<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>tengo sed de Ti &#187; oración</title>
	<atom:link href="http://www.tengoseddeti.org/tag/oracion/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.tengoseddeti.org</link>
	<description>Información y recursos sobre la fe Católica para ambos, católicos y no-católicos interesados en conocer y entender las enseñanzas de nuestra Iglesia...</description>
	<lastBuildDate>Mon, 26 Jul 2010 01:20:50 +0000</lastBuildDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.9.2</generator>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
			<item>
		<title>Orando por la sanación</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/orando-por-la-sanacion/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/orando-por-la-sanacion/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 10 Feb 2010 12:04:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>
		<category><![CDATA[perdón]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tengoseddeti.org/?p=797</guid>
		<description><![CDATA[Durante los últimos días, mientras leía las intenciones que recibo a través del email, pensaba sobre la mucha necesidad de oración que existe y sin embargo, lo poco que oramos&#8230;
El ser humano está enfermo&#8230; enfermo por el pecado que ataca e infecta tanto el cuerpo como el alma&#8230; En los Evangelios vemos cómo Jesús sanó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Durante los últimos días, mientras leía las intenciones que recibo a través del email, pensaba sobre la mucha necesidad de oración que existe y sin embargo, lo poco que oramos&#8230;</p>
<p>El ser humano está enfermo&#8230; enfermo por el pecado que ataca e infecta tanto el cuerpo como el alma&#8230; En los Evangelios vemos cómo Jesús sanó a todos los que se acercaban a Él: “los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan” (Mateo 11, 5)&#8230; Pero la sanación física siempre era producto de una sanación mayor&#8230; la sanación interior&#8230;</p>
<p>Hoy les traigo una hermosa oración de sanación física y espiritual que escribió el Padre Slavko Barbarić en su libro “Ora con el corazón”&#8230; Háganla con la seguridad de que Dios les ofrecerá la sanación que ansían a través de ella&#8230;</p>
<p><span id="more-797"></span></p>
<p><strong>Oración por la sanación</strong><br />
<small>P. Slavko Barbarić, ofm.</small></p>
<p><strong>Ora con el corazón</strong></p>
<p>Jesús, Tú viniste por los enfermos y los pecadores. Por eso, me vuelvo hacia Ti y quiero pedirte que sanes mi alma y mi cuerpo. Tú sabes, Jesús, que el pecado destroza y desgarra la integridad del ser humano; que destruye las relaciones entre los hombres y nuestra amistad con contigo. Pero no existe pecado ni enfermedad que Tú no puedas curar con Tu Palabra omnipotente. No hay herida alguna que no pueda ser sanada por Ti.</p>
<p>María, Tú me has invitado a orar por mi sanación. Quiero hacerlo ahora y por eso te pido que acompañes mi oración con tu fe. Ora conmigo en estos momentos, para que pueda ser digno de obtener la gracia de la curación, no sólo para mí, sino también para aquellos por quienes deseo interceder.</p>
<p><strong>1. ¡Ven, Señor Jesús!</strong></p>
<p><em>Sucedió que cierto día subió a una barca con sus discípulos, y les dijo: «Pasemos a la otra orilla del lago». Y se hicieron a la mar. Mientras ellos navegaban, se durmió. Se abatió sobre el lago una borrasca; se inundaba la barca y estaban en peligro. Entonces, acercándose, le despertaron, diciendo: «¡Maestro, Maestro, que perecemos!» Él, habiéndose despertado, increpó al viento y al oleaje, que amainaron, y sobrevino la bonanza. Entonces les dijo: «¿Dónde está vuestra fe?» Ellos, llenos de temor, se decían entre sí maravillados: «Pues ¿quién es éste, que impera a los vientos y al agua, y le obedecen?»</em> <small>(Lucas 8, 22-25)</small>.</p>
<p>Jesús, Tú viniste también a calmar las tempestades del mundo y te haces presente en la barca de toda vida. ¡Lo haces porque tu nombre es Emmanuel&#8230; Dios con nosotros, Dios por nosotros! Por tanto, ahora te pido Señor, que entres en mi vida. También mi barca ha comenzado a hundirse, anegando mi conciencia y mi subconsciente. ¡Entra, Jesús, a las profundidades de mi alma! He perdido mi rumbo Señor. ¡Levántate y ordena a mi inquietud que se calme! ¡Ordena a las olas de muerte que me rodean que dejen de amenazarme! Apacigua mi corazón para que pueda escuchar Tu Palabra divina y creadora.</p>
<p style="text-align: center;">(Permanece en silencio y escucha la voz del Señor en tu corazón)</p>
<p>¡Ven, Jesús, y sube también a la barca de mi familia, de mi comunidad, de mi país y del mundo entero! ¡Permite, Señor, que nuestros gritos te despierten! Extiende tu mano para que llegue la calma. ¡Ven Señor Jesús, ven! Penetra hasta el fondo de mi ser y entra en aquel rincón donde he sido más lastimado.</p>
<p>Ven, Jesús, y sube igualmente en las barcas de aquellas vidas que se encuentran ancladas a los hábitos más perniciosos: al alcohol, a las drogas, a los placeres carnales, y que les impiden continuar navegando de frente. Jesús, calma las tempestades. ¡Haz que todos escuchemos tu voz y que venga a nosotros Tu Paz!</p>
<p><strong>2. Decisión</strong></p>
<p>Jesús, Tú estás en la barca de mi vida. Tú eres mi Dios, por eso te adoro y te glorifico, porque solamente Tú eres santo, solamente Tú eres el Señor. Creo en Ti y confío en Ti. Por tanto, me pongo totalmente en tus manos. Me decido hoy por Ti y por Tu Misericordia divina. Contigo y con Tu Madre, digo en este momento: “Hágase en mí Tu Voluntad, Señor&#8230; en la salud y en la enfermedad; en el éxito y en el fracaso; en las alegrías y en las tristezas; en la vida y en la muerte; en el presente y en la eternidad”.</p>
<p>Jesús, frecuentemente he dudado en hacer el bien. En su lugar, he preferido a menudo hacer mi voluntad y las consecuencias de ello me han hecho mal. ¡Sáname de mi incredulidad y de las resistencias que he opuesto, las veces que me he negado a aceptar la voluntad del Padre!</p>
<p>María, con Tú oración, alcanza para mí la gracia de que mi determinación de seguir a Jesús sea irrevocable. ¡Ayúdame a nunca apartarme de ella y a permanecer siempre fiel a esta decisión!</p>
<p style="text-align: center;">(Permanece en silencio y abre tu corazón a la acción del Señor)</p>
<p><strong>3. Renuncia</strong></p>
<p>Jesús, yo renuncio a todo pecado. Renuncio a Satanás y a todas sus seducciones, a sus mentiras y engaños. Renuncio a cualquier ídolo e idolatría. Renuncio a mi falta de perdón y a mi rencor; a mi vida egoísta y altiva. Me deshago de toda enfermedad espiritual y de toda atadura, para que Tú, Jesús, puedas entrar en mi alma.</p>
<p>¡Madre&#8230; Madre mía, ayúdame a aplastar la cabeza de Satanás en mi vida!</p>
<p><strong>4. Oración para ser capaces de amar</strong></p>
<p><em>«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre Celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos»</em> <small>(Mateo 5, 43-45)</small>.</p>
<p>Jesús, Tú nos has llamado a amar&#8230; Hoy reconozco ante Ti la fragilidad de mi amor. Sana en mí todas esas heridas que han sido provocadas a causa del desamor y de mis pecados, ¡heridas que me impiden amarte a Ti, mi Señor, sobre todas las cosas! ¡Purifica mi corazón de la herencia dolorosa que arrastra por los pecados de mis ancestros y por las iniquidades del mundo! ¡Libéralo de todas las cargas que han acumulado a través de mi infancia y adolescencia!</p>
<p>Haz que el fuego de Tu Amor y la gracia de Tu Sanación iluminen mi oscuridad y derritan el hielo del mal que aún habita en mí. Renueva completamente mi capacidad de amar. Que a partir de ahora, pueda yo amar a los hombres con todo mi corazón, incluso a aquellos que me han lastimado. Muy a menudo he sido incapaz de perdonar las injusticias de los demás. Perdona, Señor, las veces que me he agobiado a mi mismo y a otros también, con la envidia y los celos.</p>
<p>¡Sana igualmente mi fe en Ti, Señor! Haz que la gracia de la confianza desaparezca en mi toda desconfianza y temor. ¡Cúrame de la ausencia de Dios en mis pensamientos, palabras y obras!</p>
<p>Al mismo tiempo Jesús, te pido que sanes los lazos afectivos en mi familia. ¡Sana el amor entre los esposos, entre padre e hijos, entre los que están enfermos y los que poseen salud! ¡Jesús, sana el amor entre todos los hombres del mundo!</p>
<p style="text-align: center;">(Ora en silencio por aquella persona que no amas y que no puedes perdonar)</p>
<p><strong>5. Oración por la sanación del alma</strong></p>
<p>Jesús, te doy gracias ahora por mi alma. Tú sabes que en ella se reflejan también las consecuencias del pecado. Por eso, frecuentemente estoy nervioso y reacciono con agresividad. Fácilmente pierdo la paciencia y estoy atado al rencor. Los malos hábitos aprisionan mi alma y empeoran aún más mis heridas. Todo esto me dificulta amar a los demás. En el fondo de mi alma han quedado grabadas ciertas experiencias, las cuales me inducen a actuar con desconfianza y temor.</p>
<p>¡Jesús, purifica mi subconsciente! Penetra en él con Tu Luz, para que nunca más sea yo víctima de la oscuridad. Con el poder de Tu Gracia, toca aquellas fibras de mi alma en las cuales se ha asentado el apego a los bienes materiales, haciéndome presa del temor. ¡Sana mi alma, Señor, para que mi espíritu pueda abrirse libremente hacia Ti!</p>
<p>¡Sáname de la desconfianza hacia Ti y hacia Tu Palabra! Jesús, yo te suplico que cures en mí todas aquellas heridas y frustraciones causadas por los fracasos y los deseos no satisfechos. ¡Aparta toda tiniebla de mi interior y sana las heridas más profundas de mi subconsciente! Permite que éste descanse en Ti, Señor.</p>
<p>Te pido ahora por los perturbados y enfermos mentales. Haz a un lado sus cargas y limpia las heridas que han trastornado sus mentes. Protege a los niños que viven con el estigma de la propensión hereditaria a este tipo de males. Cura todo desdoblamiento de personalidad, miedos y depresiones; cada neurosis y estado psicópata. Sana también, a todos aquellos cuyas mentes se han enfermado a causa de algún fracaso en su familia, estudios o trabajo. ¡Aparta de ellos los pensamientos de autodestrucción y suicidio, y libéralos de cualquier obsesión!</p>
