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	<title>tengo sed de Ti &#187; Historias y cuentos</title>
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	<description>Información y recursos sobre la fe Católica para ambos, católicos y no-católicos interesados en conocer y entender las enseñanzas de nuestra Iglesia...</description>
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		<title>Tres árboles sueñan</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Dec 2009 10:40:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias y cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[
Érase una vez, en la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles que soñaban en grande sobre lo que el futuro deparaba para ellos.
El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo:
– “Yo quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y ser llenado de piedras preciosas. Yo seré el baúl de tesoros mas hermoso [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/12/tres-arboles.jpg" alt="tres arboles" title="tres arboles" width="310" height="198" class="alignnone size-full wp-image-682" /></p>
<p>Érase una vez, en la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles que soñaban en grande sobre lo que el futuro deparaba para ellos.</p>
<p>El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo:</p>
<p>– “Yo quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y ser llenado de piedras preciosas. Yo seré el baúl de tesoros mas hermoso del mundo.”</p>
<p>El segundo arbolito observó un pequeño arroyo en su camino hacia el mar y dijo:</p>
<p>– “Yo quiero viajar a través de mares inmensos y llevar a reyes poderosos sobre mi. Yo seré el barco mas imponente del mundo.”<span id="more-681"></span></p>
<p>El tercer arbolito miró hacia el valle y vio a hombres agobiados de tantos infortunios, fruto de sus pecados y dijo:</p>
<p>– “Yo no quiero dejar la cima de la montaña jamás. Quiero crecer tan alto que cuando la gente del pueblo se detenga a mirarme, levantarán su mirada al cielo y pensaran en Dios. Yo seré el árbol mas alto del mundo.”</p>
<p>Los años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles se convirtieron en majestuosos cedros. Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña. El primer leñador miró al primer árbol y dijo:</p>
<p>– “¡Qué árbol tan hermoso es este!”, y con la arremetida de su brillante hacha el primer árbol cayó.</p>
<p>– “Ahora me deberán convertir en un baúl hermoso, voy a contener tesoros maravillosos”, pensó el primer árbol.</p>
<p>El segundo leñador miró al segundo árbol y dijo:</p>
<p>– “¡Este árbol es muy fuerte, es perfecto para mi!”, y con la arremetida de su brillante hacha, el segundo árbol cayó.</p>
<p>– “Ahora deberé navegar mares inmensos”, pensó el segundo árbol, “deberé ser el barco más imponente para los reyes mas poderosos de la tierra.”</p>
<p>El tercer árbol sintió su corazón hundirse de pena cuando el último leñador se fijó en el. El árbol se paró derecho y alto, apuntando al cielo. Pero el leñador ni siquiera miró hacia arriba, y dijo:</p>
<p>– “¡Cualquier árbol es bueno para lo que busco!”, y con la arremetida de su brillante hacha, el tercer árbol cayó.</p>
<p>El primer árbol se emocionó cuando el leñador lo llevó a una carpintería. Pero pronto vino la tristeza. El carpintero lo convirtió en una caja de alimento para animales de granja. Aquel árbol hermoso no fue cubierto con oro, ni llenado de tesoros y piedras preciosas, sino fue usado sólo para poner el pasto para animales hambrientos.</p>
<p>El segundo árbol sonrió cuando el leñador lo llevó cerca de un embarcadero. Pero ningún barco imponente fue construido ese día. En lugar de eso, aquel árbol fuerte fue cortado y convertido en un simple bote de pesca, demasiado chico y débil para navegar en el océano, ni siquiera en un río, y fue llevado a un pequeño lago. Y allí quedó con los pobres pescadores que nada de importancia tienen para la historia.</p>
