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	<title>tengo sed de Ti &#187; reflexiones</title>
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	<description>Información y recursos sobre la fe Católica para ambos, católicos y no-católicos interesados en conocer y entender las enseñanzas de nuestra Iglesia...</description>
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		<title>Tu mejor esfuerzo&#8230;!!!</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Jul 2010 03:44:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>
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		<description><![CDATA[

Nuestro camino hacia la santidad es como esta pequeña historia&#8230; muchas veces nos rendimos porque pensamos que no podemos&#8230; y sucumbimos ante las pruebas o dificultades, sin dar nuestro mejor esfuerzo&#8230; pues se nos olvida que no es nuestra fuerza o nuestra capacidad lo que nos hará llegar a la meta&#8230; sino la gracia de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><br />
<object width="640" height="505"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Va5dAr8VXTo&amp;hl=en_US&amp;fs=1?rel=0"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/Va5dAr8VXTo&amp;hl=en_US&amp;fs=1?rel=0" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="505"></embed></object></center></p>
<p>Nuestro camino hacia la santidad es como esta pequeña historia&#8230; muchas veces nos rendimos porque pensamos que no podemos&#8230; y sucumbimos ante las pruebas o dificultades, sin dar nuestro mejor esfuerzo&#8230; pues se nos olvida que no es nuestra fuerza o nuestra capacidad lo que nos hará llegar a la meta&#8230; sino la gracia de Dios&#8230;</p>
<p>Que el Señor les conceda la gracia de la perseverancia&#8230; para tener siempre la mirada y el corazón puestos en Él&#8230;</p>
<p>Dios me los bendiga&#8230;</p>
<p>Romualdo</p>
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		<title>Un adelanto del cielo</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Jun 2010 02:31:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuenta un joven misionero&#8230;
Ocurrió durante un mes de voluntariado en las vacaciones de verano. Cuando llegamos a Nairobi (Kenya) nos preguntábamos cómo nosotros, inexpertos universitarios, podríamos ayudar en aquella África sucia, polvorienta y calurosa. Quizá arreglando tejados&#8230;, pero no teníamos experiencia en construcción. Quizá pintando un colegio&#8230;, pero no sabíamos de pintura. Lo que sí [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuenta un joven misionero&#8230;</p>
<p>Ocurrió durante un mes de voluntariado en las vacaciones de verano. Cuando llegamos a Nairobi (Kenya) nos preguntábamos cómo nosotros, inexpertos universitarios, podríamos ayudar en aquella África sucia, polvorienta y calurosa. Quizá arreglando tejados&#8230;, pero no teníamos experiencia en construcción. Quizá pintando un colegio&#8230;, pero no sabíamos de pintura. Lo que sí teníamos claro era nuestra intención de darnos totalmente a los demás. Sin embargo, recibiríamos mucho más de lo que logramos dar: tuvimos la suerte de entrar en contacto con el Tercer Mundo, a través de un alojamiento para niños moribundos de las Hermanas de la Caridad en Nairobi.</p>
<p>Todos entramos en aquella casucha, un tugurio sin muebles y con poca luz. Contrastaban las hamacas llenas de niños enfermos y lloriqueando con los limpísimos trajes talares blancos y azules de las Hermanas de la Caridad, que rebosaban  alegría. Yo me quedé bloqueado, en mitad de la habitación. Nunca había visto nada así. Mis compañeros universitarios se esparcieron por las estancias, siguiendo a distintas monjas, que requerían su asistencia. Una hermana me preguntó en inglés:</p>
<p>- ¿Has venido a mirar o quieres ayudar?</p>
<p>Sorprendido por tan directa pregunta y en estado de sopor, balbuceé:</p>
<p>- A ayudar&#8230;</p>
<p><span id="more-956"></span></p>
<p>- ¿Ves a ese niño de allí, el del fondo que llora?</p>
<p>Lloraba desconsoladamente, pero sin fuerza.</p>
<p>- Sí, ése, le dije señalándolo.</p>
<p>- Bien: tómalo con cuidado y tráelo. Lo bautizamos ayer.</p>
