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	<title>tengo sed de Ti &#187; espiritualidad</title>
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	<description>«Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo»...</description>
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		<title>La mirada del Señor</title>
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		<pubDate>Wed, 31 Aug 2011 03:37:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[adoración eucarística]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús]]></category>

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		<description><![CDATA[Tony de Mello nos relata en su libro “El canto del pájaro”: “Yo conversaba muchas veces con el Señor y le daba gracias y le [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2011/08/jesus_eucaristia.jpg" alt="" title="La mirada del Señor" width="299" height="225" class="alignright size-full wp-image-3331" /></p>
<p>Tony de Mello nos relata en su libro <em>“El canto del pájaro”</em>:</p>
<blockquote class="alternate"><p>
“Yo conversaba muchas veces con el Señor y le daba gracias y le cantaba sus alabanzas. Pero siempre tenía la incómoda sensación de que Él quería que lo mirara a los ojos. Yo le hablaba, pero desviaba mi mirada, cuando sentía que Él me estaba mirando. No sé por qué tenía miedo de encontrarme con sus ojos. Pensaba que quizás me iba a reprochar algún pecado del que no me había arrepentido o me iba a exigir algo. Al fin, un día tuve el suficiente valor y lo miré. No había reproche en sus ojos, ni exigencias. Sus ojos me decían simplemente con una sonrisa: «Te amo». Me quedé mirándolo fijamente durante largo tiempo y allí seguía el mismo mensaje: «Te amo»&#8230; Fue tanta mi alegría que, como Pedro, salí fuera y lloré.”</p></blockquote>
<p>Acércate ahora mismo al sagrario y míralo a los ojos y verás su mirada llena de amor, pues, como diría Juan Pablo II, la Eucaristía es una Presencia llena de amor. Ábrele tu corazón y deja que se caliente al sol de Jesús, ponte bajo sus alas divinas, déjate amar por Él y sentirás cómo te envuelve su luz, su alegría y su paz. Jesús te está mirando en este preciso momento, como si no tuviera que mirar a nadie más que a ti. Piénsalo bien, Jesús te está siempre mirando desde el sagrario. Y así lleva ya veinte siglos, derramando miradas de ternura y todavía no se ha cansado de mirar.</p>
<p>Quizás tengas miedo de mirar a Jesús en el momento de la elevación de la hostia y del cáliz en la Misa. ¿Por qué? Míralo, adóralo y dile con todo tu corazón: “Señor mío y Dios mío” o bien “Jesús, yo te amo”. Y encontrarás en su mirada mucho amor y mucha paz.</p>
<p>Una religiosa contemplativa me escribía: “Hace unos años vi los ojos de Jesús. Los vi en el fondo de mi alma. Era una mirada amorosa, dulce, cálida, elocuente, muy elocuente, pues me mostraba su Corazón inmenso infinito. Vi los ojos de mi Amado y fue tal la impresión que sentí, que no lo podré olvidar jamás. La mirada que dejó grabada en mi alma no podrá ser borrada y espero reconocerla en la patria tan deseada. Cuando esta mirada me envuelve de nuevo, me lleno de una infinita delicia. Es algo tan sublime que no puede ser explicado con palabras”.</p>
<p>Otra religiosa anciana me contó personalmente lo que le había sucedido, cuando era jovencita. Estaba de postulante y decidió marcharse a su casa. Pero la víspera de su salida del convento, tuvo un sueño: “Soñé que recogía mis cosas para el viaje, me vestía de seglar y caminaba por el claustro para ir a despedirme de la Comunidad. Entonces, vi a la M. Priora que caminaba delante de mí en compañía de un hombre. Al acercarme a ellos, el hombre se volvió y me miró. Era una mirada tan dulce y cariñosa, tan expresiva y amorosa, que nunca la olvidaré. Cada vez que recuerdo aquellos ojos divinos de Jesús, me pongo a llorar de emoción. Jesús no me dijo nada, pero yo lo entendí todo. Era como si me dijera: ¿y me dejas? ¿Ya no me quieres? ¿Dónde está aquel amor que me prometiste? Y aquí estoy hasta la muerte”.</p>