<p>El tercer árbol quedo muy confundido cuando el leñador lo llevó a un aserradero donde fue cortado y convertido en sendos leños que por muchos años fueron olvidados como escombros en un oscuro almacén militar.</p>
<p>– “¿Qué estará pasando?”, fue lo que se preguntó el árbol, “yo todo lo que quería era quedarme en la cumbre de la montaña&#8230; y apuntar a Dios.”</p>
<p>Muchísimos días y noches pasaron y a los tres árboles ya casi se les habían olvidado sus sueños. Pero una noche brilló sobre el primer árbol la luz de una estrella dorada, cuando una joven mujer puso a su hijo recién nacido en aquella humilde caja para alimentos.</p>
<p>– “Yo quisiera haberle construido una hermosa cuna”, le dijo su esposo&#8230;</p>
<p>La madre le apretó la mano y sonrió mientras la luz de la estrella alumbraba al niño que apaciblemente dormía sobre la paja y la tosca madera del pesebre.</p>
<p>– “El pesebre es hermoso”, dijo ella y, de repente, el primer árbol supo que contenía el tesoro más grande del universo.</p>
<p>Pasaron los años y una tarde, un viajero cansado y sus amigos se subieron a la vieja barca de pesca. El viajero se quedó dormido mientras el segundo árbol navegaba tranquilamente sobre el lago. De repente, una impresionante y aterradora tormenta se abatió sobre ellos. El segundo árbol se llenó de temor pues las olas eran demasiado fuertes para la pobre barca en que se había convertido. A pesar de sus mejores esfuerzos, le faltaban las fuerzas para llevar a sus tripulantes seguros a la orilla. ¡Naufragaba! ¡Qué gran pena, pues no servía ni para un lago! Se sentía un verdadero fracaso. Así pensaba cuando el viajero cansado se levantó y alzando su mano dijo:</p>
<p>– “Calma.”</p>
<p>¡La tormenta se detuvo tan pronto como comenzó! De repente el segundo árbol, convertido en la barca de Pedro, supo que llevaba a bordo al Rey del cielo y de la tierra.</p>
<p>De repente un viernes en la mañana, unos hombres entraron violentamente a un oscuro almacén buscando algunos maderos. El tercer árbol se horrorizó al ser forzado sobre las espaldas de un inocente que había sido golpeado sin misericordia. Aquel pobre reo lo cargó, doloroso, por las calles ante la mirada de todos. Al fin llegaron a una loma fuera de la ciudad y allí le clavaron manos y pies. Quedo colgado sobre los maderos del tercer árbol y, sin quejarse, solo rezaba a su Padre mientras su sangre se derramaba sobre los maderos.</p>
<p>El tercer árbol se sintió feo, áspero, cruel. Estaba avergonzado, pues no solo se sentía un fracasado, sino que además se sentía cómplice de aquél crimen ignominioso. Se sentía tan vil como aquellos blasfemos ante la víctima levantada.</p>
<p>Pero el domingo en la mañana, cuando al brillar el sol, la tierra se estremeció bajo sus maderas, el tercer árbol comprendió que algo muy grande había ocurrido. De repente todo había cambiado. Sus leños bañados en sangre ahora refulgían como el sol. ¡Se llenó de felicidad y supo que era el árbol mas valioso que había existido o existirá jamás pues aquel hombre era el Señor y se valió de él para salvar al mundo!</p>
<p>La cruz era trono de gloria para el rey victorioso. Cada vez que la gente piense en él recordarán que la vida tiene sentido, que son amados, que el amor triunfa sobre el mal. Por todo el mundo y por todos los tiempos millares de árboles lo imitarán, convirtiéndose en cruces que colgarán en el lugar mas digno de iglesias y hogares. Así todos pensarán en el amor de Dios y, de una manera misteriosa, llegó a hacerse su sueño realidad. El tercer árbol se convirtió en el más alto del mundo, y al mirarlo todos pensarán Dios.</p>
<p>La próxima vez que te sientas deprimido porque no conseguiste lo que tú querías, solamente confía y sé feliz&#8230; porque Dios siempre está pensando en algo mejor para darte. A veces, nos cuesta mucho comprender los caminos que Él elige para que encontremos nuestra felicidad&#8230; que, al fin y al cabo, es lo único que a Dios le interesa.</p>