<p>Lo noté con una fiebre altísima. El niño tendría un par de años.</p>
<p>- Ahora tómalo y dale todo el amor que puedas&#8230;</p>
<p>- No entiendo&#8230;, me excusé.</p>
<p>- Que le des todo el cariño de que seas capaz, a tu manera&#8230; Y me dejó con el niño.</p>
<p>Le canté, lo besé, lo arrullé&#8230; dejó de llorar, me sonrió, se durmió&#8230; Al cabo de un rato busqué llorando a la hermana:</p>
<p>- Hermana: no respira&#8230;</p>
<p>La monja certificó su muerte:</p>
<p>- Ha muerto en tus brazos&#8230; Y tú le has adelantado quince minutos con tu cariño el amor que Dios le va a dar por toda la eternidad.</p>
<p>Entonces entendí tantas cosas: el cielo, el amor de mis padres, el amor de Jesús, los detalles de afecto de mis amigos. Mi viaje a Kenya supuso un antes y un después en mi vida. Ahora sé que todos tenemos “kenyas” a nuestro alrededor que necesita de nuestro amor cada día.</p>
<p>La madre Teresa de Calcuta decía: “Voy a pasar por la vida una sola vez, cualquier cosa buena que yo pueda hacer o alguna amabilidad que pueda hacer a algún ser humano, debo hacerla ahora, porque no pasaré de nuevo por ahí”&#8230; ayúdanos, Señor, a vivir conscientes de estas palabras, para que te amemos en cada una de las personas que se cruce en nuestras vidas&#8230;</p>
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		<title>Un cuento sobre la santidad</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jun 2010 10:49:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Jesús decía: “En verdad, en verdad os digo que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, quedará solo; pero si muere, dará mucho fruto” (Jn 12,24).
Érase una vez un granito de trigo, pequeño y sencillo, que quería ser santo y llegar hasta el cielo. Y se ofreció a Dios&#8230; y se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Jesús decía: “En verdad, en verdad os digo que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, quedará solo; pero si muere, dará mucho fruto” (Jn 12,24).</p>
<p>Érase una vez un granito de trigo, pequeño y sencillo, que quería ser santo y llegar hasta el cielo. Y se ofreció a Dios&#8230; y se puso en sus manos de buen sembrador. Y el Señor, de inmediato, con mucho cariño, lo colocó en tierra buena y lo cuidó como a un niño.</p>
<p>Pero el granito, gritaba&#8230;, pasaba las noches oscuras, a solas, con miedo y con frío, muriendo a sí mismo. Pero, sin saberlo, renacía a una vida más hermosa y bella.</p>
<p>Y empezó a crecer como espiga, débil y temerosa, azotada por las lluvias y mecida por los vientos. Y fue creciendo, creciendo y creciendo acariciada por el sol, y soñaba y soñaba&#8230; y pedía y oraba.</p>
<p>Cuando estuvo madura, un día de estío se presentó el segador. Y ella, alarmada, gritaba y decía: “A mí, no, porque yo estoy destinada a ser santa y elevarme hasta el cielo”. Pero el hombre, tal vez, distraído, metió la hoz, despiadado, y quebró sus ensueños de oro.</p>
<p><span id="more-952"></span></p>
<p>“Oh Señor”, clamó entonces la espiga, “ya no puedo llegar a tus brazos. Sálvame mi Señor, que me muero”. Pero el Señor, cual si nada escuchase, respondió con un largo silencio&#8230; Y aquel hombre, tomando la espiga, bajo el trillo la puso al momento&#8230; Y los granos crujieron&#8230; y cual sarta de perlas preciosas, por la era rodaron deshechos.</p>
<p>Y vinieron más hombres y metieron los granos de trigo en un saco viejo, llevándolos luego al molino, donde finísimo polvo se hicieron. Y la harina seguía llorando. Mientras, arriba en el cielo, seguían callando&#8230; y, aquí abajo, seguían moliendo.</p>
<p>Y, ¿por qué callaría Jesús? Y, ¿por qué, si era pura e inocente, le negaba el consuelo? Pero ella obediente, seguía sufriendo&#8230; Y Jesús preparaba la harina. Y una hostia bellísima hicieron&#8230; por fin el grano, espiga, harina, en Jesús se fundieron.</p>
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		<title>La vasija de barro</title>
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		<pubDate>Thu, 13 May 2010 00:14:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[El maestro estaba buscando una vasija para usar. En el estante había muchas&#8230; ¿Cuál escogería?
