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	<title>tengo sed de Ti &#187; Juan Pablo II</title>
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	<description>Información y recursos sobre la fe Católica para ambos, católicos y no-católicos interesados en conocer y entender las enseñanzas de nuestra Iglesia...</description>
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		<title>La Iglesia se manifiesta a sí misma en la Liturgia</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Nov 2009 20:01:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Pablo II]]></category>
		<category><![CDATA[Liturgia]]></category>
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		<description><![CDATA[Estoy trabajando en un ensayo que tengo que terminar para mi clase de liturgia (aquellos que me siguen desde hace tiempo saben que estudio una maestría en Biblia en el CEDOC)&#8230; y mientras repasaba la Carta Apostólica Vicesimus Quintus Annus, me encontré con este texto que me recordó los comentarios en el video La Verdad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estoy trabajando en un ensayo que tengo que terminar para mi clase de liturgia (aquellos que me siguen desde hace tiempo saben que estudio una maestría en Biblia en el <a href="http://www.cedoc.edu/" target="_blank">CEDOC</a>)&#8230; y mientras repasaba la <a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_04121988_vicesimus-quintus-annus_sp.html" target="_blank">Carta Apostólica <em>Vicesimus Quintus Annus</em></a>, me encontré con este texto que me recordó los comentarios en el video <a href="http://www.tengoseddeti.org/video/la-verdad-de-la-iglesia-catolica/" target="_self">La Verdad de la Iglesia Católica</a>&#8230; así que hago un alto para compartirles las palabras de +SS Juan Pablo II,</p>
<p> &nbsp;</p>
<p>En la Liturgia podemos ver una epifanía de la Iglesia, pues la Liturgia es la Iglesia en oración. Celebrando el culto divino, la Iglesia expresa lo que es: <strong><em>una, santa, católica y apostólica</em></strong>.</p>
<p>Se manifiesta como <strong><em>una</em></strong>, con aquella unidad que le viene de la Trinidad, sobre todo cuando el pueblo santo de Dios participa “en la misma Eucaristía, en una misma oración, junto al único altar, donde preside el Obispo rodeado de su presbiterio y ministros”. ¡Que nada rompa ni debilite, en la celebración de la Liturgia, esta unidad de la Iglesia!</p>
<p>La Iglesia expresa la <strong><em>santidad</em></strong> que le viene de Cristo cuando, congregada en un solo cuerpo por el Espíritu Santo que santifica y da la vida, comunica a los fieles, mediante la Eucaristía y los otros sacramentos, toda gracia y toda bendición del Padre.<span id="more-624"></span></p>
<p>En la celebración litúrgica la Iglesia expresa su <strong><em>catolicidad</em></strong>, ya que en ella el Espíritu del Señor congrega a los hombres de todas las lenguas en la profesión de la misma fe, y desde Oriente a Occidente ella presenta a Dios Padre el sacrificio de Cristo y se ofrece a si misma junto con él.</p>
<p>Finalmente, en la Liturgia la Iglesia manifiesta que es <strong><em>apostólica</em></strong>, porque la fe que ella profesa está fundada en el testimonio de los Apóstoles; porque en la celebración de los misterios, presidida por el Obispo, sucesor de los Apóstoles, o por un ministro ordenado en la sucesión apostólica, transmite fielmente lo que ha recibido de la Tradición apostólica; porque el culto que ofrece a Dios la compromete en la misión de irradiar el Evangelio en el mundo.</p>
<p>De esta manera es como el Misterio de la Iglesia es principalmente anunciado, gustado y vivido en la Liturgia.</p>
<p style="text-align: right;"><small>Vicesimus Quintus Annus, Número 9</small></p>
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		<title>Dios es el protagonista en la oración</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Jun 2009 02:42:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas de reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Pablo II]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>