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		<title>Una cruz en el bolsillo</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Oct 2009 15:21:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[Historias y cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[Daniel, Ramón y Carlos trabajaban en una granja&#8230; Daniel, que se encargaba de cuidar los caballos, se pasaba todo el día lamentándose de cuan duras eran sus tareas y que poca paga recibía. A Ramón le tocaba ordeñar y llevar a pastar las vacas, y siempre se le escuchaba maldecir, y en ocasiones muy frecuentes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Daniel, Ramón y Carlos trabajaban en una granja&#8230; Daniel, que se encargaba de cuidar los caballos, se pasaba todo el día lamentándose de cuan duras eran sus tareas y que poca paga recibía. A Ramón le tocaba ordeñar y llevar a pastar las vacas, y siempre se le escuchaba maldecir, y en ocasiones muy frecuentes estallaba en cólera dándole puntapiés a todo lo que encontraba a su alrededor. Por último estaba Carlos, quien se encargaba de cuidar los cerdos. Lo primero que Carlos hacia, antes de comenzar sus labores, era darle los buenos días a cada uno de sus compañeros de trabajo&#8230; y de paso les obsequiaba la mejor de sus sonrisas.</p>
<p>El trabajo de Carlos era bastante pesado, al igual que el de Daniel y el de Ramón, pero a diferencia de estos últimos dos, Carlos nunca maldecía, ni se quejaba. Cuando Carlos sentía que la cólera amenazaba con dominarlo, él suavemente deslizaba su mano hasta introducirla en uno de los bolsillos de su pantalón. Allí Carlos guardaba una pequeña cruz de madera, la sacaba, la contemplaba por un instante, luego la guardaba y continuaba su labor con una gran calma.</p>
<p>Esto llenó de mucha curiosidad a sus compañeros de trabajo y un día, mientras estaban todos los empleados almorzando, Daniel tomó la palabra y dirigiéndose a Carlos le dice:</p>
<p>- ¡Oye Carlos! ¿Por qué siempre llevas una cruz de madera en el bolsillo de tus pantalones?<span id="more-589"></span></p>
<p>Ramón entra en la conversación y de forma burlona comenta lo siguiente:</p>
<p>- De seguro que es su amuleto de buena suerte.</p>
<p>Carlos, sonriendo, introduce la mano en el bolsillo de sus pantalones, saca la cruz y sosteniéndola en sus manos les dice:</p>
<p>- Esta cruz que yo fabriqué con mis propias manos y que esta vacía porque no tiene un Cristo, tiene un gran significado para mí&#8230; Verán, esta cruz representa la cruz que a mí me ha tocado cargar en esta vida. Cada vez que la miro, a mi mente llega el recuerdo del calvario y veo a tres personas llevando sus respectivas cruces.</p>
<p>La primera persona que veo es a Gestas (el ladrón malo) que lleva su cruz maldiciendo y renegando&#8230; después veo a Dimas (el ladrón bueno) llevando su cruz obligado, porque no le queda más remedio, pero que al final se la ofrece a Jesús&#8230; por ultimo veo a Jesús, que se abraza a su cruz mientras camina&#8230; Cuando la cólera amenaza con robarme la paz, tomo esta cruz en mis manos y me hago la siguiente pregunta: ¿cómo quiere Dios que lleve la cruz que me ha dado?&#8230; ¿cómo Gestas?&#8230; ¿cómo Dimas?&#8230; ¿o cómo Jesús?</p>
<p>Hermanos&#8230; nosotros no podemos escoger o cambiar la cruz que nos ha tocado cargar&#8230; pero si podemos escoger cómo hacerlo&#8230; de ti y de mí depende si queremos vivir como Gestas, como Dimas o como Jesús.</p>
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		<title>Dos cuentos sobre la humildad</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Jun 2009 01:14:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias y cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[
Es importante darnos cuenta de lo poco que somos humanamente y de lo frágil que es la vida para que no seamos soberbios y podamos vivir humildemente agradecidos a Dios por cada momento de nuestra existencia, sin tratar de acumular tesoros en este mundo.