<p>¡Oh, Jesús, se Tú el dueño de nuestras almas! Cura a todos aquellos que se han dañado a sí mismos por medio de prácticas de superchería. ¡Libéralos de las consecuencias de la brujería y hechicería! Restaura cada alma y devuélvele la paz que ha perdido.</p>
<p><strong>6. Oración por la sanación física</strong></p>
<p><em>«Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; Él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: “Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades”»</em> <small>(Mateo 8, 16-17)</small>.</p>
<p>¡Jesús, sana mi cuerpo! Aquí estoy ante Ti, con mis dolores físicos y los males que deterioran mi salud. Cúrame de las enfermedades que padezco en estos momentos&#8230;</p>
<p style="text-align: center;">(En silencio, menciona las enfermedades que padeces)</p>
<p>¡Protégeme de toda enfermedad! Pero, si es Tu Voluntad que yo cargue con la cruz de mis padecimientos, entonces yo acepto esta cruz y te pido la gracia de llevarla con amor.<br />
¡Ahora, Jesús, te pido por la sanación física de mis familiares y seres queridos!</p>
<p style="text-align: center;">(En silencio, menciona sus nombres)</p>
<p>Jesús, si es la voluntad del Padre que ellos continúen enfermos, yo te pido que les concedas la fortaleza necesaria para que ellos también carguen sus cruces con amor. ¡Cura a todos los enfermos del mundo! Protege a la humanidad entera de las epidemias y males incurables. En una palabra, Jesús, ¡cura todas nuestras enfermedades, porque Tú viniste a tomarlas sobre Ti para salvarnos!</p>
<p><strong>7. Oración final</strong></p>
<p>Padre celestial, gracias por haberme creado y por haberme redimido por medio de Jesucristo, Tu Hijo. Gracias por sanar en Su Nombre mi espíritu, mi alma y mi cuerpo, y por haberme dado una nueva capacidad de amar. ¡Haz que la bendición de la paz y la reconciliación, del amor y la confianza desciendan sobre mí, sobre mi familia, sobre la Iglesia y sobre el mundo entero!</p>
<p>Permite que María, al orar con nosotros, obtenga de Tu Bondad paternal todo lo que necesitamos para el bien de nuestras almas y cuerpos.</p>
<p>¡Qué así sea! Amén.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/orando-por-la-sanacion/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>21</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Oración de principio y fin de año</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/oracion-de-principio-y-fin-de-ano/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/oracion-de-principio-y-fin-de-ano/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 31 Dec 2009 11:47:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tengoseddeti.org/?p=702</guid>
		<description><![CDATA[Sólo faltan unas horas para que termine este año&#8230; es tiempo de pasar balance sobre lo que hicimos y sobre lo que dejamos de hacer&#8230; es tiempo de resoluciones, de promesas, de compromisos&#8230; de querer ser mejores y dar más de nosotros&#8230; por eso les traigo esta Oración, para que terminemos este año y comencemos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sólo faltan unas horas para que termine este año&#8230; es tiempo de pasar balance sobre lo que hicimos y sobre lo que dejamos de hacer&#8230; es tiempo de resoluciones, de promesas, de compromisos&#8230; de querer ser mejores y dar más de nosotros&#8230; por eso les traigo esta Oración, para que terminemos este año y comencemos el próximo tomados de la mano de Dios&#8230;</p>
<p style="text-align: center;">Sólo me resta desearles ¡un feliz año nuevo!<br />
y que Dios me los bendiga hoy y siempre&#8230;</p>
<p style="text-align: center;"><strong><small>ORACIÓN DE PRINCIPIO Y FIN DE AÑO</small></strong></p>
<p><em>Señor, Padre bueno, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro. Al terminar este año quiero darte gracias por todo aquello que he recibido de Ti.</em></p>
<p><em>Gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser. Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir.</em></p>
<p><em>Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas, los más cercanos a mí y los que están más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.</em> <span id="more-702"></span></p>
<p><em>Señor, hoy también quiero pedirte perdón, perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado. Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo. También por la oración que poco a poco fui aplazando y que hasta ahora vengo a presentarte. Por todos mis olvidos, descuidos y silencios, nuevamente te pido perdón.</em></p>
<p><em>En este día iniciaremos un nuevo año. Detengo mi vida ante el nuevo calendario aún sin estrenar y te presento estos días que sólo Tú sabes si llegaré a vivirlos. Hoy te pido para mí y los míos, la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría. Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y de paz.</em></p>
<p><em>Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes. Abre, en cambio, mi ser a todo lo que es bueno, que mi espíritu se llene sólo de bendiciones y las derrame a mi paso. Cólmame de bondad y de alegría para que cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí, encuentren en mi vida un poquito de Ti. Danos por favor un año feliz y enséñanos a repartir felicidad. Amén.</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/oracion-de-principio-y-fin-de-ano/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Mi oración por ti esta Navidad</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/mi-oracion-por-ti-esta-navidad/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/mi-oracion-por-ti-esta-navidad/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 24 Dec 2009 10:44:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tengoseddeti.org/?p=696</guid>
		<description><![CDATA[Buscando alguna manera de desearles una feliz Navidad me re-encontré con esta hermosa oración de Chloe West&#8230; hoy, víspera de Navidad, se las ofrezco de todo corazón&#8230; que el Señor les bendiga hoy y siempre&#8230;
Mi oración por ti esta Navidad
Por Chloe West
Hola. Me dirijo a ti con mucho cariño. Ningún regalo podría llenarte el corazón [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buscando alguna manera de desearles una feliz Navidad me re-encontré con esta hermosa oración de Chloe West&#8230; hoy, víspera de Navidad, se las ofrezco de todo corazón&#8230; que el Señor les bendiga hoy y siempre&#8230;</p>
<p><strong>Mi oración por ti esta Navidad</strong><br />
<small>Por Chloe West</small></p>
<p>Hola. Me dirijo a ti con mucho cariño. Ningún regalo podría llenarte el corazón de tantas bendiciones como mereces. Por eso esta Navidad te ofrezco una oración: pido a Aquel que nos conoce a todos que te dé lo mejor de lo mejor. Como Él tiene un corazón de oro y sabe todo lo que necesitamos, desea darnos muchos tesoros espirituales.</p>
<p>En primer lugar, ruego por que tengas felicidad; no una felicidad motivada por algún acontecimiento o por una adquisición muy anhelada, sino una dicha profunda y constante que no dependa de que pase algo fuera de lo normal. La Biblia la llama “gozo”, y esa es mi oración por ti: que tengas un gozo que perdure aun cuando las circunstancias no sean las ideales.</p>
<p>Seguidamente, pido que tengas paz interior. No pienses: “¡Qué aburrido!”, porque no me refiero a una vida monótona, una sensación de vacío o una ausencia de actividad y estímulo. Quiero que tengas la tranquilidad de que todo está en manos de Dios y de que Él no va a permitir que te ocurra nada que entre los dos no puedan solucionar. Esa certeza te permitirá mantener la serenidad aun cuando estés trabajando arduamente o bajo presión. Se trata de una paz profunda que sólo puede proceder de nuestro Creador.<span id="more-696"></span></p>
<p>Mi oración estaría incompleta si no pidiera que no te falte fe. Hay quienes piensan que tener fe es cegarse a la realidad, pecar de optimismo y negarse a encarar los hechos. Pero la auténtica fe, la que yo te deseo, se basa en tres magnificas realidades: Dios, Su amor y Sus promesas. Por ella sabrás que Dios solo quiere lo mejor para ti y que tiene poder para materializarlo. Puedes adquirir esa clase de fe leyendo Su Palabra y descubriendo en tu corazón la seguridad de que es cierta. Esa es la fe que mueve montañas.</p>
<p>Pido a Dios que te ilumine, para que observes la vida que te rodea y luego alces la vista al Cielo y halles allí las soluciones, las explicaciones y la orientación que necesitas; que te dé prudencia, paciencia y fe en los demás, y te guíe en los momentos difíciles.</p>
<p>Por último, ruego que haya amor en tu vida: amor intenso, amor desbordante, amor paciente, amor prudente, amor tierno, amor divertido, amor emocionante, amor decidido, amor constante, amor fuerte, amor alentador, el amor de Dios en sus mil y un aspectos fascinantes.</p>
<p>Dios vino al mundo como un recién nacido precisamente por eso: para darnos felicidad, paz, fe, soluciones y, lo más importante de todo, amor.</p>
<p>Así pues, mi plegaria es que esta Navidad experimentes todo esto en mayor medida que nunca. Que des cabida en tu vida a ese Niño y Su mensaje, que recibas en tu corazón a Jesús, creas Sus promesas y descubras todas las maravillas que te tiene reservadas.</p>
<p>Pido todo eso para ti porque sé que Jesús quiere dártelo de todos modos, pues Él te ama, y yo también.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/mi-oracion-por-ti-esta-navidad/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El Abandono confiado a la Divina Providencia</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/el-abandono-confiado-a-la-divina-providencia/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/el-abandono-confiado-a-la-divina-providencia/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 20 Sep 2009 13:34:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas de reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[Divina Providencia]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tengoseddeti.org/?p=560</guid>
		<description><![CDATA[
En este hermoso ensayo, San Claudio de la Colombière nos presenta la extraordinaria forma de vivir de quién lo ha puesto todo en las manos de Dios.