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La oración puede cambiar vuestra vida. Ya que aparta vuestra atención de vosotros mismos y dirige vuestra mente y vuestro corazón hacia el Señor. Si nos miramos solamente a nosotros mismos, con nuestras limitaciones y nuestros pecados, tomará cuerpo en nosotros con suma rapidez la tristeza y el desconsuelo. Pero si tenemos nuestros ojos fijos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/jpii_oracion.jpg" alt="Dios es el protagonista en la oración" title="Dios es el protagonista en la oración" width="225" height="275" class="alignnone size-full wp-image-211" /></p>
<p><strong>La oración puede cambiar vuestra vida. Ya que aparta vuestra atención de vosotros mismos y dirige vuestra mente y vuestro corazón hacia el Señor.</strong> Si nos miramos solamente a nosotros mismos, con nuestras limitaciones y nuestros pecados, tomará cuerpo en nosotros con suma rapidez la tristeza y el desconsuelo. Pero si tenemos nuestros ojos fijos en el Señor, entonces nuestro corazón se llenará de esperanza, nuestra mente se iluminará por la luz de la verdad, y llegaremos a conocer la plenitud del Evangelio con todas sus promesas y su vida.<span id="more-210"></span></p>
<p><strong>¿Qué es la oración? Comúnmente se considera una conversación.</strong> En una conversación hay siempre un «yo» y un «tú». En este caso un Tú con mayúscula. La experiencia de la oración enseña que si inicialmente el «yo» parece el elemento más importante, uno se da cuenta luego de que en realidad las cosas son de otro modo. <strong>Más importante es el Tú, porque nuestra oración parte de la iniciativa de Dios.</strong></p>
<p><strong>¿Cómo reza el Papa? Os respondo: como todo cristiano: habla y escucha.</strong> A veces, reza sin palabras, y es entonces cuando más escucha. Lo más importante es precisamente lo que «oye». Trata también de unir la oración a sus obligaciones, a sus actividades, a su trabajo, y unir su trabajo a la oración.</p>
<p>Orar no significa sólo que podemos decir a Dios todo lo que nos agobia. <strong>Orar significa también callar y escuchar lo que Dios nos quiere decir.</strong></p>
<p><strong>La oración debe abrazar todo lo que forma parte de nuestra vida.</strong> No puede ser algo suplementario o marginal. Todo debe encontrar en ella su propia voz. También todo lo que nos oprime; de lo que nos avergonzamos; lo que por su naturaleza nos separa de Dios. Precisamente esto, sobre todo. La oración es la que siempre, primera y esencialmente, derriba la barrera que el pecado y el mal pueden haber levantado entre nosotros y Dios.</p>
<p><strong>Debemos orar también porque somos frágiles.</strong> Es preciso reconocer humildemente y en forma realista que somos pobres criaturas, con ideas confusas, tentadas por el mal, frágiles y débiles, con necesidad continua de fuerza interior y de consuelo.</p>
<p><strong>La oración es el reconocimiento de nuestros límites y de nuestra dependencia:</strong> venimos de Dios, somos de Dios y retornamos a Dios. Por lo tanto, no podemos menos que abandonarnos en Él, nuestro Creador y Señor, con plena y total confianza.</p>
<p><strong>Si tratáis a Cristo</strong>, oiréis también vosotros en lo más íntimo del alma los requerimientos del Señor, sus insinuaciones continuas.</p>
<p><strong>En la oración, pues, el verdadero protagonista es Dios.</strong> El protagonista es Cristo, que constantemente libera la criatura de la esclavitud de la corrupción y la conduce hacia la libertad, para gloria de los hijos de Dios. Protagonista es el Espíritu Santo, que «viene en ayuda de nuestra debilidad».</p>