<p>Qué hermoso poder descubrir en los ojos de Jesús todo su amor por nosotros. Y, sobre todo, descubrir su amor en la celebración de la Eucaristía de cada día. Me manifestaba una religiosa muy enferma. “Un día estaba en la misa y, en el momento de la consagración, sentí mucho recogimiento y, como en un relámpago, vi a Jesús con mucha luz, más resplandeciente que el sol y me quedé anonadada sin poder articular palabra. Sólo lo amaba y sentía su amor. No sé cómo explicarlo, fue como en un relámpago y duró muy poco, pero se me quedó grabada dentro de mí esa mirada y sonrisa suya, como si me hubiese fundido totalmente con Él”.</p>
<p>Por eso, te digo que no tengas miedo. Acércate a Jesús, míralo a los ojos, no tengas miedo de su mirada. Si estás perdido y confundido, Él es tu camino. Si eres ignorante, Él es la Verdad. Si estás muerto por dentro, Él es la Vida. Él te iluminará, porque es la Luz de la vida. En el sagrario encontrarás el paraíso perdido que buscas. Entra en ese mundo fascinante de Jesús Eucaristía, donde encontrarás el amor infinito de tu Dios. Búscalo en el silencio, porque Él es amigo del silencio. Si estás a solas con Él, háblale de corazón, con confianza. Dile muchas veces: “Jesús, yo te amo. Yo confío en Ti”.</p>
<div class="bibliography"><br />
Padre Ángel Peña, O.A.R.<br />
“Jesús Eucaristía, el Amigo que siempre te espera”<br />
</div>
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		<title>JPII: Dios es el protagonista en la oración</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Apr 2011 11:43:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Pablo II]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>

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		<description><![CDATA[El Beato Juan Pablo II nos dijo, La oración puede cambiar vuestra vida. Ya que aparta vuestra atención de vosotros mismos y dirige vuestra mente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2011/04/jpii_protagonista_oracion.jpg" alt="" title="JPII: Dios es el protagonista en la oración" width="220" height="290" class="alignright size-full wp-image-1673" /></p>
<p>El Beato Juan Pablo II nos dijo,</p>
<blockquote><p>La oración puede cambiar vuestra vida. Ya que aparta vuestra atención de vosotros mismos y dirige vuestra mente y vuestro corazón hacia el Señor. Si nos miramos solamente a nosotros mismos, con nuestras limitaciones y nuestros pecados, tomará cuerpo en nosotros con suma rapidez la tristeza y el desconsuelo. Pero si tenemos nuestros ojos fijos en el Señor, entonces nuestro corazón se llenará de esperanza, nuestra mente se iluminará por la luz de la verdad, y llegaremos a conocer la plenitud del Evangelio con todas sus promesas y su vida.
</p></blockquote>
<p>También nos dijo,</p>
<blockquote><p>Dios nos oye y nos responde siempre, pero desde la perspectiva de un amor más grande y de un conocimiento más profundo que el nuestro. Cuando parece que Él no satisface nuestros deseos concediéndonos lo que pedimos, por noble y generosa que nuestra petición nos parezca, en realidad Dios está purificando nuestros deseos en razón de un bien mayor que con frecuencia sobrepasa nuestra comprensión en esta vida. El desafío es «abrir nuestro corazón» alabando su Nombre, buscando su Reino, aceptando su Voluntad.
</p></blockquote>
<p>Estos párrafos son parte del artículo <em>“Dios es el protagonista en la oración”</em> que tenemos en la sección de <a href="http://www.tengoseddeti.org/article-category/temas-de-reflexion/">Temas de Reflexión</a>&#8230; Puedes leer el artículo completo <a href="http://www.tengoseddeti.org/article/dios-es-el-protagonista-en-la-oracion/">aquí</a>&#8230;</p>
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		<title>Las dos banderas</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Mar 2011 03:35:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[contemplación]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, nos presenta el mundo como un gran campo de batalla donde se enfrentan dos ejércitos&#8230; el cristiano [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2011/03/dos-banderas.jpg" alt="" title="Dos banderas" width="280" height="280" class="alignright size-full wp-image-1484" /></a></p>
<p>San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, nos presenta el mundo como un gran campo de batalla donde se enfrentan dos ejércitos&#8230; el cristiano no puede permanecer indiferente ante esta lucha&#8230; sino que tiene que saber escoger cuál es su lugar&#8230; y bajo qué bandera combatirá&#8230; bajo la bandera de Cristo o bajo la bandera de Satanás&#8230;</p>