1. VERDADES CONSOLADORAS
Una de las verdades mejor establecidas y de las más consoladoras que se nos han revelado es que nada nos sucede en la tierra, excepto el pecado, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/09/abandono_Colombiere.jpg" alt="San Claudio de la Colombière" title="San Claudio de la Colombière" width="200" height="280" class="alignnone size-full wp-image-563" /></p>
<p>En este hermoso ensayo, San Claudio de la Colombière nos presenta la extraordinaria forma de vivir de quién lo ha puesto todo en las manos de Dios.</p>
<p><strong>1. VERDADES CONSOLADORAS</strong></p>
<p>Una de las verdades mejor establecidas y de las más consoladoras que se nos han revelado es que nada nos sucede en la tierra, excepto el pecado, que no sea porque Dios lo quiere; Él es quien envía las riquezas y la pobreza; si estáis enfermos, Dios es la causa de vuestro mal; si habéis recobrado la salud, es Dios quien os la ha devuelto; si vivís, es solamente a Él a quien debéis un bien tan grande; y cuando venga la muerte a concluir vuestra vida, será de su mano de quien recibiréis el golpe mortal.<br />
Pero, cuando nos persiguen los malvados, ¿debemos atribuirlo a Dios? Sí, también le podéis acusar a Él del mal que sufrís. Pero no es la causa del pecado que comete vuestro enemigo al maltrataros, y sí es la causa del mal que os hace este enemigo mientras peca.<span id="more-560"></span></p>
<p>No es Dios quien ha inspirado a vuestro enemigo la perversa voluntad que tiene de haceros mal, pero es Él quien le ha dado el poder. No dudéis, si recibís alguna llaga, es Dios mismo quien os ha herido. Aunque todas las criaturas se aliaran contra vosotros, si el Creador no lo quiere, si Él no se une a ellas, si Él no les da la fuerza y los medios para ejecutar sus malos designios, nunca llegarán a hacer nada: <em>No tendrías ningún poder sobre mí si no te hubiera sido dado de lo Alto</em>, decía el Salvador del mundo a Pilatos. Lo mismo podemos decir a los demonios y a los hombres, incluso a las criaturas privadas de razón y de sentimiento. No, no me afligiríais, ni me incomodaríais como hacéis si Dios no lo hubiera ordenado así; es Él quien os envía, Él es quien os da el poder de tentarme y afligirme: <em>No tendríais ningún poder sobre mí si no os fuera dado de lo Alto</em>.</p>
<p>Si meditáramos seriamente, de vez en cuando, este artículo de nuestra fe, no se necesitaría más para ahogar todas nuestras murmuraciones en las pérdidas, en todas las desgracias que nos suceden. Es el Señor quien me había dado los bienes, es Él mismo quien me los ha quitado; no es ni esta partida, ni este juez, ni este ladrón quien me ha arruinado; no es tampoco esta mujer que me ha envenenado con sus medicamentos; si este hijo ha muerto&#8230; todo esto pertenecía a Dios y no ha querido dejármelo disfrutar más largo tiempo.</p>
<p><strong>Confiemos en la sabiduría de Dios</strong></p>
<p>Es una verdad de fe que Dios dirige todos los acontecimientos de que se lamenta el mundo; y aún más, no podemos dudar de que todos los males que Dios nos envía nos sean muy útiles: no podemos dudar sin suponer que al mismo Dios le falta la luz para discernir lo que nos conviene.</p>
<p>Si, muchas veces, en las cosas que nos atañen, otro ve mejor que nosotros lo que nos es útil, ¿no será una locura pensar que nosotros vemos las cosas mejor que Dios mismo, que Dios que está exento de las pasiones que nos ciegan, que penetra en el porvenir, que prevé los acontecimientos y el efecto que cada causa debe producir? Vosotros sabéis que a veces los accidentes más importunos tienen consecuencias dichosas, y que por el contrario los éxitos más favorables pueden acabar finalmente de manera funesta. También es una regla que Dios observa a menudo, de ir a sus fines por caminos totalmente opuestos a los que la prudencia humana acostumbra escoger.</p>
<p>En la ignorancia en que estamos de lo que debe acaecernos posteriormente, ¿cómo osaremos murmurar de lo que sufrimos por la permisión de Dios? ¿No tememos que nuestras quejas conduzcan a error, y que nos quejamos cuando tenemos el mayor motivo para felicitarnos de su Providencia? José es vendido, se le lleva como esclavo, y se le encarcela; si se afligiera de sus desgracias, se afligiría de su felicidad, pues son otros tantos escalones que elevan insensiblemente hasta el trono de Egipto. Saúl ha perdido las asnas de su padre; es necesario irlas a buscar muy lejos e inútilmente; mucha preocupación y tiempo perdido, es cierto; pero si esta pena le disgusta, no hubiera habido disgusto tan irracional, visto que todo esto estaba permitido para conducirle al profeta que debe ungirle de parte del Señor, para que sea el rey de su pueblo.</p>
<p>¡Cuánta será nuestra confusión cuando comparezcamos delante de Dios, y veamos las razones que habrá tenido de enviarnos estas cruces que hemos recibido tan a pesar nuestro! He lamentado la muerte del hijo único en la flor de la edad: ¡Ay!, pero si hubiera vivido algunos meses o algunos años más, hubiera perecido a manos de un enemigo, y habría muerto en pecado mortal. No he podido consolarme de la ruptura de este matrimonio: Si Dios hubiera permitido que se hubiera realizado, habría pasado mis días en el duelo y la miseria. Debo treinta o cuarenta años de vida a esta enfermedad que he sufrido con tanta impaciencia. Debo mi salvación eterna a esta confusión que me ha costado tantas lágrimas. Mi alma se hubiera perdido de no perder este dinero. ¿De qué nos molestamos?&#8230; ¡Dios carga con nuestra conducta, y nos preocupamos! Nos abandonamos a la buena fe de un médico, porque lo suponemos entendido en su profesión; él manda que se os hagan las operaciones más violentas, alguna vez que os abran el cráneo con el hierro; que os horade, que os corten un miembro para detener la gangrena, que podría llegar hasta el corazón. Se sufre todo esto, se queda agradecido y se le recompensa libremente, porque se juzga que no lo haría si el remedio no fuera necesario, porque se piensa que hay que fiar en su arte; ¡y no le concederemos el mismo honor a Dios! Se diría que no nos fiamos de su sabiduría y que tenemos miedo de que nos descaminara. ¡Cómo!, ¿entregáis vuestro cuerpo a un hombre que puede equivocarse y cuyos menores errores pueden quitaros la vida, y no podéis someteros a la dirección del Señor?</p>
<p>Si viéramos todo lo que Él ve, querríamos infaliblemente todo lo que Él quiere; se nos vería pedirle con lágrimas las mismas aflicciones que procuramos apartar por nuestros votos y nuestras oraciones. A todos nos dice lo que dijo a los hijos de Zebedeo: <em>Nescitis quid petates</em>; hombres ciegos, tengo piedad de vuestra ignorancia, no sabéis lo que pedís; dejadme dirigir vuestros intereses, conducir vuestra fortuna, conozco mejor que vosotros lo que necesitáis; si hasta ahora hubiera tenido consideración a vuestros sentimientos y a vuestros gustos, estaríais ya perdidos y sin recurso.</p>
<p><strong>Cuando Dios prueba</strong></p>
<p>¿Pero queréis estar persuadidos que en todo lo que Dios permite, en todo lo que os sucede, sólo se persigue vuestro verdadero interés, vuestra verdadera dicha eterna? Reflexionad un poco en todo lo que ha hecho por vosotros. Ahora estáis en la aflicción; pensad que el autor de ella, es el mismo que ha querido pasar toda su vida en dolores para ahorraros los eternos; que es el mismo que tiene su ángel a vuestro lado, velando bajo su mandato en todos vuestros caminos y aplicándose a apartar todo lo que podría herir vuestro cuerpo o mancillar vuestra alma; pensad que el que os ata a esta pena es el mismo que en nuestros altares no cesa de rogar y de sacrificarse mil veces al día para expiar vuestros crímenes y para apaciguar la cólera de su Padre a medida que le irritáis; que es el que viene a vosotros con tanta bondad en el sacramento de la Eucaristía, el que no tiene mayor placer, que el de conversar con vosotros y el de unirse a vosotros. Tras estas pruebas de amor, ¡qué ingratitud más grande desconfiar de Él, dudar sobre si nos visita para hacernos bien o para perjudicarnos! -¡Pero me hiere cruelmente, hace pesar su mano sobre mí!- ¿Qué habéis de temer de una mano que ha sido perforada, que se ha dejado clavar a la cruz por vosotros? -¡Me hace caminar por un camino espinoso!- ¡Si no hay otro para ir al cielo, desgraciados seréis, si preferís perecer para siempre antes que sufrir por un tiempo! ¿No es éste el mismo camino que ha seguido antes que vosotros y por amor vuestro? ¿Habéis encontrado alguna espina que no haya señalado, que no haya teñido con su sangre? ¡Me presenta un cáliz lleno de amargura! Sí, pero pensad que es vuestro divino Redentor quien os lo presenta; amándoos tanto como lo hace, ¿podría trataros con rigor si no tuviera una extraordinaria utilidad o una urgente necesidad? Tal vez habéis oído hablar del príncipe que prefirió exponerse a ser envenenado antes que rechazar el brebaje que su médico le había ordenado beber, porque había reconocido siempre en este médico muchas fidelidad y mucha afección a su persona. Y nosotros, cristianos, ¡rechazaremos el cáliz que nos ha preparado nuestro divino Maestro, osaremos ultrajarle hasta ese punto! Os suplico que no olvidéis esta reflexión; si no me equivoco, basta para hacernos amar las disposiciones de la voluntad divina por molestas que nos parezcan. Además, éste es el medio de asegurar infaliblemente nuestra dicha incluso desde esta vida.</p>
<p><strong>Arrojarse en los brazos de Dios</strong></p>
<p>Supongo, por ejemplo, que un cristiano se ha liberado de todas las ilusiones del mundo por sus reflexiones y por las luces que ha recibido de Dios, que reconoce que todo es vanidad, que nada puede llenar su corazón, que lo que ha deseado con las mayores ansias es a menudo fuente de los pesares más mortales; que apenas si se puede distinguir lo que nos es útil de lo que nos es nocivo, porque el bien y el mal están mezclados casi por todas partes, y lo que ayer era lo más ventajoso es hoy lo peor, que sus deseos no hacen más que atormentarle, que los cuidados que toma para triunfar le consumen y algunas veces le perjudican, incluso en sus planes, en lugar de hacerlos avanzar; que, al fin y al cabo, es una necesidad de Dios, que no se hace nada fuera de su mandato y que no ordena nada a nuestro respecto que no nos sea ventajoso.</p>
<p>Después de percibir todo esto, supongo también que se arroja a los brazos de Dios como un ciego, que se entrega a Él, por decirlo así, sin condiciones ni reservas, resuelto enteramente a fiarse a Él en todo y de no desear nada, no temer nada, en una palabra, de no querer nada más que lo que Él quiera, y de querer igualmente todo lo que Él quiera; afirmo que desde este momento esta dichosa criatura adquiere una libertad perfecta, que no puede ser contrariada ni obligada, que no hay ninguna potencia que sea capaz de hacerle violencia o de darle un momento de inquietud.</p>
<p>Pero, ¿no es una quimera que a un hombre le impresionen tanto los males como los bienes? No, no es ninguna quimera; conozco personas que están tan contentas en la enfermedad como en la salud, en la riqueza como en la indigencia; incluso conozco quienes prefieren la indigencia y la enfermedad a las riquezas y a la salud.</p>
<p>Además no hay nada más cierto que lo que os voy a decir: Cuanto más nos sometamos a la voluntad de Dios, más condescendencia tiene Dios con nuestra voluntad. Parece que desde que uno se compromete únicamente a obedecerle, Él sólo cuida de satisfacernos: y no sólo escucha nuestras oraciones, sino que las previene, y busca hasta el fondo de nuestro corazón estos mismos deseos que intentamos ahogar para agradarle y los supera a todos.</p>
