quería una Iglesia unida&#8230; Él ora por sus Apóstoles y por aquellos que creerán por medio de su palabra <em>«para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado»</em> <small>(Juan 17,1-26)</small>&#8230; La unidad es el testimonio donde se reconoce la verdadera Iglesia&#8230; la Iglesia fundada por Jesús&#8230; la Iglesia Católica&#8230;</p>
<p>Pero Jesús no sólo oró por los Apóstoles, sino que le manifestó su deseo de unidad a Pedro&#8230; Unidad entre los Apóstoles cuando le dijo: <em>«¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos»</em> <small>(Lucas 22,31-32)</small>&#8230; y unidad en la Iglesia cuando le repite en tres ocasiones: <em>«Simón de Juan, ¿me amas más que estos?&#8230; Apacienta mis ovejas»</em> <small>(Juan 21,15-17)</small>&#8230;</p>
<p>A diferencia de la Iglesia Católica, todas las iglesias cristianas actuales tienen como comienzo histórico la Reforma Protestante iniciada por Martín Lutero&#8230; un sacerdote católico que veía algunas prácticas incorrectas dentro de la Iglesia&#8230; El error de Lutero, más allá de la veracidad de sus argumentos, está en su actitud cismática que lo llevó a lacerar la unidad de la Iglesia&#8230; Es interesante ver cómo la soberbia de Lutero, que lo llevó a cuestionar la autoridad del Papa, más tarde le lleva a considerar sus argumentos libres de todo error, o sea “infalibles”&#8230;</p>
<p>La Reforma Protestante no es fruto del Espíritu Santo, pues este sólo produce <em>«amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí»</em> <small>(Gálatas 5,22-23)</small>&#8230; Al contrario, la Reforma y el cisma que originó, es fruto de la soberbia, la desobediencia y la arrogancia de un hombre&#8230; que no sólo dividió la Iglesia fundada por Jesús&#8230; sino que dio pie a la proliferación de las miles de sectas que vemos hoy en día&#8230; cada una ideando y enseñando doctrinas distintas&#8230; y cada una reclamando haber sido inspirada por el Espíritu Santo&#8230;</p>
<p>Cuando hablamos de la Iglesia Católica, cabe recordar las palabras de SS Juan Pablo II, quien decía que la Iglesia <em>“respira con dos pulmones”</em>, Oriente (ortodoxa) y Occidente (romana)&#8230; Las demás iglesias cristianas van desde la Iglesia Anglicana, que ha mantenido una línea doctrinal similar a la católica/ortodoxa&#8230; pasando por las iglesias protestantes históricas: Luterana, Bautista, Metodista, Presbiteriana&#8230; hasta las iglesias pentecostales fundamentalistas, que toman literalmente cada palabra de la Biblia&#8230;</p>
<p>El término “iglesia evangélica” no identifica una doctrina o iglesia específica, sino que más bien se acuñó para identificar los cientos de iglesias cristianas independientes (muchas de ellas de corte fundamentalista) que surgen cada año&#8230;</p>
<p>También encontramos las iglesias que predican el “evangelio de la prosperidad” tan de moda hoy día, que enseñan que Dios quiere “bendecir” a sus seguidores: entiéndase un negocio próspero que permita diezmar abundantemente&#8230; Además, tenemos las iglesias “cuasi-cristianas” que, apoyadas en versiones adulteradas de la Biblia, predican un evangelio sin Jesucristo pues comienzan por negar su divinidad&#8230; Hasta llegar a la herejía de quien se hace llamar “Jesucristo hombre”, que basándose en algunos pasajes escogidos de las cartas de Pablo (según él, el único apóstol verdadero) predica que él es dios y ya nada es pecado&#8230;</p>
<p>Es una realidad innegable que todas las religiones cristianas que existen hoy en día son desprendimientos, directos o indirectos, de la Iglesia Católica&#8230; y si bien es cierto que algunas iglesias cristianas intentan desvincularse de la Reforma Protestante alegando que descienden directamente de las comunidades cristianas primitivas, ninguna puede presentar evidencia que sustente tales aseveraciones&#8230;</p>
<p>Lo más sorprendente de todo es que cada una de estas iglesias reclama tener la Verdad inspirada por el Espíritu Santo&#8230; Me pregunto: ¿Puede el Espíritu inspirar cosas tan diferentes?&#8230; la respuesta es: ¡No!, sencillamente, no puede&#8230; La Verdad – así, con mayúscula – sólo puede ser una, y sólo puede estar en la Iglesia fundada por Jesús&#8230;</p>