<p>Hace unas semanas hacía una contemplación de las “dos banderas”&#8230; y hoy quiero compartirla con ustedes&#8230;</p>
<p style="text-align: center;">~*~*~*~*~*~</p>
<p><strong>Era un gran valle</strong> al pie de una montaña&#8230; yo me encontraba en una pequeña meseta, a uno de los extremos, desde donde podía divisar toda la llanura&#8230; la noche estaba muy oscura&#8230; y la única claridad provenía de una enorme columna de fuego que se alzaba desde el tope de la montaña y que parecía alcanzar el cielo&#8230;</p>
<p>En el valle había dos grupos, uno a cada extremo&#8230; no sé que hora era, pero me parecía que aún faltaban unas horas para el amanecer&#8230; el ambiente se sentía cargado de adrenalina&#8230; uno de los grupos, el más cercano a mí, esperaba en silencio&#8230; había una cierta calma en el aire, como quien ha logrado dominar la pasión para actuar de acuerdo a una Voluntad Superior&#8230;</p>
<p>Mientras tanto, en el otro grupo se escuchaba movimiento&#8230; bulla&#8230; confusión&#8230; estaban juntos, pero desarticulados&#8230; todos querían mandar y ninguno quería dejarse dirigir&#8230; pero apareció una figura, más grande e imponente que las demás, que lanzándoles una mirada fulminante, gritó y les mandó a callar&#8230; poco a poco comenzaron a organizarse por grupos&#8230; de un lado, la soberbia&#8230; de otro, la lujuria&#8230; más allá, la envidia&#8230; la avaricia&#8230; la pereza&#8230; la gula&#8230; y la ira&#8230; era claro que no obedecía por gusto, sino por el miedo que aquella figura les inspiraba&#8230;</p>
<p>De repente, la figura alzó la vista y clavó su mirada en mí&#8230; fue sólo un instante, pero sentí un frío que me helaba los huesos&#8230; no podía distinguirle bien desde donde me encontraba, pero sus ojos rojizos estaban llenos de maldad&#8230; y brillaban con un odio indescriptible&#8230; “Ese es Satanás”, dijo una voz a mi lado, “pero no te preocupes, no podrá tocarte mientras estés conmigo”&#8230; miré y vi a Jesús, parado junto a mí&#8230; y por primera vez me di cuenta que no me encontraba solo&#8230;</p>
<p>Mientras hablábamos, vimos como Satanás comenzó a moverse desde su lado del valle, hacia las almas que estaban cerca de nosotros&#8230; “Va a aprovechar la oscuridad de la noche y el cansancio de la espera para tentar a mis guerreros”, dijo Jesús&#8230; “Mi Padre ha permitido que seas testigo de lo que ellos vean y escuchen para que entiendas la lucha interior que enfrentan”, añadió&#8230;</p>
<p>Jesús me llevó junto a su ejército y observé como Satanás se acercaba a sus guerreros, uno por uno&#8230; escuchaba las cosas que les susurraba al oído&#8230; y los sueños que iba vendiéndole a sus corazones&#8230; muchos permanecían firmes, fieles al llamado del Señor&#8230; pero algunos se dejaban seducir por las palabras del Engañador&#8230; fama&#8230; dinero&#8230; pasiones&#8230; poder&#8230; eran las cosas con las que iba tentando a unos y a otros&#8230; y veía cómo comenzaban a caminar por el valle, alejándose de nosotros y acercándose al ejercito enemigo&#8230;</p>
<p>Hubo algo que me llamó la atención&#8230; tan pronto una de estas almas escuchaba a Satanás y sucumbía a sus engaños, parecía como si una puerta se abriera en su corazón&#8230; entonces aparecían varios demonios que comenzaban darle vueltas&#8230; entraban y salía de ella como les placía, empujándola cada vez más&#8230; mientras tanto, Satanás dibujaba una sonrisa en sus labios y nos miraba a Jesús y a mí&#8230;</p>
<p>“No es una sonrisa”, dijo Jesús conociendo mis pensamientos, “ese es incapaz de sonreír o de sentir alegría o de cualquier sentimiento bueno y digno&#8230; al contrario, su sonrisa es una mueca, se burla de nosotros porque sabe que cada alma que me roba me causa un dolor indescriptible&#8230; fíjate, él no seduce las almas por el daño que les hace, en realidad desprecia a todo el género humano&#8230; pero vuelca en los hombres todo el odio que siente por mí y por mi Padre&#8230;”</p>