Un día un turista fue a visitar a un maestro espiritual y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-456" title="Dos cuentos sobre la humildad 1" src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/cuarto_vacio.jpg" alt="Dos cuentos sobre la humildad 1" width="180" height="250" /></p>
<p>Es importante darnos cuenta de lo poco que somos humanamente y de lo frágil que es la vida para que no seamos soberbios y podamos vivir humildemente agradecidos a Dios por cada momento de nuestra existencia, sin tratar de acumular tesoros en este mundo.</p>
<p>Un día un turista fue a visitar a un maestro espiritual y quedó estupefacto al ver que su casa sólo tenía una estancia llena de libros con una mesita y un banco, que eran sus únicos muebles. Y le preguntó:</p>
<p>- Maestro, ¿dónde tienes tus muebles?</p>
<p>- Y los tuyos, ¿dónde están?, replicó el maestro.<span id="more-453"></span></p>
<p>- ¿Los míos? Yo sólo estoy de paso.</p>
<p>- Yo también, respondió el maestro.</p>
<p>Por eso, no hay que pensar tanto en tener y tener cosas materiales. No hay que alardear de lo que somos o tenemos. Hay que vivir para la eternidad y ser humildes.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p><img class="size-full wp-image-454 alignnone" title="Dos cuentos sobre la humildad 2" src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/carreta_vacia.jpg" alt="Dos cuentos sobre la humildad 2" width="270" height="180" /></p>
<p>“Un día”, dice un autor, “caminaba con mi padre, cuando él se detuvo en una curva; y, después de un pequeño silencio, me preguntó”:</p>
<p>- Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas algo más?</p>
<p>- El ruido de una carreta.</p>
<p>- Sí, es una carreta vacía.</p>
<p>- ¿Cómo sabes, papá, que es una carreta vacía, si no la vemos?</p>
<p>- Es muy fácil saber si una carreta esta vacía por el ruido. Cuanto más vacía va, mayor es el ruido que hace.</p>
<p>A lo largo de mi vida, pensando en la carreta vacía, he comprendido que hay muchos hombres que van por la vida hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de los otros, presumiendo de lo que tienen, menospreciando a la gente. Entonces, pienso en la carreta. Hay demasiada gente que está vacía por dentro y necesita hablar y estar en medio del ruido para acallar su conciencia, porque están vacíos. No tienen tiempo para pensar, ni para leer y no pueden soportar el silencio para reflexionar y hablar con Dios. Por eso, la humildad es la virtud que consiste en callar las propias virtudes y permitirles a los demás descubrirlas.</p>
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		<title>La niña de las manzanas</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Jun 2009 03:59:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias y cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[
Un grupo de vendedores fue a una convención de ventas. Todos le habían prometido a sus esposas que llegarían a tiempo para cenar el viernes por la noche. Sin embargo, la convención terminó un poco tarde y llegaron retrasados al aeropuerto. Entraron todos con sus boletos y portafolios, corriendo por los pasillos. De repente, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/nina_manzanas_new.jpg" alt="La niña de las manzanas" title="La niña de las manzanas" width="300" height="198" class="alignnone size-full wp-image-161" /></p>
<p>Un grupo de vendedores fue a una convención de ventas. Todos le habían prometido a sus esposas que llegarían a tiempo para cenar el viernes por la noche. Sin embargo, la convención terminó un poco tarde y llegaron retrasados al aeropuerto. Entraron todos con sus boletos y portafolios, corriendo por los pasillos. De repente, y sin quererlo, uno de los vendedores tropezó con una mesa que tenía una canasta de manzanas y las manzanas salieron volando por todas partes.<span id="more-160"></span></p>
<p>Sin detenerse, ni mirar para atrás, los vendedores siguieron corriendo y apenas alcanzaron a subirse al avión&#8230; todos menos uno. Este se detuvo, respiró hondo, y experimentó un sentimiento de compasión por la dueña del puesto de manzanas. Le dijo a sus amigos que siguieran sin él y le pidió a uno de ellos que al llegar llamara a su esposa y le explicara que iba a llegar en un vuelo más tarde. Luego se regresó al terminal y se encontró con todas las manzanas tiradas por el suelo.</p>