<p>En fin, el gozo del que tiene su voluntad sumisa a la voluntad de Dios es un gozo constante, inalterable, eterno. Ningún temor turba su felicidad, porque ningún accidente puede destruirla. Me lo represento como un hombre sentado sobre una roca en medio del océano; ve venir hacia él las olas más furiosas sin espantarse, le agrada verlas y contarlas a medida que llegan a romperse a sus pies; que el mar esté calmo o agitado; que el viento impulse las olas de un lado o del otro, sigue inalterable porque el lugar donde se encuentra es firme e inquebrantable.</p>
<p>De ahí nace esa paz, esta calma, ese rostro siempre sereno, ese humor siempre igual que advertimos en los verdaderos servidores de Dios.</p>
<p><strong>Práctica del abandono confiado</strong></p>
<p>Nos queda por ver cómo podemos alcanzar esta feliz sumisión. Un camino seguro para conducirnos es el ejercicio frecuente de esta virtud. Pero como las grandes ocasiones de practicarla son bastante raras, es necesario aprovechar las pequeñas que son diarias y cuyo buen uso nos prepara enseguida para soportar los mayores reveses, sin conmovernos. No hay nadie a quien cien cosillas contrarias a sus deseos e inclinaciones, sea por nuestra imprudencia o distracción, sea por la inconsideración o malicia de otro, ya sean el fruto de un puro efecto del azar o del concurso imprevisto de ciertas causas necesarias. Toda nuestra vida está sembrada de esta clase de espinas que sin cesar nacen bajo nuestras pisadas, que producen en nuestro corazón mil frutos amargos, mil movimientos involuntarios de aversión, de envidia, de temor, de impaciencia, mil enfados pasajeros, mil ligeras inquietudes, mil turbaciones que alteran la paz de nuestra alma al menos por un momento. Se nos escapa por ejemplo una palabra que no quisiéramos haber dicho o nos han dicho otra que nos ofende; un criado sirve mal o con demasiada lentitud, un niño os molesta, un importuno os detiene, un atolondrado tropieza con vosotros, un caballo os cubre de lodo, hace un tiempo que os desagrada, vuestro trabajo no va como desearíais, se rompe un mueble, se mancha un traje o se rompe. Sé que en todo esto no hay que ejercitar una virtud heroica, pero os digo que bastaría para adquirirla infaliblemente si quisiéramos; pues si alguien tuviera cuidado para ofrecer a Dios todas estas contrariedades y aceptarlas como dadas por su Providencia, y si además se dispusiera insensiblemente a una unión muy íntima con Dios, será capaz en poco tiempo de soportar los más tristes y funestos accidentes de la vida.</p>
<p>A este ejercicio que es tan fácil, y sin embargo tan útil para nosotros y tan agradable a Dios que ni puedo decíroslo, hemos de añadir también otro. Pensad todos los días, por las mañanas, en todo lo que pueda sucederos de molesto a lo largo del día. Podría suceder que en este día os trajeran la nueva de un naufragio, de una bancarrota, de un incendio; quizá antes de la noche recibiréis alguna gran afrenta, alguna confusión sangrante; tal vez sea la muerte la que os arrebatará la persona más querida de vosotros; tampoco sabéis si vais a morir vosotros mismos de una manera trágica y súbitamente. Aceptad todos estos males en caso de que quiera Dios permitirlos; obligad vuestra voluntad a consentir en este sacrificio y no os deis ningún reposo hasta que no la sintáis dispuesta a querer o a no querer todo lo que Dios quiera o no quiera.</p>
<p>En fin, cuando una de estas desgracias se deje en efecto sentir, en lugar de perder el tiempo quejándose de los hombres o de la fortuna, id a arrojaros a los pies de vuestro divino Maestro, para pedirle la gracia de soportar este infortunio con constancia. Un hombre que ha recibido una llaga mortal, si es prudente no correrá detrás del que le ha herido, sino ante todo irá al médico que puede curarle. Pero si en semejantes encuentros, buscarais la causa de vuestros males, también entonces deberíais ir a Dios pues no puede ser otro el causante de vuestro mal.</p>
<p>Id pues a Dios, pero id pronto, inmediatamente, que sea éste el primero de todos vuestros cuidados; id a contarle, por así decirlo, el trato que os ha dado, el azote de que se ha servido para probaros. Besad mil veces la mano de vuestro Maestro crucificado, esas manos que os han herido, que han hecho todo el mal que os aflige. Repetid a menudo aquellas palabras que también Él decía a su Padre, en lo más agudo de su dolor: <em>Señor, que se haga vuestra voluntad y no la mía; Fiat voluntas tua</em>. Sí, mi Dios, en todo lo que queráis de mí hoy y siempre, en el cielo y en la tierra, que se haga esta voluntad, pero que se haga en la tierra como se cumple en el cielo.</p>
<p><strong>2. LAS ADVERSIDADES SON ÚTILES A LOS JUSTOS, NECESARIAS A LOS PECADORES</strong></p>
<p>Ved a esta madre amante que con mil caricias mira de apaciguar los gritos de su hijo, que le humedece con sus lágrimas mientras le aplican el hierro y el fuego; desde el momento en que esta dolorosa operación se hace ante sus ojos y por su mandato, ¿quién va a dudar de que este remedio violento debe ser muy útil a este hijo que después encontrará una perfecta curación o al menos el alivio de un dolor más vivo y duradero?</p>
<p>Hago el mismo razonamiento cuando os veo en la adversidad. Os quejáis de que se os maltrate, os ultrajen, os denigren con calumnias, que os despojen injustamente de vuestros bienes: Vuestro Redentor –este nombre es aún más tierno que el de padre o madre–, vuestro Redentor es testigo de todo lo que sufrís, Él os lleva en su seno, y ha declarado que cualquiera que os toque, le toca a Él mismo en la niña del ojo; sin embargo Él mismo permite que seáis travesado, aunque pudiera fácilmente impedirlo, ¡y dudáis que esta prueba pasajera no os procure las más sólidas ventajas! Aunque el Espíritu Santo no hubiera llamado bienaventurados a los que sufren aquí abajo, aunque todas las páginas de la Escritura no hablaran en favor de las adversidades, y no viéramos que son el pago más corriente de los amigos de Dios, no dejaría de creer que nos son infinitamente ventajosas. Para persuadirme, basta saber que Dios ha preferido sufrir todo lo que la rabia de los hombres ha podido inventar en las torturas más horribles, antes de verme condenado a los menores suplicios de la otra vida; basta, dije, que sepa que es Dios mismo quien me prepara, quien me presenta el cáliz de amargura que debo beber en este mundo. Un Dios que ha sufrido tanto para impedirme sufrir, no se dará el cruel e inútil placer de hacerme sufrir ahora.</p>
<p><strong>Hay que fiar en la Providencia</strong></p>
<p>Para mí, cuando veo a un cristiano abandonarse al dolor en las penas que Dios le envía, digo en primer lugar: “He aquí un hombre que se aflige de su dicha; ruega a Dios que le libre de la indigencia en que se encuentra y debería darle gracias de haberle reducido a ella”.</p>
<p>Estoy seguro que nada mejor podría acaecerle que lo que hace el motivo de su desolación; para creerlo tengo mil razones sin réplica. Pero si viera todo lo que Dios ve, si pudiera leer en el porvenir las consecuencias felices con las que coronará estas tristes aventuras, ¿cuánto más no me aseguraría en mi pensamiento?</p>
<p>En efecto, si pudiéramos descubrir cuales son los designios de la Providencia, es seguro que desearíamos con ardor los males que sufrimos con tanta repugnancia.</p>
<p>¡Dios mío!, si tuviéramos un poco más de fe, si supiéramos cuánto nos amáis, cómo tenéis en cuenta nuestros intereses, ¿cómo miraríamos las adversidades? Iríamos en busca de ellas ansiosamente, bendeciríamos mil veces la mano que nos hiere.</p>
<p>“¿Qué bien puede proporcionarme esta enfermedad que me obliga a interrumpir todos mis ejercicios de piedad?”, dirá tal vez alguien. “¿Qué ventaja puedo obtener de la pérdida de todos mis bienes que me sitúa en el desespero, de esta confusión que abate mi valor y que lleva la turbación a mi espíritu?”. Es cierto que estos golpes imprevistos, en el momento en que hieren acaban algunas veces con aquellos sobre quienes caen y les sitúan fuera del estado de aprovecharse inmediatamente de su desgracia: Pero esperad un momento y veréis que es por allí por donde Dios os prepara para recibir sus favores más insignes. Sin este accidente, es posible que no hubierais llegado a ser peor, pero no hubierais sido tan santo. ¿No es cierto que desde que os habéis dado a Dios, no os habíais resuelto a despreciar cierta gloria fundada en alguna gracia del cuerpo o en algún talento del espíritu, que os atraía la estima de los hombres? ¿No es cierto que teníais aún cierto amor al juego, a la vanidad, al lujo? ¿No es cierto que nos os había abandonado el deseo de adquirir riquezas, de educar a vuestros hijos con los honores del mundo? Quizá incluso cierto afecto, alguna amistad poco espiritual disputaba aún vuestro corazón a Dios. Sólo os faltaba este paso para entrar en una libertad perfecta; era poco, pero, en fin, no hubierais podido hacer aún este último sacrificio; sin embargo, ¿de cuántas gracias no os privaba este obstáculo? Era poco, pero no hay nada que cueste tanto al alma cristiana como el romper este último lazo que le liga al mundo o a ella misma; sólo en esta situación siente una parte de su enfermedad; pero le espanta el pensamiento de su remedio, porque el mal está tan cerca del corazón que sin el socorro de una operación violenta y dolorosa, no se le puede curar; por esto ha sido necesario sorprenderos, que cuando menos pensabais en ello, una mano hábil haya llevado el hierro adelante en la carne viva, para horadar esta úlcera oculta en el fondo de vuestras entrañas; sin este golpe, duraría aún vuestra languidez. Esta enfermedad que se detiene, esta bancarrota que os arruina, esta afrenta que os cubre de vergüenza, la muerte de esta persona que lloráis, todas estas desgracias harán en un instante lo que no hubieran hecho todas vuestras meditaciones, lo que todos vuestros directores hubieran intentado inútilmente.</p>
<p><strong>Ventajas inesperadas de las pruebas</strong></p>
<p>Y si la aflicción en que estáis por voluntad de Dios, os hastía de todas las criaturas, si os compromete a daros enteramente a vuestro Creador, estoy seguro que le estaréis más agradecidos por lo que os ha afligido, que por lo que le hubierais ofrecido en vuestros votos si os evitaba la aflicción; los demás favores que habéis recibido de Él, comparados con esta desgracia, no serán a vuestros ojos más que pequeños favores. Siempre habéis mirado las bendiciones temporales que ha derramado hasta ahora sobre vuestra familia como los efectos de su bondad hacia vosotros; pero entonces veréis claramente que nunca os amó tanto como cuando trastornó todo lo que había hecho para vuestra prosperidad, y que si había sido liberal al daros las riquezas, el honor, los hijos y la salud, ha sido pródigo al quitaros todos estos bienes.</p>
<p>No hablo de los méritos que se adquieren por la paciencia; por lo general, es cierto que se gana más para el cielo en un día de adversidad que durante varios años pasados en la alegría, por santo que sea el uso que se haga de ella.</p>
<p>Todo el mundo conoce que la prosperidad nos debilita; y es mucho cuando un hombre dichoso, según el mundo, se toma la pena de pensar en el Señor una o dos veces por día; las ideas de los bienes sensibles que le rodean ocupan tan agradablemente su espíritu que olvida con mucho todo lo demás. Por el contrario la adversidad nos lleva de un modo natural a elevar los ojos al cielo, para, mediante esta visión, suavizar la amarga impresión de nuestros males. Sé que se puede glorificar a Dios en toda clase de estados y que no deja de honrarle la vida de un cristiano que le sirve en una alegre fortuna; pero ¡quién asegura que este cristiano le honra tanto como el hombre que le bendice en los sufrimientos! Se puede decir que el primero es semejante a un cortesano asiduo y regular, que no abandona nunca a su príncipe, que le sigue al consejo, que todo lo hace a gusto, que hace honor a sus fiestas; pero que el segundo es como un valiente capitán, que toma las ciudades para su rey, que le gana batallas, a través de mil peligros y a precio de su sangre, que lleva lejos la gloria de las armas de su señor y los límites de su imperio.</p>