<p>Mientras Jesús me hablaba, Satanás seducía a otra de las almas en su ejercito&#8230; ¡y cuál fue mi sorpresa cuando vi que tenía un cuello clerical en su camisa: era un sacerdote!!!  Le pedí a Jesús que no lo permitiera y me respondió: “Pídeselo a mi Padre y Él te lo concederá”&#8230; dirigí mi vista a la gran columna de fuego que subía de la montaña hasta el cielo y dije: “Padre, no permitas que esta alma consagrada a Ti se pierda&#8230; protégelo y dale la fortaleza para vencer la tentación”&#8230; entonces un rayo de gracia alcanzó el corazón del sacerdote, inundándole del Amor de Dios&#8230; abrió los ojos y, aterrado, pudo ver como Satanás trataba de abalanzarse sobre él con rabia&#8230; pero San Miguel apareció de repente, interponiéndose entre ambos, protegiéndole&#8230; mientras tanto, María Santísima lo cubría con su manto y lo acompañaba de vuelta a su lugar&#8230;</p>
<p>Mientras Satanás se retorcía de la rabia al ver como se le escapaba de las garras el alma del sacerdote, Jesús siguió diciéndome:</p>
<p>“La batalla entre el bien y el mal no es una batalla entre iguales&#8230; eso es lo que él quiere hacer creer&#8230; pero él siempre será un criatura&#8230; y si existe, es porque mi Padre así lo permite&#8230; eso incrementa el odio en él&#8230; saber que su sola existencia se la debe a Aquel a quien tanto aborrece&#8230; y saber que siempre estará separado de su Creador porque su ser es incapaz de amar o de sentir agradecimiento&#8230; más aún, se odia a sí mismo porque sabe que él es el único culpable de su condena&#8230;”</p>
<p>“Ahora mismo está impaciente y rabioso&#8230; él quisiera lanzarse contra mi ejercito con toda su furia, pero no puede&#8230; así que trata de arrastrar tras de sí a tantas almas como le es posible, porque sabe que la batalla final ya se luchó&#8230; y él fue el perdedor&#8230;”</p>
<p>Comenzaba a amanecer y el primer rayo de luz cayó sobre el valle&#8230; Satanás y sus demonios se retiraron a toda prisa a su campamento, pues la luz dejaba ver su verdadero rostro y ponía al descubierto sus engaños&#8230; su apariencia era horrible y quedaba revelada a todos&#8230; ya no trataban de seducir con mentiras&#8230; sino que maldecían e injuriaban, gritando amenazantes desde su lado del valle&#8230;</p>
<p>De pronto, nos encontramos de nuevo en la meseta y Jesús me mostraba su ejercito&#8230; éramos un pequeño grupo de guerreros&#8230; montábamos sobre caballos blancos y por primera vez noté que llevábamos puesta la Armadura de Dios&#8230; el Cinturón de la Verdad&#8230; la Coraza de la Justicia&#8230; los pies calzados con el Celo por el Evangelio de la Paz&#8230; el Yelmo de la Salvación&#8230; en una mano el Escudo de la Fe&#8230; y en la otra, la Espada del Espíritu&#8230;</p>
<p>Miré a Jesús sorprendido por lo pocos que éramos&#8230; pero Jesús me invitó a mirar de nuevo&#8230; y vi que detrás venía una gran multitud que se perdía en el horizonte&#8230; de un lado, los santos y los mártires, que junto a nuestra Señor y a las almas del Purgatorio, unían sus oraciones a las de toda la Iglesia&#8230; por el otro, todas las legiones angélicas que capitaneados por San Miguel entonaban alabanzas a Dios&#8230;</p>
<p>Jesús abrió su pecho y tomando una pequeña chispa del fuego inmenso que ardía en su Corazón, extendió su mano y la puso en el mío, como había hecho con los demás guerreros&#8230; era un fuego abrasador que crecía y crecía, según las oraciones de la Iglesia aumentaban y las alabanzas de los ángeles alcanzaban el Trono de Dios&#8230;</p>
<p>Jesús me miró y me dijo: “Ha llegado el momento”&#8230; entonces el Padre, desde lo alto de la Columna de Fuego, dio la orden y la batalla final comenzó&#8230;</p>
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		<title>La lucha permanente entre el bien y el mal</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Nov 2010 16:50:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Vivimos en medio de una gran batalla&#8230; la batalla entre el bien y el mal&#8230; una lucha que comenzó desde el comienzo de la humanidad, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><iframe title="YouTube video player" width="600" height="480" src="http://www.youtube.com/embed/9lG_lw7lss4?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Vivimos en medio de una gran batalla&#8230; la batalla entre el bien y el mal&#8230; una lucha que comenzó desde el comienzo de la humanidad, cuando el Enemigo tentó a nuestros primeros padres&#8230; y que seguirá hasta el final de los tiempos&#8230; nosotros conocemos de Quien es la Victoria&#8230; pero aún así, tenemos que pelear la batalla hasta el final&#8230;</p>