<p>Su sorpresa fue enorme al darse cuenta de que la dueña del puesto era una niña ciega. La encontró llorando, con enormes lágrimas corriendo por sus mejillas. Tanteaba el piso, tratando en vano de recoger las manzanas, mientras la multitud pasaba vertiginosa y sin detenerse; sin importarle su desdicha.</p>
<p>El hombre se arrodilló con ella, juntó las manzanas, las metió a la canasta y le ayudó a montar el puesto nuevamente. Mientras lo hacía, se dio cuenta de que muchas se habían golpeado y estaban magulladas. Las tomó y las puso en otra canasta. Cuando terminó, sacó su cartera y le dijo a la niña:</p>
<p>- “Toma, por favor, estos cien dólares por el daño que hicimos. ¿Estás bien?”</p>
<p>Ella, llorando, asintió con la cabeza. Él continuó, diciéndole:</p>
<p>- “Espero no haber arruinado tu día.”</p>
<p>Conforme el vendedor empezó a alejarse, la niña le gritó:</p>
<p>- “Señor&#8230; espere&#8230;”</p>
<p>Él se detuvo y volteó a mirar. Ella continuó:</p>
<p>- “¿Es usted Jesús&#8230;?”</p>
<p>Él se paró en seco y dio varias vueltas, antes de dirigirse a abordar otro vuelo, con esa pregunta quemándole y vibrando en su alma: “¿Es usted Jesús?”</p>
<p>Y a ti, ¿la gente te confunde con Jesús? Porque ese es nuestro destino, ¿no es así? Parecernos tanto a Jesús, que la gente no pueda distinguir la diferencia. Parecernos tanto a Jesús, conforme vivimos en un mundo que está ciego a su Amor, a su Vida y a su Gracia.</p>
<p>Si decimos que conocemos a Jesús, deberíamos vivir y actuar como lo haría Él. Conocerlo es mucho más que citar los Evangelios e ir a la Iglesia. Es, en realidad, vivir su palabra cada día. Tú eres la niña de sus ojos, aun cuando hayas sido golpeado por las caídas. Él dejó todo y nos recogió a ti y a mí en el Calvario; y pagó por nuestra fruta dañada. ¡Empecemos a vivir como si valiéramos el precio que Él pagó! ¡Empecemos hoy!</p>
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		<title>Unas sencillas palabras de afecto</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Jun 2009 03:47:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias y cuentos]]></category>

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Cierto día, una maestra pidió a sus alumnos que escribieran el nombre de cada compañero de clase y, junto al nombre, la cosa más linda que pudieran decir de cada uno de ellos. Luego, durante ese fin de semana, la maestra puso el nombre de cada uno de sus alumnos en hojas separadas de papel [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/palabras_afecto.jpg" alt="Unas sencillas palabras de afecto" title="Unas sencillas palabras de afecto" width="292" height="180" class="alignnone size-full wp-image-158" /></p>
<p>Cierto día, una maestra pidió a sus alumnos que escribieran el nombre de cada compañero de clase y, junto al nombre, la cosa más linda que pudieran decir de cada uno de ellos. Luego, durante ese fin de semana, la maestra puso el nombre de cada uno de sus alumnos en hojas separadas de papel y copió en ellas todas las cosas lindas que cada uno de sus compañeros había escrito. El lunes entregó a cada alumno su lista y casi inmediatamente toda la clase estaba sonriendo.<span id="more-157"></span></p>
<p>“¿Es verdad?”, escuchó como alguien susurraba, “yo nunca supe que podía significar algo para alguien”&#8230; y “Yo no sabía que mis compañeros me querían tanto”&#8230;</p>
<p>Años más tarde uno de los estudiantes murió en Vietnam y la maestra asistió a su funeral. En la iglesia estaban sus compañeros de clase y la maestra fue la última en acercarse al ataúd. Mientras estaba allí, uno de los soldados de la guardia de honor se acercó a ella y le preguntó:</p>
<p>- “¿Era usted la profesora de Marcos?”</p>
<p>- “Sí”, le respondió.</p>
<p>- “Marcos hablaba mucho acerca de usted”, le dijo el soldado.</p>
<p>Después del funeral la mayoría de los compañeros de Marcos fueron juntos a comer con los padres de Marcos y la profesora. El papá, sacando una billetera, dijo a la profesora:</p>
<p>- “Queremos mostrarle algo, lo encontraron en la ropa de Marcos. Pensamos que usted lo reconocerá”, y abriendo la billetera, sacó cuidadosamente un pedazo de papel remendado y muy gastado por el uso.</p>
<p>Era la hoja en la que ella había registrado todas las cosas lindas que los compañeros de Marcos habían escrito acerca de él.</p>
<p>- “Gracias por haber hecho lo que hizo”, dijo la madre de Marcos, “como usted ve, Marcos lo guardaba como un tesoro.”</p>
<p>Los compañeros de Marcos comenzaron a juntarse alrededor de la maestra&#8230; Carlos sonrió y dijo tímidamente: “Yo todavía tengo mi lista, está en mi diario”.</p>