“Llévame”, gritó la dorada. “Soy brillante, tengo un gran valor y todo lo que hago, lo hago bien; mi belleza y mi brillo sobrepasa al resto y para alguien como tú, Maestro, el oro sería lo mejor”.
El maestro pasó sin pronunciar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El maestro estaba buscando una vasija para usar. En el estante había muchas&#8230; ¿Cuál escogería?</p>
<p>“Llévame”, gritó la dorada. “Soy brillante, tengo un gran valor y todo lo que hago, lo hago bien; mi belleza y mi brillo sobrepasa al resto y para alguien como tú, Maestro, el oro sería lo mejor”.</p>
<p>El maestro pasó sin pronunciar palabra; él vio una plateada, angosta y alta. “Yo te sirvo amado Maestro, vertería tu vino y estaría en tu mesa cada vez que comieras; mis líneas son agraciadas y mis esculturas son originales, y la plata te alabaría para siempre”.</p>
<p>Sin prestar atención el Maestro camino hacia la de bronce, era superficial, con una boca ancha y brillaba como un espejo: “Aquí&#8230; Aquí”, grito la vasija. “Se que te seré útil, colócame en tu mesa donde todos me vean”.</p>
<p>“Mírame”, gritó una copa de cristal muy limpia. “Mi transparencia muestra mi contenido claramente, soy frágil y te serviré con orgullo y sé con seguridad que seré feliz de morar en tu casa”.</p>
<p><span id="more-915"></span></p>
<p>Vino el maestro seguidamente hacia la vasija de madera, sólidamente pulida y tallada: “Me puedes usar Maestro amado, pero úsame para las frutas dulces y no para el insípido pan”.</p>
<p>Luego el Maestro miró hacia abajo y fijó sus ojos en una vasija de barro, vacía, quebrantada y destruida, ninguna esperanza tenía la vasija de que el Maestro la pudiera escoger para depurarla y volverla a formar, para llenarla y usarla.</p>
<p>“Ah, esta es la vasija que he deseado encontrar, la restauraré y la usaré, la haré toda mía&#8230; No necesito la vasija que se enorgullezca de si misma, ni la que se luzca en el estante, ni la de boca ancha, ruidosa y superficial, ni la que demuestre su contenido con orgullo, ni la que piensa que todo lo puede hacer correctamente, pero sí esta, sencilla y llena de mi fuerza y de mi poder”.</p>
<p>Cuidadosamente el Maestro levantó la vasija de barro; la restauró y purificó, la llenó y le habló tiernamente diciéndole: “Tienes mucho que hacer solamente viértete en otros como yo me he vertido en ti”.</p>
<p>Ayúdame Señor, a no creerme una vasija de cristal, de bronce, de oro o de plata, sino a recordar que en mi diario caminar soy simplemente una vasija de barro, quebrantada y restaurada por tus manos.</p>
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		<title>El extraño</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Apr 2010 15:40:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Unos años después de que nací, mi Papá conoció a un extraño recién arribado a nuestro pueblito en Iowa. Desde que le conoció quedó fascinado con él y no pasó mucho tiempo para que le invitara a mudarse con nosotros. El extraño fue rápidamente aceptado y a partir de entonce, siempre estuvo presente en nuestro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Unos años después de que nací, mi Papá conoció a un extraño recién arribado a nuestro pueblito en Iowa. Desde que le conoció quedó fascinado con él y no pasó mucho tiempo para que le invitara a mudarse con nosotros. El extraño fue rápidamente aceptado y a partir de entonce, siempre estuvo presente en nuestro hogar.</p>