<p>Hoy les traigo un capítulo del programa de EWTN, Nuestra fe en vivo&#8230; donde Pepe Alonso entrevista al exorcista español Padre José Antonio Fortea sobre la lucha permanente entre el bien y el mal&#8230;</p>
<p>Dios me los bendiga mucho&#8230; y San Miguel Arcángel les acompañe, librándoles de todo mal&#8230;</p>
<p>Romualdo</p>
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		<title>31 de octubre</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Oct 2010 03:37:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[En estos días estábamos hablando con unos amigos sobre la “fiesta” de Halloween y todas las cosas que suceden ese día&#8230; en Puerto Rico (y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En estos días estábamos hablando con unos amigos sobre la “fiesta” de Halloween y todas las cosas que suceden ese día&#8230; en Puerto Rico (y en el mundo entero) se ha perdido la conciencia de todo el mal que nos rodea&#8230; el Maligno está acechando en cada esquina, esperando&#8230; y nosotros nos hemos acostumbrado a vivir en medio de la lucha sin pensar que es nuestra la responsabilidad orar por todo lo que sucede y de ofrecer reparación por todo el mal que se comete: ese día y todos los demás días del año&#8230;</p>
<p>El Padre Jordi Rivero dice,</p>
<p><em>La cultura moderna, jactándose de ser pragmática y científica, se aparta de Dios considerándolo un mito ya superado. Al mismo tiempo, para llenar el vacío del alma, el hombre de hoy retrocede cada vez más al absurdo de la superstición y del paganismo. Ha cambiado a Dios por el mismo demonio. Sin la fe, el hombre se arrastra hacia la necesidad de protegerse de fuerzas que no puede dominar. Vive con miedo y necesita expresarlo. Busca de alguna manera con sus ritos exorcizar las fuerzas superiores.</em></p>
<p><em>No es de extrañar entonces que vivamos en una cultura de la muerte en la que millones de niños son abortados cada año y muchos más mueren de hambre y abandono.</em></p>
<p><span id="more-1052"></span></p>
<p><em>Como católicos, profesamos que solo Jesucristo nos libera de la muerte. Solo Él es la luz que brilla en la oscuridad de los largos inviernos espirituales del hombre. Solo Él nos protege de la monstruosidad de Satanás y los demonios. Solo Él le da sentido al sufrimiento con su Cruz. Solo Él es vencedor sobre el horror y la muerte. Solo Dios basta para quién ha recibido la gracia y vive como discípulo de Cristo. Ante Cristo la cultura de la muerte cede el paso al amor y la vida.</em></p>
<p><small>Tomado de Corazones Org, para ver el artículo completo sobre Halloween, pulse <a href="http://www.corazones.org/apologetica/practicas/halloween.htm" target="_blank">aquí »</a></small></p>
<p>Hoy es 31 de octubre&#8230; pensemos y actuemos como Católicos&#8230; y aprovechemos el último día del mes del Rosario para ofrecer nuestras oraciones por aquellos que se han alejado de la gracia de Dios&#8230;</p>
<p>Dios me los bendiga&#8230;</p>
<p>Romualdo</p>
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		<title>Mirando la santidad con Santa Teresita de Lisieux</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Oct 2010 11:57:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Teresa de Lisieux]]></category>

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		<description><![CDATA[Extracto del “Retiro con Santa Teresa del Niño Jesús” por el Padre Liagre Me he fijado en dos páginas de su vida. En ellas está [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2010/10/sta_teresita.jpg" alt="" title="Santa Teresita del Niño Jesús" width="200" height="300" class="alignright size-full wp-image-1684" /></p>
<p>Extracto del “Retiro con Santa Teresa del Niño Jesús”<br />
<small>por el Padre Liagre</small></p>
<p>Me he fijado en dos páginas de su vida. En ellas está compendiada toda la doctrina ascética de Teresa. La primera me parece expresar con estilo sencillo e ingenuo en extremo la significación del Espíritu Santo&#8230;</p>
<blockquote><p>«Siempre he sentido el deseo -escribe Teresa- de llegar a ser santa. Pero, ¡ay!, cuando me comparo con los santos, veo que entre ellos y yo existe la misma diferencia que hay entre las altas montañas cuya cima está más allá de las nubes y el grano de arena pisoteado por los transeúntes. En lugar de desalentarme pienso: Dios nuestro Señor no inspira deseos irrealizables.»