<p>La esposa de Felipe dijo: “Felipe me pidió que pusiera el suyo en nuestro álbum de boda”.</p>
<p>Entonces Victoria, otra de sus compañeras, metió la mano en su cartera y sacando su billetera, mostró al grupo su gastada y arrugada lista: “Yo la llevo conmigo todo el tiempo”.</p>
<p>La maestra, con los ojos llenos de lágrimas, les dijo: “¡No imaginaba que unas sencillas palabras de afecto escritas en una hoja de papel podían haber calado tan hondo!”</p>
<p>Tú, hermano lector, ¿comprendes el poder que tienen tus palabras, para bien o para mal? Una palabra de afecto, de apoyo, de perdón, o de ánimo, tiene un poder inestimable para quien las recibe&#8230; ¿Qué algunos no las merecen? Piensa en cómo Jesús nos miró desde la Cruz con infinita misericordia. Pídele a Él que te enseñe a rescatar lo bueno que hay en cada persona.</p>
<p>Hoy, ora por todos y proponte decirles lo bueno que tiene cada uno&#8230; ¡serás un instrumento de Jesús!</p>
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		<title>Amor en una latita de leche</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Jun 2009 03:41:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias y cuentos]]></category>

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Dos hermanitos, sucios y harapientos, provenientes del arrabal, uno de cinco años y el otro de diez, iban pidiendo un poco de comida por las casas de la calle que rodea la colina.
Estaban hambrientos. “Váyanse a trabajar y no molesten”, se oía detrás de una puerta. “Aquí no hay nada, ¡pordioseros!”, decía otro. Las múltiples [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/latita_leche.jpg" alt="Amor en una latita de leche" title="Amor en una latita de leche" width="258" height="190" class="alignnone size-full wp-image-155" /></p>
<p>Dos hermanitos, sucios y harapientos, provenientes del arrabal, uno de cinco años y el otro de diez, iban pidiendo un poco de comida por las casas de la calle que rodea la colina.</p>
<p>Estaban hambrientos. “Váyanse a trabajar y no molesten”, se oía detrás de una puerta. “Aquí no hay nada, ¡pordioseros!”, decía otro. Las múltiples tentativas frustradas entristecían a los niños.<span id="more-154"></span></p>
<p>Por fin, una señora muy atenta les dijo: “Voy a ver si tengo algo para ustedes&#8230; ¡pobrecitos!”, y volvió con una latita de leche.</p>
<p>¡Que fiesta! Ambos se sentaron en la acera, y el más pequeño le dijo al de diez años: “tú eres el mayor, así que toma primero”. Y lo miraba con sus dientes blancos, con la boca medio abierta, relamiéndose.</p>
<p>Yo contemplaba la escena como un tonto. ¡Si vieran al mayor mirando de reojo al pequeñito! Se llevaba la lata a la boca y, haciendo de cuenta que bebía, apretaba los labios fuertemente para que no le entrara ni una sola gota de leche en la boca. Después, extendiéndole la lata, le decía a su hermanito: “Ahora es tu turno&#8230; ¡sólo un poquito!”</p>
<p>Y el hermanito, dando un trago exclamaba: “¡Está sabrosa!”&#8230; “Ahora yo”, le decía el mayor, y de nuevo, llevándose la latita a la boca, fingía que bebía, pero no tomaba nada.</p>
<p>“Ahora tú”&#8230; “Ahora yo”&#8230; “Ahora tú”&#8230; “Ahora yo”&#8230; y después de cuatro o cinco tragos, el menorcito, de cabello ondulado, barrigudito, con la camisa afuera, se acababa toda la leche&#8230; ¡él solito!</p>
<p>Esos “ahora tú” y “ahora yo” me llenaron los ojos de lágrimas&#8230; y entonces, sucedió algo que me pareció extraordinario. El mayor comenzó a cantar y a jugar fútbol con la lata vacía de leche. Estaba radiante, con el estómago vacío, pero con el corazón rebosante de alegría.</p>
<p>Brincaba con la naturalidad de quien no hace nada extraordinario. O mejor aún, con la naturalidad de quien está habituado a hacer cosas extraordinarias sin darles la mayor importancia. ¡Qué maravilloso sería el mundo si fuéramos un poco más como aquel niño!</p>
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		<title>El canasto de carbón</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Jun 2009 03:32:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias y cuentos]]></category>

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Se cuenta la historia de un anciano que vivía con su nieto en una hermosa granja en las montañas de Kentucky. Cada mañana, el abuelo se levantaba muy temprano y sentándose en la mesa de la cocina, comenzaba a leer su vieja y estropeada Biblia.