<p>Nunca cuestioné su lugar en nuestra familia. En mi joven mente, él tenía un lugar especial y mis padres eran instructores complementarios: Mamá me enseñó a diferenciar el bien del mal, y Papá me enseñó a obedecer. Pero el extraño&#8230; él era nuestro relator de historias y nos mantenía hipnotizados por horas sin fin con aventuras, misterios y comedias.</p>
<p>El extraño nunca dejaba de hablar, pero a Papá nunca pareció importarle. Si yo quería saber cualquier cosa sobre política, historia o ciencia, él siempre sabía las respuestas. Llevó a mi familia al primer partido de grandes ligas. Me hizo reír y me hizo llorar.</p>
<p>Algunas veces, Mamá se levantada en silencio mientras que el resto de nosotros nos acallábamos el uno al otro para escuchar lo que él tenía que decir. Ella se iba a la cocina buscando paz y quietud, y creo que alguna vez hasta oró para que el extraño se fuese.</p>
<p><span id="more-899"></span></p>
<p>Papá gobernaba nuestra casa con ciertas convicciones morales, pero el extraño nunca se sintió obligado a honrarlas. La irreverencia, por ejemplo, no se permitía en nuestro hogar&#8230; no de parte nuestra, ni de nuestros amigos, ni de ninguna visita. Sin embargo, él se salía con la suya con vulgaridades que quemaban mis oídos, y hacían a mi Papá retorcerse y a mi Mamá sonrojarse.</p>
<p>Mi Papá no permitía beber alcohol con liberalidad. Pero el extraño nos animaba a probarlo de manera regular. Además, hacía que los cigarrillos se vieran en la onda; los cigarros, varoniles; y las pipas, distinguidas. Hablaba libremente (¡demasiado libremente!) sobre el sexo, y sus comentarios eran algunas veces flagrantes, otras veces sugestivos, y por lo general, embarazosos.</p>
<p>Ahora sé que mis primeros conceptos sobre las relaciones fueron fuertemente influenciados por el extraño. Una y otra vez se opuso a los valores de mis padres y sin embargo, rara vez fue reprendido&#8230; y nunca se le pidió que se fuera.</p>
<p>Ya han pasado más de cincuenta años desde que el extraño se mudó con mi familia. Halló su lugar entre nosotros y ya no es tan fascinante como al comienzo. Todavía se le puede ver sentado en su esquina, esperando a alguien para hablarle y observarle dibujar sus imágenes.</p>
<p>Tal vez le conoces, su nombre es “Televisión”&#8230; y ahora le acompañan su esposa, “Computadora”, y sus dos hijos, “Celular” e “Ipod”.</p>
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		<title>Un corazón que escuche</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Mar 2010 15:49:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Había un médico que atendía una consulta de psicología en un hospital. Sus pacientes eran adolescentes. Cierto día le trajeron un joven de 14 años que vivía internado en un orfanato y desde hacía un año no pronunciaba ni una palabra.