</p></blockquote>
<p>Detengámonos un instante; con qué precisión razona la Santa. Dios -el Espíritu Santo- no despierta jamás en el alma deseos irrealizables; cuando inspira deseos tiene intención de satisfacerlos, de colmarlos con creces.</p>
<p>Los deseos son en el alma como el fruto de la acción del Espíritu Santo. La palabra «deseo» se encuentra constantemente en los escritos de Teresa; indicio verdaderamente significativo. Son clásicos los deseos personales de Teresa, que no tienen límite ni medida; son inmensos, infinitos.</p>
<blockquote><p>«Entonces pensé: Dios nuestro Señor no inspira deseos irrealizables; puedo, por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad. ¿Qué hacer? Crecer me es imposible; debo resignarme a ser tal cual soy, con mis innumerables imperfecciones, pero quiero encontrar el medio de ir al cielo, por un camino muy recto, muy corto, un camino enteramente nuevo. Estamos en el siglo de los inventos; ya no hay que tomarse el trabajo de subir los peldaños de una escalera: un ascensor los reemplaza con ventaja. ¡Yo quisiera encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús!, pues soy demasiado pequeña para subir la empinada cuesta de la perfección.»</p></blockquote>
<p>¡Cuántas almas piensan esto mismo, pero se quedan desalentadas al pie de la escalera!</p>
<blockquote><p>«Entonces abrí la Escritura Sagrada, esperando encontrar en ella la solución que necesitaba; y leí estas palabras de la Sabiduría: Si alguno es muy pequeño, que venga a Mí (Prov. 9, 4 y 16). Me acerqué, pues, a Él, presintiendo que había descubierto lo que buscaba. Deseando saber qué hará el Señor con el alma pequeña que a Él se acerque, me encontré con estas consoladoras palabras: Como una madre acaricia a su hijo, así yo os consolaré, os llevaré en mi regazo y os meceré sobre mis rodillas (Is. 66, 13). ¡Ah, jamás he escuchado palabras tan tiernas y conmovedoras! ¡Vuestros brazos, oh Jesús, son el ascensor que debe llevarme al Cielo! Para esto no tengo necesidad de crecer; al contrario, he de procurar ser más pequeña cada día!»</p></blockquote>
<p>Los brazos de Jesús, en lenguaje no metafórico, sino teológico, significan el Espíritu de Jesús, el Espíritu Santo. Sus dones son a manera de brazos que nos elevan. «Ascensor», esta palabra expresa con precisión admirable la obra del Espíritu Divino. Es la palabra de San Pablo: Los que son movidos por el Espíritu Santo, escrita en lenguaje moderno. En verdad, la obra de la santidad no se lleva a cabo sino bajo la influencia del Espíritu Santo, que es quien mueve al alma, quien la lleva, quien la levanta hasta la perfección de la caridad, hasta la santidad.</p>
<p>¿Cómo corresponder a esta obra? ¡Humildad y confianza! Si alguno es pequeño, que venga a Mí. Teresa, iluminada por el Espíritu Santo, comprendió perfectamente esa palabra de la Sabiduría «Ser pequeño», es decir, conocer y amar la propia impotencia y «buscarle a Él», al Amor infinito; ése es el ascensor divino. Y entonces no somos nosotros quienes subimos: es Él quien nos eleva, y al alma sólo le toca dejarle hacer, seguir su movimiento ascendente. Él nos elevará por encima de nosotros mismos, de nuestros defectos, y poco a poco nos librará de nuestro «yo» egoísta. ¡Esta es su obra esencial, obra divina, para cuya realización sólo pide al alma un gran deseo acompañado de una confianza total en sí misma y de una confianza sin límites en Él, en su amor gratuito y omnipotente! ¡Humildad, confianza!</p>
<p>Este es el meollo de la santidad, de la espiritualidad de Teresa; como punto de partida, el deseo de amar a Dios sin medida; humildad, si alguno es muy pequeño, y confianza, que venga a Mí. Entonces el alma se entrega y sube al ascensor divino: Movidos por el Espíritu Santo.</p>
<p>Repitámoslo: en esta página está contenida toda la doctrina de Teresa, reducida a sus elementos teológicos. Pero ¿y la corrección de los defectos?, ¿y la adquisición de las virtudes?, ¿y la cooperación humana en el trabajo de la perfección? En la mente de Teresa todo está compendiado en esta sencilla fórmula: entregarse a Dios con humildad y confianza. La sinceridad debe caracterizar al alma que se entrega enteramente al Amor Misericordioso, sin tener en cuenta sus defectos y miserias.</p>
<p>Creer en el Amor; recalquemos una vez más la extraordinaria importancia de la fe en el Amor Misericordioso. Evidentemente, el alma ha de cooperar con su trabajo, con sus propios esfuerzos&#8230;, pero en esta labor no tanto se mira a sí misma cuanto a Dios; no tanto trabaja cuanto se entrega a la acción de Dios, en quien deposita toda su confianza. <em>«Spiritu Dei aguntur»</em>&#8230; No se ha de olvidar que Dios es el primer agente de la santidad. El alma que se siente amada de Dios conoce experimentalmente esta verdad palpando la acción divina en su propio trabajo. De ahí su confianza y su fortaleza, que la mueve a obrar con humildad, con suavidad, con paz; sin agitación, sin impaciencia, sin inquietud, sin apresuramiento y, por encima de todo, sin desaliento.</p>