<p>Jesús <em>«edificó»</em> Su Iglesia – la Iglesia Católica – sobre la roca de Pedro hace dos mil años&#8230; El nombre “católica” significa universal y surge del mandato de Jesús: <em>«Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo»</em> <small>(Mateo 28,19)</small>&#8230; San Ignacio de Antioquía (quien fue discípulo del apóstol Juan) fue el primero, a comienzos del siglo II, en referirse a la Iglesia como Católica, o sea, Universal: <em>“Por doquier aparezca el obispo, ahí esté el pueblo; lo mismo que donde quiera que Jesucristo está también está la Iglesia Católica”</em> <small>(Carta a los Esmirniotas, año 110dC)</small>&#8230;</p>
<p>Uno de los argumentos más repetidos por aquellos que quieren desvincular la Iglesia Católica con la Iglesia que Cristo nos dejó es que Constantino, con el Edicto de Milán del año 313dC, “paganizó” la Iglesia Católica&#8230; Veamos: es un hecho histórico que la Iglesia había sido brutalmente perseguida antes de Constantino&#8230; y que Constantino promulgó la libertad de culto&#8230; si fue por conveniencia política o por una conversión genuina, no cambia el hecho de que liberalizó el culto y terminó con la persecución contra la Iglesia&#8230; Esto, de ninguna manera, puede interpretarse como “paganización” de la Iglesia&#8230; si así fuera, tendríamos dos problemas: (1) la fe de la Iglesia sería distinta antes y después de Constantino, cosa que no es cierta como puede verse a través de los escritos patrísticos; (2) habrían sido erradas las palabras de Jesús cuando dijo <em>«las puertas del Hades no prevalecerán contra ella»</em>&#8230;</p>
<p>La Voluntad del Señor fue clara y precisa: Jesús eligió doce Apóstoles&#8230; les enseñó y les dio autoridad&#8230; edificó Su Iglesia sobre ellos&#8230; y oró para que fueran una Iglesia unidad&#8230; Una sola Iglesia, unida bajo la autoridad que Él mismo les confirió&#8230; <em>«Un sólo rebaño, un sólo pastor»</em> <small>(Juan 10,16)</small>, esa era la Voluntad de Jesús&#8230; y sigue siendo Su Voluntad hoy día&#8230;</p>
<p>Sin embargo, son los hombres los que se han separado de Su Iglesia para seguir sus propias voluntades, fundando iglesias a conveniencia, haciéndolas a su medida y comodidad&#8230; Si algo no me gusta, me apoyo en un texto “inspirado por el Espíritu” y fundo mi propia iglesia, problema resuelto&#8230; Este es el verdadero saldo de la Reforma Protestante&#8230;</p>
<p>A pesar de todo esto&#8230; yo pienso que Jesús no ha dejado huérfanos a esos que siguen estas doctrinas de buena fe&#8230; Si bien es cierto que Él dijo: <em>«No todo el que me diga: “Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial”»</em> <small>(Mateo 7,21)</small>&#8230; También es cierto que dijo: <em>«el que no está contra nosotros, está por nosotros»</em> <small>(Marcos 9,40)</small>&#8230;</p>
<p>Realmente creo que el Espíritu Santo actúa en todas las denominaciones cristianas&#8230; Actúa por la fe de todos esos fieles que aman a Dios y confían en Su Misericordia&#8230; Pero actúa a medias, pues falta parte de la Verdad que Jesús le reveló a los Apóstoles&#8230; faltan los Sacramentos instituidos por Jesús&#8230; y falta la Eucaristía, presencia viva de Jesucristo entre nosotros&#8230;</p>
<p>Todos somos libres de elegir donde y como deseamos servirle al Señor&#8230; pero llega un momento en la vida de cada cristiano cuando se tiene que preguntar: ¿estoy realmente haciendo la Voluntad de Dios?&#8230; ¿estoy sirviéndole de la manera que Él quiere?&#8230; ¿estoy en Su Iglesia?&#8230; ¿o estoy en otra iglesia porque es más fácil o conveniente para mí?&#8230;</p>
<p>Para nosotros, la evidencia es clara: la Iglesia Católica ES la Iglesia fundada por Jesucristo&#8230; así lo dicen las Escrituras&#8230; lo sustenta la Tradición recogida por los Padres de la Iglesia&#8230; y lo confirman dos mil años de historia sólida y corroborable&#8230;</p>
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