El padre del joven había muerto cuando él era muy pequeño, desde entonces había vivido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Había un médico que atendía una consulta de psicología en un hospital. Sus pacientes eran adolescentes. Cierto día le trajeron un joven de 14 años que vivía internado en un orfanato y desde hacía un año no pronunciaba ni una palabra.</p>
<p>El padre del joven había muerto cuando él era muy pequeño, desde entonces había vivido con su madre y su abuelo hasta hacía un año. Al cumplir los 13 años murió su abuelo y, tres meses después, su madre.</p>
<p>Cuando el joven llegó al consultorio se sentó mirando las paredes, sin pronunciar palabra. Estaba pálido y nervioso, y el médico no conseguía hacerlo hablar. Así que comprendió que el dolor del muchacho era tan grande que le impedía expresarse, y él, por más que le dijera, tampoco serviría de mucho.</p>
<p>El médico optó por sentarse y observarlo en silencio, acompañándolo en su dolor. Después de la segunda consulta, cuando el muchacho se marchaba, el doctor le puso una mano en el hombro y le dijo: “Duele, ¿verdad?&#8230; ven la semana próxima si gustas”. El muchacho lo miró, no se había sobresaltado ni nada, sólo lo miró y se fue. <span id="more-864"></span></p>
<p>Cuando volvió a la semana siguiente, el doctor lo esperaba con un juego de ajedrez. Así pasaron varios meses, sin hablar, pero él notaba que David (así se llamaba el joven) ya no parecía nervioso y su palidez había desaparecido.</p>
<p>Un día, el doctor miraba la cabeza del muchacho mientras él estudiaba agachado en el tablero, y pensaba en lo poco que sabemos sobre el misterio del proceso de curación. De pronto, David alzó la vista, lo miró y le dijo: “Le toca”&#8230;</p>
<p>Ese día David empezó a hablar, hizo amigos en la escuela, ingresó a un equipo de ciclismo y comenzó una nueva vida: ¡su vida!</p>
<p>Es posiblemente que el médico, con su afecto y actitud paciente, ayudara a David, pero también aprendió mucho de él. Aprendió que el tiempo hace posible lo que nos parece dolorosamente insuperable. Aprendió a estar presente cuando alguien lo necesita. Aprendió a comunicarse sin palabras, pues muchas veces sólo basta un abrazo, un hombro donde llorar, una caricia y, sobre todo, un corazón que escuche.</p>
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		<title>¡Jesús está ahí!</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Mar 2010 10:51:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Eucaristía]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Si todos los católicos buenos se comprometieran a estar una hora diaria en adoración ante Jesús Eucaristía, el mundo cambiaría, porque la fuerza y el poder que salen del sagrario cambiarían el mundo. ¡Pero hay tantos que ya ni creen que Jesús está en el sagrario!
San Juan María Vianney, el Cura de Ars, decía constantemente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si todos los católicos buenos se comprometieran a estar una hora diaria en adoración ante Jesús Eucaristía, el mundo cambiaría, porque la fuerza y el poder que salen del sagrario cambiarían el mundo. ¡Pero hay tantos que ya ni creen que Jesús está en el sagrario!</p>
<p>San Juan María Vianney, el Cura de Ars, decía constantemente a sus feligreses: “¡Jesús está ahí!; si supieran cuánto los ama Jesús en el Santísimo Sacramento, morirían de felicidad”. Y él, que lo creía firmemente, se pasaba muchas horas del día y de la noche en adoración junto al sagrario.</p>
<p>Monseñor Fulton Sheen, arzobispo de Nueva York, todos los días tenía su hora santa de adoración ante Jesús sacramentado. Esta práctica le había sido inspirada por una historia real, ocurrida en China, cuando los comunistas ocuparon el poder:</p>