<p>Del mismo modo, un hombre que disfruta de una salud robusta, que posee grandes riquezas, que vive en honor, que tiene la estima del mundo, si este hombre usa como debe de todas estas ventajas, si las refiere a Dios como a su divino Maestro por una conducta tan cristiana; pero si la Providencia le despoja de todos estos bienes, si le consume de dolores y de miserias y si en medio de tantos males, persevera en los mismos sentimientos, en las mismas acciones de gracias, si sigue al Señor con la misma prontitud y la misma docilidad, por un camino tan difícil, tan opuesto a sus inclinaciones, entonces es cuando publica las grandezas de Dios y la eficacia de su gracia, del modo más generoso y brillante.</p>
<p><strong>Ocasiones de méritos y de salvación</strong></p>
<p>Juzgad de ahí la gloria que deben esperar de Jesucristo las personas que le habrán glorificado en un camino tan espinoso. Entonces será cuando nosotros reconoceremos cuánto nos habrá amado Dios, dándonos las ocasiones de merecer una recompensa tan abundante; entonces nos reprocharemos a nosotros mismos el habernos quejado de lo que debería aumentar nuestra felicidad; de haber dudado de la bondad de Dios, cuando nos daba las señales más seguras. Si un día han de ser así nuestros sentimientos, ¿por qué no entrar desde hoy en una disposición tan feliz? ¿Por qué no bendecir a Dios en medio de los males de esta vida, si estoy seguro que en el cielo le daré gracias eternas?</p>
<p>Todo esto nos hace ver que sea cual sea el modo como vivamos deberíamos recibir siempre toda adversidad con alegría. Si somos buenos, la adversidad nos purifica y nos vuelve mejores, nos llena de virtudes y de méritos; si somos viciosos, nos corrige y nos obliga a ser virtuosos.</p>
<p><strong>3. RECURSO A LA ORACIÓN</strong></p>
<p>Es extraño que habiéndose comprometido Jesucristo tan a menudo y tan solemnemente a atender todos nuestros votos, la mayor parte de los cristianos se quejan todos los días de no ser escuchados. Pues, no se puede atribuir la esterilidad de nuestras oraciones a la naturaleza de los bienes que pedimos, ya que no ha exceptuado nada en sus promesas: <em>Omnia quacumque orantes petitis credite quia accipietis</em>. Tampoco se puede atribuir esta esterilidad a la indignidad de los que piden, pues lo ha prometido a toda clase de personas sin excepción: <em>Omnis qui petit accipit</em>. ¿De dónde puede venir que tantas oraciones nuestras sean rechazadas? ¿Quizás no se deba a que como la mayor parte de los hombres son igualmente insaciables e impacientes en sus deseos, hacen demandas tan excesivas o con tanta urgencia que cansan, que desagradan al Señor o por su indiscreción o por su importunidad? No, no; la única razón por la que obtenemos tan poco de Dios es porque le pedimos demasiado poco y con poca insistencia.</p>
<p>Es cierto que Jesucristo nos ha prometido de parte de su Padre, concedernos <em>todo</em>, incluso las cosas más pequeñas; pero nos ha prescrito observar un orden en todo lo que pedimos y, sin la observancia de esta regla, en vano esperaremos obtener nada. En San Mateo se nos ha dicho: Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura: <em>Quaerite primum regnum Dei, et haec omnia adicientur vobis</em>.</p>
<p><strong>Para obtener bienes</strong></p>
<p>No se os prohíbe desear las riquezas, y todo lo que es necesario para vivir, incluso para vivir bien; pero hay que desear estos bienes en su rango, y si queréis que todos vuestros deseos a este respecto se cumplan infaliblemente, pedid primero las cosas más importantes, a fin de que se añadan las pequeñas al daros las mayores.</p>
<p>He aquí exactamente lo que le sucedió a Salomón. Dios le había dado la libertad de pedir todo lo que quisiera, él le suplicó de concederle la sabiduría, que necesitaba para cumplir santamente con sus deberes de la realeza. No hizo ninguna mención de los tesoros ni de la gloria del mundo; creyó que haciéndole Dios una oferta tan ventajosa tendría la ocasión de obtener bienes considerables. Su prudencia le mereció en seguida lo que pedía e incluso lo que no pedía. <em>Quia postulasti verbum hoc, et non petisti tibi dies multos nec divitas&#8230;, eccefeci tibi secundum sermones tuos</em>: Te concedo de gusto esta sabiduría porque me la has pedido, pero no dejaré de colmarte de años, de honores y de riquezas, porque no me has pedido nada de todo esto: <em>Sed et haec quae non postulasti, divitas scilicet et gloriam</em>.</p>
<p>Si este es el orden que Dios observa en la distribución de sus gracias, no nos debemos extrañar que hasta ahora hayamos orado sin éxito. Os confieso que a menudo estoy lleno de compasión cuando veo la diligencia de ciertas personas, que distribuyen limosnas, que hacen promesa de peregrinaciones y ayunos, que interesan hasta a los ministros del altar para el éxito de sus empresas temporales. ¡Hombres ciegos, temo que roguéis y que hagáis rogar en vano! Hay que hacer estas ofrendas, estas promesas de ayunos y peregrinaciones, para obtener de Dios una entera reforma de vuestras costumbres, para obtener la paciencia cristiana, el desprecio del mundo, el desapego de las criaturas; tras estos primeros pasos de un celo regulado, hubierais podido hacer oraciones por el restablecimiento de vuestra salud y por el progreso de vuestros negocios; Dios hubiera escuchado estas oraciones, o mejor, las hubiera prevenido y se hubiera contentado de conocer vuestros deseos para cumplirlos.</p>
<p>Sin estas gracias primeras, todo lo demás podría ser perjudicial y de ordinario así es; he aquí por qué somos rechazados. Murmuramos, acusamos al Cielo de dureza, de poca fidelidad en sus promesas. Pero nuestro Dios es un padre lleno de bondad, que prefiere sufrir nuestras quejas y nuestras murmuraciones, antes que apaciguarlas con presentes que nos serían funestos.</p>
<p><strong>Para apartar los males</strong></p>
<p>Lo que he dicho de los bienes, lo digo también de los males de que deseamos vernos libres. Alguien dirá que él no suspira por una gran fortuna, que se contentaría con salir de esta extrema indigencia en la que sus desgracias lo han reducido; deja la gloria y la alta reputación para los que la ansían, desearía tan sólo evitar el oprobio en que le sumergen las calumnias de sus enemigos; en fin, puede pasarse de los placeres, pero sufre dolores que no puede soportar; desde hace tiempo está rogando, pide al Señor con insistencia a ver si quiere suavizarlos; pero le encuentra inexorable. No me sorprende; tenéis males secretos muchos mayores que los males de que os quejáis, sin embargo son males de los que no pedís ser librados; si para conseguirlo hubierais hecho la mitad de las oraciones que habéis hecho para ser curados de los males exteriores, haría ya mucho tiempo que hubierais sido librados de los unos y de los otros. La pobreza os sirve para mantener en humildad a vuestro espíritu, orgulloso por naturaleza; el apego extremo que tenéis por el mundo os hace necesarias estas medicinas que os afligen; en vosotros las enfermedades son como un dique contra la inclinación que tenéis por el placer, contra esta pendiente que os arrastraría a mil desgracias. El descargaros de estas cruces, no sería amaros, sino odiaros cruelmente, a no ser que os concedan las virtudes que no tenéis. Si el Señor os viera con cierto deseo de estas virtudes, os las concedería sin dilación y no sería necesario pedir el resto.</p>
<p><strong>No se pide bastante</strong></p>
<p>Ved cómo por no pedir bastante, no recibimos nada, porque Dios no podría limitar su liberalidad a pequeños objetos, sin perjudicarnos a nosotros mismos. Os ruego observéis que no digo que no se puedan pedir prosperidades temporales sin ofenderle, y pedir ser liberados de las cruces bajo las que gemimos; sé que para rectificar las oraciones por las que se solicita este tipo de gracias basta con pedirlas con las condición de que no sean contrarias ni a la gloria de Dios, ni a nuestra propia salvación; pero como es difícil que sea glorioso a Dios el escucharos o útil para vosotros, si no aspiráis a mayores dones, os digo que en tanto os contentéis con poco, corréis el riesgo de no obtener nada.</p>
<p>¿Queréis que os dé un buen método para pedir la felicidad incluso temporal, método capaz de forzar a Dios para que os escuche? Decidle de todo corazón: Dios mío, dadme tantas riquezas que mi corazón sea satisfecho o inspiradme un desprecio tan grande que no las desee más; libradme de la pobreza o hacédmela tan amable que la prefiera a todos los tesoros de la tierra; que cesen estos dolores, o lo que será aún más glorioso para Vos, haced que cambien en delicias para mí y que lejos de afligirme y de turbar la paz de mi alma lleguen a ser, a su vez, la fuente más dulce de alegría. Podéis descargarme de la cruz; podéis dejármela, sin que sienta el peso. Podéis extinguir el fuego que me quema; podéis hacer, que en lugar de apagarlo para que no me queme, me sirva de refrigerio, como lo fue para los jóvenes hebreos en el horno de Babilonia. Os pido lo uno o lo otro. ¿Qué importa el modo como yo sea feliz? Si lo soy por la posesión de los bienes terrestres, os daré eternas acciones de gracias; si lo soy por la privación de estos mismos bienes, será un prodigio que dará más gloria a vuestro nombre y yo estaré aún más reconocido.</p>
<p>He aquí una oración digna de ser ofrecida a Dios por un verdadero cristiano. Cuando roguéis de este modo, ¿sabéis cuál es el efecto de vuestros votos? En el primer lugar estaréis contentos suceda lo que suceda; ¿acaso desean otra cosa los que están deseosos de bienes temporales que estar contentos? En segundo lugar, no solamente no obtendréis infaliblemente una de las dos cosas que habéis pedido, sino que ordinariamente obtendréis las dos. Dios os concederá el disfrute de las riquezas, y para que las poseáis sin apego y sin peligro, os inspirará a la vez un desprecio saludable. Pondrá fin a vuestros dolores, y además os dejará una sed ardiente que os dará el mérito de la paciencia, sin que sufráis. En una palabra, os hará felices en esta vida y temiendo que vuestra dicha no os corrompa, os hará conocer y sentir la vanidad. ¿Se puede desear algo más ventajoso? Nada, sin duda. Pero como una ventaja tan preciosa es digna de ser pedida, acordaos también que merece ser pedida con insistencia. Pues la razón por la que se obtiene tan poco, no es solamente porque se pide poco, es también porque, se pida poco o mucho, no se pide bastante.</p>
<p><strong>Perseverancia en la oración</strong></p>
<p>¿Queréis que todas vuestras oraciones sean eficaces infaliblemente? ¿Queréis forzar a Dios a satisfacer todos vuestros deseos? En primer lugar os digo que no hay que cansarse de orar. Los que se cansan después de haber rogado durante un tiempo, carecen de humildad o de confianza; y de este modo no merecen ser escuchados. Parece como si pretendierais que se os obedezca al momento vuestra oración como si fuera un mandato; ¿no sabéis que Dios resiste a los soberbios y que se complace en los humildes? ¿Qué? ¿Acaso vuestro orgullo no os permite sufrir que os hagan volver más de una vez para la misma cosa? Es tener muy poca confianza en la bondad de Dios el desesperar tan pronto, el tomar las menores dilaciones por rechazos absolutos.</p>
<p>Cuando se concibe verdaderamente hasta dónde llega la bondad de Dios, jamás se cree uno rechazado, jamás se podría creer que desee quitarnos toda esperanza. Pienso, lo confieso, que cuando veo que más me hace insistir Dios en pedir una misma gracia, más siento crecer en mí la esperanza de obtenerla; nunca creo que mi oración haya sido rechazada, hasta que me doy cuenta que he dejado de orar; cuando tras un año de solicitaciones, me encuentro en tanto fervor como tenía al principio, no dudo del cumplimiento de mis deseos; y lejos de perder valor después de tan larga espera, creo tener motivo para regocijarme, porque estoy persuadido que seré tanto más satisfecho cuanto más largo tiempo se me haya dejado rogar. Si mis primeras instancias hubieran sido totalmente inútiles, jamás hubiera reiterado los mismos votos, mi esperanza no se hubiera sostenido; ya que mi asiduidad no ha cesado, es una razón para mí el creer que seré pagado liberalmente.</p>