Su nieto quería ser igual que su abuelo y por un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/canasto_carbon.jpg" alt="El canasto de carbón" title="El canasto de carbón" width="201" height="285" class="alignnone size-full wp-image-152" /></p>
<p>Se cuenta la historia de un anciano que vivía con su nieto en una hermosa granja en las montañas de Kentucky. Cada mañana, el abuelo se levantaba muy temprano y sentándose en la mesa de la cocina, comenzaba a leer su vieja y estropeada Biblia.</p>
<p>Su nieto quería ser igual que su abuelo y por un tiempo trató de imitarlo, sentándose con él a leer la Biblia. Pero un día, el joven preguntó:</p>
<p>- “Abuelo, yo intento leer la Biblia, me gusta, pero yo no la entiendo, y cuando logro entender algo, se me olvida en cuanto cierro el libro. ¿Qué hay de bueno en leer la Biblia?”<span id="more-151"></span></p>
<p>El abuelo, calladamente, dejó de echar carbón en la estufa y entregándole el viejo canasto de carbón a su nieto, le dijo:</p>
<p>- “Baja con el canasto de carbón al río y tráeme el canasto lleno de agua.”</p>
<p>El muchacho hizo tal y como su abuelo le dijo, pero toda el agua se salió antes de que él pudiera volver a la casa. El abuelo se rió y le dijo:</p>
<p>- “Tendrás que moverte un poco más rápido la próxima vez”, y lo envió nuevamente al río con el canasto de carbón.</p>
<p>Esta vez, el muchacho corrió más rápidamente, pero de nuevo el canasto estaba vacío antes de que llegara de vuelta a la casa. Ya sin respiración, le dijo a su abuelo que era “imposible llevar agua en un canasto”, y fue a conseguir un balde a cambio.</p>
<p>Pero el anciano le respondió:</p>
<p>- “Yo no quiero un balde lleno de agua&#8230; ¡yo quiero un canasto lleno de agua!&#8230; Tú puedes hacer esto, simplemente no estás intentando lo suficiente, así que ve de nuevo al río e inténtalo una vez más.”</p>
<p>A estas alturas el muchacho sabía que era imposible, pero quería mostrarle a su abuelo que aún cuando corriese tan rápido como podía, el agua se saldría del canasto antes que llegase a la casa.</p>
<p>Así que el muchacho sacó el agua del río y corrió tan rápido como pudo, pero cuando llegó donde su abuelo el canasto estaba de nuevo vacío. Ya sin poder respirar, dijo:</p>
<p>- “¡Mira abuelo, esto es inútil!”</p>
<p>- “¿Por qué piensas que es inútil?”, le dijo el anciano, “mira dentro del canasto.”</p>
<p>El muchacho miró y por primera vez comprendió que el canasto parecía diferente&#8230; en lugar de un sucio canasto carbonero, había un canasto limpio y resplandeciente.</p>
<p>- “Hijo”, dijo el abuelo, “esto es lo que pasa cuando tú lees la Biblia&#8230; tal vez no puedes entender o recordar todo lo que has leído, pero cuando la lees, te irá cambiando el interior. Esa es la obra de Dios en nuestras vidas. Él quiere cambiarnos desde adentro hacia fuera&#8230; y lentamente transformarnos en la imagen de su amado Hijo.”</p>
<p>San Pablo dijo,</p>
<blockquote><p>«Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Ninguna cosa creada escapa a su vista, sino que todo está desnudo y descubierto a los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas» (Hebreos 4, 12-13).</p></blockquote>
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