<p>En un pequeño pueblo, entraron a la iglesia, destrozaron el sagrario y tiraron las hostias por el suelo, encerrando al sacerdote en su propia casa. Pero una niña del pueblo entraba cada día, sigilosamente, a la iglesia, al anochecer, y se pasaba una hora en adoración ante las hostias tiradas por el suelo y, después, recibía una para comulgar. Esto lo podía ver cada noche el sacerdote desde su casa, que estaba junto a la iglesia. El día en que la niña comulgó con la última hostia, los guardias comunistas la vieron y la mataron a golpes.</p>
<p>El sacerdote pudo sobrevivir para contarlo. Y el obispo Fulton Sheen escuchó esta historia, siendo seminarista, y, desde entonces, hasta los 82 años en que murió, siempre mantuvo su promesa de hacer una hora santa cada día, en recuerdo de aquella niña valiente, que dio la vida por amor a Jesús Eucaristía.</p>
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		<title>La mirada del Señor</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Mar 2010 12:57:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Eucaristía]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Tony de Mello nos relata en su libro El canto del pájaro:
“Yo conversaba muchas veces con el Señor y le daba gracias y le cantaba sus alabanzas. Pero siempre tenía la incómoda sensación de que quería que lo mirara a los ojos. Yo le hablaba, pero desviaba mi mirada, cuando sentía que Él me estaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tony de Mello nos relata en su libro <em>El canto del pájaro</em>:</p>
<p>“Yo conversaba muchas veces con el Señor y le daba gracias y le cantaba sus alabanzas. Pero siempre tenía la incómoda sensación de que quería que lo mirara a los ojos. Yo le hablaba, pero desviaba mi mirada, cuando sentía que Él me estaba mirando. No sé por qué tenía miedo de encontrarme con sus ojos. Pensaba que quizás me iba a reprochar algún pecado del que no me había arrepentido o me iba a exigir algo. Al fin, un día tuve el suficiente valor y lo miré. No había reproche en sus ojos, ni exigencias. Sus ojos me decían simplemente con una sonrisa: «Te amo». Me quedé mirándolo fijamente durante largo tiempo y allí se guía el mismo mensaje: «Te amo»&#8230; Fue tanta mi alegría que, como Pedro, salí fuera y lloré.”</p>
<p>Acércate ahora mismo al sagrario y míralo a los ojos y verás su mirada llena de amor, pues, como diría Juan Pablo II, la Eucaristía es una Presencia llena de amor. Ábrele tu corazón y deja que se caliente al sol de Jesús, ponte bajo sus alas divinas, déjate amar por Él y sentirás cómo te envuelve su luz, su alegría y su paz. Jesús te está mirando en este preciso momento, como si no tuviera que mirar a nadie más que a ti. Piénsalo bien, Jesús te está siempre mirando desde el sagrario. Y así lleva ya veinte siglos, derramando miradas de ternura y todavía no se ha cansado de mirar.</p>
<p>Quizás tengas miedo de mirar a Jesús en el momento de la elevación de la hostia y del cáliz en la Misa. ¿Por qué? Míralo, adóralo y dile con todo tu corazón: “Señor mío y Dios mío” o bien “Jesús, yo te amo”. Y encontrarás en su mirada mucho amor y mucha paz.</p>
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		<title>Menú cuaresmal agradable a Dios</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Mar 2010 22:39:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Me enviaron un correo electrónico con estas “recetas” muy propias para este tiempo de Cuaresma&#8230; aunque la verdad es que a algunos nos convendría seguir consumiendo esta dieta durante el resto del año&#8230; ¡buen provecho!
1. TENER A LA MANO:
Abrelatas, para abrir el corazón endurecido.
Cuchillo bien afilado, para cortar vicios y malas costumbres.