<p>En efecto, la conversión de San Agustín no fue concedida a Santa Mónica hasta después de dieciséis años de lágrimas; pero también fue una conversión incomparablemente más perfecta que la que había pedido. Todos sus deseos se limitaban a ver reducida la incontinencia de este joven en los límites del matrimonio, y tuvo el placer de verle abrazar los más elevados consejos de castidad evangélica. Había deseado solamente que se bautizara, que fuera cristiano, y ella le vio elevado al sacerdocio, a la dignidad episcopal.</p>
<p>En fin, ella sólo pedía a Dios verle salir de la herejía e hizo Dios de él la columna de la Iglesia y el azote de los herejes de su tiempo. Si después de un año o dos de oraciones, esta piadosa madre se hubiera desanimado, si después de diez o doce años, viendo que el mal crecía cada día, que este hijo desgraciado se comprometía cada día en nuevos errores, en nuevos excesos, que a la impureza había añadido la avaricia y la ambición; si lo hubiera abandonado todo entonces por desesperación, ¡cuál hubiera sido su ilusión! ¿Qué agravio no hubiera hecho a su hijo? ¡De qué consolación no se hubiera privado ella misma! ¡De qué tesoro no hubiera frustrado a su siglo y a todos los siglos venideros!</p>
<p><strong>Una confianza obstinada</strong></p>
<p>Para terminar, me dirijo a aquellas personas que veo inclinadas a los pies del altar, para obtener estas preciosas gracias que Dios tiene tanta complacencia en vernos pedir. Almas dichosas, a quienes Dios da a conocer la vanidad de las cosas mundanas, almas que gemís bajo el yugo de vuestras pasiones y que rogáis para ser librados de ellas, almas fervientes que estáis inflamadas del deseo de amar a Dios y de servirle como los santos le han servido y usted que solicita la conversión de este marido, de esta persona querida, no os canséis de rogar, sed constantes, sed infatigables en vuestras peticiones; si se os rechazan hoy, mañana lo obtendréis todo; si no obtenéis nada este año, el año próximo os será más favorable; sin embargo, no penséis que vuestros afanes sean inútiles: Se lleva la cuenta de todos vuestros suspiros, recibiréis en proporción al tiempo que hayáis empleado en rogar; se os está amasando un tesoro que os colmará de una sola vez, que excederá a todos vuestros deseos.</p>
<p>Es necesario descubriros hasta el fin los resortes secretos de la Providencia: La negativa que recibís ahora no es más que un fingimiento del que Dios se sirve para inflamar más vuestro fervor. Ved cómo obra respecto a la Cananea, cómo rehúsa verla y oírla, cómo la trata de extranjera y más duramente aún. ¿No diréis que la importunidad de esta mujer le irrita más y más? Sin embargo, dentro de Él, la admira y está encantado de su confianza y de su humildad; y por esto la rechaza. ¡Oh clemencia disfrazada, que toma la máscara de la crueldad, con qué ternura rechazas a los que más quieres escuchar! Guardaros de dejaros sorprender; al contrario, urgid tanto más cuanto más os parezca que sois rechazados.</p>
<p>Haced como la Cananea, servíos contra Dios mismo de las razones que pueda tener para rechazaros. Es cierto debéis decir, que favorecerme sería dar a los perros el pan de los hijos, no merezco la gracia que pido, pero tampoco pretendo que se me conceda por mis méritos, es por los méritos de mi amable Redentor. Sí, Señor, debéis temer que haya más consideración a mi indignidad que a vuestra promesa, y que queriendo hacerme justicia os engañéis a vos mismo. Si fuera más digno de vuestros beneficios, os sería menos glorioso el hacerme partícipe de ellos. No es justo hacer favores a un ingrato; ¡oh, Señor!, no es vuestra justicia lo que yo imploro, sino vuestra misericordia. ¡Mantén tu ánimo! Dichoso de ti que has comenzado a luchar tan bien contra Dios; no le dejes tranquilo; le agrada la violencia que le hacéis, quiere ser vencido. Haceos notar por vuestra importunidad, haced ver en vosotros un milagro de constancia; forzad a Dios a dejar el disfraz y a deciros con admiración; <em>Magna est fides tua, fiat tibi sicut vis</em>: Grande es tu fe; confieso que no puedo resistirte más; vete, tendrás lo que deseas, tanto en esta vida como en la otra.</p>
<p><strong>EJERCICIO PARTICULAR DE CONFORMIDAD CON LA DIVINA PROVIDENCIA</strong></p>
<p>La práctica de este piadoso ejercicio es de suma importancia, a causa de las preciosas ventajas que extraen siempre las personas que lo realizan bien.</p>
<p><strong>1. ACTOS DE FE, DE ESPERANZA Y DE CARIDAD</strong></p>
<p>I. En primer lugar se hace un acto de fe en la Providencia divina. Se intenta penetrarse bien de esta verdad de que Dios toma un cuidado continuo y muy atento, no solamente de todas las cosas en general, sino también de cada una en particular, de nosotros sobre todo, de nuestra alma, de nuestro cuerpo, de todo lo que nos interesa; que su solicitud, a la que nada escapa, se extiende a nuestra reputación, a nuestros trabajos, a nuestras necesidades de toda clase, a nuestra salud como a nuestras enfermedades, a nuestra vida como a nuestra muerte y hasta al menor de nuestros cabellos que no puede caer sin su permiso.</p>
<p>II. Luego del acto de fe, se hace un acto de esperanza. Entonces, se excita uno a una firme confianza en que esta Providencia divina proveerá a todo lo que nos concierne, que nos dirigirá, nos defenderá con una vigilancia y una afección más que paternal y nos gobernará de tal modo que suceda lo que suceda, si nos sometemos a su dirección, todo nos será favorable y volverá en bien nuestro, incluso las cosas que parezcan más contrarias.</p>
<p>III. A estos dos actos hay que añadir el de la caridad. Se testimonia a la divina Providencia el más vivo afecto, el amor más tierno, como un niño lo testimonia a su buena madre, refugiándose en sus brazos; se hacen protestas de un amor absoluto por todos sus designios, por impenetrables que sean, sabiendo que son el fruto de una sabiduría infinita que no puede equivocarse y de bondad soberana que no puede querer más que la perfección de sus criaturas; se hace de tal modo que este aprecio sea bastante práctico para disponernos a hablar de buena gana de la Providencia e incluso a tomar su defensa altamente contra los que se permitan negarla o criticarla.</p>
<p><strong>2. ACTO DE FILIAL ABANDONO A LA PROVIDENCIA</strong></p>
<p>Después de haber renovado muchas veces estos actos y de haberse penetrado bien de ellos, el alma se abandona a la Divina Providencia, reposa y duerme dulcemente en sus brazos, como un niño en los brazos de su madre. Hace suyas entonces aquellas palabras de David: <em>En paz me duermo luego que me acuesto porque tú, Señor, me das seguridad</em> (Ps. 4, 9-10). O bien dirá con el mismo profeta: <em>El Señor es mi pastor; nada me falta. Me pone en verdes pastos y me lleva a frescas aguas. Recrea mi alma y me guía por las rectas sendas, por amor de su nombre</em> y por mi perfección. ¡Oh mi Señor! guiado por vuestra mano y cubierto por vuestra protección, <em>aunque haya de pasar por un valle tenebroso</em>, en medio de mis enemigos, <em>no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado son mi consuelo. Tú pones ante mí una mesa, enfrente de mis enemigos. Sólo bondad y benevolencia me acompañan todos los días de mi vida, y estaré en la casa del Señor por muy largos años</em> (Ps 22).</p>
<p>Llena de la alegría que le inspira también suaves palabras el alma recibe con respeto a esta dichosa disposición, todos los acontecimientos presentes de manos de la divina Providencia y espera todos los venideros con una dulce tranquilidad de espíritu, con una paz deliciosa. Vive como un niño, al abrigo de toda inquietud. Pero esto no quiere decir que ella permanezca en una espera ociosa de las cosas teniendo necesidad de ellas o que descuide el aplicarse a los asuntos que se presenten. Al contrario, hace por su parte, todo lo que depende de su mano, para llevarlos bien, emplea en ellos todas sus facultades; pero sólo se da a tales cuidados bajo la dirección de Dios, no mira su propia previsión más que como sometida enteramente a la de Dios y le abandona la libre disposición de todo, no esperando otro éxito que el que está en los designios de la voluntad divina.</p>
<p><strong>3. UTILIDAD DE ESTE EJERCICIO</strong></p>
<p>¡Oh! ¡Cuánta gloria y honor da a Dios el alma dispuesta de este modo!</p>
<p>Verdaderamente es una gran gloria para Él el tener una criatura tan apegada a su Providencia, tan dependiente de su conducta, llena de una esperanza tan firme y disfrutando de un reposo de espíritu tan profundo en espera de lo que tenga a bien enviarle. Y también, ¡cuánto cuidado no tomará Dios de tal alma! Él vela sobre las menores cosas que le interesan: Inspiran a los hombres establecidos para gobernarla todo lo que es necesario para dirigirla bien; y si por el motivo que sea, esos hombres quisieran obrar en relación con ella de un modo que le fuera perjudicial, Él haría surgir obstáculo a sus designios por caminos secretos e inesperados y les forzaría a adoptar lo que sería más ventajoso para esta alma querida.</p>
<p><em>El Señor guarda a cuantos le aman</em> (Ps 144, 20). Si la Escritura da ojos a este Dios de bondad, es para velar por ellos; si se le atribuye orejas es para escucharlos; si manos, es para defenderlos. Y quien les toque, toca al Señor en la niña de los ojos. <em>Los niños serán llevados a la cadera</em>, dice el Señor por boca del profeta Isaías, <em>y serán acariciados sobre las rodillas. Como consuela una madre a su hijo, así os consolaré yo a vosotros</em> (Is. 66, 12-13). En Oseas: <em>Yo enseñé a andar a Efraín, le llevé en brazos</em> (Os. 11, 3). Mucho tiempo antes Moisés había dicho: <em>En el desierto has visto como te ha llevado el Señor, tu Dios, como lleva un hombre a su hijo, por todo el camino que habéis recorrido hasta llegar a este lugar</em> (Deut 1, 31). También dice Dios en Isaías: <em>Mamarás a los pechos de los reyes, recibirás un alimento delicioso y divino, y sabrás, mediante una dulce experiencia, con qué solicitud Yo, el Señor, soy tu Salvador</em> (Is 60, 16) ¡Oh! ¡Dichosa situación para un alma!</p>
<p>En la persona de Noé se encuentra una imagen sensible de la felicidad que gusta el que se abandona completamente a Dios. Noé estaba en reposo y en paz en el arca con los leones; los tigres, los osos porque Dios le conducía mientras que las espantosas lluvias caían del cielo y en medio del trastorno general de los elementos y de toda la naturaleza. Por el contrario, los demás estaban en la más extraña confusión de cuerpo y de espíritu, perdían sus bienes, sus mujeres, sus hijos y hasta ellos mismos se perdían, tragados despiadadamente por las olas. Del mismo modo el alma que se abandona a la Providencia, que le deja el timón de su barca, boga con tranquilidad en el océano de esta vida, en medio de las tempestades del cielo y de la tierra, mientras que los que quieren gobernarse ellos mismos el Sabio los llama <em>almas en tinieblas, excluidas de tu eterna Providencia</em> (Sap 17, 1-2), están en continua agitación y, no teniendo por piloto más que su voluntad inconstante y ciega, acaban en un funesto naufragio después de haber sido el juguete de los vientos y de la tempestad.</p>
<p>Abandonémonos completamente a la divina Providencia, dejémosle todo el poder de disponer de nosotros; comportémonos como sus verdaderos hijos, sigámosla con verdadero amor como a nuestra madre; confiémonos a ella en todas nuestras necesidades, esperemos sin inquietud que aporte los remedios de su caridad. En fin, dejémosla obrar y ella nos proveerá de todo en el tiempo, en el lugar y del modo más conveniente; ella nos conducirá por caminos admirables al reposo del espíritu y a la dicha a que estamos llamados a gozar incluso desde esta vida, como un anticipo de la eterna felicidad que nos ha sido prometida.</p>