<p>Leamos ahora la segunda página de nuestra teóloga, llamémosla así; esta página, que trata del trabajo del alma, esclarece y completa maravillosamente la teología del «ascensor». Esta página no la tomamos de la Historia de un alma, sino del Proceso Apostólico.</p>
<p>Teresa era entonces Maestra de Novicias. Una novicia se desalentaba porque el éxito no correspondía a sus esfuerzos por corregir sus defectos:</p>
<blockquote><p>«Es usted como un niño pequeño que empieza a tenerse en pie y aún no sabe andar. Quiere llegar a lo alto de una escalera para encontrarse con su madre, y levanta su piececito intentando subir el primer peldaño. En vano; cae y recae sin poder adelantar. Pues bien, sea usted como ese niño. En la práctica de las virtudes levante su pie para subir la escalera de la santidad, pero no se crea capaz de llegar ni al primer peldaño. Dios nuestro Señor no pide más que su buena voluntad. Desde lo alto de esa escala, Él la mira con amor; vencido por la inutilidad de sus esfuerzos, no tardará Él en bajar y tomándole en sus brazos la llevará para siempre a su reino.»</p></blockquote>
<p>Aquí vemos descrita la cooperación del alma en el trabajo de la perfección. Dios nuestro Señor no pide más que nuestra buena voluntad, nuestro deseo de complacerle, y nuestros pequeños y estériles esfuerzos. ¡Es lo único que está a nuestro alcance! Él lo sabe, y si perseveramos con humildad y confianza a pesar de nuestros repetidos fracasos en el deseo de complacerle, nos tomará en sus brazos y nos llevará&#8230; Otra vez el símil del ascensor, pero aquí se describe el trabajo del alma en cooperación al de Dios.</p>
<p>¡Qué paz, qué sosiego experimenta el alma que con esas disposiciones se esfuerza y trabaja en la adquisición de las virtudes! Orientada hacia Dios, descansa en Él en medio de su actividad, y de Él se fía plenamente, aun en sus fracasos e imperfecciones. La gran ocupación y preocupación del alma no es ya el progreso en la virtud, sino el deseo de agradar a Dios, único norte de su vida.</p>
<p>¡Entrega! ¡Dejarse hacer! ¡Renuncia! Ahí está la santidad. Porque «la santidad no consiste en tal o cual práctica; consiste en una disposición del corazón que nos mantiene humildes y pequeños en los brazos de Dios, conscientes de nuestra debilidad, y plenamente confiados en su bondad de Padre». ¡Pero qué pocas almas viven en esta disposición!&#8230; «Hemos de resignamos a permanecer siempre pobres y débiles, y esto es lo difícil; amemos nuestra pequeñez, nuestra impotencia; entonces seremos pobres de espíritu, y Jesús bajará hasta nosotros y nos transformará en incendio de amor.» Todo ayuda, pues, al alma a unirse con Dios, que es el Único necesario.</p>
<p>A este estado invita Teresa a las almas pequeñas; al estado de los hijos de Dios, que se dejan atraer, que se dejan llevar por el espíritu de Jesús, es decir, por el Espíritu de Amor.<br />
Esto es puro Evangelio. ¡Hagámonos niños!</p>
<p style="text-align: right;"><small>Parte del capítulo “Santa Teresa y el Espíritu Santo”,<br />
del “Retiro con Santa Teresa del Niño Jesús” por Padre Liagre.<br />
Fuente: Abandono.com</small></p>
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		<title>Orar siempre, sin desfallecer</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Sep 2010 03:05:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[apuntes personales]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>

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		<description><![CDATA[En estos días he estado repasando algunos temas sobre el “desierto” y recordé algo que una vez leí sobre la oración incesante&#8230; es una historia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En estos días he estado repasando algunos temas sobre el “desierto” y recordé algo que una vez leí sobre la oración incesante&#8230; es una historia de un joven que se va al desierto y allí aprende a “orar siempre, sin desfallecer”&#8230; se las cuento:</p>
<p><em>Se trata de Máximo, un joven griego, que oye la llamada a ir al desierto para realizar las palabras de Jesús: “Hay que orar siempre sin desfallecer”. Se va, y el primer día todo marcha bien. Se pasa el día rezando el padrenuestro y el avemaría. Pero se pone el día, oscurece y comienza a ver surgir formas y brillar ojos en la espesura. Entonces le invade el miedo, y su oración se hace más insistente: “Jesús, hijo de David, ten compasión de mí”. Y se duerme.</em></p>
<p><em>Al despertarse por la mañana, se pone a rezar como la víspera; pero, como es joven, siente hambre y sed, y ha de alimentarse. Entonces comienza a pedir a Dios que le proporcione alimento; y cada vez que encuentra una baya, dice: “Gracias, Dios mío”.</em></p>