Destapador, para destapar lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me enviaron un correo electrónico con estas “recetas” muy propias para este tiempo de Cuaresma&#8230; aunque la verdad es que a algunos nos convendría seguir consumiendo esta dieta durante el resto del año&#8230; ¡buen provecho!</p>
<p>1. TENER A LA MANO:<br />
<strong>Abrelatas</strong>, para abrir el corazón endurecido.<br />
<strong>Cuchillo bien afilado</strong>, para cortar vicios y malas costumbres.<br />
<strong>Destapador</strong>, para destapar lo atorado en las relaciones familiares.<br />
<strong>Colador</strong>, para pasar por alto las ofensas y purificar intenciones.</p>
<p>2. ABSTENERSE:<br />
<strong>De comer prójimo</strong> (chismes, murmuraciones y calumnias).<br />
<strong>Evitar</strong> condimentar el día con venganzas.<br />
<strong>Evitar</strong> consumir altas dosis de egoísmo.<br />
<strong>No tomar</strong> rencor, que pone de mal genio.<br />
<strong>Evitar</strong> el consumo excesivo de picantes, para no enchilarse y decir malas palabras.<br />
<strong>No tomar</strong> postres helados, que congelen el afecto.<br />
<strong>Lavar bien</strong> el corazón, para que no se infecte de la cólera.</p>
<p><span id="more-850"></span></p>
<p>3. MENÚ RECOMENDADO:<br />
<strong>Exquisita caridad</strong> para con el prójimo.<br />
<strong>Caldo de atención</strong> a los desamparados y enfermos.<br />
<strong>Ensalada de detalles</strong> de afecto para los suyos.<br />
<strong>Tortillas abundantes</strong> para compartir con el hambriento.<br />
<strong>Refresco de alegría</strong> para convidar a los tristes y desanimados.<br />
<strong>Sopa de letras</strong> para escribir más seguido a familiares y  amigos.<br />
<strong>Puré de zanahoria</strong> para ver con buenos ojos a los demás.<br />
<strong>Pan bendito</strong> para los afligidos, ya que “las penas con pan son menos”.</p>
<p><u>De postre se recomienda</u>:<br />
<strong>Perita en dulce</strong>, para ser buena persona y caerle bien a todos.<br />
<strong>Torrejas con miel</strong>, para endulzar los defectos de los otros.<br />
<strong>Yogur de guayaba</strong> para repartir&#8230;  gestos de perdón.<br />
<strong>Naranja dulce y limón partido</strong>, “dame el abrazo que yo te pido” (abrazar a los seres queridos, y darles besitos, de verdad, no de chocolate ni de coco).</p>
<p><u>Y no olvides</u>:<br />
“Donde come uno, comen dos” y “échale siempre más agua a los frijoles”, o sea: ¡comparte tu vida con los otros!</p>
<p>Finalmente, <strong>el Chef Celestial recomienda su especialidad</strong> en alimento espiritual: la Eucaristía, porque “el que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene Vida Eterna”.</p>
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		<title>Piedras en la boca</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Feb 2010 16:25:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Romualdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes del camino]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Todos nos encogeríamos tan solo de pensar en tener la boca llena de gravilla. Pero una piedra en la boca, en realidad, puede ser deseable, al menos ese parece ser el caso de las grullas que habitan las montañas Taurus al sur de Turquía.
Estas grullas tienden a cacarear mucho, sobre todo mientras vuelan. Todo ese [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Todos nos encogeríamos tan solo de pensar en tener la boca llena de gravilla. Pero una piedra en la boca, en realidad, puede ser deseable, al menos ese parece ser el caso de las grullas que habitan las montañas Taurus al sur de Turquía.</p>
<p>Estas grullas tienden a cacarear mucho, sobre todo mientras vuelan. Todo ese ruido capta la atención de las águilas, las cuales se abalanzan sobre ellas y se las comen. Las grullas experimentadas evitan esta amenaza recogiendo piedras lo suficientemente grandes como para que les llenen la boca. Esto les impide cacarear&#8230; y así evitan convertirse en el almuerzo de las águilas.</p>
<p>La gente también tiene problemas con la boca. El escritor sagrado del libro de Proverbios dice: <em>«Quien vigila su boca, guarda su vida; quien abre sus labios, busca su ruina»</em> (13, 3); o bien: <em>«Los labios del necio se meten en el proceso, y su boca llama a los golpes. La boca del necio es su ruina, y sus labios una trampa para su vida»</em> (18, 6-7).</p>
<p>¡Cuántos de nuestros problemas se podrían evitar si aprendiéramos a controlar nuestra lengua! ¡Cuánto del dolor que causamos a los demás se podría evitar si guardáramos las palabras que salen de nuestra boca! Reflexionemos sobre esto durante este tiempo de Cuaresma&#8230; el ayuno de la lengua puede ser una buena resolución que nos ayudará a crecer en el camino de perfección al que el Señor nos invita.</p>
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