<p><small><br />
EL ABANDONO CONFIADO A LA DIVINA PROVIDENCIA, de San Claudio de la Colombière, también puede descargarse comprimido (.zip) en formato Word en nuestra <a href="http://www.tengoseddeti.org/descargas/">Área de Descargas</a>&#8230;</small></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/el-abandono-confiado-a-la-divina-providencia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>¡Feliz Día de los Padres!</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/%c2%a1feliz-dia-de-los-padres/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/%c2%a1feliz-dia-de-los-padres/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 21 Jun 2009 14:40:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[día de los padres]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tengoseddeti.org/?p=415</guid>
		<description><![CDATA[Hoy que celebramos el Día de los Padres, les comparto esta oración que incluí en la hoja parroquial de nuestra parroquia&#8230; Que el Señor me los llene de bendiciones&#8230; y San José, padre adoptivo de nuestro Señor Jesucristo, interceda por todas sus intenciones en este día&#8230;



Oh Dios, de quien proviene toda paternidad, concédenos descubrir, vivir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy que celebramos el Día de los Padres, les comparto esta oración que incluí en la hoja parroquial de nuestra parroquia&#8230; Que el Señor me los llene de bendiciones&#8230; y San José, padre adoptivo de nuestro Señor Jesucristo, interceda por todas sus intenciones en este día&#8230;</p>
<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/sanjose-jesus.jpg" alt="San José con el Niñito Jesús" title="San José con el Niñito Jesús" width="190" height="250" class="alignnone size-full wp-image-416" /></p>
<div style="margin-left:30px;">
<div style="margin-right:30px;">
<p style="text-align: center;"><em>Oh Dios, de quien proviene toda paternidad, concédenos descubrir, vivir y proclamar la dignidad y responsabilidad que supone ser padre.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Hoy, muy especialmente, te pedimos por todos y cada uno de los padres&#8230; Dales fuerza en su lucha; firmeza en el cumplimiento del deber; paz para poder integrar la familia; lucidez como consejeros del hogar; delicadeza para que fomenten debidamente el amor; capacidad de sacrificio para que lleven la cruz sin rebeldía; prudencia en los momentos difíciles; esperanza en las horas oscuras de la vida; amor que comprende, comparte, consuela, estimula y sostiene.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Concede a nuestros padres paz, tranquilidad, bienestar en el tiempo y la vida eterna, donde se forma la familia definitiva de los que creen y aman a Dios. Amén.</em></p>
</div>
</div>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/%c2%a1feliz-dia-de-los-padres/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Rosarios Salvadores</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/rosarios-salvadores/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/rosarios-salvadores/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 17 Jun 2009 02:32:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>
		<category><![CDATA[Santo Rosario]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tengoseddeti.org/?p=401</guid>
		<description><![CDATA[Una muy querida hermana nos ha enviado esta hermosa reflexión sobre el rezo del Rosario y todas las gracias que puede alcanzar de la manos misericordiosas de Dios&#8230; más que una reflexión, es una hermosa vivencia y un pedacito del corazón de Gladys&#8230;
Rosarios Salvadores
Por Gladys Díaz Santos
Mi insomnio rompe el silencio de la noche y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una muy querida hermana nos ha enviado esta hermosa reflexión sobre el rezo del Rosario y todas las gracias que puede alcanzar de la manos misericordiosas de Dios&#8230; más que una reflexión, es una hermosa vivencia y un pedacito del corazón de Gladys&#8230;</p>
<p><strong>Rosarios Salvadores</strong><br />
<small>Por <a href="mailto:dichosatuquehascreido@gmail.com">Gladys Díaz Santos</a></small></p>
<p>Mi insomnio rompe el silencio de la noche y una estremecedora musa vibra dentro de mi ser. ¿Qué será&#8230;? Pienso en los Rosarios de mi abuela y como salvaron mi vida&#8230;.</p>
<p>Soy víctima de abuso sexual y sicológico, pero ¿cuántos no lo han sido? Yo lo cuento porque sé que los Rosarios de mi abuela me salvaron de algo peor. Mientras yo era abusada ella, que no sabía nada, hacía su Rosario todas las noches. Jamás podré olvidar esas cuentas negras deslizándose entre sus dedos. Los rosarios de una abuela que no era la mía, pero a quien decía “abuela”.</p>
<p>Fui casi adoptada por una familia con problemas disfuncionales pero a la cual amo aún a pesar de la distancia y el no comunicarnos&#8230; hay tanto dolor aún. Mi sicólogo me dice “olvídate del pasado”, pero el pasado gime dentro de mí. Es cierto que olvidar es bueno pero, ¿acaso alguna vez se olvida el dolor&#8230;?</p>
<p>Mi café se enfría mientras escribo estas líneas y mi garganta se seca. Será ¿qué no debo&#8230;? Un gallo canta a lo lejos y me doy cuenta de la hora. Abuela, sé que estas en el cielo porque sin saberlo hiciste tanto por tantos. Rosarios salvadores que aparentan ser escuchados aún. Cuentas que se pierden en un “Dios te salve, María”.<span id="more-401"></span></p>
<p>Y hay tantos que no creen. Es el Rosario la prenda mas preciosa para agradar a la Madre más pura que ha pisado la tierra y para invocar a Dios misericordioso. Sé que mi ángel de la guarda me despierta todas las madrugadas para que lo rece por aquellos que no creen y están en necesidad.</p>
<p>Rosarios Salvadores les llamo&#8230; pero, ¿habrá alguno que no lo sea? Un sacerdote se encuentra en tribulación, un hombre piensa en suicidarse, una chica quiere hacerse un aborto&#8230; Rosarios Salvadores.</p>
<p>En innumerables ocasiones la Madre ha dicho “rezad el Rosario”, ahhh que deleite, ¿no le haz tomado el dulce sabor de cada Rosario? Mariposas que vuelan hasta el cielo y se posan humildes e insistentes. Y Dios las toma en sus manos perfumadas por María.</p>
<p>Un Rosario es una vida que se salva, un agradable sabor en la garganta y un toque a una puerta misteriosa. Nada más que un Rosario. Verdaderamente que sabrosos son. Y tú, ¿les has tomado el sabor?</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/rosarios-salvadores/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>23</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Dios es el protagonista en la oración</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/dios-es-el-protagonista-en-la-oracion/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/dios-es-el-protagonista-en-la-oracion/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 09 Jun 2009 02:42:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas de reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Pablo II]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://74.55.11.82/~tengo113/?p=210</guid>
		<description><![CDATA[
La oración puede cambiar vuestra vida. Ya que aparta vuestra atención de vosotros mismos y dirige vuestra mente y vuestro corazón hacia el Señor. Si nos miramos solamente a nosotros mismos, con nuestras limitaciones y nuestros pecados, tomará cuerpo en nosotros con suma rapidez la tristeza y el desconsuelo. Pero si tenemos nuestros ojos fijos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/jpii_oracion.jpg" alt="Dios es el protagonista en la oración" title="Dios es el protagonista en la oración" width="225" height="275" class="alignnone size-full wp-image-211" /></p>
<p><strong>La oración puede cambiar vuestra vida. Ya que aparta vuestra atención de vosotros mismos y dirige vuestra mente y vuestro corazón hacia el Señor.</strong> Si nos miramos solamente a nosotros mismos, con nuestras limitaciones y nuestros pecados, tomará cuerpo en nosotros con suma rapidez la tristeza y el desconsuelo. Pero si tenemos nuestros ojos fijos en el Señor, entonces nuestro corazón se llenará de esperanza, nuestra mente se iluminará por la luz de la verdad, y llegaremos a conocer la plenitud del Evangelio con todas sus promesas y su vida.<span id="more-210"></span></p>
<p><strong>¿Qué es la oración? Comúnmente se considera una conversación.</strong> En una conversación hay siempre un «yo» y un «tú». En este caso un Tú con mayúscula. La experiencia de la oración enseña que si inicialmente el «yo» parece el elemento más importante, uno se da cuenta luego de que en realidad las cosas son de otro modo. <strong>Más importante es el Tú, porque nuestra oración parte de la iniciativa de Dios.</strong></p>
<p><strong>¿Cómo reza el Papa? Os respondo: como todo cristiano: habla y escucha.</strong> A veces, reza sin palabras, y es entonces cuando más escucha. Lo más importante es precisamente lo que «oye». Trata también de unir la oración a sus obligaciones, a sus actividades, a su trabajo, y unir su trabajo a la oración.</p>
<p>Orar no significa sólo que podemos decir a Dios todo lo que nos agobia. <strong>Orar significa también callar y escuchar lo que Dios nos quiere decir.</strong></p>
<p><strong>La oración debe abrazar todo lo que forma parte de nuestra vida.</strong> No puede ser algo suplementario o marginal. Todo debe encontrar en ella su propia voz. También todo lo que nos oprime; de lo que nos avergonzamos; lo que por su naturaleza nos separa de Dios. Precisamente esto, sobre todo. La oración es la que siempre, primera y esencialmente, derriba la barrera que el pecado y el mal pueden haber levantado entre nosotros y Dios.</p>
<p><strong>Debemos orar también porque somos frágiles.</strong> Es preciso reconocer humildemente y en forma realista que somos pobres criaturas, con ideas confusas, tentadas por el mal, frágiles y débiles, con necesidad continua de fuerza interior y de consuelo.</p>
<p><strong>La oración es el reconocimiento de nuestros límites y de nuestra dependencia:</strong> venimos de Dios, somos de Dios y retornamos a Dios. Por lo tanto, no podemos menos que abandonarnos en Él, nuestro Creador y Señor, con plena y total confianza.</p>
<p><strong>Si tratáis a Cristo</strong>, oiréis también vosotros en lo más íntimo del alma los requerimientos del Señor, sus insinuaciones continuas.</p>
<p><strong>En la oración, pues, el verdadero protagonista es Dios.</strong> El protagonista es Cristo, que constantemente libera la criatura de la esclavitud de la corrupción y la conduce hacia la libertad, para gloria de los hijos de Dios. Protagonista es el Espíritu Santo, que «viene en ayuda de nuestra debilidad».</p>
<p><strong>Procurad hacer un poco de silencio también vosotros en vuestra vida para poder pensar, reflexionar y orar con mayor fervor y hacer propósitos con más decisión.</strong> Hoy resulta difícil crearse «zonas de desierto y silencio» porque estamos continuamente envueltos en el engranaje de las ocupaciones, en el fragor de los acontecimientos y en el reclamo de los medios de comunicación, de modo que la paz interior corre peligro y encuentran obstáculos los pensamientos elevados que deben cualificar la existencia del hombre.</p>
<p><strong>Dios nos oye y nos responde siempre, pero desde la perspectiva de un amor más grande y de un conocimiento más profundo que el nuestro.</strong> Cuando parece que Él no satisface nuestros deseos concediéndonos lo que pedimos, por noble y generosa que nuestra petición nos parezca, en realidad Dios está purificando nuestros deseos en razón de un bien mayor que con frecuencia sobrepasa nuestra comprensión en esta vida. El desafío es «abrir nuestro corazón» alabando su Nombre, buscando su Reino, aceptando su Voluntad.</p>