<p><em>Vuelve la tarde con los terrores de la noche, y se pone a rezar la oración de Jesús. Poco a poco se habitúa a los peligros exteriores: el hambre, el frío y el sol; pero, como es joven, siente tentaciones de todas clases en su corazón, en su alma y en su espíritu. Habituado ya a la lucha, repite la oración de Jesús.</em></p>
<p><span id="more-1023"></span></p>
<p><em>Se suceden los días, los meses y los años, y también el mismo ritmo de tentaciones, de oración, de pruebas, de caídas y de levantarse. Un buen día, al cabo de catorce años, van a verle sus amigos, y comprueban con estupefacción que está siempre orando. Le preguntan: “¿Quién te ha enseñado la oración continua?”. Y Máximo les responde: “Sencillamente, los demonios”.</em></p>
<p style="text-align: right;"><small>De la introducción del libro “Día y Noche”, Jean Lafrance</small></p>
<p>Me gusta mucho esta historia&#8230; Máximo sintió un llamado de Dios&#8230; un llamado a la oración incesante&#8230; a ser de esos que siempre están ante la presencia del Señor&#8230; pero, ¿sabes algo?, al igual que Máximo, todos los cristianos recibimos esa misma llamada a la oración&#8230;</p>
<p>Como Máximo, junto con la llamada también recibimos esas ayudas que Dios nos proporciona para que nos acerquemos más a Él y nos abandonemos en sus brazos&#8230; esas ayudas son las pruebas que enfrentamos, las cruces que nos toca llevar, las cargas, los problemas&#8230; o, como les llama Máximo, “los demonios”&#8230;</p>
<p>Es prudente señalar que Máximo no se está refiriendo al Maligno, sino a esos miedos y temores que todos guardamos en el interior de nuestro corazón&#8230; esos miedos que nos angustian, que nos causan dudas y nos hacen desfallecer&#8230; pero son también esos miedos los que nos empujan a los brazos de un Dios Misericordioso que siempre nos acoge, nos consuela y nos da la paz&#8230;</p>
<p>La diferencia entre nosotros y Máximo es la perseverancia&#8230; cada día él repetía el ciclo y se abandonaba a la Voluntad de Dios&#8230; cada día daba gracias y cada día iba creciendo en comunión con Dios&#8230;</p>
<p>Aprendamos de Máximo&#8230; pongámoslo todo en las manos del Señor&#8230; entregándole nuestros miedos y dándole gracias por todo lo que pasa a nuestro alrededor&#8230; con el correr del tiempo, miraremos atrás y sorprendidos, podremos exclamar como San Pablo, “no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí”&#8230;</p>
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		<title>Un cuento sobre la santidad</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jun 2010 10:49:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Jesús decía: “En verdad, en verdad os digo que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, quedará solo; pero si muere, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Jesús decía: “En verdad, en verdad os digo que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, quedará solo; pero si muere, dará mucho fruto” (Jn 12,24).</p>
<p>Érase una vez un granito de trigo, pequeño y sencillo, que quería ser santo y llegar hasta el cielo. Y se ofreció a Dios&#8230; y se puso en sus manos de buen sembrador. Y el Señor, de inmediato, con mucho cariño, lo colocó en tierra buena y lo cuidó como a un niño.</p>
<p>Pero el granito, gritaba&#8230;, pasaba las noches oscuras, a solas, con miedo y con frío, muriendo a sí mismo. Pero, sin saberlo, renacía a una vida más hermosa y bella.</p>
<p>Y empezó a crecer como espiga, débil y temerosa, azotada por las lluvias y mecida por los vientos. Y fue creciendo, creciendo y creciendo acariciada por el sol, y soñaba y soñaba&#8230; y pedía y oraba.</p>
<p>Cuando estuvo madura, un día de estío se presentó el segador. Y ella, alarmada, gritaba y decía: “A mí, no, porque yo estoy destinada a ser santa y elevarme hasta el cielo”. Pero el hombre, tal vez, distraído, metió la hoz, despiadado, y quebró sus ensueños de oro.</p>
<p><span id="more-952"></span></p>
<p>“Oh Señor”, clamó entonces la espiga, “ya no puedo llegar a tus brazos. Sálvame mi Señor, que me muero”. Pero el Señor, cual si nada escuchase, respondió con un largo silencio&#8230; Y aquel hombre, tomando la espiga, bajo el trillo la puso al momento&#8230; Y los granos crujieron&#8230; y cual sarta de perlas preciosas, por la era rodaron deshechos.</p>
<p>Y vinieron más hombres y metieron los granos de trigo en un saco viejo, llevándolos luego al molino, donde finísimo polvo se hicieron. Y la harina seguía llorando. Mientras, arriba en el cielo, seguían callando&#8230; y, aquí abajo, seguían moliendo.</p>
<p>Y, ¿por qué callaría Jesús? Y, ¿por qué, si era pura e inocente, le negaba el consuelo? Pero ella obediente, seguía sufriendo&#8230; Y Jesús preparaba la harina. Y una hostia bellísima hicieron&#8230; por fin el grano, espiga, harina, en Jesús se fundieron.</p>
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