<p><strong>Procurad hacer un poco de silencio también vosotros en vuestra vida para poder pensar, reflexionar y orar con mayor fervor y hacer propósitos con más decisión.</strong> Hoy resulta difícil crearse «zonas de desierto y silencio» porque estamos continuamente envueltos en el engranaje de las ocupaciones, en el fragor de los acontecimientos y en el reclamo de los medios de comunicación, de modo que la paz interior corre peligro y encuentran obstáculos los pensamientos elevados que deben cualificar la existencia del hombre.</p>
<p><strong>Dios nos oye y nos responde siempre, pero desde la perspectiva de un amor más grande y de un conocimiento más profundo que el nuestro.</strong> Cuando parece que Él no satisface nuestros deseos concediéndonos lo que pedimos, por noble y generosa que nuestra petición nos parezca, en realidad Dios está purificando nuestros deseos en razón de un bien mayor que con frecuencia sobrepasa nuestra comprensión en esta vida. El desafío es «abrir nuestro corazón» alabando su Nombre, buscando su Reino, aceptando su Voluntad.</p>
<p>Cuando recéis debéis ser conscientes de que la oración no significa sólo pedir algo a Dios o buscar una ayuda particular, aunque ciertamente la oración de petición sea un modo auténtico de oración. <strong>La oración, sin embargo, debe caracterizarse también por la adoración y la escucha atenta</strong>, pidiendo perdón a Dios e implorando la remisión de los pecados.</p>
<p><strong>La oración debe ir antes que todo:</strong> quien no lo entienda así, quien no lo practique, no puede excusarse de la falta de tiempo: lo que le falta es amor.</p>
<p><strong>No pocas veces acaso podemos sentir la tentación de pensar que Dios no nos oye o que no nos responde.</strong> Pero, como sabiamente nos recuerda san Agustín, Dios conoce nuestros deseos incluso antes de que se los manifestemos. Él afirma que la oración es para nuestro provecho, pues al orar «ponemos por obra» nuestros deseos, de tal manera que podemos obtener lo que ya Dios está dispuesto a concedernos. Es para nosotros una oportunidad para «abrir nuestro corazón».</p>
<p><strong>Para orar hay que procurar en nosotros un profundo silencio interior.</strong> La oración es verdadera si no nos buscamos a nosotros mismos en la oración, sino sólo al Señor. Hay que identificarse con la Voluntad de Dios, teniendo el espíritu despojado, dispuesto a una total entrega a Dios. Entonces nos daremos cuenta de que toda nuestra oración converge, por su propia naturaleza, hacia la oración que Jesús nos enseñó y que se convierte en su única plegaria en Getsemaní: «No se haga mi voluntad, sino la tuya».</p>
<p><strong>La oración puede definirse de muchas maneras.</strong> Pero lo más frecuente es llamarla un coloquio, una conversación, un entretenerse con Dios. Al conversar con alguien, no solamente hablamos sino que además escuchamos. La oración, por tanto, es también una escucha. Consiste en ponerse a escuchar la voz interior de la gracia. A escuchar la llamada.</p>
<p><strong>El hombre no puede vivir sin orar</strong>, lo mismo que no puede vivir sin respirar.</p>
<p><strong>A través de la oración, Dios se revela en primer lugar como Misericordia</strong>, es decir, como Amor que va al encuentro del hombre que sufre. Amor que sostiene, que levanta, que invita a la confianza.</p>
<p><strong>La intervención humanitaria más poderosa sigue siendo siempre la oración</strong>, pues constituye un enorme poder espiritual, sobre todo cuando va acompañada por el sacrificio y el sufrimiento.</p>
<p><strong>La oración es también una arma para los débiles y para cuantos sufren alguna injusticia.</strong> Es el arma de la lucha espiritual que la Iglesia libra en el mundo, pues no dispone de otras armas.</p>
<p>San Pablo, orando en medio de las dificultades de la vida, oyó estas palabras del Señor: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». <strong>La oración es la primera y fundamental condición de la colaboración con la gracia de Dios.</strong> Es menester orar para obtener la gracia de Dios y se necesita orar para poder cooperar con la gracia de Dios.</p>
<p><small><br />
SS Juan Pablo II<br />
Fuente: Catholic.net<br />
</small></p>
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