<p>Cuando recéis debéis ser conscientes de que la oración no significa sólo pedir algo a Dios o buscar una ayuda particular, aunque ciertamente la oración de petición sea un modo auténtico de oración. <strong>La oración, sin embargo, debe caracterizarse también por la adoración y la escucha atenta</strong>, pidiendo perdón a Dios e implorando la remisión de los pecados.</p>
<p><strong>La oración debe ir antes que todo:</strong> quien no lo entienda así, quien no lo practique, no puede excusarse de la falta de tiempo: lo que le falta es amor.</p>
<p><strong>No pocas veces acaso podemos sentir la tentación de pensar que Dios no nos oye o que no nos responde.</strong> Pero, como sabiamente nos recuerda san Agustín, Dios conoce nuestros deseos incluso antes de que se los manifestemos. Él afirma que la oración es para nuestro provecho, pues al orar «ponemos por obra» nuestros deseos, de tal manera que podemos obtener lo que ya Dios está dispuesto a concedernos. Es para nosotros una oportunidad para «abrir nuestro corazón».</p>
<p><strong>Para orar hay que procurar en nosotros un profundo silencio interior.</strong> La oración es verdadera si no nos buscamos a nosotros mismos en la oración, sino sólo al Señor. Hay que identificarse con la Voluntad de Dios, teniendo el espíritu despojado, dispuesto a una total entrega a Dios. Entonces nos daremos cuenta de que toda nuestra oración converge, por su propia naturaleza, hacia la oración que Jesús nos enseñó y que se convierte en su única plegaria en Getsemaní: «No se haga mi voluntad, sino la tuya».</p>
<p><strong>La oración puede definirse de muchas maneras.</strong> Pero lo más frecuente es llamarla un coloquio, una conversación, un entretenerse con Dios. Al conversar con alguien, no solamente hablamos sino que además escuchamos. La oración, por tanto, es también una escucha. Consiste en ponerse a escuchar la voz interior de la gracia. A escuchar la llamada.</p>
<p><strong>El hombre no puede vivir sin orar</strong>, lo mismo que no puede vivir sin respirar.</p>
<p><strong>A través de la oración, Dios se revela en primer lugar como Misericordia</strong>, es decir, como Amor que va al encuentro del hombre que sufre. Amor que sostiene, que levanta, que invita a la confianza.</p>
<p><strong>La intervención humanitaria más poderosa sigue siendo siempre la oración</strong>, pues constituye un enorme poder espiritual, sobre todo cuando va acompañada por el sacrificio y el sufrimiento.</p>
<p><strong>La oración es también una arma para los débiles y para cuantos sufren alguna injusticia.</strong> Es el arma de la lucha espiritual que la Iglesia libra en el mundo, pues no dispone de otras armas.</p>
<p>San Pablo, orando en medio de las dificultades de la vida, oyó estas palabras del Señor: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». <strong>La oración es la primera y fundamental condición de la colaboración con la gracia de Dios.</strong> Es menester orar para obtener la gracia de Dios y se necesita orar para poder cooperar con la gracia de Dios.</p>
<p><small><br />
SS Juan Pablo II<br />
Fuente: Catholic.net<br />
</small></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/dios-es-el-protagonista-en-la-oracion/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Manteniendo un Diario, escribiendo una carta de amor a Jesús</title>
		<link>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/manteniendo-un-diario-escribiendo-una-carta-de-amor-a-jesus/</link>
		<comments>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/manteniendo-un-diario-escribiendo-una-carta-de-amor-a-jesus/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 09 Jun 2009 00:48:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Temas de reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://74.55.11.82/~tengo113/?p=198</guid>
		<description><![CDATA[
Por muchos años asistí a talleres sobre cómo mantener un diario de oración y siempre estuve convencido del valor de mantener este diario para enfocar mi vida interior. Pero a pesar de eso, fueron muy pocas las veces que mantuve un diario. Cuando llegaba la hora para escribir en el diario al final del día, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tengoseddeti.org/wp-content/uploads/2009/06/journaling.jpg" alt="Journaling" title="Journaling" width="250" height="250" class="alignnone size-full wp-image-199" /></p>
<p>Por muchos años asistí a talleres sobre cómo mantener un diario de oración y siempre estuve convencido del valor de mantener este diario para enfocar mi vida interior. Pero a pesar de eso, fueron muy pocas las veces que mantuve un diario. Cuando llegaba la hora para escribir en el diario al final del día, me encontraba muy cansado para un ejercicio que me parecía casi una asignación escolar. Y aún cuando trataba, era muy poco lo que conseguía escribir.<span id="more-198"></span></p>
<p>Pero un mes más tarde, me encontré deseando haber anotado una inspiración o experiencia conmovedora, en vez de haberla dejado ir sin haber sacado provecho de ella. Entonces me encontré sorprendido de cómo otros podían hablar de lo que sus experiencias le enseñaban, mientras que yo pasaba tanto trabajo recordando aún vagamente las cosas me habían sucedido. Mientras mis amigos reflexionaban y se convertían en personas con experiencia, yo solamente tenía algunas experiencias para recordar.</p>
<p>Luego, en otro momento, encontré que disfrutaba mucho escribiendo cartas a mis amigos. En ellas les hablaba de lo que estaba ocurriendo en mi vida y lo que esas cosas significaban para mí. Y encontré que mientras más amaba a una persona, no sólo sentía el deseo de compartir más de mí mismo y de lo que estaba viviendo, sino también cómo me sentía sobre eso. Entonces comprendí que lo que no podía hacer en mi diario, lo estaba haciendo en mis cartas. Más aún, no lo sentía como trabajo, sino como algo que disfrutaba.</p>
<p>Por ejemplo, yo nunca podía llevar a mi diario lo que mis votos religiosos significaban para mí, sin embargo, me encontré escribiendo cuatro páginas a un amigo que me preguntó ¿por qué quería hacer votos finales? Es cierto que mi carta estaba llena de errores y pensamientos a medias, porque fue escrita tarde en la noche, con mi corazón más que con mi cabeza&#8230; ¡pero por eso era tan especial!</p>
<p>Después de esa carta fue que descubrí un nuevo crecimiento dentro de mí: mayor gratitud y compromiso hacia mi vocación jesuita, un nuevo deseo de servir al pobre y no sólo a aquellos que eran agradecidos, una confianza profunda en permitirle Dios trabajar a través de mi pobreza, un deseo de crecer en el amor célibe que trata a todos como una familia, y estar más abierto a recibir el amor que me hacía más agradecido de lo que sé estaba dando en esos momento. Crecí más por esa sola carta que por cualquier otra cosa que hice ese año, y de cierta forma, estaba iniciando un diario. El amor que sentía por mi amigo me llevó a compartir con él mi corazón, por eso, ya no me fijaba en cómo deletreaba las palabras o expresaba las ideas, sino que me enfocaba en contarle esas cosas que pasaban en mi vida y a través de ellas, como me sentía.</p>
<p>Así es que comencé a mantener un diario a través de mis cartas, particularmente cartas de navidad donde compartía el año completo. No podía escribir una carta con los acontecimientos del año que había pasado sin tomarme el tiempo de reflexionar y recordar todo el amor que me inspiraba ese amigo a quien le escribía. Entonces, comenzaba a recordar las cosas que quería compartirle. Recordaba algunos de los buenos momentos que habíamos vivido juntos, y pronto encontraba mi pluma corriendo. Y según terminaba la carta, yo podía adivinar cómo mi amigo me contestaría, porque sabía que él también me respondería con lo más profundo de su corazón. Y mientras más grande era mi amor por esa persona, más fácil se me hacía adivinar su respuesta.</p>
<p>De pronto encontré que podía hacer esto mismo en oración con Jesús. Me relajaba en su presencia y recordaba algún momento en que había experimentado su amor de forma especial. Frecuentemente era algo que había sucedido durante el día y por lo estaba profundamente agradecido. Y entonces comenzaba a escribir una palabra de agradecimiento, seguida de todas aquellas cosas que quería compartir con Él. No tenía que estar escrito en oraciones completas porque Jesús comprende aún una sola palabra, pero las oraciones me ayudaban a clarificar lo que realmente quería contarle. Usualmente le decía lo que sentía en mi corazón y aquellas cosas que más deseaba. Luego escribía mi nombre&#8230; seguido por lo que Jesús me diría en respuesta a mi carta. Así como adivinaba lo que mi amigo escribiría, así también imaginaba lo que Jesús me estaba contestando.</p>
<p>¿Pero es realmente Jesús, o es sólo mi imaginación contestándome a mí mismo? El día que me hice esta pregunta pensé que cualquier palabra que me hace sentir con más fuerza Su amor, tiene que ser realmente la voz de Jesús. Y si puedo escribir una carta de amor a Jesús es sólo porque he escuchado su voz en la carta que ya Él me ha escrito a mí. <em>«En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados»</em> (1 Juan 4, 10). Mantener un diario es simplemente eso, escribir una carta de amor a Jesús y escuchar Su voz en la carta que ya Él nos ha escrito primero.</p>
<p>Mientras más amor pongo en mis cartas, más podré oír lo que Jesús me dice, porque el amor hace que el corazón se esfuerce en oírlo todo. ¿Quién es el primero que escucha a un bebé cuando llora en la noche? Usualmente, quien más preocupado está por el bebé estará durmiendo un sueño más ligero y estará menos propenso a voltearse para seguir durmiendo. Una madre amorosa oirá el llanto de su bebé y sabrá inmediatamente si el bebé tiene hambre, está mojado, cansado, con miedo, con frío o en peligro.</p>
<p>El amor abre los oídos del corazón para que pueda oír lo que otros ignoran y para darle sentido de lo que otros pueden considerar una necedad. Mientras más profundo es nuestro amor por Jesús – como el amor de una madre por su bebé – más fuerte escucharemos Su voz y más fácilmente la comprenderemos. Así que cuándo me pregunto si es en realidad Jesús o sólo mi propia imaginación contestándome, puedo preguntarme: ¿Me siento qué soy más amado por Jesús, y qué tengo por Él un amor tan profundo como el de una madre por su niño? Mientras más puedo dar y recibir amor a Jesús y a otros, más he podido escuchar su voz.</p>
<p>A continuación hay unas instrucciones que te pueden ayudar a mantener tu diario, escribiendo una carta de amor a Jesús&#8230; y a recibir la carta que Él te escribió en respuesta. Pero recuerda que mantener un diario no depende de la mejor técnica de escribir, sino de descubrir que Jesús es el mejor Amigo que podemos tener.</p>
<p>I<strong>nstrucciones:</strong></p>
<ul>
<li>Al escribir tu diario, cuéntale a Jesús las veces que durante tu oración o durante el día experimentaste mayor lucha o crecimiento espiritual.</li>
<li>Escribe en tu diario cómo Jesús te responde (lo que parece hacer o decir en respuesta a lo que le has dicho en tu carta). Si no puedes ponerte en contacto con cómo Jesús responde, escribe lo que más te mueve cuando hablas con Él o lo que más deseas que Él te diga en ese momento. Poco a poco notarás que hay menos de ti y más de Jesús en las respuestas.</li>
</ul>
<p><small><br />
Basado en el folleto sobre “journaling” <em>Prayer Course for Healing Life’s Hurts</em>, de Father Matthew Linn y Sheila Fabricant, 1983, The Missionary Society of St. Paul Apostle, NY.<br />
</small></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tengoseddeti.org/articulos/temas-de-reflexion/manteniendo-un-diario-escribiendo-una-carta-de-amor-a-jesus/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
